Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


Noviembre 2006
Diabetes mellitus y enfermedad hepática

Septiembre 2006
Manifestaciones extrahepáticas de la infección por el virus de la hepatitis C.

Mayo 2006
Métodos no invasivos de cuantificación de la fibrosis hepática en la hepatitis crónica por virus C.

Abril 2006
Tratamiento de las colestasis crónicas

Marzo 2006
Diagnostico del hígado graso no alcohólico

Febrero 2006
Porfiria cutánea tarda

Enero 2006
Marcadores del virus de la hepatitis B. Utilidad diagnóstica

Diciembre 2005
Diagnostico y tratamiento del síndrome hepatorenal

Noviembre 2005
Tratamiento de las hepatitis víricas en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana

Octubre 2005
Indicaciones y resultados de la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica

Septiembre 2005
Afectación hepática en las porfirias.

Junio 2005
Complicaciones extrahepaticas del trasplante de higado.

Mayo 2005
Profilaxis de la hemorragia digestiva por hipertensión portal.

Abril 2005
Osteoporosis en las enfermedades hepáticas crónicas

Marzo 2005
Diálisis con albúmina: Un nuevo procedimiento de soporte hepático extracorpóreo.

Febrero 2005
Trasplante hepático de donante vivo. Situación actual y perspectivas futuras

Enero 2005
Resultados actuales del trasplante hepático

Diciembre 2004
Etiología y pronostico de la hepatitis fulminante

Noviembre 2004
Enfermendad de Wilson

Octubre 2004
Trombosis portal

Septiembre 2004
Trastornos hepáticos y embarazo

Junio 2004
Profilaxis de las hepatitis virales

Mayo 2004
Diagnóstico de las hiperbilirrubinemias

Abril 2004
Diagnóstico de la colangitis esclerosante primaria

Marzo 2004
Colangiografia por resonancia en las enfermedades hepatobiliares

Febrero 2004
Papel actual de la biopsia hepática

Diciembre 2003
Diagnóstico y tratamiento del síndrome de budd-chiari

Octubre 2003
Tratamiento de la hepatitis crónicas B

Septiembre 2003
Opciones terapéuticas en el hidrotórax de origen hepático

Mayo 2003
Esteatosis hepática y esteatohepatitis no alcohólica

Mayo 2002
Nutrición en la hepatopatía crónica

Abril 2002
Tratamiento de la hepatitis autoinmune

Marzo 2002
Tratamiento de la ascitis refractaria

Febrero 2002
Hemocromatosis hereditaria: diagnóstico y cribado familiar

Diciembre 2001
Indicaciones del tratamiento antivírico en pacientes infectados por el virus dela hepatitis C (VHC)

Noviembre 2001
Tratamiento de la encefalopatía hepática crónica

Julio 2001
Hepatotoxicidad por fármacos

Junio 2001
Indicaciones del transplante hepático en las enfermedades colestásicas

 

Panel de Expertos Abril 2006

Tratamiento de las colestasis crónicas

Introducción

Tratamiento específico de la cirrosis biliar primaria

Tratamiento de la colangitis esclerosante primaria

Tratamiento de las colestasis crónicas menos frecuentes

Tratamiento de los síntomas y complicaciones de las colestasis crónicas

Referencias

Albert Parés
pares@ub.edu
Unidad de Hepatología
Hospital Clínic
C/. Villarroel 170
08036-Barcelona


Subir


Introducción.-

Las colestasis crónicas del adulto son enfermedades relativamente poco prevalentes en España. La cirrosis biliar primaria (CBP) es la más frecuente, seguida de la colangitis esclerosante primaria (CEP). El resto de enfermedades colestásicas crónicas como la ductopenia idiopatía del adulto, la enfermedad crónica del injerto contra el huésped y algunas formas de colestasis de origen genético debido a mutaciones a nivel de los transportadores biliares también pueden observarse ocasionalmente en el adulto, como la colestasis familiar progresiva en sus distintas versiones, incluyendo la forma recurrente benigna y el síndrome de Alagille. También deben tenerse en cuenta algunos casos de colangitis esclerosante secundaria, y la enfermedad de Caroli y la colestasis gravídica.

En este capítulo se hace referencia a los tratamientos específicos de la cirrosis biliar primaria (1) y de la colangitis esclerosante primaria (2). El tratamiento estándar, en este momento, es el ácido ursodesoxicólico, que también tiene cierta eficacia en todas las enfermedades colestásicas (3).

Esta revisión también plantea el tratamiento de dos manifestaciones frecuentes de la colestasis como son el prurito y la osteoporosis. En la actualidad son menos frecuentes las manifestaciones secundarias de la colestasis crónica como la mal absorción intestinal de vitaminas liposolubles, pera también deben aplicarse medidas correctoras en ciertos casos de colestasis prolongada e intensa.

Subir


Tratamiento específico de la cirrosis biliar primaria.-

1. Ácido ursodesoxicólico:

En la actualidad el ácido ursodesoxicólico (AUDC) a dosis de 14-16 mg/kg peso es el tratamiento específico de la CBP ya que además de producir notables efectos favorables sobre la bioquímica hepática (4-10), impide la progresión histológica de la enfermedad (10) y alarga la supervivencia. Dosis más elevadas administradas durante un año tienen un mayor efecto sobre la disminución de la fosfatasa alcalina, pero no ejercen una acción clara sobre otros indicadores de función hepática, por lo cual no parece necesario utilizar estas dosis (11). Los otros fármacos que se habían ensayado con anterioridad no han mostrado resultados tan favorables como el ácido ursodesoxicólico, aunque algunos de ellos como los corticosteroides o el metotrexato todavía tienen un potencial terapéutico (12,13), probablemente combinados con AUDC.

