Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Abril 2002

TRATAMIENTO DE LA HEPATITIS AUTOINMUNE

Ricardo Moreno Otero
Unidad de Hepatología, Hospital Universitario de la Princesa
Universidad Autónoma de Madrid


Introducción

La hepatitis autoinmune (HAI) es una hepatopatía necroinflamatoria crónica y progresiva, de etiología desconocida, cuya patogenia se atribuye a una reacción inmune frente a autoantígenos hepatocelulares.

El autorreconocimiento es esencial para mantener la integridad del organismo; por tanto, en la HAI se estima que existen alteraciones de la inmunorregulación. MacKay sugirió, en el año 1956, la implicación directa de un mecanismo autoinmune al demostrar, por primera vez en estos pacientes, la presencia de autoanticuerpos antinucleares (ANA) y el fenómeno LE, proponiendo la denominación de "hepatitis lupoide" (1).

La HAI afecta a ambos sexos y a todas las edades, pero es mucho más prevalente en el sexo femenino. La incidencia es mayor en la etnia caucasiana y en la población europea, existiendo una agrupación familiar y una base hereditaria inmunogenética asociada a la positividad para los antígenos del complejo mayor de histocompatibilidad HLA-A1, -B8, -DR3, -DR4, -DR52a y -DW3 (2). Por otra parte, por la historia natural, se aprecia que la HAI es potencialmente grave y de mal pronóstico, evolucionando a cirrosis e insuficiencia hepática en los pacientes no tratados. Aunque pueda considerarse una enfermedad específica de órgano, no es infrecuente que se asocie a otras patologías autoinmunes y que se comporte como un proceso multisistémico. El curso evolutivo es prolongado, pero no existen evidencias de que la HAI comporte un mayor riesgo de desarrollo de hepatocarcinoma (2-6).

El diagnóstico de la HAI se basa en la exclusión de otras posibles causas de lesión hepatocelular crónica, principalmente infecciones por virus hepatotropos (VHB, VHD y VHC) y hepatopatías metabólicas, por fármacos y tóxicos (alcohol) o por depósito (hemocromatosis, enfermedad de Wilson). Tres características serológicas definen la HAI: títulos altos (>1:40) de autoanticuerpos, hipergammaglobulinemia policlonal y elevación de la IgG. El pronóstico de estos pacientes mejora con tratamiento inmunosupresor, pero no es una terapéutica específica y, aunque inhibe la respuesta inflamatoria, carece de eficacia para corregir el trastorno inmunorregulador y curar la enfermedad (2-6). En la Tabla I se detallan los distintos autoanticuerpos descritos en la HAI.

Para alcanzar un diagnóstico preciso de la HAI se ha propuesto un sistema de puntuaciones en el que se evalúan datos clínicos, bioquímicos, serológicos e histológicos, así como el resultado del tratamiento con corticoides. En los pacientes que no han sido tratados se considera que el diagnóstico es: a) cierto, cuando se obtiene una puntuación superior a 15 al sumar todos los apartados, y b) probable, cuando fluctúa entre 10 y 15 puntos. En los pacientes, que reciben tratamiento inmunosupresor, hay certeza diagnóstica si la puntuación es mayor de 17, mientras que el diagnóstico es dudoso cuando oscila entre 12 y 17 puntos (7).

La positividad serológica para unos patrones definidos de autoanticuerpos ha permitido identificar tres tipos de HAI (4,5,8,9). No obstante, son similares en cuanto a las características clínicas, bioquímicas e histológicas, y en todos ellos está indicada la misma pauta de tratamiento con fármacos inmunosupresores. El tipo I (HAI lupoide) es el más prevalente y se caracteriza por la positividad sérica para ANA y autoanticuerpos antimúsculo liso ( SMA); es más común en mujeres adolescentes y en edad postmenopáusica. La HAI tipo II se define por la presencia en el suero de autoanticuerpos antimicrosomales de hígado y riñón (anti-LKM-1) y anticitosólicos hepáticos (anti-LC-1); es más frecuente en Europa, suele afectar a pacientes muy jóvenes, incluso en edad pediátrica, y comporta el peor pronóstico por su tendencia a progresar rápidamente a cirrosis. El tipo III es menos prevalente y, por tanto, sus características están peor definidas, aunque se reconoce por la seropositividad para autoanticuerpos frente al antígeno soluble hepático (anti-SLA) y a proteínas citosólicas de hígado y páncreas (anti-LP).

