Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Mayo 2003

ESTEATOSIS HEPÁTICA Y ESTEATOHEPATITIS NO ALCOHÓLICA

Gregorio Castellano Tortajada y Mercedes Pérez Carreras
Servicio de Medicina del Aparato Digestivo
Hospital Universitario 12 de Octubre, Madrid


Introducción

En 1980, Ludwig et al. (1) denominaron esteatohepatitis no alcohólica (EHNA) a un síndrome clinicopatológico caracterizado por una lesión hepática similar a la hepatitis alcohólica, pero que aparecía en individuos no alcohólicos. Según esta descripción original, la EHNA era una enfermedad infrecuente, que afectaba casi exclusivamente a mujeres obesas, las cuales a menudo sufrían también diabetes no insulinodependiente, teniendo la enfermedad una evolución benigna.

Durante los siguientes 15 años, apenas se prestó atención a esta enfermedad. Pero, a partir de entonces, tal vez por su mejor individualización después de descubrirse el virus de la hepatitis C, ha habido una explosión de estudios que han revelado que las características de la misma son diferentes a las inicialmente descritas. Así, actualmente es la enfermedad hepática más frecuente, no existiendo siempre predominio del sexo femenino y, en muchos casos, no se asocia a obesidad ni a diabetes, pudiendo ser una enfermedad progresiva. Pero, además, su concepto ha ido expandiéndose. Así, inicialmente fue equiparada a la hepatitis alcohólica. Posteriormente, al observar que la enfermedad comenzaba con esteatosis simple, la cual podía progresar a esteatohepatitis y ésta evolucionar a cirrosis, bajo el término de EHNA se incluyó todo el espectro de lesiones hepáticas progresivas que pueden observarse en la hepatopatía alcohólica: esteatosis, esteatohepatitis y cirrosis hepática (2,3). Sin embargo, el término EHNA implica inflamación hepática, la cual no siempre está presente, ya que la esteatosis simple es mucho más frecuente que la esteatohepatitis. Por ello, en los últimos años se ha propuesto una nueva denominación global: enfermedad grasa del hígado no alcohólica (EGHNA) (4-7), que en nuestra opinión es más adecuada.

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Concepto

La EGHNA es una enfermedad caracterizada por una lesión hepática similar a la producida por el alcohol, pero que aparece en individuos que no consumen cantidades tóxicas de alcohol (6,7). Esta entidad engloba tres lesiones potencialmente sucesivas: esteatosis no alcohólica, esteatohepatitis no alcohólica y cirrosis esteatohepatítica. La esteatosis está producida por el acúmulo de triglicéridos en los hepatocitos. Se localiza fundamentalmente en la zona centrolobulillar y es de predominio macrovesicular. En la esteatohepatitis, las lesiones también predominan en la zona centrolobulillar y, a la esteatosis, se añaden lesiones hepatocitarias (degeneración balonizante y necrosis de los hepatocitos, cuerpos de Mallory, megamitocondrias, núcleos glucogenados), infiltrados inflamatorios con predominio de los leucocitos polimorfonucleares, y fibrosis pericelular (capilarización sinusoidal) y alrededor de la vena hepática terminal centrolobulillar (fibrosis perivenular). En los estadios más avanzados la fibrosis se vuelve densa y forma puentes, progresando desde la zona perivenular hacia los espacios porta (septos incompletos). Cuando los septos alcanzan los espacios porta son completos y se produce una fragmentación del lobulillo hepático. Estos fragmentos hepatocitarios, rodeados de tejido fibroso, se transforman en nódulos de regeneración, constituyéndose una cirrosis de predominio micronodular (7,8).

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Epidemiología

La frecuencia de la EGHNA no es bien conocida, pero se han publicado algunos datos que delatan su presencia; en el 20% de las ecografías abdominales, el 27% de las biopsias hepáticas, el 20% de las autopsias y el 25% de los donantes de hígado para trasplante (9-11). Por tanto, la prevalencia aproximada en la población general es del 20-25%, lo que significa que la EGHNA es la causa más frecuente de hepatopatía, pues recordemos que, por ejemplo, la prevalencia de la infección por virus de la hepatitis C en el mundo desarrollado es del 1-2% de la población general (12). Pero, seguramente, la prevalencia real debe ser aún mayor, ya que en muchos pacientes la enfermedad no tiene traducción clínica y no toda la población general es sometida a ecografía, biopsia o autopsia, ni es donante de hígado. Probablemente, la prevalencia aumentará en el futuro, al aumentar la frecuencia de la obesidad y de diabetes tipo 2.