Los efectos favorables del AUDC en la CBP, básicamente la mejoría de las alteraciones bioquímicas e inmunológicas con disminución de los niveles de IgM, se han señalado en todos los estudios realizados. Estos ensayos, que incluyen un elevado número de pacientes, demuestran que el tratamiento durante dos años con AUDC produce un descenso significativo de la bilirrubina, fosfatasa alcalina, gammaglutamiltransferasa, colesterol y de la concentración de IgM. El efecto sobre los síntomas, particularmente la mejoría del prurito o evitar la aparición de manifestaciones propias de hipertensión portal no es tan constante. El tratamiento con AUDC tiene menor eficacia en pacientes con enfermedad más avanzada, es decir que los pacientes con niveles elevados de bilirrubina, y con signos de incipientes de insuficiencia hepática responden menos al tratamiento (6). Cuando los pacientes reciben tratamiento durante cuatro años se observan efectos más claros sobre la supervivencia o en retrasar la aparición de criterios de trasplante hepático (7-9), aunque estos efectos sobre la supervivencia únicamente se han reportado de forma concluyente en un estudio combinado que incluía pacientes del ensayo francés, de la clínica Mayo y canadiense (14).

En el estudio multicéntrico español (10) que incluyó 192 pacientes seguidos durante una mediana de 3.4 años, no se observó una mejoría en la supervivencia aunque la administración de AUDC se asoció con una notable mejoría de los índices de colestasis y de citolisis, así como de la histología. El estadio histológico y la necrosis parcelar periférica fueron significativamente menores en los pacientes que recibieron AUDC. Asimismo la inflamación portal y la necrosis lobulillar disminuyeron en los pacientes que recibieron AUDC y en estos casos se observó menos ductopenia que cuando recibieron placebo (figura 1). Al final del seguimiento el porcentaje de pacientes en estadios avanzados fue claramente inferior en los pacientes tratados con AUDC (10%) que en los pacientes que recibieron placebo (42%). En los estudios que analizan el efecto del AUDC tras más de dos años de tratamiento (15,16), los resultados son claramente favorables para el AUDC, con una menor progresión del estadio histológico y mejoría de la necrosis parcelar periférica, inflamación portal y necrosis lobulillar. En un reciente estudio combinado sobre la progresión histológica de la enfermedad se ha confirmado que la administración de AUDC durante dos años es suficiente para impedir la progresión histológica de la CBP, pero exclusivamente en los pacientes con estadios histológicos iniciales (17).

A pesar de estos esperanzadores resultados, otros estudios han señalado la progresión de la lesión en los pacientes tratados con AUDC (18). Sin embargo, dos estudios recientes de seguimiento a muy largo plazo de pacientes con CBP tratados con AUDC demuestran una clara eficacia sobre la supervivencia cuando se compara con la de la población general de la misma edad y sexo (19,20). En uno de estos estudios se demuestra que los pacientes con una respuesta bioquímica excelente al tratamiento, evidenciada por una normalización o una disminución del 40% de la fosfatasa alcalina al cabo de un año de tratamiento, tienen una probabilidad de supervivencia comparable a la de la población general (figura 2). Por otra parte, se constata que los pacientes con respuesta parcial tienen una probabilidad de supervivencia superior a la estimada por el índice pronóstico de la Clínica Mayo, aunque inferior a la población general (figura 3). Además en este estudio se probó que las variables relacionadas con mal pronóstico en términos de fallecimiento o trasplante fueron un estadio histológico avanzado, los niveles de albuminemia inferiores a 38 g/l y una ausencia de respuesta bioquímica al año de tratamiento con AUDC (20).

También se han publicado ensayos que han evaluado la combinación de AUDC con metotrexato (21), colchicina o prednisona. Ninguno ha mostrado mayor eficacia que el AUDC solo, aunque el tamaño de la muestra de estos estudios es muy pequeño para poder concluir apropiadamente sobre la eficacia de la combinación.

No existen recomendaciones específicas sobre la utilización de AUDC en pacientes embarazadas, aunque no se han descrito efectos teratogénicos. La Asociación Americana para el Estudio del Hígado recomienda no administrar AUDC durante los primeros tres meses del embarazo para evitar el riesgo desconocido de teratogenicidad (22). Sin embargo, la información disponible sobre la ausencia de efectos adversos en pacientes con colestasis gravídica tratadas con AUDC, pone en cuestión estos criterios restrictivos.

2. Otros tratamientos específicos.-

En dos ensayos publicados hace años se demostró que la administración de corticosteroides tenía efectos favorables sobre variables clínicas y bioquímicas en los pacientes con CBP (23,24). Sin embargo, el principal problema de los corticosteroides es la propensión a inducir osteoporosis. Por este motivo, se ha propuesto la administración de corticosteroides sintéticos de segunda generación, tales como la budesonida, agente que supuestamente tendría menos efectos nocivos sobre el hueso. Así, se ha señalado que el tratamiento combinado de budesonida y AUDC puede ser eficaz en la CBP, aunque los resultados de los dos estudios pilotos publicados son contradictorios (25,26). Además se ha advertido que la budesonida podría tener efectos secundarios importantes (27). Sin embargo, estos efectos adversos no se han comprobado en otro estudio que trató a los pacientes con budesonida (6mg/d) y AUDC (15 mg/kg/d) o monoterapia con AUDC. Los pacientes que recibieron tratamiento combinado mejoraron significativamente los indicadores histológicos de fibrosis e inflamación, efecto menos evidente en el grupo con monoterapia (28).

El metotrexato es otro fármaco con una potencial utilidad en la CBP, ya que administrado a dosis de 15 mg/semana durante un año se asocia a una mejoría de las manifestaciones clínicas, de las alteraciones bioquímicas y de la inflamación hepática (29). Sin embargo los efectos a largo plazo son poco claros debido a la potencialidad de efectos secundarios graves como la mielosupresión, la toxicidad hepática y la neumopatía intersticial. Un ensayo aleatorizado sugiere que la administración de metotrexato, incluso a dosis bajas (2.5 mg tres veces a la semana), puede ser tóxica durante un período de 6 años. En un reciente estudio se ha demostrado que el metrotexato no previene la progresión de la enfermedad ni mejora la supervivencia (13). En un estudio sobre el efecto a largo plazo del metotrexato mostró que la supervivencia fue similar en los pacientes tratados con metotrexato y AUDC que los que recibieron tratamiento combinado con AUCA y colchicina, aunque ninguno de los pacientes precirróticos progresó a la cirrosis en el periodo de estudio (30).

Los resultados de la colchicina en la CBP son poco claros, si bien se ha demostrado un cierto efecto sobre el prurito y una mejoría de las alteraciones histológicas. En una reciente meta-análisis se ha sugerido que la administración de colchicina reduce la incidencia de complicaciones importantes y retrasa la necesidad de trasplante hepático (31).