Algunos autores han definido un tipo IV de HAI correspondiente a un síndrome bioquímico y serológico de hepatopatía colestásica, con características de superposición entre HAI y cirrosis biliar primaria (CBP). No debe confundirse con la colangitis autoinmune (CAI), denominada también CBP con autoanticuerpos antimitocondriales (AMA) negativos. Adicionalmente se ha descrito una forma de HAI criptogenética; aunque todos los marcadores serológicos mencionados son negativos, pueden existir positividad en el suero para autoanticuerpos frente al receptor de la asialoglicoproteína hepática (anti-ASGP-R), hipergammaglobulinemia, aumento de IgG y respuesta favorable al tratamiento inmunosupresor similares a los observados en los pacientes con los tipos clásicos de HAI (4,5,8,9).

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Tratamiento

El principal objetivo terapéutico se centra en la modificación de la historia natural de la enfermedad, ya que rara vez la HAI entra espontáneamente en remisión (4,5,10,11).

Al desglosar cada uno de los posibles efectos favorables del tratamiento, los diferentes objetivos se diversifican en: 1) aliviar la sintomatología, 2) mejorar la bioquímica, 3) reducir la inflamación y la fibrosis hepática, 4) prevenir la progresión de hepatitis crónica a cirrosis y, fundamentalmente, 5) disminuir la mortalidad. El tratamiento está indicado en todos los tipos de HAI porque conlleva una disminución de la mortalidad, aunque algunos resultados ponen en duda su capacidad para modificar el curso progresivo de la enfermedad (4-6,10).

El tratamiento universalmente aceptado para la HAI busca un efecto inmunosupresor. Los ensayos terapéuticos controlados se han realizado en los pacientes con HAI tipo I, por su mayor prevalencia; una conclusión común a todos los estudios es la eficacia de la utilización de corticosteroides. La prescripción inicial de azatioprina como monoterapia proporciona unos resultados menos satisfactorios que las pautas en las que se asocia a los corticoides. La combinación de ambos fármacos inmunosupresores permite dar dosis más bajas de corticoides (4-6,10,11).

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Indicaciones

Debe indicarse tratamiento a todos los enfermos, independientemente del tipo de HAI y de la forma de presentación, incluidos los pacientes con enfermedad leve y cifras no muy elevadas de transaminasas. Las indicaciones orientativas del tratamiento inmunosupresor (10,11) se resumen en la Tabla II. Abundan las evidencias respecto a que los fármacos inmunosupresores disminuyen la tasa de mortalidad en los pacientes con HAI, aunque se desconoce de manera cierta si previenen o enlentecen la progresión a cirrosis.

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Tratamiento inicial para conseguir la remisión

Existe consenso respecto a que la elección, de comienzo, deben ser los corticoides de síntesis de primera generación: prednisona, prednisolona o metilprednisolona. La azatioprina no es eficaz como monoterapia para inducir la remisión en la HAI, pero se asocia a los corticoides para mantener la remisión de la enfermedad; esta combinación permite dar dosis más bajas de corticoides, reduciendo sus efectos secundarios y alcanzando unos resultados mejores que con el tratamiento único a dosis altas. En la actualidad se acepta la indicación de ambos fármacos combinados como tratamiento de elección (4,6,10,11). En cuanto a las pautas terapéuticas, existen dudas sobre cuál debe ser la dosis inicial de corticoides y si la azatioprina debe asociarse al comienzo del tratamiento o cuando se ha conseguido la remisión. Las pautas iniciales o de remisión dependen de la forma de presentación clínica y bioquímica de la HAI y de la actividad histológica (Tabla III).