El estudio histológico del hígado de personas que murieron en accidentes de circulación o aéreos ha revelado esteatosis simple en el 20% de los casos y esteatohepatitis en el 3% (13,14). Es decir, la esteatosis es mucho más frecuente que la esteatohepatitis. En las series clásicas, la EGHNA era más frecuente en las mujeres (relación varón/mujer de 1/3) y, en el momento del diagnóstico, la edad media era de 50 (40-60) años (2). Sin embargo, en algunas series recientes se ha comprobado una relación de 1/1 entre sexos y que la EGHNA afecta a individuos más jóvenes (10).

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Etiología

La EGHNA ha sido asociada a múltiples factores etiológicos (3,6,7) (Tabla I). Los más frecuentes son la obesidad, la diabetes tipo 2 y la hiperlipemia. En la mayoría de las series uno, dos o los tres factores se detectan en el 80-95% de los casos. Se denomina síndrome metabólico X a la asociación de diabetes o intolerancia a la glucosa y dos o más de los siguientes: obesidad, hiperlipemia, hipertensión arterial y microalbuminuria (15). Con frecuencia el síndrome X también presenta EGHNA.

La obesidad (> 10% del peso ideal o índice de masa corporal >30) es la causa más frecuente de EGHNA: aproximadamente el 80% de los pacientes tienen obesidad y, a la inversa, el 80% de los individuos obesos tienen EGHNA (16). La obesidad de disposición central o troncal es un factor de riesgo importante para la EGHNA, incluso en los pacientes con un índice de masa corporal normal (7). La diabetes tipo 2 (no insulindependiente) es la segunda causa, presentándola un 35-75% de los pacientes con EGHNA, muchos de ellos en asociación con obesidad. La hiperlipemia, fundamentalmente la hipertrigliceridemia (hiperlipoproteinemia tipo 2 y 4), constituye la tercera causa, afectando al 20-70% de los pacientes, también con frecuencia en asociación con obesidad y/o diabetes.

Las restantes causas de EGHNA son mucho menos frecuentes (3,6,7). El by-pass yeyuno-ileal da lugar, en el 40% de los pacientes, al desarrollo de una EGHNA tipo esteatohepatitis grave y ello ha llevado a abandonar prácticamente este tipo de cirugía para el tratamiento de la obesidad. La EGHNA puede ser provocada por muchos medicamentos, pero los más frecuentes han sido: el antianginoso maleato de perhexilina, el antiarrítmico amiodarona, los estrógenos, los corticoides, el tamoxifeno, el metotrexato y los calcioantagonistas. Las otras causas de EHNA son excepcionales, en general, porque son enfermedades infrecuentes. En nuestro medio hay que destacar el síndrome del aceite tóxico que, en su fase tardía, produjo EHNA en el 9% de los enfermos (17).

En algunas series recientes la proporción de obesidad, diabetes e hiperlipemia ha sido menor y hasta un 40% de los casos no tenían ningún factor etiológico conocido. En estos casos un nuevo factor etiológico, sugerido por algunos autores, es el virus de la hepatitis C (18), que en las series publicadas en los años ochenta no pudo ser lógicamente descartado.

Algunos autores han propuesto una clasificación etiológica en dos tipos: primaria y secundaria (6,7). La EGHNA primaria correspondería a la asociada a obesidad, diabetes tipo 2, hiperlipemia o síndrome metabólico X. La EGHNA secundaria correspondería a la asociación con los restantes factores etiológicos. El fundamento de esta clasificación es el hecho de que todos los factores de riesgo de la forma primaria tienen como punto de partida patogénico la resistencia a la insulina.

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Patogenia

Los mecanismos patogénicos exactos no son todavía completamente conocidos. Las evidencias disponibles han permitido postular, razonablemente, una teoría patogénica de dos fases, conocida como teoría del “doble impacto” (19,20) (Figuras 1 y 2).

El primer impacto es la esteatosis, que constituye la lesión inicial y está provocada por un exceso de ácidos grasos libres (AGL) en el hígado, los cuales son esterificados a triglicéridos. Esta lesión inicial torna el hígado vulnerable a los factores agresivos del segundo impacto. Este segundo impacto está constituido por el estrés oxidativo y las citocinas proinflamatorias (TNF-alfa, TGF-beta, IL-6, IL-8), que provocan lesión hepatocitaria, inflamación y fibrosis, y con ello la evolución de la esteatosis a esteatohepatitis. Algunos factores genéticos mal conocidos podrían explicar la progresión o no de la esteatosis hepática simple a esteatohepatitis.

