Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Marzo 2002

TRATAMIENTO DE LA ASCITIS REFRACTARIA

Justiniano Santos y Ramón Planas
Servicio de Digestivo
Hospital Universitari Germans Trias i Pujol. Badalona


Introducción

La ascitis refractaria es infrecuente en la cirrosis. Sólo el 5-10% de los enfermos cirróticos, ingresados con ascitis a tensión, no responden a los diuréticos o presentan efectos adversos que impiden el uso de dosis adecuadas de estos fármacos (1,2). La ascitis refractaria suele observarse en pacientes con insuficiencia hepática avanzada, gradiente de presión portosistémica muy elevado y síndrome hepatorrenal tipo 2. El pronóstico de estos enfermos es malo. Mientras que la tasa de supervivencia, a los 2 años, de los pacientes con ascitis es del 50%, en los pacientes con ascitis refractaria la tasa de supervivencia es tan sólo del 50% a los 6 meses (3).

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Definiciones y criterios diagnósticos

En la conferencia de consenso de 1994 del Club Internacional de la Ascitis (4) se definió la ascitis refractaria como aquella que no puede ser movilizada o su recurrencia precoz (por ejemplo tras paracentesis terapéutica) a pesar del tratamiento médico adecuado. El término ascitis refractaria incluye dos subtipos: a) ascitis resistente a diuréticos; ascitis que no puede ser movilizada o su recurrencia precoz por falta de respuesta a la dieta hiposódica y al tratamiento diurético intenso; y b) ascitis intratable con diuréticos; ascitis que no puede ser movilizada o su recurrencia precoz a causa de efectos adversos secundarios al tratamiento diurético que impiden el uso de dosis adecuadas de diuréticos.

Se establecieron una serie de criterios diagnósticos:

1. Duración del tratamiento necesario para definir la ascitis refractaria: pacientes en tratamiento diurético intenso durante, al menos, 1 semana.

2. Falta de respuesta: pérdida media de peso inferior a 200 g/día durante los últimos 4 días de tratamiento diurético intenso (400 mg/día de espironolactona y 160 mg/día de furosemida) con excreción urinaria de sodio inferior a 50 mEq/día.

3. Dieta hiposódica: 50 mEq/día de sodio.

4. Recurrencia precoz de la ascitis: reaparición de ascitis grado 2 (moderada) o grado 3 (masiva o a tensión) durante las 4 semanas siguientes a su inicial movilización. La reacumulación de ascitis 2 ó 3 días tras la paracentesis no se considera recurrencia precoz de la ascitis; esto es debido al paso de líquido intersticial a la cavidad peritoneal.

5. Complicaciones inducidas por los diuréticos:

- Encefalopatía hepática, en ausencia de otros factores precipitantes.

- Insuficiencia renal: aumento de más del 100% en la concentración de creatinina sérica, con valores superiores a 2 mg/dL, en pacientes con ascitis que responden al tratamiento diurético.

- Hiponatremia: descenso en la concentración sérica de sodio superior a 10 mEq/L hasta niveles inferiores a 125 mEq/L.

- Hipo o hiperpotasemia: descenso del potasio sérico por debajo de 3 mEq/L o aumento por encima de 6 mEq/L, respectivamente, sin respuesta a las medidas habituales para normalizar los niveles de potasio en suero.

El Club Internacional de la Ascitis también introdujo el concepto de ascitis recidivante y la definió como aquella ascitis que recurre en tres o más ocasiones en 12 meses a pesar de dieta hiposódica y un adecuado tratamiento diurético. Si se hospitalizan, la mayoría de estos pacientes suelen responder a dosis altas de diuréticos.

El diagnóstico de ascitis refractaria requiere la observación prolongada de los pacientes, preferiblemente hospitalaria para optimizar la dieta hiposódica y el tratamiento diurético, aumentando la dosis de estos de forma escalonada hasta el máximo permitido. Esto aumenta la estancia hospitalaria de estos pacientes. Un estudio reciente sugiere que los pacientes con ascitis refractaria pueden ser identificados determinando la excreción urinaria de sodio tras la administración de una dosis de 80 mg de furosemida endovenosa (5). Una natriuresis inferior a 50 mEq, durante las 8 horas siguientes a la administración de los 80 mg de furosemida, identificaría precozmente a los pacientes con ascitis refractaria.