Si se usa monoterapia con corticosteroides y, sobre todo, si la presentación de la HAI es aguda y con gran actividad necroinflamatoria en la biopsia, la dosis de inducción es de 1 mg/kg/día durante 1-2 semanas; si se obtiene respuesta terapéutica y las transaminasas han disminuido, se comienza a bajar gradualmente las dosis (10 mg por semana) hasta 10-15 mg/día. La remisión puede mantenerse con una dosis de 5-10 mg/día.

Por el contrario, cuando el diagnóstico de la HAI se hace en pacientes con una hepatopatía crónica leve o en estadio de cirrosis se requieren dosis menores de corticoides para conseguir la remisión, bastando 20-30 mg/día. Una vez conseguida la remisión, se disminuirá la dosis gradualmente hasta 5 mg/día.

Para evitar los efectos secundarios de los corticoides, sobre todo en las mujeres postmenopáusicas o diabéticas, se puede indicar desde el inicio la combinación de corticoides a dosis más bajas (30 mg/día, para reducir gradualmente hasta 5-10 mg/día de mantenimiento) con 50 mg/día de azatioprina. Esta pauta, tan eficaz como los corticoides a dosis altas, constituye en la actualidad el tratamiento de elección. La azatioprina tarda varias semanas en actuar y debería indicarse tan pronto como el diagnóstico sea cierto; sin embargo, a veces suele esperarse a obtener la remisión con corticoides antes de prescribirla.

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Definición de remisión o de respuesta al tratamiento

La reducción o las variaciones en las dosis mencionadas de ambos fármacos siempre deben estar condicionadas por la respuesta terapéutica. La remisión completa se define por la mejoría de los síntomas conjuntamente con la normalización de los niveles de transaminasas, bilirrubina y gammaglobulina en un año, y mantenida, al menos, durante seis meses adicionales de tratamiento. También se considera que es un parámetro de respuesta cuando tan sólo se objetiva una mínima actividad en la biopsia obtenida durante dicho tiempo. La respuesta completa se consigue en el 60-80% de los pacientes entre 1-3 meses después de haber iniciado el tratamiento (4-6,10,11).

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Tratamiento de mantenimiento

Está indicado, una vez alcanzada la remisión de la HAI, con el objetivo a largo plazo de prevenir las recidivas, fundamentalmente en ausencia o con los mínimos efectos secundarios del tratamiento inmunosupresor. Es considerable el número de pacientes que persisten en remisión con dosis bajas de prednisona o prednisolona (2,5 -10 mg/día), pero con el inconveniente de que, a veces, aparecen efectos secundarios indeseables. Para obviarlos es preferible realizar monoterapia de mantenimiento con azatioprina: muchos enfermos permanecen en remisión con una dosis constante de 50 - 75 mg/día. Si esta pauta es insuficiente, la adición de 5 - 7,5 mg de prednisona/día parece tener menos inconveniente que si se duplica la dosis de azatioprina. Sin embargo, se ha demostrado que el tratamiento prolongado con 2 mg/kg/día de azatioprina puede ser adecuado para mantener la remisión a largo plazo, a la vez que su tolerancia es buena. La dosis de mantenimiento con azatioprina, asociada o no a corticoides, se debe ajustar según los niveles séricos de transaminasas; en el caso de que esté indicada la suspensión del fármaco, también se realizará de forma gradual (4-6,10-12).