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Primer impacto: acumulación hepática de ácidos grasos libres

La obesidad, la diabetes tipo 2, la hiperlipemia y el síndrome metabólico X cursan con resistencia a la insulina (21-23). La insensibilidad del adipocito a la insulina anula el freno a la lipasa del tejido graso, liberándose una gran cantidad de AGL desde el mismo. Así pues, el aporte excesivo de AGL al hígado es el mecanismo fundamental de producción de la esteatosis hepática en estos pacientes. Pero también coexisten otros mecanismos. Así, el aumento de la insulinemia, derivado o no de la insulinorresistencia, inhibe la carnitin-palmitoil-transferasa, y esto disminuye la beta-oxidación mitocondrial de los AGL (24). El hiperinsulinismo también disminuye la síntesis hepática de apolipoproteína B-100, y ello disminuye la secreción hepática de lipoproteína VLDL (25). Finalmente, el aporte excesivo de glucosa exógeno (obesidad) o endógeno (diabetes), en presencia de hiperinsulinemia, aumenta la síntesis hepática de AGL. En definitiva, el origen de la esteatosis hepática, en el síndrome de resistencia a la insulina, es multifactorial y es el resultado de un balance de AGL positivo: aumenta el aporte y disminuye la excreción. No es bien conocido por que no todos los pacientes con factores de riesgo (obesidad, diabetes tipo 2, hiperlipemia) desarrollan EGHNA. Recientemente se ha demostrado que los pacientes con EGHNA tienen una prevalencia aumentada de polimorfismo TNF-alfa 238 (alelo TNFA), lo cual induce una sobre-expresión de TNF-alfa en el tejido adiposo y ello, a su vez, altera el receptor de la insulina, provocando insulinorresistencia (26).

Las restantes etiologías pueden dar lugar a acumulación de AGL, en el hígado, también por alguno de los 4 mecanismos antes referidos (3,20,24): aumento de la movilización o llegada de AGL al hígado (nutrición parenteral total, malnutrición proteica, adelgazamiento, desnutrición aguda, by-pass intestinal); aumento de la síntesis hepática de AGL (nutrición parenteral total, malnutrición proteica); disminución de la beta-oxidación mitocondrial hepática de AGL (nutrición parenteral total, by-pass intestinal, malnutrición proteica, fármacos); y disminución de la síntesis y/o secreción de las lipoproteínas VLDL (nutrición parenteral total, desnutrición, malnutrición proteica, by-pass intestinal, a/hipo-betalipoproteinemia).

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Segundo impacto: estrés oxidativo y citocinas proinflamatorias

Los AGL provocan un aumento de la expresión del citocromo P450 2E1 (CYP 2E1) y esta enzima microsomal interviene en la beta-oxidación de los AGL de cadena larga y muy larga, lo que origina la formación de metabolitos de oxígeno reactivos (27). Por otro lado, algunos AGL de cadena larga, al estar la vía de la beta-oxidación mitocondrial normal disminuida por la hiperinsulinemia o saturada, son metabolizados por la beta-oxidación peroxisomal. Esta oxidación genera peróxido de hidrógeno que, en presencia de hierro, origina radicales hidroxilo, y ambos son también metabolitos de oxígeno reactivo (28). El exceso de metabolitos de oxígeno reactivos deplecciona al hígado de los antioxidantes potentes como glutatión y vitamina E y, con ello, se genera un estrés oxidativo que da lugar a peroxidación lipídica (29). La peroxidación lipídica provoca una lesión de las membranas y organelas de los hepatocitos, dando lugar a fenómenos de degeneración y necrosis hepatocelular (29). La lesión causada por la lipoperoxidación en las mitocondrias, además de modificar su morfología (megamitocondrias), altera la transferencia de electrones a lo largo de la cadena respiratoria, y esto produce más metabolitos de oxígeno reactivos, los cuales cierran el círculo generando más estrés oxidativo (30).

El estrés oxidativo activa el ligando Fas y el factor nuclear NF-kappa B. El primero causa degeneración y muerte de los hepatocitos y el segundo estimula la síntesis de citocinas proinflamatorias (TNF-alfa, TGF-beta, IL-8) (7). Además, los productos finales de la lipoperoxidación, que son el malondialdehído y el 4-hidroxinonenal, tienen propiedades quimiotácticas, activadoras de citocinas proinflamatorias (TNF-alfa, TGF-beta, IL-6, IL-8) y estimuladoras de las células estrelladas del hígado productoras de colágeno. El resultado final es una lesión mixta con degeneración y necrosis hepatocitarias, infiltrados inflamatorios y fibrosis, además de esteatosis, que constituye la EHNA (3,7). El malondialdehído y el 4-hidroxinonenal también se unen covalentemente con proteínas y producen aglomerados proteicos con capacidad antigénica. Secundariamente, pueden aparecer anticuerpos, los cuales pueden originar una lesión hepatocelular mediada por anticuerpos (hepatitis inmune) (31). Uno de estos aglomerados proteicos conforma la hialina de Mallory (31). La perpetuación del estrés oxidativo y de la peroxidación lipídica causa una producción mantenida de colágena que origina una progresión de la fibrosis hasta el estadio de cirrosis hepática (3,32).