Existen datos llamativos sobre el efecto del tamoxifeno en pacientes con cirrosis biliar primaria, aunque en el momento actual sólo como observaciones puntuales. Las pacientes que recibían este antiestrogénico como coadyuvante terapéutico de un carcinoma de mama redujeron de forma notable las fosfatasas alcalinas, pero todavía no hay datos sobre efectos más claros, ni clínicos ni en términos de supervivencia o progresión de la enfermedad (32).

3. Profilaxis y tratamiento de la hipertensión portal.

La hipertensión portal es una complicación de los pacientes con CBP, incluso en los estadios iniciales ya que puede tener un componente presinusoidal (33). Como consecuencia de esta hipertensión portal pueden aparecer varices con el consiguiente riesgo de hemorragia digestiva. Por ello es conveniente comprobar la presencia de manifestaciones clínicas o ecográficas de hipertensión portal, y en caso afirmativo confirmar o no la existencia de varices (34). La eficacia de los beta-bloqueantes en los pacientes con hipertensión portal presinusoidal no ha sido contrastada, pero parece razonable su utilización. En caso de fallo de la profilaxis y en pacientes con enfermedad no cirrótica y sin signos de insuficiencia hepática o de colestasis intensa puede ser prudente la práctica de una anastomosis quirúrgica (35).

4. Trasplante hepático

Cuando progresa la colestasis el único tratamiento posible es el trasplante hepático. La cuestión es establecer el tiempo más adecuado para el trasplante, aunque la mayoría de grupos están de acuerdo en que las variables que determinan la inclusión en la lista de trasplante son la hiperbilirrubinemia y las consecuencias de la hipertensión portal (36). El trasplante es un procedimiento seguro y eficaz en los casos con enfermedad avanzada, cuando hay una desnutrición intratable o en los casos con prurito pertinaz o osteoporosis, o bien cuando se llega a niveles de bilirrubina superior a 6 mg/dl. Otros factores que deben tenerse en cuenta para el trasplante son la presencia de ascitis, hemorragia digestiva, peritonitis bacteriana espontánea, síndrome hepatorenal, encefalopatía hepática o el desarrollo de un carcinoma hepatocelular.

La supervivencia de los pacientes con CBP tras el trasplante es muy buena, y más del 80% de los casos se reincorporan a sus actividades sociolaborales (37). Tras el trasplante los pacientes mejoraran rápidamente los síntomas y complicaciones de la enfermedad. A pesar de tratarlos con calcio y vitamina D la osteoporosis progresa en los primeros meses tras el trasplante debido a la inmovilización y al tratamiento con corticosteroides y otros fármacos inmunosupresores (38). La masa ósea se recupera con el tiempo, alcanzando a los 3 años del trasplante los valores basales.

La CBP puede reaparecer en el hígado trasplantado (39). Esto ocurre en raras ocasiones, la enfermedad progresa lentamente y no hay razones para no recomendar un retrasplante.

Subir


Tratamiento de la colangitis esclerosante primaria

1. Acido ursodesoxicólico

El tratamiento específico consiste en administrar AUDC), aunque a la dosis habitual de
13-15 mg/kg de peso es ineficaz para aumentar la supervivencia e impedir la progresión histológica de la enfermedad (40). Los efectos del AUDC en la CEP sobre las variables clínicas, bioquímicas e histológicas se resume en la tabla 1 (41). Hay resultados favorables con dosis de 20 mg/kg de peso, tal como se ha demostrado en un estudio del grupo de Oxford (42) en otro de la Clínica Mayo (43). Con estas dosis, el tratamiento tiene efectos favorables y mejora las alteraciones analíticas, pero, primordialmente retrasa la progresión de la fibrosis y mejora las anomalías colangiográficas. También se ha referido una tendencia a mejorar el proceso inflamatorio (42). Estas altas dosis de AUDC se toleran bien y no se han descrito efectos secundarios, por lo cual se han propuesto dosis incluso más elevadas, de 25-30 mg/kg/día, que probablemente sean más eficaces, aunque todavía no hay datos sobre la supervivencia. La potencia de estos estudios se ha visto limitada por el reducido número de pacientes. Cuando se han utilizado más pacientes los resultados de dosis altas de AUDC en la CEP siguen en entredicho. Así un estudio publicado a finales de 2005 sobre 110 pacientes tratados durante 5 años con 20 mg/kg/d mostró similares tasas de mortalidad o trasplante en el grupo tratado y en el grupo control, y no se observaron diferencias en la incidencia de colangiocarcinoma (44). Sin embargo, hay resultados favorables de este tratamiento ya que disminuye de forma significativa el riesgo de desarrollar displasia o carcinoma colorrectal en los pacientes con colitis ulcerosa y CEP (45). También se ha postulado que el tratamiento combinado de AUDC con metronidazol (600-800 mg/día) durante 3 años se asocia a una disminución significativa del índice pronóstico de la Clínica Mayo y de la histología, si se compara con la administración única de AUDC (46) (figura 4). Estos resultados podrían representar un cambio notable en el tratamiento de la CEP.

2. Fármacos inmunomoduladores

No se dispone de datos consistentes sobre la utilidad de distintos fármacos inmunomoduladores o agentes antifibrosantes pero, en general, los resultados son decepcionantes. Se ha utilizado la azatioprina asociada a prednisona, pero esta última acelera la aparición de osteoporosis y no tiene claros efectos favorables sobre la enfermedad (47). También se ha utilizado la colchicina sin claros efectos en un estudio doble ciego en el que se incluyó a 85 pacientes (48,49). Tampoco se observaron resultados favorables con la d-penicilamina (50). En otros estudios con un menor número de pacientes se ha evaluado el efecto de la ciclosporina (51) y del tacrolimus (52), pero los datos son poco claros, posiblemente por la escasa duración del tratamiento.

Hace años se postuló que el metotrexato podría ser útil (53), pero en un estudio controlado doble ciego no se observaron efectos favorables en comparación con el placebo (54). También se ha ensayado la pentoxifilina en un estudio piloto en el que se incluyó a 20 pacientes, en el cual se constató la ausencia de efectos favorables, tanto en la clínica como en la bioquímica hepática (55). Debido a que la nicotina tiene ciertos efectos beneficiosos en la colitis ulcerosa, se ha probado su potencial eficacia en la colangitis esclerosante. Los resultados de un estudio piloto han sido negativos (56).