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Patogénesis

La ascitis refractaria es consecuencia de la exageración de los factores responsables de la retención de sodio y agua en la cirrosis. La teoría anterógrada es la hipótesis más aceptada para la patogenia de la ascitis en la cirrosis (4-6). Esta teoría sugiere que la hipertensión portal es el evento inicial y que ésta provoca vasodilatación arteriolar esplácnica, causando simultáneamente hipollenado de la circulación arterial, disminución del volumen sanguíneo efectivo y aumento anterógrado de la presión hidrostática en los capilares esplácnicos y el coeficiente de filtración. Mediados por los barorreceptores arteriolares se activan los sistemas vasoconstrictores endógenos: el sistema nervioso simpático, el sistema renina-angiotensina-aldosterona y la hormona antidiurética. Estos sistemas son los responsables de la retención de sodio y agua, y en casos extremos, de la vasoconstricción renal y el síndrome hepatorrenal.

En la cirrosis compensada, la hipertensión portal y la vasodilatación arterial esplácnica son moderadas. La hipovolemia efectiva sistémica es compensada por episodios transitorios de retención hidrosalina. El sistema linfático es capaz de devolver a la circulación sistémica el aumento moderado en la producción de linfa, previniendo la formación de ascitis. A medida que la cirrosis progresa, la hipertensión portal y el descenso de las resistencias vasculares esplácnicas son progresivamente más intensos, llegando a un punto crítico en el que las consecuencias de la vasodilatación arterial esplácnica no pueden ser compensadas con el aumento del retorno linfático, el volumen plasmático y el gasto cardíaco. El mantenimiento de la presión arterial requiere la activación persistente de los sistemas vasocontrictores endógenos, lo que conlleva la retención continua hidrosalina. El fluido retenido es inefectivo para rellenar la dilatada circulación arterial, ya que sale del compartimento intravascular, produciéndose un desequilibrio entre la producción excesiva de linfa y el retorno linfático a la circulación sistémica. La consecuencia final es la persistente retención renal de sodio y agua y el continuo goteo de fluido a la cavidad peritoneal, formándose la ascitis.

Existe una clara correlación entre el grado de hipertensión portal sinusoidal, la intensidad de la disfunción circulatoria, el grado de activación de los sistemas vasoconstrictores endógenos con la gravedad de la disfunción renal. En la ascitis refractaria y/o el síndrome hepatorrenal estas alteraciones son extremas, produciéndose vasoconstricción renal, reducción del flujo sanguíneo renal y de la tasa de filtración glomerular. En estos pacientes, la retención de sodio se debe al descenso en su filtración y al aumento de la reabsorción en el túbulo proximal. El sodio que llega al asa de Henle y a la nefrona distal, lugar de acción de los diuréticos, está muy reducido; por eso estos pacientes no suelen responder al tratamiento diurético.

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Tratamiento

Durante décadas la anastomosis peritoneo-venosa fue el único tratamiento existente para los pacientes cirróticos con ascitis refractaria; sin embargo, este tratamiento no mejora la supervivencia en estos pacientes, se asocia a graves complicaciones y a una alta tasa de obstrucción de la prótesis. Recientemente, en el tratamiento de la ascitis refractaria, se han introducido la paracentesis evacuadora total, la derivación portosistémica percutánea intrahepática (DPPI) y el transplante hepático.

En los pacientes con ascitis refractaria al tratamiento diurético, éste puede seguir administrándose si se consigue una natriuresis > 30 mEq/día. Si no es así, se aconseja suspender los diuréticos.