El paso de endotoxinas desde el intestino a la circulación esplácnica origina endotoxinemia portal. Las endotoxinas estimulan en el hígado la síntesis de citocinas proinflamatorias (32). La subsiguiente inflamación hepática puede causar secundariamente necrosis celular, fibrosis y esteatosis, dando lugar a EHNA. Este mecanismo, además de intervenir en la pérdida rápida de peso, es fundamental en el desarrollo de la EHNA asociada a by-pass intestinal, ya que en esta cirugía se produce endotoxinemia desde el asa desfuncionalizada (32). Pero también puede contribuir al desarrollo de EHNA asociada a diverticulosis intestinal con sobrecrecimiento bacteriano, diabetes con hipomotilidad intestinal, hiperlipemia, consumo de fármacos u obesidad (32,33). Los pacientes obesos presentan una intensa expresión intrahepática de la enzima óxido-nítrico-sintasa (29), la cual se induce por la endotoxina y el TNF-alfa; además, los ratones obesos tienen una hipersensibilidad hepática a la endotoxina que les hace desarrollar grados más intensos de EHNA que los ratones delgados (20).

Tanto en ratones como en humanos con EGHNA se ha hallado una producción endógena intestinal de alcohol aumentada (6). El papel de este tóxico hepático está por definir pero, en caso afirmativo, se trataría de una enfermedad grasa del hígado que no es tan “no alcohólica”.

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Factores genéticos

No todos los enfermos con factores de riesgo similares (obesidad, diabetes, hiperlipemia, etc.) desarrollan esteatosis hepática. Además, al igual que sucede en la esteatosis alcohólica, no todos los pacientes con esteatosis simple evolucionan a lesiones de esteatohepatitis. Tampoco todas las esteatohepatitis alcanzan el estadio de cirrosis, y las que lo alcanzan lo hacen en un periodo de tiempo muy variable. Se ha sugerido que este abanico de posibilidades probablemente dependería de algunos factores genéticamente determinados, como se ha demostrado en la hepatopatía alcohólica: polimorfismo genético del CYP2E1, promotor del TNF-alfa, o promotor de la IL-10 (3). En la EGHNA estos factores genéticos son desconocidos pero, para el desarrollo de esteatosis, se ha sugerido una alteración en los genes implicados en la resistencia a la insulina o que codifican las proteínas que intervienen en el metabolismo hepático de los lípidos (34). Y para el desarrollo de esteatohepatitis se han sugerido polimorfismos en los genes que codifican las proteínas implicadas en la generación de metabolitos de oxígeno reactivos, las defensas antioxidantes, las citocinas, etc. (34).

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Síntomas y signos

En la mayoría (50-100%) de los pacientes la EGHNA es asintomática y se descubre al detectarse, fortuitamente, en un examen de salud una hepatomegalia o una alteración de las pruebas analíticas hepáticas (2,3,6,7,35). En el 20-40% de los casos los pacientes refieren síntomas inespecíficos como astenia, malestar y molestias en el cuadrante superior derecho del abdomen. Sólo un 1-5% de los enfermos presentan manifestaciones de hepatopatía grave (ictericia, ascitis, encefalopatía) y en todos ellos la lesión ha evolucionado a cirrosis hepática (2,3,6,7,35).

En la exploración física la hepatomegalia (12-75%) suele ser el único signo. En los casos con cirrosis hepática constituida se detectan esplenomegalia y algunos estigmas cutáneos de hepatopatía (arañas vasculares, eritrosis palmar, circulación subcutánea abdominal) (2,3,6,7,35).


Laboratorio

En los exámenes del laboratorio el dato más constante es una hipertransaminasemia, habitualmente inferior a cuatro veces el valor normal, siendo el aumento de ALT el dato analítico de mayor sensibilidad diagnóstica. El nivel de las transaminasas no guarda relación con el grado de lesión hepática (3). A diferencia de la hepatopatía alcohólica, suele existir un predominio de ALT sobre AST; es decir, el cociente AST/ALT usualmente es <1. Cuando este cociente es >1 sugiere la existencia de fibrosis avanzada (6).

En algo más de la mitad de los casos existe también una pequeña elevación de la gammaglutamiltranspeptidasa y de la fosfatasa alcalina. Los parámetros de función hepática como la protrombina, la albúmina y la bilirrubina sólo se alteran en la fase de cirrosis hepática avanzada (2,3,6,7,35).

Con mucha frecuencia existe hiperglucemia y/o hipercolesterolemia y/o hipertrigliceridemia asociados. Hasta en el 60% de los pacientes existe aumento de la sideremia y/o ferritina sérica, y hasta el 15% tienen aumentada la saturación de la transferrina (3,6). El significado de estas alteraciones del metabolismo del hierro es incierto, ya que la mayoría de los estudios no han hallado aumento de la concentración hepática del hierro (6) y el estudio de las mutaciones del gen de la hemocromatosis ha dado resultados contradictorios (6,36). Algunos autores han hallado también positividad para los marcadores inmunológicos (autoanticuerpos, inmunoglobulinas) hasta en el 50% de los pacientes (3).