3. Dilatación de las estenosis segmentarias

Los pacientes con estenosis biliar única pueden ser tratados con dilatación o con la colocación de una prótesis en el interior de la vía biliar. Puede realizarse mediante endoscopia, pero la utilización de la vía percutánea transhepática puede reducir la incidencia de episodios de colangitis ascendente (57). En este sentido, en cuatro estudios se ha demostrado la eficacia de este procedimiento. En un ensayo no controlado, la dilatación endoscópica seguida de tratamiento con AUDC se observó una mayor supervivencia si se compara con la esperada en un grupo de pacientes no tratados (58). A pesar de estos resultados, se aconseja reducir en lo posible la manipulación endoscópica o quirúrgica de la vía biliar, ya que estos procedimientos incrementan el riesgo de colangitis ascendente y pueden complicar un futuro trasplante hepático.

4. Profilaxis de colangitis bacteriana secundaria

También se aconseja la administración de antibióticos como profilaxis de los episodios de colangitis bacteriana recurrente. Se puede utilizar un solo antibiótico de forma cíclica, tales como ciprofloxacino, trimetoprim/sulfametoxazol, norfloxacina o ampicilina durante períodos de 3 a 4 semanas (59). Existe una impresión generalizada que esta actuación es útil, pero no existen estudios controlados que lo corroboren.

5. Actitud ante un colangiocarcinoma

La presencia de un colangiocarcinoma, su mal pronóstico a corto plazo y la posibilidad de recidiva en el hígado trasplantado son aspectos que empobrecen la actuación terapéutica en estos pacientes. Recientemente se están proponiendo medidas muy agresivas desde el punto de vista quirúrgico, y también se ha planteado el tratamiento mediante fulguración fotodinámica endoscópica (60), como un primer paso antes de que el paciente pueda ser considerado candidato para el trasplante hepático.

6. Trasplante hepático

En relación con el trasplante hepático, el problema reside en definir el momento de realizarlo, si bien la mayoría de los grupos están de acuerdo en que las variables que indican el momento del trasplante son los valores de bilirrubinemia > 6 mg/dl durante más de 6 meses, las manifestaciones secundarias de la hipertensión portal, como hemorragia varicial, ascitis y encefalopatía hepática, los episodios recurrentes de colangitis bacteriana y el prurito refractario al tratamiento médico convencional en ausencia de una estenosis dominante susceptible de ser corregida mediante un abordaje radiológico, endoscópico o mixto (61). La supervivencia que se puede esperar después del trasplante es del 80-90% en el primer año y del 60-80% a los 5 años (62,63). En la actualidad está bien documentada la recurrencia de la enfermedad primaria en el hígado trasplantado, con una incidencia que va desde el 5 al 20% a partir del primer año del trasplante. La viabilidad del hígado trasplantado y la supervivencia del paciente no están, sin embargo, afectadas negativamente por esta recurrencia (64).

Subir


Tratamiento de las colestasis crónicas menos frecuentes

En todos los casos hay evidencias sobre los efectos beneficiosos de la administración de AUDC, que es el agente que se utiliza de forma habitual en los pacientes con rechazo crónico de un trasplante hepático, y en la colestasis gravídica. En esta última enfermedad ya hay claras evidencia sobre su eficacia y seguridad tanto sobre la madre como sobre el feto, y se ha convertido en el tratamiento estándar, reduciendo de forma notable la colestasis y las manifestaciones clínicas, fundamentalmente una mejoría del prurito (65). También se utiliza de forma crónica en los pacientes con enfermedad de Caroli, con una notable efecto beneficioso sobre la colestasis bioquímica, y una disolución total o parcial de los cálculos intrahepáticos (66). Asimismo el AUDC es beneficioso en los infrecuentes casos de colestasis recurrente benigna, aunque para eliminar el prurito suele ser necesario la utilización de terapias específicas.

Subir


Tratamiento de los síntomas y complicaciones de las colestasis crónicas

Debe considerarse el tratamiento de la mal absorción intestinal, del prurito, la profilaxis y tratamiento de la osteopenia, así como de la hipertensión portal. En los pacientes con colestasis importante y prolongada es conveniente aportar suplementos nutricionales y vitamínicos (tabla 2). En la figura 5 se esquematiza la pauta terapéutica recomendada.

1. Tratamiento del prurito

Para el prurito se han utilizado muchos tratamientos con resultados muy diversos y poco consistentes, si bien la administración de resinas como la colestiramina o el colestipol son los tratamientos mejor conocidos. La colestiramina es una resina de intercambio iónico que liga las sales biliares y otras substancias en la luz intestinal, bloqueando su absorción. Se suele prescribir a una dosis inicial de 4 g/día, para aumentarla según la eficacia hasta 16 g/día (67). El fármaco suele ser efectivo a partir del tercer día del inicio del tratamiento. Se recomienda un intervalo de al menos 4 horas entre la ingesta de colestiramina y de cualquier otro fármaco que también pueda ser captado por la resina, especialmente ácido ursodesoxicólico y anticonceptivos hormonales. La colestiramina tiene mal sabor y frecuentemente produce estreñimiento. El colestipol se administra en forma de gránulos entre 15 y 30 g/día, mezclado con agua u otros líquidos, siguiendo la misma pauta de dosificación que la colestiramina.

El fenobarbital se ha usado debido a su acción colerética e inductora enzimática. Este fármaco también es eficaz, aunque de forma muy variable en los pacientes con CBP (68,69). La dosis inicial es de 3 mg/kg durante los primeros cuatro días para luego pasar a una dosis única de 50-100 mg/d, inmediatamente antes de ir a dormir.

La rifampicina es un antibiótico con propiedades de inducción enzimática, que se identificó de forma fortuita como un agente antipruritógeno en los pacientes con colestasis. Es mucho más eficaz que el fenobarbital en los pacientes con CBP y puede administrarse durante períodos prolongados a dosis de 10 mg/kg/d (70) Dosis menores, de 300 mg/d pueden ser suficientes. Como existe un riesgo potencial de hepatotoxicidad se recomienda un control periódico de las transaminasas. La rifampicina, además de aliviar el prurito también produce una notable reducción de la colestasis, especialmente de los niveles de fosfatasa alcalina y de gammaglutamiltransferasa.