La paracentesis evacuadora total con infusión de albúmina es el tratamiento de elección en la ascitis refractaria. La paracentesis de gran volumen sin expansión plasmática se asocia a la aparición de disfunción circulatoria post-paracentesis (DCP) en el 70% de los casos, caracterizada por la elevación de la actividad de la renina plasmática a los 6 días tras la paracentesis. Los pacientes que desarrollan esta DCP presentan mayor recurrencia de la ascitis y una reducción significativa de la supervivencia (7). La infusión de albúmina tras la paracentesis disminuye la incidencia de DCP hasta el 18%, porcentaje similar al que presentan, espontáneamente, los enfermos cirróticos con ascitis a tensión hospitalizados durante una semana sin tratamiento (8). Varios estudios controlados han demostrado que la paracentesis total con infusión de albúmina es el tratamiento más adecuado para los pacientes con ascitis a tensión, ya que se asocia a menos efectos adversos que otros tratamientos (9). La paracentesis terapéutica no modifica los mecanismos implicados en la formación de la ascitis, por lo que ésta recurre frecuentemente en los pacientes con ascitis refractaria.

La DPPI reduce la presión portal y, por tanto, actúa sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados en la formación de la ascitis. Por ello, teóricamente la DPPI es un tratamiento para la ascitis refractaria más definitivo que la paracentesis terapéutica. Además, al prevenir otras complicaciones de la hipertensión portal podría mejorar la supervivencia de estos pacientes. A pesar de estas ventajas potenciales en el tratamiento de la ascitis, la DPPI tiene importantes limitaciones: puede provocar deterioro de la función hepatocelular y encefalopatía hepática. Además, se estima que la tasa de disfunción/oclusión de la DPPI es del 50-70% durante el primer año (10,11), lo que representa una importante limitación para su uso, ya que se requieren frecuentes reintervenciones.

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Paracentesis frente a anastomosis peritoneovenosas

Se han publicado dos estudios multicéntricos aleatorios que han comparado la paracentesis con la infusión de albúmina y la anastomosis peritoneo-venosa de Le Veen (con y sin punta de titanio) (12,13). Ambos tratamientos fueron igual de efectivos movilizando la ascitis, siendo la estancia hospitalaria mayor en los pacientes en los que se colocó una anastomosis. Las tasas de complicaciones y de mortalidad hospitalarias fueron similares en ambos grupos. Aunque el Le Veen fue más eficaz que la paracentesis en el control de la ascitis durante el seguimiento (mayor tiempo transcurrido hasta un nuevo ingreso por ascitis, menor número de reingresos por ascitis y menor necesidad de diuréticos para el control de la misma), un número importante de pacientes tuvieron que ser reoperados por obstrucción de la prótesis. No se observaron diferencias en relación al tiempo de estancia hospitalaria total durante el seguimiento ni en la supervivencia. La colocación de una punta de titanio en el extremo venoso de la prótesis no previno la obstrucción del mismo. Estos malos resultados de la anastomosis peritoneovenosa han condicionado que éste tratamiento haya sido prácticamente abandonado.

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Paracentesis frente a DPPI

Dado que la hipertensión portal sinusoidal es una condición imprescindible para la formación de ascitis en la cirrosis, las anastomosis porto-cava quirúrgicas se usaron inicialmente en el manejo de estos pacientes, pero pronto se abandonó su uso, ya que a pesar de que la descompresión portal quirúrgica es muy eficaz en el tratamiento de la ascitis, se asocia a una elevada morbi-mortalidad post-quirúrgica y a una alta incidencia de encefalopatía hepática (14). En los últimos años las anastomosis porto-sistémicas se han reintroducido en el tratamiento de la ascitis refractaria en forma de DPPI.

Inmediatamente, tras la colocación de una DPPI, las resistencias vasculares sistémicas disminuyen aumentando significativamente la volemia y el gasto cardíaco; las presiones en la aurícula derecha, de la arteria pulmonar y de la arteria pulmonar enclavada también aumentan. Todo ello es debido al aumento del retorno venoso debido a la fístula porto-cava. La caída de las resistencias periféricas sistémicas probablemente se debe a un intento fisiológico para acomodar el aumento del índice cardíaco (15,16). Inicialmente se interpretó que la DPPI empeoraba la circulación hiperdinámica de la cirrosis. Posteriormente, se observó que esto no era cierto y que la colocación de una DPPI se asociaba a una marcada supresión del sistema renina-angiotensina-aldosterona, del sistema nervioso simpático y de la hormona antidiurética (15, 17-21), aumentando el flujo sanguíneo renal y la tasa de filtración glomerular, reduciéndose la reabsorción proximal de sodio y aumentando la natriuresis. Estos cambios ocurren a los 1-3 meses de la colocación de la DPPI. Si la prótesis se mantiene funcionante, estos pacientes se mantienen sin ascitis o con ascitis controlable con bajas dosis de diuréticos.