Estudios de imagen

El depósito de grasa en el hígado puede observarse por ecografía, tomografía computarizada y resonancia magnética. Cuanto mayor es el depósito de grasa más fácil es de detectar. Pero estas técnicas no permiten conocer si coexiste inflamación o fibrosis. La ecografía abdominal constituye la técnica de imagen de primera elección. La esteatosis es observada como un aumento difuso de la ecogenicidad con ecos finos y brillantes (patrón hepático brillante), escasos vasos intrahepáticos, y atenuación posterior del sonido (37,38). La sensibilidad global es del 87%, pero aumenta hasta el 90% cuando la esteatosis afecta a más del 33% de los hepatocitos. La especificidad es del 86%, pues otras hepatopatías crónicas también pueden incrementar la ecogenicidad hepática. Su exactitud diagnóstica es del 85% (39). En la EGHNA en fase de cirrosis puede observarse contorno hepático nodular, signos de hipertensión portal y ascitis (39).

En ocasiones, la esteatosis es focal y no difusa, o la esteatosis difusa respeta algunas zonas de parénquima normal. En la ecografía la imagen simula un hígado tumoral. En estos casos, la tomografía computarizada no suele ser útil (la grasa se traduce en zonas de baja densidad), pero la resonancia magnética sí puede distinguir entre áreas de infiltración grasa y lesiones tumorales (7).

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Diagnóstico

Las manifestaciones clínicas y pruebas complementarias permiten sospechar la existencia de EGHNA pero. para establecer el diagnóstico, se deben cumplir tres condiciones (3,40): exclusión de un consumo excesivo de alcohol, exclusión de otras causas de hepatopatía crónica, y biopsia hepática con las lesiones histológicas características de EGHNA antes mencionadas (Tabla II).

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Exclusión de un consumo excesivo de alcohol

Sorprendentemente no existe un consenso en la literatura sobre qué es un consumo excesivo de alcohol capaz de provocar EGHNA. Para unos autores es 20 g/día o 140 g/semana y para otros 40 g/semana (6). Finalmente, otros autores, para establecer el diagnóstico de EGHNA, han exigido una ausencia total de consumo de alcohol (6). En nuestra opinión, el límite de alcohol consumido debería ser siempre inferior a 20 g/día, ya que se ha estimado que esta es la dosis mínima que puede causar esteatosis hepática (41). La exclusión del consumo excesivo de alcohol exige un interrogatorio cuidadoso del enfermo, familiares, amigos y compañeros de trabajo. El aumento en sangre de algunos parámetros analíticos puede indicar alcoholismo: volumen corpuscular medio de los hematíes, gammaglutamiltranspeptidasa, cociente AST/ALT mayor de 2, isoenzima mitocondrial de la AST, tranferrina desialilada y, sobre todo, una relación transferrina desialilada / transferrina total mayor de 0,013 (42).

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Exclusión de un consumo excesivo de alcohol
Ello implica excluir causas víricas (virus B, virus C, virus D), metabólicas (enfermedad de Wilson, déficit de alfa-1 antitripsina, hemocromatosis, porfírias hepáticas), autoinmunes (hepatitis autoinmune, cirrosis biliar primaria, colangitis esclerosante), tóxicas, etc.

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Biopsia hepática

La biopsia hepática debe diagnosticar la EGHNA en base a las lesiones características: esteatosis, degeneración balonizante de los hepatocitos, hialina de Mallory, núcleos glucogenados, megamitocondrias, infiltrado de polimorfonucleares, fibrosis pericelular y perivenular. Además, se deben cuantificar las lesiones, midiendo el grado de esteatosis (leve: <33%; moderada: 33-66%; severa: >66%) y el grado de actividad necroinflamatoria, y el estadio de fibrosis de la esteatohepatitis (3,7,8,43) (Tabla III).