Cuando no existe respuesta terapéutica a los anteriores agentes puede utilizarse la naltrexona. Este fármaco a dosis de 50 mg/día puede es eficaz y también mejora los síntomas de depresión frecuentes en la CBP (71,72). Se han ensayado multitud de otros agentes, pero su eficacia es muy limitada. En casos de prurito refractario se ha mostrado muy eficaz la diálisis con albúmina (73).

Existen resultados muy variables con otras alternativas terapéuticas tales como propofol, anestésicos, algunos antibióticos, S-adenosilmetionina y más recientemente antidepresivos. No hay constancia clara de la eficacia de ninguno de ellos salvo casos clínicos excepcionales.

2. Profilaxis y tratamiento de la osteopenia

Para prevenir la osteopenia los pacientes deben recibir suplementos orales de calcio (2 comp al día) y de vitamina D (una ampolla bebible cada 3-4 semanas), dependiendo de la magnitud de la colestasis. Asimismo se ha demostrado la eficacia del fluoruro sódico y de los bifosfonatos para impedir la pérdida de masa ósea o incluso aumentarla (74,75). En este sentido, hay datos recientes sobre los efectos del alendronato administrado de forma diaria (76) o semanal (77). Recientemente se han publicado los resultados del tratamiento con alendronato semanal asociado a tratamiento hormonal sustitutivo (78), y la mejor eficacia y adherencia del tratamiento con alendronato semanal respecto a la administración diaria de este bisfosfonato (77).

A pesar de que durante muchos años se desconfió sobre la utilización de tratamiento hormonal sustitutivo, existen evidencias que estos agentes pueden mejorar la masa ósea, y no tienen efectos nocivos sobre el curso de la enfermedad hepática (79,80). Por tanto, tomando las precauciones necesarias desde un punto de vista ginecológico, puede utilizarse el tratamiento hormonal sustitutivo, generalmente en forma de parches.

Cuando hay una fractura vertebral que suele ser muy dolorosa, y en ocasiones invalidante es adecuado el tratamiento sintomático, además de suplementos de calcio. Generalmente el dolor se resuelve con reposo, colocación de un corsé no rígido y analgesia que se puede conseguir con paracetamol más codeína (3 comprimidos al día) o tramadol (100-150 mg/día) por vía oral. Si el dolor no cede con estas medidas, o bien es muy intenso, pueden utilizarse medidas analgésicas más enérgicas, como los opiáceos. También puede ensayarse la administración de calcitonina por su acción analgésica. Se administra por vía nasal, en forma de aerosol, a una dosis inicial de 200 ui/día durante tres semanas, para luego disminuir la dosis a 100 ui/día, hasta que desaparezca la clínica.

Resta por definir el papel de la vertebroplastia o de la administración de perfusiones endovenosas de bisfosfonatos mas potentes como el pamidronato o el ácido zoledrónico, este último de reciente introducción en la farmacopea.

3. Tratamiento de las consecuencias de la mal absorción intestinal (tabla 2).

Como consecuencia de la mal absorción intestinal algunos pacientes con una colestasis intensa y prolongada pueden manifestar deficiencias de vitaminas liposolubles. En estos casos se aconseja prescribir 266 µg de 25 hidroxi-colecalciferol cada una o dos semanas. También deben prescribirse suplementos de calcio, tales como 3 g/d de gluconato cálcico, que representa 1500 mg de calcio elemento. Se recomienda la administración de 50000 UI de vitamina A cada 15 días para evitar una hemeralopia, y también vitamina K por vía intramuscular (10 mg/semana) cuando hay una disminución de la tasa de protrombina. Se aconseja suplementar con 200 mg/d de vitamina E. Cuando hay una notable desnutrición se pueden recomendar triglicéridos de cadena media.

Subir


Referencias.-

1. Kaplan MM, Gershwin ME. Primary biliary cirrhosis. N Engl J Med 2005;352:1261-73.

2. Parés A. Colangitis esclerosante primaria. Gastroenterol Hepatol 2004;27:545-51.

3. Paumgarner G, Beuers U. Ursodeoxycholic Acid in Cholestatic Liver Disease: Mechanisms of Action and Therapeutic Use Revisited. Hepatology 2002; 36:525-31.

4. Poupon R, Chretien Y, Poupon RE, Ballet P, Calmus Y, Darnis F. Is ursodeoxycholic acid an effective treatment for primary biliary cirrhosis? Lancet 1987, i:834-836.

5. Poupon RE, Blakau B, Eschwege E, Poupon R, and the UDCA-PBC Study Group. A multicenter, controlled trial of ursodiol for the treatment of primary biliary cirrhosis. N Engl J Med 1991, 324: 1548-1554.

6. Heathcote EJ, Cauch-Dudek K, Walker V, Bailey RJ, Blendis LM, Ghent CN, et al. The Canadian multicenter double-blind randomized controlled trial of ursodeoxycholic acid in primary biliary cirrhosis. Hepatology 1994,19:1149-1156.

7. Lindor KD, Dickson ER, Baldus WP, Jorgensen RA, Ludwig J, Murtaugh PA, et al. Ursodeoxycholic acid in the treatment of primary biliary cirrhosis. Gastroenterology 1994, 106: 1284-1290.

8. Poupon RE, Poupon R, Balkau S. Ursodiol for the long-term treatment of primary biliary cirrhosis. The UDCA-PBC Study Group. N Engl J Med 1994, 330: 1342-1347.

9. Combes B, Carithers RL, Maddrey WC, Lin D, McDonald MF, Wheeler DE, et al. A randomized, double-blind, placebo controlled trial of ursodeoxycholic acid in primary biliary cirrhosis. Hepatology 1995, 22: 759-766.

10. Parés A, Caballería L, Rodés J, Bruguera M, Rodrigo L, García-Plaza A, et al. Long-term effects of ursodeoxycholic acid in primary biliary cirrhosis. Results of a double blind randomized trial. J Hepatol 2000; 32:561-566.

11. Angulo P, Jorgensen RA, Lindor KD. Incomplete response to ursodeoxycholic acid in primary biliary cirrhosis: is a double dosage worthwhile? Am J Gastroenterol. 2001;96:3152-7.