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Duración del tratamiento

Aunque la remisión de la enfermedad puede ser duradera, no se consigue la curación debido a que el trastorno de la inmunorregulación no se corrige. Las recidivas son frecuentes al retirar el tratamiento, incluso después de administrarlo durante años. Se estima que más del 70% de los pacientes con HAI requieren fármacos inmunosupresores de por vida, por lo que se deben buscar las dosis mínimas eficaces para mantener la remisión. El concepto terapéutico básico para la HAI consiste en indicar las dosis suficientes del tratamiento durante el tiempo necesario. El mejor índice de respuesta son los valores séricos de las transaminasas, regulando las dosis farmacológicas para mantener sus niveles dentro de la normalidad o, al menos, 2 veces por debajo del límite superior normal (4-6,10-12). No existen normas terapéuticas estrictas para suspender o reducir la medicación, pero está demostrado que su suspensión brusca o prematura puede conducir a una exacerbación grave de la hepatopatía.

La HAI es poco activa bioquímica e histológicamente en el 10-30% de los enfermos y la remisión puede persistir en ellos al suspender el tratamiento, aunque habiéndolo mantenido durante un mínimo de 2-4 años. El criterio aceptado para suspenderlo es la normalización de las transaminasas y la gammaglobulina, con ausencia de actividad inflamatoria en la biopsia hepática. Una vez retirado el tratamiento, los pacientes serán monitorizados estrechamente mediante controles clínicos y analíticos periódicos. Las recidivas suelen ocurrir durante el primer año de haber suspendido la medicación, pero también es posible que acontezcan una vez transcurridos varios años (4-6,10-12).

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Definición de recidiva

Se define, tras alcanzar una respuesta completa, por la elevación de las transaminasas dos veces por encima del límite alto de la normalidad o por el hallazgo de enfermedad activa en la biopsia. La reaparición grave de los síntomas, requiriendo aumentar o reintroducir el tratamiento inmunosupresor, también se considera recidiva. En los pacientes que han recidivado, se debe administrar nuevamente la misma pauta inmunosupresora, la cual deberá mantenerse de por vida (4-6, 10-12).

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Efectos secundarios

El tratamiento con corticoides se asocia con distintos efectos secundarios relacionados con la dosis (10,11). Los más frecuentes son cara de luna llena, estrías, hirsutismo y aumento de peso por desarrollo de un síndrome de Cushing iatrogénico. También inducen hiperglucemia, aconsejando tener precaución en los enfermos con diabetes mellitus, y agravan la enfemedad ósea metabólica, frecuente por la propia hepatopatía o porque las pacientes están en edad postmenopáusica. En los tratamientos con corticoides también se han descrito hipertensión arterial, glaucoma, cataratas subcapsulares, necrosis aséptica ósea, paniculitis y retraso del crecimiento en los niños; asimismo, en los pacientes con predisposición pueden inducir estados psicóticos. Las dosis altas mantenidas durante tiempo prolongado producen atrofia muscular y facilitan el desarrollo de infecciones.

El principal efecto secundario de la azatioprina es la depresión de la médula ósea, generalmente reversible y relacionado con las dosis, que se manifiesta como trombopenia y leucopenia, obligando a realizar una vigilancia hematológica periódica. También se han descrito otras complicaciones como pancreatitis aguda, hepatoxicidad colestásica con fibrosis, hiperplasia nodular regenerativa hepática y una mayor propensión para el desarrollo de infecciones. La azatioprina tiene un potencial efecto carcinogenético; sin embargo, en la HAI se utilizan dosis bajas de mantenimiento y no se tienen evidencias de que el riesgo de tumores esté incrementado a largo plazo (10-12).

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HAI y embarazo

Aunque la fertilidad de las mujeres con HAI pudiera estar reducida, no es infrecuente que las enfermas en edad fértil queden embarazadas. En esta circunstancia puede agravarse la hepatopatía, comportando un peligro para el feto; no obstante, el riesgo disminuye si se alcanza un adecuado control de la enfermedad con el tratamiento inmunosupresor. A pesar de que no se ha demostrado que dicha medicación sea teratogénica en humanos, es aconsejable reducir los corticoides y la azatioprina a las dosis mínimas eficaces. Es preciso evitar la lactancia materna porque ambos fármacos se excretan en la leche (4-6,10-12).

