Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Febrero 2006

Porfiria cutánea tarda

Félix Alegre y Jorge Quiroga

Unidad de Hepatología.
Dpto. de Medicina Interna y Área de Enfermedades Digestivas.
Clínica Universitaria de Navarra.
Universidad de Navarra. Pamplona.


Introducción

Las porfirias son enfermedades caracterizadas por defectos en la síntesis del grupo hem, cuya cascada metabólica está esquematizada en la Figura 1. Pueden clasificarse en función del defecto enzimático, pero también según la localización princeps del defecto (hepática o eritropoyética), la forma de presentación (aguda o no) y las manifestaciones clínicas predominantes (cutánea o neurovisceral). En la tabla 1 se resume una clasificación de las porfirias que incluye nomenclatura, enzima y paso metabólico, tipo de herencia y características clínicas.

La porfiria cutánea tarda (PCT) es la más frecuente de las porfirias, y engloba un conjunto heterogéneo de procesos que conllevan un déficit en la actividad de la uroporfirinógeno decarboxilasa (UROD) hepática. Se produce como consecuencia un exceso de uroporfirinas y porfirinas parcialmente decarboxiladas, que se oxidan irreversiblemente y que al depositarse en la piel, y tras fotoexposición provocan el cuadro cutáneo clásico de la enfermedad.

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Epidemiología

La prevalencia de PCT es muy variable, habiéndose observado en diversos estudios cifras de entre 1/5000 y 1/25000 o menos (1). Estas diferencias pueden ser debidas, al menos en parte, a una distinta frecuencia de exposición a factores desencadenantes de la enfermedad.

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Clasificación y patogenia

Como ya se ha señalado, la PCT se debe a un defecto de UROD, quinto enzima implicado en la síntesis del grupo hem. Se trata de un polipéptido de 42 kDa codificado por un gen localizado en el cromosoma 1p34, de 4 kb de DNA y que contiene 10 exones. La enzima activa es un homodímero (2).

Tipos de porfiria cutánea tarda:

Se distinguen tres tipos fundamentales de PCT (1). Otros cuadros específicos que podrían incluirse dentro del espectro clínico de la PCT son también la porfiria cutánea tarda tóxica y la porfiria hepatoeritropoyética (3).

- Tipo I o esporádico: corresponde al 75-80% de los casos de PCT. Se caracteriza por una deficiencia adquirida de actividad de UROD de aproximadamente el 50% que se limita al tejido hepático, con actividad conservada en el resto de órganos. Se postula un origen adquirido a través de la interacción de diversos factores ambientales, con una predisposición genética que parece favorecer un mecanismo de daño por alteración del metabolismo oxidativo del hierro en el hígado. Su asociación con diversos desencadenantes que se comentan posteriormente, tales como sobrecarga férrica, alcohol, estrógenos e infección por virus de la hepatitis C (VHC) entre otros, es evidente.

- Tipo II o familiar: corresponde al 20-25% de los casos de PCT. Se caracteriza por una herencia autosómica dominante (se han descrito más de 45 mutaciones distintas), pero con una baja penetrancia (menor del 10%, por lo que la ausencia de historia familiar es también frecuente) (2,3). La deficiencia de UROD es también del 50%, pero afecta a todos los órganos de la economía.

- Tipo III. Similar al tipo I, con disminución de actividad de UROD restringida sólo al hígado, pero con asociación familiar.

- Porfiria cutánea tarda tóxica: originada tras la exposición a diversos tóxicos como los hidrocarbonos polihalogenados y herbicidas triacinos, que causan enfermedad dependiente de la dosis en la mayoría de los sujetos expuestos (4).

- Porfiria hepatoeritropoyética. Se trata de una porfiria rara, que se manifiesta en los primeros años de vida y es debida a una deficiencia significativa de UROD. Causada por mutaciones del enzima en homocigosis o heterocigosis doble (al menos una de las mutaciones debe cursar sin pérdida completa de la función, para ser compatible con la vida), la actividad enzimática está reducida a sólo el 5-10% del valor normal (5). Si bien podría considerarse la forma homocigota de la PCT familiar, muy pocas de las mutaciones identificadas en la porfiria hepatoeritropoyética se han visto también en asociación con la PCT.