12. Hendrickse M, Rigney E, Giaffer MH, Soomoro I, Triger DR, Underwood JC, et al. Low-dose methotrexate in primary biliary cirrhosis: long-term results of a placebo-controlled trial. Gastroenterology 1999;117:400-407.

13. Bach N, Bodian C, Bodenheimer H, Croen E, Berk PD, Thung SN, et al. Methotrexate therapy for primary biliary cirrhosis. Am J Gastroenterol 2003;98:187-93.

14. Poupon RE, Lindor KD, Cauch-Dudek K, Dickson ER, Poupon R, Heathcote EJ. Combined analysis of randomized controlled trials of ursodeoxycholic acid in primary biliary cirrhosis. Gastroenterology 1997;113:884-890.

15. Angulo P, Batts KP, Therneau TM, Jorgensen RA, Dickson ER, Lindor KD. Long-term ursodeoxycholic acid delays histological progression in primary biliary cirrhosis. Hepatology 1999; 29: 644-47.

16. Degott C, Zafrani ES, Callard P, Balkau B, Poupon RE, Poupon R. Histopathological study of primary biliary cirrhosis and the effect of ursodexoycholic progression. Hepatology 1999; 29: 1007-12.

17. Poupon RE, Lindor KD, Pares A, Chazouilleres O, Poupon R, Heathcote EJ. Combined analysis of the effect of treatment with ursodeoxycholic acid on histologic progression in primary biliary cirrhosis. J Hepatol 2003;39:12-6.

18. Perdigot R, Wiesner RH. Progression of primary biliary cirrhosis with ursodeoxycholic acid therapy. Gastroenterology 1992, 102: 1389-1391.

19. Corpechot Gastroenterology Corpechot C, Carrat F, Bahr A, Chretien Y, Poupon R-E, Poupon R. The effect of ursodeoxycholic acid therapy on the natural course of primary biliary cirrhosis. Gastroenterology 2005;128:297-303.

20. Parés A, Caballería L, Rodés J. Excellent long-term survival in patients with primary biliary cirrhosis and biochemical response to ursodeoxycholic acid. Gastroenterology 2006;130:715-20.

21. Lindor KD, Dickson ER, Jorgenson RA, Anderson ML, Wiesner RH, Gores GJ, et al. The combination of ursodeoxycholic acid and methotrexate for patients with primary biliary cirrhosis: the results of a pilot study. Hepatology 1995;22:1158-1162.

22. Heathcote EJ. Management of primary biliary cirrhosis. Hepatology 2000;31:1005-1013.

23. Mitchison HC, Bassendine MF, Malcom AJ, Watson AJ, Record CO, James OF. A pilot, double-blind. controlled l-year trial of prednisolone treatment in primary biliary cirrhosis: hepatic improvement but greater bone loss. Hepatology 1989, 10: 420-429. ECC

24. Mitchison HC, Palmer JM, Bassendine MF, Watson AJ, Record CO, James OF. A controlled trial of prednisolone treatment in primary biliary cirrhosis: three-year results. J Hepatol 1992, 15:336-344. ECC

25. Leuschner M, Maier KP, Schlichting J, Strahl S, Herrmann G, Dahm HH, et al. Oral budesonide and ursodeoxycholic acid for treatment of primary biliary cirrhosis: results of a prospective double-blind trial. Gastroenterology 1999;117:918-925.

26. Angulo P, Jorgensen RA, Keach JC, Dickson ER, Smith C, Lindor KD. Oral budesonide in the treatment of patients with primary biliary cirrhosis with a suboptimal response to ursodeoxycholic acid. Hepatology 2000:31:318-323.

27. Hemfling W, Grunhage F, Dilger K, Reichel C, Sauerbruch T, Beuers U. Pharmacokinetics and pharmacodynamic action of budesonide in early- and late-stage primary biliary cirrhosis. Hepatology 2003;38:196-202.

28. Rautiainen H, Karkkainen P, Karvonen A-L, et al. Budesonide combined with UDCA to improve liver histology in primary biliary cirrhosis: a three-year randomized trial. Hepatology 2005;41:747-52.

29. Kaplan MM, Knox TA. Treatment of primary biliary cirrhosis with low-dose weekly methotrexate. Gastroenterology 1991, 101: 1332-1338.

30. Kaplan MM, Cheng S, Price LL, Bonis PA. A randomized controlled trial of colchicines plus ursodiol versus methotrexate plus ursodiol in primary biliary cirrhosis: ten year results. Hepatology 2004;39:915-23.

31. Vela S, Agrawal D, Khurana S, Singh P. Colchicine for primary biliary cirrhosis: a meta-analysis of prospective controlled trials. Gastroenterology 2004;126:A671-A672.

32. Reddy A, Prince M, James OF, Jain S, Bassendine MF. Tamoxifen: a novel treatment for primary biliary cirrhosis? Liver Int. 2004;24:194-7

33. Navasa M, Parés A, Bruguera M, Caballería J, Bosch J, Rodés J. Portal hypertension in primary biliary cirrhosis. Relation ship with histological features. J Hepatol 1987;5:292?298.

34. Gores GJ, Wiesner RH, Dickson ER, Zinsmeister AR, Jorgensen RA, Langworthy Al. A prospective evaluation of esophageal varices in primary biliary cirrhosis: Development, natural history and influence on survival. Gastroenterology 1989; 96:1552-1559.

35. Boyer TB, Kokenes DD, Hertler G, Kutner MH, Henderson JM. Effect of distal splenorenal shunt on survival of patients with primary biliary cirrhosis. Hepatology 1994;20:1482-1486.

36. Esquivel CO, Van Thiel DH, Demetris AG, Bernardos A, Iwatsuki S, Markus B, et al. Transplantation for primary biliary cirrhosis. Gastroenterology 1988, 94: 1207- 1216.

37. Markus BH, Dickson ER, Grambsch PM, Fleming TR, Mazzaferro U, Kiintmalm GB, et al. Efficacy of liver transplantation in patients with primary biliary cirrhosis. N Engl J Med 1989, 320:1709-1713.

38. Eastell R, Dickson ER, Hodgson SF, Wiesner RH, Porayko MK, Wahner HW, et al. Rates of vertebral bone loss before and after liver transplantation in women with primary biliary cirrhosis. Hepatology 1991;14:296-300.