Existe cierta controversia sobre la necesidad de realizar siempre biopsia hepática. Esta controversia tiene su base en tres hechos: a) la enfermedad es tan frecuente que no todos los pacientes podrían ser sometidos a biopsia hepática; b) en muchos pacientes la enfermedad no es progresiva, por lo que la biopsia no sería necesaria; y c) no existe un tratamiento específico que ofrecer a los enfermos. Sin embargo, las alteraciones de las transaminasas y de la ecografía, que se encuentran en la EGHNA, no son totalmente específicas y, por otro lado, no pueden distinguir entre esteatosis simple y presencia de lesiones necroinflamatorias y fibróticas, y esta distinción tiene importantes connotaciones pronósticas. Por ello, la biopsia hepática continúa siendo la mejor prueba (estándar de oro) para confirmar la sospecha de EGHNA y aportar información pronóstica (11). En nuestra opinión, y la de otros autores (6,7,34), la biopsia hepática debería realizarse, al menos, en los pacientes con sospecha clínica de enfermedad progresiva: edad superior a 45 años, ALT >2 veces el valor normal, AST/ALT >1, obesidad, diabetes tipo 2 o hipertrigliceridemia (véase el apartado de pronóstico). En estos pacientes la biopsia hepática permite obtener el diagnóstico exacto. En los pacientes con lesiones graves y potencialmente progresivas debería tratarse agresivamente el factor etiológico asociado (obesidad, diabetes, hiperlipemia) y estaría justificado realizar un tratamiento farmacológico con ácido ursodeoxicólico y/o antioxidantes (véase el apartado de tratamiento).

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Pronóstico

La historia natural y, por tanto, el pronóstico de la EGHNA es un tema controvertido. Ello es así porque existen pocos estudios longitudinales prospectivos de seguimiento de los pacientes y los que existen han incluido un número pequeño de pacientes, que han sido seguidos durante pocos años. Además, los enfermos incluidos tenían un estadio histológico variable, lo que dificulta muchas veces obtener conclusiones.

Según nuestro conocimiento, se han publicado cinco series de pacientes con EGHNA en los que se ha estudiado la evolución histológica mediante biopsias hepáticas sucesivas (44-48). El número total de pacientes fue de 39 y el intervalo medio de seguimiento de 4 años. En ese periodo de tiempo, mejoraron las lesiones en 1 (2%) paciente, se mantuvieron igual en 19 (49%), empeoraron con aumento de la fibrosis en 9 (23%), y se alcanzó el estadio de cirrosis en 10 (26%) (44-48). La conclusión más importante es que la EGHNA puede ser una enfermedad progresiva en aproximadamente la mitad de los casos, de los cuales la mitad, es decir la cuarta parte del total, desarrollan cirrosis hepática.

Este carácter progresivo de la enfermedad también es apoyado por otros hechos. Los enfermos más jóvenes tienen lesiones histológicas de EGHNA menos intensas y, al revés, los más mayores tienen lesiones más intensas (11). La obesidad y diabetes tipo 2, que son las principales causas de EGHNA, son significativamente más frecuentes en la cirrosis criptogenética que en la cirrosis de causa conocida (49,50). En algunas series, la EGHNA en estadio de cirrosis representa el 3% de las causas de trasplante hepático (51). Y en aquellos pacientes en los que la causa de la EGHNA persiste después del trasplante hepático, la EGHNA recidiva y progresa en el hígado trasplantado (52).

Así pues, todo parece indicar que la EGHNA puede ser una enfermedad progresiva. Pero, como comentamos previamente, sólo en la mitad de los pacientes se produce esta progresión del estadio de fibrosis hasta la cirrosis. Por ello, se han analizado las características clínicas, bioquímicas e histológicas de estos pacientes, buscando aquellos factores de mal pronóstico que se asocien a progresión de la enfermedad. Existen pocos estudios, pero los cuatro factores que probablemente se asocian a esta progresión son: una edad mayor de 45 años, la existencia de obesidad, diabetes e hiperlipemia, bien solos o bien asociados, un cociente AST/ALT >1, y una lesión inicial intensa (5,29,53,54). Así, en un estudio se pudo comprobar que el porcentaje de pacientes con fibrosis hepática aumentaba si el paciente tenía más de 45 años, obesidad y/o diabetes, y un cociente AST/ALT >1, de tal forma que entre los pacientes, que carecían de estos factores, ninguno tenía fibrosis hepática, mientras que el 66% de los que tenían los tres factores tenían fibrosis hepática (53). En otro estudio, se revisaron de forma retrospectiva 136 pacientes que habían sido seguidos durante 10 años y tenían biopsia hepática inicial y final (5). Se observó que, cuando la lesión inicial era sólo esteatosis o esteatosis más inflamación, la enfermedad era benigna y prácticamente no evolucionaba a cirrosis hepática. Pero, cuando en la biopsia inicial existían, además de esteatosis e inflamación, cambios degenerativos hepatocelulares o fibrosis, aproximadamente un 25% de los pacientes habían desarrollado cirrosis. Y este 25% concuerda con el 25% que mencionamos en los estudios de seguimiento (44-48). Otros factores predictivos de progresión a cirrosis han sido hallados en estudios aislados y, por tanto, su significado es todavía incierto. Estos factores son: coexistencia de infección por el virus de la hepatitis C, siderosis hepática, gen mutado de la hemocromatosis, y niveles muy altos de ALT y GGT (11,55,56).