Factores precipitantes:

Los factores precipitantes de PCT más frecuentemente descritos son: la sobrecarga férrica, la infección por el VHC, el alcohol, los estrógenos y la exposición a ciertos tóxicos (1). También se han implicado otras infecciones virales como el virus de la hepatitis B (VHB) y el virus de la inmundeficiencia humana (VIH). No obstante, el hecho de que sólo una pequeña parte de los sujetos expuestos a esos agentes desarrollen PCT muestra claramente la importancia de una predisposición genética. Muchas veces se asocia más de un factor predisponente (6).

- Alteración del metabolismo del hierro. Se ha observado hasta en el 60% de los casos de PCT un aumento de la sideremia, y en más del 80% de los casos de PCT siderosis hepática. También se ha demostrado que las mutaciones del gen de la hemocromatosis (HFE) son más frecuentes en la PCT que en la población general (7,8). Además de ser evidente un empeoramiento de la enfermedad con la sobrecarga de hierro, también se observa una clara mejoría asociada con la reducción de los niveles de hierro. No obstante, y a pesar de todo ello, menos del 10% de los pacientes con sobrecarga férrica patológica desarrollan PCT (9).

- Infección por el VHC. Aunque existen grandes variaciones geográficas en la asociación entre PCT y VHC (probablemente en relación con una distinta prevalencia de infección de VHC en las distintas áreas geográficas consideradas), ésta es indiscutible (4,10-12). Las cifras más altas de asociación con el VHC se dan en la Europa mediterránea (más del 75% en Italia y España), Polonia, Japón y Estados Unidos. Menor es la asociación en Australia, Nueva Zelanda, Irlanda y Norte de Europa. Se han propuesto varios mecanismos que pueden explicar esta relación: aumento del hierro en células hepáticas, aumento del stress oxidativo y de la producción de radicales libres, alteración de la expresión del mRNA del citocromo P-450 y reducción de la concentración intracelular de glutatión. La prevalencia de PCT en individuos con infección por VHC es del 1 al 5%. En la actualidad la infección por VHC es el principal factor predisponente a PCT en los países en los que la prevalencia de esta infección es alta.

- Ingesta crónica de alcohol (4,13). Se han propuesto diversos mecanismos patogénicos que incluyen aumento de la absorción de hierro, aumento de producción de radicales libres, reducción de síntesis de hem por inhibición de enzimas intermediaras (UROD, ALA dehidratasa), estimulación de ALA sintetasa, aumento de requerimientos de hem en el hígado y efecto porfirinogénico por metabolitos del alcohol como acetaldehído o acetato.

- Estrógenos. Diversos estudios muestran un aumento de casos y exacerbaciones de PCT de forma comparativa con respecto a grupos controles en pacientes con neoplasia de próstata tratados con estrógenos, en mujeres con tratamiento hormonal sustitutivo y en mujeres con toma de contraceptivos orales. Ocasionalmente la PCT se desarrolla durante el embarazo, y también puede precipitarse tras el parto.

- Otras infecciones virales. La asociación de PCT con VHB y VIH, aunque menor y más discutida que con el VHC (14,15), también se ha observado en varios estudios.

- Enfermedad renal crónica y diálisis. Se ha demostrado una mayor frecuencia de PCT en relación con enfermedad renal crónica y hemodiálisis, estableciéndose como posibles mecanismos patogénicos un aclaramiento deficiente de porfirinas, un acúmulo de productos como hierro y aluminio, y un déficit de eritropoyesis secundario a disminución de la síntesis de eritropoyetina.

- Miscelánea. También se ha observado una asociación de la PTC con otras muchas enfermedades: diabetes, hemofilia, artritis reumatoide, lupus eritematoso discoide y sistémico, síndromes linfo y mieloproliferativos, tumores, anemia sideroblástica, talasemia,… El significado de estas asociaciones no se ha establecido.

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Cuadro clínico

La PCT es una enfermedad hepática con efectos secundarios en la piel: aunque los síntomas de la PCT son fundamentalmente cutáneos, es en el hígado donde se encuentra el defecto metabólico que causa la enfermedad.

La PCT esporádica o tipo I generalmente se presenta en la edad media de la vida; la PCT familiar o tipo II generalmente es de inicio algo más precoz, en la tercera década de la vida (6).

· Cuadro cutáneo.