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Posibles alternativas terapéuticas

Aproximadamente un 10% de los pacientes con HAI no responden a los corticoides de primera generación, un 15% tiene respuesta parcial incompleta y un 13% sufre toxicidad que obliga a suspender prematuramente el tratamiento. También en una pequeña proporción de enfermos se pueden elevar de nuevo los valores de las transaminasas después de una respuesta inicial beneficiosa. Las alternativas terapéuticas en estos casos pueden ser:

- Budesonida: es un corticoide de síntesis de segunda generación con más potencia abrilantiinflamatoria que la prednisolona y menos efectos secundarios que los corticoides de abrilprimera generación (prednisona o prednisolona). La dosis aconsejada para obtener la abrilremisión en pacientes con HAI es de 9 mg/día, mientras que la de mantenimiento oscila abrilentre 3 - 6 mg/día (13). No obstante, datos recientes sugieren que la budesonida no es abriluna alternativa eficaz en general, teniendo como única posible indicación el tratamiento abrilde inicio en los pacientes con HAI leve y que no hayan sido tratados previamente (14).

- 6-mercaptopurina: como tratamiento inicial ha sido indicada a dosis bajas (12,5 - 25 mg abril/día) en combinación con corticoides. Como terapéutica de rescate ha resultado eficaz abrilusando una pauta de mantenimiento de 1,5 mg/kg/día para algunos pacientes con HAI abrilresistentes a los corticoides o en los que se ha observado una intolerancia o abrilhipersensibilidad a la azatioprina ( 4,5,11,15).

- Ciclosporina: puede ser eficaz para los pacientes con HAI que no responden al abriltratamiento convencional o en los que existe una hipersensibilidad a la azatioprina. abrilInicialmente se indicó como terapéutica de rescate y se trataron pacientes aislados con abriluna dosis de inducción de 5 mg/kg/día; posteriormente, la pauta de mantenimiento se ha abrilestimado en 2 mg/kg/día, administrados en dos tomas. La dosificación debe ajustarse abrilindividualmente según la eficacia y seguridad, realizando controles analíticos periódicos abrilpara verificar que los niveles hemáticos no sobrepasan los 200 mg/mL. El mayor abrilproblema de la ciclosporina radica en su toxicidad, particularmente la nefrotoxicidad y en abrilla hipertensión arterial, por lo que, durante el tratamiento, deben monitorizarse la tensión abrilarterial y la creatinina sérica (4,5,11).

Experiencias recientes en adultos (16) y en niños (17,18) con HAI han demostrado que abrillas dosis de 2 - 4 mg/kg/día de ciclosporina son efectivas para inducir la remisión de la abrilenfermedad, con mínimos efectos secundarios relativamente bien tolerados. La abrilvaloración de la eficacia y seguridad reales de este fármaco radica en el diseño y abrilrealización de ensayos clínicos controlados.

- FK-506 (tacrolimus): es un agente inmunosupresor con un mecanismo de acción similar abrilal de la ciclosporina aunque más potente. No está exento de efectos secundarios, como abrilla nefrotoxicidad e hiperpotasemia, aunque son menos frecuentes que con la ciclosporina. abrilLos resultados preliminares, de un solo estudio de tres meses de duración en pacientes abrilcon HAI, indican que puede ser beneficioso a la dosis de 4 mg dos veces al día (19).

- Micofenolato mofetil: es un agente inmunosupresor que se ha indicado con éxito para el abriltratamiento de distintas enfermedades autoinmunes (psoriasis, lupus eritematoso abrilsistémico, artritis reumatoide) y para prevenir el rechazo en el trasplante de órganos abrilsólidos. Según un estudio reciente (20), el micofenolato mofetil (1 g/12 horas), asociado abrilcon corticoides, es eficaz para inducir la remisión en pacientes con HAI; además, abriltambién se probó su eficacia al indicarlo como monoterapia en pautas de mantenimiento a abrillargo plazo. La tolerancia fue buena, aunque puede originar molestias gastrointestinales, abrilvómitos o diarrea. Tan solo en un paciente de los siete, que fueron tratados, se redujo la abrildosis por leucopenia (20).

