Novedades Cientificas
La recurrencia de la infección por el virus de la hepatitis
C es mas grave en el trasplante hepático de donante vivo.
La cirrosis hepática por el virus de la hepatitis
C (VHC) constituye, en la actualidad, la principal causa de trasplante hepático
en el mundo occidental. Sin embargo, la recidiva viral postrasplante es universal
y tiene un impacto negativo en la supervivencia, tanto del injerto como del
paciente1. Las variables identificadas hasta el momento asociadas con una
mayor gravedad de la recidiva viral son una carga viral pretrasplante alta,
la edad avanzada del donante, una esteatosis significativa del injerto y el
empleo de bolus de esteroides postrasplante2.
Por otra parte, actualmente el trasplante hepático de
donante vivo constituye una alternativa quirúrgica real al trasplante
de cadáver. Sin embargo, presenta problemas importantes como la elevada
morbilidad quirúrgica asociada a la técnica, que es asimismo
muy demandante, la potencial mortalidad del donante y su escasa aplicabilidad.
La evolución de la recidiva viral en este tipo de trasplantes era hasta
ahora
desconocida, aunque se había sugerido que ésta podría
ser de menor gravedad teniendo en cuenta la menor edad del donante y la ausencia
de esteatosis relevante en el injerto.
García-Retortillo y colaboradores publican en el mes
de septiembre en Hepatology un estudio prospectivo en el que se evaluó
la evolución clínica postrasplante y la gravedad de la recidiva
viral en 117 pacientes trasplantados por una cirrosis hepática VHC,
22 de ellos de donante vivo3. La probabilidad a los dos años de presentar
un recurrencia grave, definida en base a la presencia de cirrosis hepática
por biopsia o al desarrollo de una descompensación clínica (ascitis,
hemorragia digestiva por hipertensión portal o encefalopatía),
fue significativamente mayor en los pacientes trasplantados de donante vivo:
45% vs 22%, p=0.019. Asimismo, tanto el trasplante hepático de donante
vivo como un índice de actividad necroinflamatoria lobulillar >
1 en la biopsia hepática realizada a los tres meses postrasplante fueron
identificados como factores predictores independientes de recidiva viral grave.
El mayor grado de regeneración hepática y de compatibilidad
HLA propio de este tipo de trasplantes podría explicar estos hallazgos
a juicio de los autores. El estudio concluye que, aunque sus resultados han
de ser confirmados por otros grupos, el más que probable impacto negativo
de esta mayor gravedad de la recidiva viral sobre la supervivencia del injerto
y del paciente, podría convertir al trasplante hepático de donante
vivo en una técnica carente de coste-eficacia en pacientes infectados
por VHC.
Los resultados del estudio ponen de manifiesto que la recidiva
del VHC podría ser más grave en pacientes trasplantados de donante
vivo. Sin embargo, el escaso número de este tipo de pacientes incluidos,
22, y la falta de un seguimiento a largo plazo de los pacientes condicionan
la aplicabilidad real de dichos resultados. Si en futuros estudios se confirman
estos hallazgos, el trasplante hepático de donante vivo debería
restringirse a pacientes no infectados por el VHC.
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Referencias.
1.- Forman LM, Lewis JD, Berlin JA, et al. The association
between hepatitis C infection and survival after orthotopic liver transplantation.
Gastroenterology 2002;122:889-96.
2.- Berenguer M, Prieto M, San Juan F, et al. Contribution
of donor age to the recent decrease in patient survival among HCV-infected
liver transplant recipients. Hepatology 2002;36:202-210.
3-. Garcia-Retortillo M, Forns X, Llovet JM, et al. Hepatitis
C recurrence is more severe after living donor compared to cadaveric liver
transplantation. Hepatology 2004;40:699-707.
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