El síntoma cardinal de la PCT es la fotosensibilidad, con manifestaciones cutáneas en áreas fotoexpuestas, sobre todo en cara, brazos y dorso de manos. Las lesiones no son, sin embargo, específicas, y el cuadro clínico cutáneo de la PCT es indistinguible del de otras porfirias cutáneas, como la porfiria variegata y la coproporfiria hereditaria.

La fragilidad cutánea es uno de los síntomas más característicos. También son muy frecuentes las lesiones vesiculosas y ampollosas de pequeño tamaño (habitualmente 0,5 a 1 cm de diámetro, aunque en ocasiones llegan a 3 cm), que aparecen después de la exposición a la luz solar, o de pequeños traumatismos y que posteriormente tardan varias semanas en curar, dejando cicatrices atróficas hipo o hiperpigmentadas. En ocasiones pueden desarrollarse pápulas blanquecinas sobre áreas bullosas previas.

La hipertricosis es habitual, sobre todo en la zona malar y periorbitaria y en ocasiones en las orejas y brazos. También la hiperpigmentación cutánea generalizada en zonas de exposición solar es común. Aunque menos frecuentes, no es raro encontrar también áreas de alopecia y lesiones esclerodermiformes hipopigmentadas.

La anatomía patológica de las lesiones cutáneas muestra como alteración más específica el depósito de un material perivascular hialino y amorfo, PAS-positivo, en la dermis y unión dermo-epidérmica. Las vesículas son subepidérmicas, a nivel de la lámina lúcida. No se encuentra infiltración inflamatoria significativa, aunque sí depósito de IgG, otras inmunoglobulinas y complemento en la unión dermo-epidérmica. También es característico el hallazgo en superficies cutáneas expuestas crónicamente al sol la reduplicación de las membranas basales vascular o dermoepidérmica.

· Enfermedad hepática.

En casi todos los pacientes con PCT la biopsia hepática muestra siderosis, esteatosis y cristales intracelulares de porfirinas. El hallazgo de autofluorescencia roja en el estudio de luz ultravioleta, característica de la PCT, se debe precisamente al aumento de estas porfirinas en el tejido hepático. También pueden observase en ocasiones inclusiones citoplasmáticas en forma de agujas birrefringentes, específicas de la PCT y que parecen ser debidas al acúmulo de uroporfirinas.

Las pruebas de función hepática se encuentran generalmente alteradas, sobre todo las transaminasas y la gammaglutamil transpeptidasa. Alrededor del 50% de los pacientes presentan alteraciones tipo necrosis lobular o tractos de fibrosis; en aproximadamente el 15% de los casos se observa cirrosis. Debe considerarse, no obstante, la frecuente asociación de factores predisponentes como la infección por el VHC, la sobrecarga férrica y la ingesta etílica excesiva. Son estos los casos en los que la enfermedad hepática suele ser más severa.

Aunque la PCT se ha propuesto como factor de riesgo de desarrollo de hepatocarcinoma, todavía existe cierta controversia acerca de si se asocia al mismo de forma independiente (16). Se estima, no obstante, una incidencia de hepatocarcinoma de alrededor del 15% en los diez años posteriores al diagnóstico de una PCT (17), siendo el riesgo mucho mayor en aquellos casos de largo tiempo de evolución, con fibrosis avanzada o cirrosis. Es por ello importante la realización de biopsia hepática cuando se sospecha una PCT, y se aconseja un seguimiento periódico con ecografía y determinaciones de alfa-fetoproteína, en caso de sintomatología cutánea de años de evolución o de afectación histológica importante.

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Diagnóstico

Aunque el diagnóstico de PCT puede ser sugerido por el cuadro cutáneo característico ya comentado previamente, idénticas lesiones macroscópicas y anatomopatológicas se encuentran en el resto de porfirias cutáneas, y también en las pseudoporfirias. Es por tanto preciso un estudio más completo que incluya determinaciones de porfirinas en distintos fluidos y/o tejidos.

· Hallazgos bioquímicos

Las porfirinas en la PCT están notablemente elevadas en hígado, plasma, orina y heces. El patrón es complejo, debido a que la deficiencia de UROD da lugar a la acumulación de porfirinógenos con un número diferente de grupos carboxilo (octa-, hepta-, hexa- y penta-carboxiporfirinógenos) de los isómeros I y III, así como de isocoproporfirinógeno. Posteriormente estos compuestos sufren una oxidación no enzimática a sus correspondientes porfirinas (uro-, hepta-, hexa- y penta-carboxiporfirinas e isocoproporfirinas) (2).