39. Hubscher SG, Elias E, Buckies JAC, Mayer AD, McMaster P, Neuberger JM. Primary biliary cirrhosis. Histological evidence of disease recurrence after liver transplantation. J Hepatol 1993, 18: 173-184.

40. Lindor KD. Ursodiol for primary sclerosing cholangitis. N Engl J Med 1997; 336:691-695.

41. Cullen SN, Chapman R. The medical management of primary sclerosing cholangitis. Sem Liver Dis 2006;26:52-61.

42. Mitchell SA, Bansi D, Hunt N, Christie J, Fleming K, Chapman R. A preliminary trial of high-dose ursodeoxycholic acid in primary sclerosing cholangitis. Gastroenterology 2001; 121: 900-907.

43. Harnois DM, Angulo P, Jorgensen RA, LaRusso N, Lindor KD. High dose ursodeoxycholic acid as a therapy for patients with primary sclerosing cholangitis. Am J Gastroenterol 2001;96:1164-1169.

44. Olsson Olsson R, Boberg KM, de Muckadell OS, Lindgren S, Hultcrantz R, Folvik G, Bell H, et al High-dose ursodeoxycholic acid in primary sclerosing cholangitis: a 5-year multicenter, randomized, controlled study. Gastroenterology 2005; 129:1464-72.

45. Pardi DS, Loftus EV Jr, Kremers WK, Keach J, Lindor KD. Ursodeoxycholic acid as a chemopreventive agent in patients with ulcerative colitis and primary sclerosing cholangitis. Gastroenterology 2003:124:889-893.

46. Farkkila M, Karvonen AL, Nurmi H, Nuutinen H, Taavitsainen M, Pikkarainen P, Karkkainen P. Metronidazole and ursodeoxycholic acid for primary sclerosing cholangitis: a randomized placebo-controlled trial. Hepatology. 2004;40:1379-86.

47. Wagner A. Azathioprine treatment in primary sclerosing cholangitis. Lancet 1971;2:663–4.

48. Olsson R, Broome U, Danielsson A, Hagerstrand I, Jarnerot G, Loof L, et al. Colchicine treatment of primary sclerosing cholangitis. Gastroenterology 1995;108:1199–203.

49. Lindor KD, Wiesner RH, Colwell LJ, Steiner B, Beaver S, LaRusso NF. The combination of prednisone and colchicine in patients with primary sclerosing cholangitis. Am J Gastroenterol 1991;86:57–61.

50. LaRusso NF, Wiesner RH, Ludwig J, MacCarty RL, Beaver SJ, Zinsmeister AR. Prospective trial of penicillamine in primary sclerosing cholangitis. Gastroenterology 1988;95:1036–42.

51. Wiesner R, Steiner B, LaRusso N. A controlled clinical trial evaluating cyclosporine in the treatment of primary sclerosing cholangitis. Hepatology 1991;14:63A.

52. Van Thiel DH, Carroll P, Abu-Elmagd K, Rodriguez-Rilo H, Irish W, McMichael J, et al. Tacrolimus (FK 506), a treatment for primary sclerosing cholangitis: Results of an open-label preliminary trial. Am J Gastroenterol 1995;90:455–9.

53. Knox TA, Kaplan MM. Treatment of primary sclerosing cholangitis with oral methotrexate. Am J Gastroenterol 1991; 86:546–52. 65.

54. Knox TA, Kaplan MM. A double-blind controlled trial of oral-pulse methotrexate therapy in the treatment of primary sclerosing cholangitis. Gastroenterology 1994;106:494–9.

55. Bharucha AE, Jorgensen R, Lichtman SN, LaRusso NF, Lindor KD. A pilot study of pentoxifylline for the treatment of primary sclerosing cholangitis. Am J Gastroenterol 2000;95:2338–42.

56. Angulo P, Bharucha AE, Jorgensen RA, DeSotel CK, Sandborn WJ, Larusso NF, et al. Oral nicotine in treatment of primary sclerosing cholangitis: A pilot study. Dig Dis Sci 1999;44:602–7.

57. Stiehl A, Rudolph G, Kloters-Plachky P, Sauer P, Walker S. Development of dominant bile duct stenoses in patients with primary sclerosing cholangitis treated with ursodeoxycholic acid: outcome after endoscopic treatment. J Hepatol 2002;36:151-156.

58. Stielh A, Rudolph G, Sauer P, et al., Efficacy of ursodeoxycholic acid treatment and endoscopic dilatation of major duct stenoses in primary sclerosing cholangitis. An 8-year prospective study. J Hepatol 1997;26:560-566.

59. Kaplan Lee YM, Kaplan MM. Management of primary sclerosing cholangitis. Am J Gastroenterol 2002;97:528-534.

60. Berr F, Wiedmann M, Tannapfel A, Halm U, Kohlhaw KR, Schmidt F, et al, Photodynamic therapy for advanced bile duct cancer: evidence for improved palliation and extended survival. Hepatology 2000;31:291-298.

61. Harrison J, McMaster P. The role of orthotopic liver transplantation in the management of sclerosing cholangitis. Hepatology 1994; 20:14-19.

62. Broome U, Eriksson LS. Assessment for liver transplantation in patients with primary sclerosing cholangitis. J Hepatol 1994; 20:654-659.

63. Graziadei IW, Wiesner RH, Marotta PJ, Porayko MK, Hay JE, Charlton MR, et al. Long-term results of patients undergoing liver transplantation for primary sclerosing cholangitis. Hepatology 1999;30:1121–7.

64. Graziadei IW. Recurreence of primary sclerosing cholangitis after liver transplantation. Liver Transp 2002;8:575-81.

65. Kondrackiene J, Beuers U, Kupcinskas L. Efficacy and safety of ursodeoxycholic acid versus cholestyramine in intrahepatic cholestasis of pregnancy. Gastroenterology 2005; 129:894-901.