A pesar de esa evolución a cirrosis hepática, la mortalidad a los 5 y 10 años es inferior a la observada en la hepatopatía alcohólica, aunque superior a la de la población general ajustada por edad y sexo (57,58). Esta mortalidad también se relaciona con la lesión hepática inicial. En el estudio de seguimiento de 136 pacientes durante 10 años se pudo comprobar que la esteatosis pura tenía un curso benigno y que la mortalidad de causa hepática sólo se producía en los enfermos con cambios degenerativos hepatocelulares y/o fibrosis (5).

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Tratamiento

En la actualidad el tratamiento de la EGHNA se reduce a dos tipos de medidas: evitar los tóxicos hepáticos conocidos, como el alcohol y los fármacos hepatotóxicos intrínsecos, y tratar los factores etiológicos asociados (3,6,7,20,59).

El tratamiento de la obesidad consiste en una reducción lentamente progresiva del peso (0,5 – 1,5 kg a la semana), mediante ejercicio físico y dieta hipocalórica, con baja proporción de carbohidratos y grasas saturadas y rica en proteínas. La pérdida de peso gradual disminuye la hipertransaminasemia, el patrón brillante del hígado en la ecografía y las lesiones de esteatosis en casi todos los pacientes, pero la inflamación y la fibrosis sólo mejora en la mitad de ellos (6). La fibrosis puede incluso aumentar si la pérdida de peso es excesivamente rápida (6), ya que entonces una gran cantidad de ácidos grasos libres son aportados al hígado y su metabolización provoca estrés oxidativo y lipoperoxidación (6). Actualmente no se recomienda el uso de fármacos como simpáticomiméticos, inhibidores de la serotonina, o leptina. En casos de obesidad severa puede plantearse la cirugía (gastroplastia), teniendo siempre en cuenta que se ha descrito empeoramiento de la lesión hepática tras la intervención. La diabetes mellitus tipo 2 ha de ser controlada con dieta y antidiabéticos orales, así como con reducción de peso si coexiste obesidad (59). La hiperlipemia suele normalizarse con dieta hipocalórica y pérdida de peso. Si ello no sucede pueden administrarse fármacos hipolipemiantes. El clofibrato no se ha mostrado eficaz, pero el gemfibrocilo (600 mg/d) mejora las alteraciones analíticas y la esteatosis hepática (60,61). En los pacientes con EGHNA asociada a pérdida rápida de peso, desnutrición aguda, o kwashiorkor, el tratamiento consistirá en una dieta hipercalórica e hiperproteica que permita una ganancia de peso gradual. En la EGHNA asociada a la nutrición parenteral total la administración de soluciones ricas en hidratos de carbono estimula la secreción de insulina, la cual favorece la síntesis de ácidos grasos e inhibe su oxidación. Por ello, debe reducirse el aporte de glucosa, sustituyéndola por lípidos (59). La nutrición parenteral total, además, puede causar déficit de colina, que es necesaria para la síntesis de lecitina, un fosfolípido a su vez necesario para la formación de las lipoproteínas VLDL; por tanto, el déficit de colina puede favorecer el desarrollo de EGHNA. El tratamiento de pacientes con nutrición parenteral total con suplementos de colina revierte esta situación (62).

En los casos de EGHNA asociada a sobrecrecimiento bacteriano (cirugía de la obesidad, divertículos de intestino delgado, resección intestinal masiva), el tratamiento antibiótico es capaz de prevenir o revertir la esteatosis e incluso la inflamación y fibrosis. La pauta más utilizada es metronidazol a dosis de 750-2000 mg/día durante periodos de 3 meses alternando con otros sin tratamiento (63). En algunos pacientes con cirugía intestinal derivativa (bypass yeyunoileal o yeyunocólico), a pesar del tratamiento antibiótico, la EGHNA progresa rápidamente, siendo necesario practicar reconstrucción del tránsito intestinal, eliminando el asa desfuncionalizada (64). En los pacientes con EGHNA provocada por fármacos deben obviamente retirarse estos, y en la mayoría de los casos se normalizan las transaminasas al cabo de unos meses (59). El benzofibrato (400 mg/día) mejora la esteatosis y previene la progresión de la fibrosis en la EHNA inducida por el tamoxifeno (65). Aunque recientemente se ha sugerido que el virus de la hepatitis C podría ser un factor causal de la EGHNA (18), no existe información sobre su tratamiento con interferón. En un estudio, en el que se trataron pacientes con hepatitis crónica C, que en la biopsia hepática presentaban también esteatosis, la respuesta al interferón-alfa fue menor que en los pacientes sin esteatosis (66).