- Porfirinas en plasma y orina: se encuentran fuertemente correlacionadas, y su patrón es similar. Las concentraciones totales de porfirinas están notablemente elevadas, con cifras en plasma, que habitualmente superan los 10 µg/dl (valor normal < 1,4 µg/dl), y en orina, con una eliminación de más de 800 µg/día (valor normal < 50 µg/día). Se trata fundamentalmente de uroporfirinas y heptacarboxiporfirinas (isómeros 60% I y 40% III en uroporfirinas y prácticamente 100% III en heptacarboxiporfirinas), aunque también se encuentran en menor cantidad coproporfirinas (50% de isómeros I y III), hexa- y penta-carboxiporfirinas (50% isómeros I y III en penta y prácticamente 100% isómeros III en hexa-carboxiporfirinas) (18,19).

- Porfirinas en heces: la cantidad total de excreción de porfirinas en heces llega a superar la que se excreta en orina, siendo la mayor parte isocoproporfirinas. También en menor cantidad de observan heptacarboxiporfirinas.

- Porfirinas en otros tejidos: las porfirinas también se acumulan en el tejido hepático y en la piel. Sin embargo, son normales en los glóbulos rojos.

El estudio analítico básico de porfirinas en la PCT se muestra en la Tabla 2.

La prueba diagnóstica inicial más útil es la determinación de porfirinas totales en plasma (la excreción urinaria y fecal de porfirinas puede estar algo aumentada en otras condiciones clínicas además de las porfirias). Un valor normal de porfirinas en plasma (< 1-1,4 µg/dl) excluye el diagnóstico de PCT. Éste sería el caso de las pseudoporfirias, en las que otros compuestos fotosensibles distintos a porfirinas (como pueden ser la furosemida, 5-fluorouracilo, flutamida, isotretionina, tetraciclinas, naproxeno y nabumetona) causan las lesiones cutáneas (6).

Un nivel elevado de porfirinas en plasma (generalmente > 10 µg/dl) con un pico de fluorescencia máximo a 619 nm excluye porfiria variegata y es muy sugestivo de PCT. Sin embargo, otras porfirias como la porfiria congénita eritropoyética y la coproporfiria hereditaria pueden tener un espectro de fluorescencia similar. Por ello es necesario, en caso de un resultado elevado de porfirinas en plasma, completar el estudio para establecer el tipo de porfiria. El diagnóstico definitivo de PCT requiere la separación cromatográfica y la cuantificación de porfirinas en orina y heces, demostrando una predominancia de uroporfirinas y hepta-carboxiporfirinas en orina y un exceso de isocoproporfirinas en heces.

· Análisis de la deficiencia de UROD

La actividad de UROD en eritrocitos distingue las formas familiar (tipo II) y esporádica (tipo I) de PCT. Sin embargo, la distinción no es esencial para el manejo clínico del paciente. Tampoco es útil como método de cribado ni para confirmar el diagnóstico de PCT, ya que la mayor parte de sujetos que heredan una deficiencia parcial de la UROD nunca desarrollan la enfermedad.

· Otras exploraciones complementarias

Estas exploraciones deben realizarse cuando se sospecha una PCT y están dirigidas a estudiar los factores precipitantes de la misma (Tabla 3). No debe olvidarse el estudio de la sobrecarga férrica y de las mutaciones del gen de la hemocromatosis, ni tampoco el despistaje de infecciones por el VHC, VHB y VIH. También deben considerarse la realización de pruebas de imagen (ecografía) y biopsia hepática. El estudio del tejido hepático, además de ayudar en el diagnóstico de PCT, es indispensable en muchos casos para determinar la severidad del daño hepático.

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Pronóstico

El pronóstico de la PCT es relativamente benigno, al contrario que en otras porfirias en las que se carece de un tratamiento adecuado.

El riesgo de desarrollo de complicaciones es por supuesto mucho mayor en aquellos casos de largo tiempo de evolución, con fibrosis hepática avanzada o cirrosis. No obstante, la existencia de tratamientos simples y eficaces en casi la totalidad de los casos hace que en ocasiones el pronóstico dependa más del factor precipitante de la PCT que de la PCT en sí misma.