66. Ros E, Navarro S, Bru, C, Gilabert R, Bianchi L, Bruguera M. Ursodeoxycholic acid treatment of primary hepatolithiasis in Caroli's syndrome. Lancet 1993;342:404-6

67. Carey JB, Williams G. Relief of the pruritus of jaundice with a bile acid sequestering resin. JAMA 1961,176:432.

68. Bloomer JR, Boyer JL. Phenobarbital effects in cholestatic liver diseases. Ann Intern Med 1975, 82:310-317.

69. Bachs L, Parés A, Elena M, Piera C, Rodés J. Comparison of rifampicin with phenobarbitone for treatment of pruritus in biliary cirrhosis. Lancet 1989, l: 574- 576.

70. Bachs L, Parés, Elena M, Piera C, Rodés J. Effects of long-term rifampicin administration in primary biliary cirrhosis. Gastroenterology 1992, 102: 2077- 2080.

71. Wolfhagen FHJ, Sternieri E, Hop WCJ, Vitale G, Bertolotti M, Van Buuren HR. Oral naltrexone treatment for cholestatic pruritus: a double-blind, placebo-controlled study. Gastroenterology 1997;113: 1264-1269.

72. Terg R, Coronel E, Sorda J, Munoz AE, Findor J. Efficacy and safety of oral naltrexone treatment for pruritus of cholestasis, a crossover, double blind, placebo-controlled study J Hepatol2002;37:717-22.

73. Parés A, Cisneros L, Salmerón JM, Caballería L, Mas A, Torras A, Rodés J. Molecular adsorbent recirculating system: A new procedure for relieving intractable pruritus in patients with primary biliary cirrhosis. Am J Gastroenterol 2004;99:1105-10.

74. Guañabens N, Parés A, del Rio L, Roca M, Gomez R, Muñoz J, et al. Sodium fluoride prevents bone loss in primary biliary cirrhosis. J Hepatol 1992, 15:345-349.

75. Guañabens N, Parés A, Monegal A, Peris P, Pons F, Alvarez L, et al. Etidronate versus fluoride for treatment of osteopenia in primary biliary cirrhosis: preliminary results after 2 years. Gastroenterology 1997;113:219-224.

76. Guañabens N, Parés A, Ros I, Alvarez L, Pons F, Caballeria L, et al. Alendronate is more effective than etidronate for increasing bone mass in osteopenic patients with primary biliary cirrhosis. Am J Gastroenterol. 2003;98:2268-74.

77. Guañabens N, Vazquez I, Alvarez L, Pons F, Caballería L, Cerdá D, Peris P, Monegal A, Parés A. Alendronate 70 mg once-weekly is more effective and has better tolerability than Alendronate 10 mg daily in the treatment of osteopenia associated with primary biliary cirrosis. J Bone Miner Res 2005;20:S279.

78. Zein CO, Jorgensen RA, Clarke B, Wenger DE, Keach JC, Angulo P, Lindor KD. Alendronate improves bone mineral density in primary biliary cirrhosis: a randomized placebo-controlled trial. Hepatology 2005;42:762-71.

79. Crippin JS, Jorgenson RA, Dickson ER, Lindor KD. Hepatic osteodystrophy in primary biliary cirrhosis. Effects of medical treatment. Am J Gastroenterol 1994;89:47-50.

80. Olsson R, Mattson LA, Obrant K, Mellstrom D. Estrogen-progesterone therapy for low bone mineral density in primary biliary cirrhosis. Liver 1999;19:188-192.

Subir


Tabla 1. Tratamiento de la colangitis esclerosante primaria con ácido ursodesoxicólico.

Autor Año

N casos

Dosis AUDC Duración meses Mejoría bioquímica Mejoría síntoma Mejoría histológica
O’Brian
Beuers
Lo
Stiehl
De Maria
Lindor
Van Hoogstratten
Mitchell
Harnois
Okolicksany
Olsson
1991
1992
1992
1994
1996
1997
1998
2001
2001
2002
2004

12
6
23
20
59
105
48
26
30
86
110

10 mg/kg
13-15 mg/kg
10 mg/kg
750 mg
600 mg
13-15 mg/kg
10 mg/kg
20-25 mg/kg
25-30 mg/kg
8-13 mg/kg
17-23 mg/kg
30
12
24
12-48
24
24
24
24
12
-
60
Si
Si
Si
Si
No
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
No
No
No
ND
No
No
No
ND
Si
No
ND
Si
No
Si
ND
No
ND
Si
ND
No
ND

ND: no determinada

Adaptado de referencias 2 y 41.

Subir


Tabla 2. Suplementos nutricionales y vitamínicos en la cirrosis biliar primaria

· 25-hidroxivitamina D (266 µg cada 15-21 días)

· Calcium (1500 mg calcio elemento/día)

· Vitamina A (50000 IU cada 15 días)

· Vitamina E (200 mg/día)

· Vitamina K (10 mg/ 7-15 día)

Subir


Figura 1. Cambios histológicos de los pacientes con cirrosis biliar primaria que recibieron ácido ursodesoxicólico o placebo (referencia 10).
E: Estadio ; IP: inflamación portal; NPP: necrosis parcelar periférica; NL: necrosis lobulillar; PD: proliferación ductular; COL: colestasis . * p<0.05; ** p<0.06

Subir


Figura 2. Probabilidad de supervivencia de los pacientes con cirrosis biliar primaria y buena respuesta bioquímica al año de tratamiento con ácido ursodesoxicólico. No hay diferencias significativas en comparación a la supervivencia estimada en la población general de la misma edad y sexo (referencia 20).

Subir


Figura 3. Probabilidad de supervivencia de los pacientes con cirrosis biliar primaria sin buena respuesta bioquímica al año de tratamiento con ácido ursodesoxicólico. Hay una mejoría significativa de la supervivencia si se compara con la supervivencia estimada según el índice de riesgo de la Clínica Mayo, pero una supervivencia significativamente menor que la estimada en la población general de la misma edad y sexo (referencia 20).

Subir


Figura 4. El tratamiento combinado con ácido ursodesoxicólico y metronidazol se asocia a una mejoría histológica y colangiográfica en los pacientes con colangitis esclerosante primaria (referencia 46).

Subir


Figura 5. Pauta terapéutica de las complicaciones de la cirrosis biliar primaria.

Subir


Hepatonet.com ha sido deseñado con el fin de facilitar el intercambio de información exclusivamente entre profesionales médicos; por ello no se atenderá ninguna cuestión planteada por personas ajenas a este colectivo profesional. 2003 Hepatonet.com. Todos los derechos reservados.