- Fármacos en estudio: las experiencias clínicas con otros agentes con acción abrilinmunosupresora, como d-penicilamina, ciclofosfamida y metotrexato, son anecdóticas abrildebido a que únicamente se han ensayado en algún paciente aislado con HAI refractaria abrilal tratamiento convencional (5,11,21,22).

La información por ahora es episódica respecto a posibles opciones terapéuticas futuras con fármacos: 1) inmunosupresores, como extractos tímicos, brequinar o rapamicina, o 2) citoprotectores, como fosfatidilcolina, o carboxilato de tiazolidina (4,5,11).

El ácido ursodesoxicólico, por el contrario, puede tener un efecto beneficioso en determinados enfermos con HAI. Debido a que disminuye los ácidos biliares hidrofóbicos y, también, a su acción inmunomoduladora y a que es citoprotector, se ha asociado (13-15 mg/día) al tratamiento inmunosupresor en los pacientes con HAI que presentan evidencias de colestasis (23,24). Se apreciaron ciertos efectos favorables a nivel bioquímico e histológico y la tolerancia fue buena en cada caso.

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Trasplante hepático

Es la única opción terapéutica que ofrece al paciente la posibilidad de curación. Está indicado en los enfermos con cirrosis e insuficiencia hepática avanzada, cuando surgen las complicaciones de la hipertensión portal y si la HAI se presenta como una hepatitis fulminante. El pronóstico es muy favorable, con una supervivencia a los 5 años próxima al 90%, a pesar de haberse descrito hasta un 14% de recidivas de la HAI en los pacientes que no estaban correctamente inmunosuprimidos (25,26).

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Resumen

La hepatitis autoinmune (HAI) es una hepatopatía crónica de etiología desconocida, cuya patogenia está mediada por un trastorno de la inmunorregulación que determina la síntesis de autoanticuerpos frente a antígenos expresados en la membrana hepatocelular. Los autoanticuerpos son marcadores de la enfermedad sin implicaciones patogénicas demostradas. De acuerdo con el patrón de autoanticuerpos se diferencian tres subtipos de HAI: tipo I con positividad para autoanticuerpos antinucleares y antimúsculo liso, tipo II con anti-LKM-1 positivo, y tipo III asociado a anti-SLA y anti-LP. La HAI afecta sobre todo a los pacientes jóvenes y de sexo femenino, con una predisposición genética asociada a positividad para los antígenos del complejo mayor de histocompatibilidad HLA-A1-B8-DR3 o DR4. La presentación clínica suele ser insidiosa, pero pueden ocurrir episodios de hepatitis aguda como forma de comienzo e, incluso, hepatitis fulminantes. Mediante ensayos clínicos controlados se ha demostrado que el tratamiento inmunosupresor con corticosteroides y azatioprina mejora los síntomas y consigue la remisión en la mayor parte de los pacientes. Aproximadamente un 20% de los enfermos no responden o alcanzan sólo una respuesta parcial, mientras que un 13% desarrollan toxicidad grave que obliga a suspender la medicación. El fracaso terapéutico suele ocurrir en pacientes más jóvenes (en edad pediátrica y adolescencia), en cirróticos y en aquellos con enfermedad de larga duración previamente a ser diagnosticada y a recibir tratamiento. La ciclosporina, el tacrolimus y el micofenolato mofetil constituyen una alternativa terapéutica que está indicada si fracasan los fármacos anteriormente mencionados. El trasplante hepático es una indicación válida para los enfermos con cirrosis autoinmune avanzada.

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