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Tratamiento

Medidas básicas en la PCT incluyen evitar en la medida de lo posible la exposición solar (generalmente las medidas de protección solar mejoran el cuadro cutáneo), así como todos los posibles factores desencadenantes de la enfermedad: suplementos de hierro, alcohol, estrógenos, etc. También se recomienda como medida de precaución extrema evitar fármacos como barbitúricos, fenitoína, sulfonamidas y otros que se ha visto pueden desencadenar ataques en casos de porfirias agudas, aunque su relación con la PCT no se ha establecido claramente. El tratamiento de la infección por VHC con interferón también mejora el cuadro clínico de la PCT (20).

Aunque existen casos en los que la eliminación del factor desencadenante de la PCT se acompaña de una remisión de la enfermedad, generalmente es necesario un tratamiento más definitivo: al contrario que en otras porfirias, en la PCT hay tratamientos simples como la flebotomía y el uso de antimaláricos a dosis bajas que son eficaces en casi la totalidad de los casos (3, 6, 21). Incluso pueden utilizarse ambos en combinación si se desea lograr inducir una remisión de forma más rápida.

· Depleción de hierro

Se basa en la realización de sangrías quincenales de aproximadamente 500 ml de sangre. El tratamiento se acompaña habitualmente de una mejoría del cuadro cutáneo con resolución de lesiones vesiculosas en 2-3 meses, mejoría de la fragilidad cutánea en 6-9 meses y normalización de las cifras de porfirina en 13 meses. La hipertricosis y las lesiones esclerodermiformes presentan una respuesta parcial y más lenta en los años siguientes al tratamiento. La enfermedad puede recidivar, si bien suelen conseguirse una media de 2,5 años de remisión tras tratamiento adecuado.

Obviamente durante la realización de sangrías deben controlarse las cifras de hemoglobina, con el fin de ajustar su frecuencia y/o cuantía en función de la evolución. Los niveles de ferritina y de porfirinas en plasma son útiles para guiar el tratamiento. Las sangrías pueden suspenderse una vez los valores de ferritina alcanzan el límite inferior de la normalidad o cuando los niveles de porfirina alcanzan valores normales. La determinación periódica posterior de porfirinas, una vez conseguida la remisión de la enfermedad, es útil para valorar la realización de nuevas sangrías si se observara un aumento de las cifras de las mismas.

La desferrioxiamina se ha utilizado también para deplecionar hierro en la PCT, observándose una buena respuesta. Sin embargo, su alto costo y la necesidad de una bomba de infusión subcutánea limitan su uso, como alternativa a las sangrías, únicamente cuando éstas están contraindicadas.

La eritropoyetina es también eficaz al movilizar el hierro hepático hacia la síntesis de hemoglobina, y constituye un tratamiento básico en la PCT asociada a enfermedad renal crónica, en la que los pacientes habitualmente presentan anemia y dificultad para la excreción de antimaláricos (22).

· Antimaláricos

Si bien la razón por la que los antimaláricos como la cloroquina y la hidroxicloroquina son eficaces en la PCT todavía no está aclarada, su eficacia está bien establecida y se consideran en la actualidad el tratamiento de elección, junto con la depleción de hierro, para la PCT.

La administración de dosis estándar de cloroquina e hidroxicloroquina se asocia, sin embargo, con cuadros de fiebre y hepatitis aguda, que pueden llegar a ser graves y se acompañan además de la liberación de gran cantidad de porfirinas almacenadas en el hígado, que pueden empeorar transitoriamente el cuadro cutáneo. Dosis más bajas, del orden de 125 o 250 mg de cloroquina 2 veces por semana, son seguras e igualmente eficaces. La mejoría de las lesiones vesiculosas y la fragilidad cutánea ocurre en los primeros 6 meses, con normalización de las cifras de porfirinas en los 6-15 meses siguientes. La remisión generalmente se mantiene durante 17-24 meses. Durante el tratamiento las transaminasas pueden elevarse transitoriamente, aunque de forma moderada y sin clínica asociada; tampoco es frecuente la retinopatía con las dosis bajas de antimaláricos administradas.

· Miscelánea

Se ha descrito también la eficacia de la talidomida a dosis de 200 mg/día en la PCT (23), con mejoría de lesiones vesiculosas y de la fragilidad cutánea en las primeras semanas de tratamiento. Se ha observado asimismo la normalización de porfirinas en orina en 4 semanas, y una mejoría de la hiperpigmentación cutánea en los 2 meses siguientes al inicio del tratamiento.