Al igual que sucede en la hepatopatía alcohólica con la supresión del alcohol, en la EGHNA, a pesar de controlar adecuadamente su causa, no se consigue evitar la progresión de la enfermedad en todos los casos. Por otro lado, con este plan terapéutico quedan sin tratamiento los casos cada vez más frecuentes de EGHNA en los que no se identifica ninguna de las condiciones de riesgo tradicionalmente aceptadas en la literatura. Por ello, se están buscando fármacos que puedan detener la progresión de la EGHNA, independientemente de cual sea la causa. Se han evaluado algunos de estos tratamientos específicos que podrían actuar sobre los mecanismos patogénicos de la EHNA, pero los resultados son muy preliminares. Él ácido ursodeoxicólico (10-15 mg/kg/día) ha sido el más ensayado, basándose en sus propiedades citoprotectoras y antioxidantes. En tres estudios provocó una disminución de las enzimas hepáticas (60,67,68) y en uno de ellos también de la esteatosis, pero no de la inflamación ni la fibrosis (60). La troglitazona fue probada por disminuir la insulinorresistencia y los niveles circulantes de insulina, y disminuyó los niveles de transaminasas pero no modificó la histología hepática (69). La troglitazona y la rosiglitazona han sido retiradas del mercado por producir lesión hepática severa (6). Otro fármaco hipoglucemiante, la metformina, ha demostrado en animales y en humanos que disminuye claramente la esteatosis (70). También han sido probados una serie de fármacos antioxidantes, como la betaína (que aumenta los niveles de S-adenosilmetionina) (71), la N-acetilcisteína (que aumenta el glutatión hepatocitario) (72), y la vitamina E (además de antioxidante, suprime la expresión de citocinas inflamatorias –TNF-alfa, IL-1, IL-6, IL-8 – y del gen alfa-1(1) de la colágena) (73). Todos ellos mejoran las alteraciones bioquímicas hepáticas, y la betaína, además, mejora las lesiones hepáticas de esteatosis, inflamación y fibrosis. Todos los estudios comentados son estudios piloto, abiertos, comparando la eficacia frente a la situación basal del enfermo en un número pequeño de pacientes y con periodos de tratamiento cortos. Por ello, estos resultados preliminares hay que tomarlos con cautela y debemos esperar a los resultados de estudios amplios y aleatorizados que se están llevando a cabo en la actualidad y en los que se están valorando, fundamentalmente, dos tipos de fármacos: antioxidantes (ácido ursodeoxicólico, betaína, S-adenosil-L-metionina, N-acetil-cisteína, vitamina E, silimarina) y anti-citocinas (vitamina E, anticuerpos anti-TNF/infliximab, pentoxifilina, antibióticos no absorbibles).

En la práctica clínica, todos los pacientes con EGHNA deben ser tratados con medidas generales (evitar el alcohol y fármacos hepatotóxicos) y con tratamiento agresivo de la causa (diabetes, obesidad, hiperlipemia). Los pacientes con esteatohepatitis, sobre todo si tienen lesiones graves en la biopsia hepática u otros factores de riesgo de progresión, como edad superior a 45 años o AST/ALT>1, y mientras no tengamos más información sobre el valor terapéutico de los diferentes fármacos antioxidantes y anticitocinas antes mencionados, deberían además ser tratados con ácido ursodeoxicólico (12-15 mg/kg/día), por ser el fármaco más ensayado con buenos resultados y tener un perfil de seguridad muy bueno.

El manejo terapéutico de las descompensaciones de la cirrosis hepática esteatohepatítica es similar al de la cirrosis de otra etiología, incluyendo el trasplante hepático. Éste tiene las mismas indicaciones que para el resto de las causas de cirrosis, y en algún caso se ha descrito la recurrencia de la enfermedad, después del trasplante, al persistir el factor etiológico (51).

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CARACTERÍSTICAS DIAGNÓSTICAS DE LA ENFERMEDAD GRASA DEL HÍGADO NO ALCOHÓLICA

EDAD

- Generalmente entre 40 y 60 años

SEXO

- Predominantemente femenino

CONDICIONES ASOCIADAS

- Obesidad (70 - 100%)
- Diabetes (35 - 75%)
- Hiperlipemia (20 - 70%)
- Ausencia de exposición al alcohol

SÍNTOMAS

- Ninguno (50 - 100%)
- Molestia en hipocondrio derecho
- Astenia

SIGNOS

- Hepatomegalia (12 - 75%)
- Raramente estigmas de hepatopatía crónica avanzada

LABORATORIO

- Elevación 2-3 veces de ALT y AST
- Fosfatasa alcalina y g-GT normales o ligeramente elevadas
- Niveles normales de albúmina, protrombina y bilirrubina
- Posible aumento de sideremia y/o ferritina
- Estudio etiológico de hepatopatía (vírica, metabólica, autoinmune) negativo

ECOGRAFÍA ABDOMINAL

- Hipercogenicidad del parénquina hepático (patrón brillante)

BIOPSIA HEPÁTICA

- Esteatosis
- Esteatohepatitis
- Cirrosis


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