Numerosos estudios sugieren que la DPPI es un tratamiento eficaz en el tratamiento de la ascitis refractaria (22), pero sólo se han realizado tres ensayos clínicos controlados al respecto (23-25). En los tres estudios los pacientes cirróticos con ascitis refractaria fueron distribuidos al azar para recibir tratamiento con DPPI o paracentesis terapéutica con infusión de albúmina.

Los resultados de estos estudios demuestran que, aunque la DPPI facilita el control de la ascitis en pacientes con ascitis refractaria, su uso no mejora los resultados obtenidos con paracentesis repetidas con infusión de albúmina y se asocia a un aumento de la incidencia y gravedad de la encefalopatía hepática, no modificando la historia natural de la enfermedad. Además, la probabilidad de malfuncionamiento de la DPPI es similar a la de obstrucción de las anastomosis peritoneo-venosas. Sin embargo, los pacientes incluidos en estos ensayos clínicos no constituyen una población homogénea, por lo que hacen falta más ensayos clínicos que comparen la DPPI con la paracentesis terapéutica en el tratamiento de la ascitis refractaria. Puede ser que un determinado subgrupo de pacientes se beneficie más de la colocación de una DPPI; la identificación de estos pacientes ha de ser el objetivo principal de los nuevos estudios. Todo ello permitirá individualizar el tratamiento de acuerdo con las características de cada paciente.

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Trasplante hepático

Como se ha mencionado anteriormente en los pacientes cirróticos la aparición de ascitis refractaria se asocia a mal pronóstico (3). En estos pacientes el tratamiento definitivo es el trasplante hepático. Se ha de tener en cuenta que muchos de estos pacientes tienen cierto grado de insuficiencia renal, lo que puede reducir la supervivencia a largo plazo tras el trasplante (26,27). No se ha publicado ningún estudio sobre trasplante hepático en pacientes con cirrosis y ascitis refractaria.

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Conclusiones

La ascitis refractaria es aquella que no puede ser movilizada o cuya recurrencia precoz no se puede prevenir con tratamiento médico. Puede clasificarse en ascitis resistente al tratamiento diurético y ascitis intratable con diuréticos. El desarrollo de ascitis refractaria se asocia a mal pronóstico, por lo que estos pacientes se deben evaluar para trasplante hepático.

Habitualmente el tratamiento de elección de la ascitis refractaria es la paracentesis evacuadora total repetida, asociada a la administración de albúmina. Para reducir la frecuencia de las paracentesis los pacientes deben recibir diuréticos, excepto si desarrollan efectos adversos graves inducidos por estos o la natriuresis es inferior a 30 mmol/día.

La DPPI facilita el control de la ascitis en pacientes con ascitis refractaria, pero su uso no mejora los resultados obtenidos con la paracentesis terapéutica y aumenta significativamente la incidencia de encefalopatía hepática, no mejorando el pronóstico en estos pacientes. La DPPI está indicada en pacientes que no toleran las paracentesis evacuadoras repetidas (por ejemplo, en los pacientes que requieren tres o más paracentesis al mes) y en los casos en los que la paracentesis no consigue movilizar la ascitis (por ejemplo, en ascitis loculada). La DPPI está contraindicada en los pacientes con 12 o más puntos en la clasificación de Child-Pugh, en pacientes con encefalopatía hepática o cardiopatía preexistente.

En pacientes no candidatos a transplante hepático, la anastomosis peritoneo-venosa estaría indicada en pacientes en los que falla la paracentesis terapéutica y está contraindicada la DPPI.

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