Igualmente se ha propuesto el tratamiento con sustancias que mejoren el estrés oxidativo, tales como las vitaminas E y C. No existen por el momento, sin embargo, datos que muestren su eficacia en casos de PCT. Sí se ha demostrado la utilidad del trasplante hepático en aquellos casos de enfermedad hepática muy avanzada.

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Referencias.

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4. De Matteis, F. Porphyria cutanea tarda of the toxic and sporadic varieties. Clin Dermatol 1998; 16: 265-75.
5. Castano Suarez E, Zamarro Sanz O, Guerra Tapia A, Enriquez de Salamanca R. Hepatoerythropoietic porphyria: relationship with familial porphyria cutanea tarda. Dermatology 1996; 193: 332-5.
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10. Fargion S, Piperno A, Cappellini MD, Sampietro M, Fracanzani AL, Romano R, et al. Hepatitis C virus and porphyria cutanea tarda: evidence of a strong association. Hepatology 1992; 16: 1322-6.
11. Fargion S, Fracanzani AL. Prevalence of hepatitis C virus infection in porphyria cutanea tarda. J Hepatol 2003; 39: 635-8.
12. Gisbert JP, Garcia-Buey L, Pajares JM, Moreno-Otero R. Prevalence of hepatitis C virus in porphyria cutanea tarda: systematic review and meta-analysis. J Hepatol 2003; 39: 620-7.
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TABLA 1 – Clasificación de las porfirias.

PORFIRIA
ENZIMA
Proceso metabólico
Herencia
Características clínicas
-----------------
ALA sintasa 1 o 2
Glicina + Succinil CoA >Ácido 5-aminolevulínico (ALA)
----------------
---------------------

Porfiria deficiencia ALA-dehidratasa
ALA dehidratasa
ALA > Porfobilinó-geno (PBG)
Autosómica recesiva
Hepática. Aguda. Clínica neurovisceral.
Porfiria aguda intermitente
PBG desaminasa
PBG >Hidroxime-tilbilano
Autosómica dominante
Hepática. Aguda. Clínica neurovisceral.

Porfiria eritropoyética congénita

Uroporfirinógeno III sintasa
Hidroximetilbilano > Uroporfirinóge-no III
Autosómica recesiva
Eritropoyética. Clínica cutánea.
Porfiria cutánea tarda – HEP
Uroporfirinógeno decarboxilasa
Uroporfirinógeno III > Coproporfirinógeno III
Variable (familial, esporádica, HEP)
Hepática. No aguda. Clínica cutánea.
Coproporfiria hereditaria

Coproporfirinógeno oxidasa
Coproporfirinógeno III > Protoporfirinógeno IX
Autosómica dominante

Hepática. Aguda. Clínica neurovisceral y cutánea.
Porfiria variegata
Protoporfirinógeno oxidasa
Protoporfirinógeno IX > Portoporfirina IX
Autosómica dominante
Hepática. Aguda. Clínica neurovisceral y cutánea.
Portoporfiria eritropoyética
Ferroquelatasa
Portoporfirina IX + Fe2+ > HEM
Autosómica dominante
Eritropoyética. Clínica cutánea.

TABLA 2 – Estudio analítico de porfirinas en la PCT

Eritrocitos Porfirinas normales
Plasma Aumento de uroporfirinas
Orina Aumento 7-carboxiporfirina III, uroporfirina I, isocoproporfirina
Heces Isocoproporfirina
Test básicos de laboratorio Porfirinas totales en plasma, estudio fluorescencia en plasma, perfil de porfirinas en orina
Test adicionales Perfil de porfirinas en heces, estudio UROD en eritrocitos

TABLA 3 – Exploraciones complementarias básicas en la PCT

Screening de porfirinas en plasma
Análisis cuantitativo de porfirinas en orina de 24 horas, eritrocitos, plasma y heces
Hemograma
Pruebas de función hepática
Hierro, ferritina, capacidad fijación y saturación transferrina
Glucosa
Serologías virus de la hepatitis A, B y C
Serología VIH
Screening de autoinmunidad
Ecografía hepática y biopsia hepática (si preciso)

FIGURA 1 – Cascada metabólica de la síntesis del grupo HEM.

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