Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Enero 2006

MARCADORES DEL VIRUS DE LA HEPATITIS B. UTILIDAD DIAGNÓSTICA

Josep Costa
Servicio de Microbiología.
Hospital Clínic i Provincial. Barcelona


INTRODUCCIÓN

La infección por el virus de la hepatitis B (VHB) puede ocasionar formas agudas y crónicas de hepatitis. El periodo de incubación de la enfermedad es variable, oscilando entre seis semanas y seis meses. A menudo, especialmente en niños, la infección cursa de manera asintomática o produce síntomas leves e inespecíficos. En otras ocasiones, las personas infectadas desarrollan síntomas de hepatitis aguda que casi siempre se resuelve de forma espontánea después de unos meses, sin dejar secuelas, aunque a veces, el cuadro clínico puede ser grave o incluso, en algunas ocasiones, cursar de forma fulminante o subfulminante y ocasionar la muerte del paciente.

Por otra parte, la infección cronifica en el 10 % de los casos, aproximadamente. La persistencia de la infección depende en gran medida de la edad del paciente en el momento de producirse el contagio, ocurriendo en el 90 % de los niños que se infectan al nacer, en el 30 % de los niños menores de 5 años y en el 5 % de los adultos. La evolución de la infección crónica por VHB es muy heterogénea. Frecuentemente, no se observan lesiones en el hígado de los portadores crónicos del virus, o éstas son poco importantes. Sin embargo, en otras ocasiones el proceso puede evolucionar generando formas más graves de enfermedad hepática como hepatitis crónica, más o menos grave, cirrosis hepática o cáncer de hígado.

Los diversos componentes del virus y los anticuerpos generados durante la infección, denominados marcadores de la hepatitis B, aparecen y desaparecen en etapas concretas de la infección y evolucionan en estrecha relación con el curso de la enfermedad (figuras 1 y 2). El análisis de estos marcadores de la infección por VHB mediante pruebas inmunológicas y moleculares es muy útil no sólo para el diagnóstico, sino también para evaluar la situación actual de la enfermedad y efectuar un pronóstico de su evolución. Además el análisis de estos marcadores aporta criterios muy útiles a la hora de tomar importantes decisiones como tratar o no a un paciente determinado, qué medicamento elegir o establecer la pauta terapéutica más adecuada.

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VIRUS DE LA HEPATITIS B

El VHB pertenece a la familia de los hepadnavirus. Tiene una cubierta externa de naturaleza lipoproteica de origen celular donde se incluyen diversas proteínas de superficie. Esta envoltura reviste una cápside, que aparece al microscopio electrónico como un núcleo denso, en la que, además de las proteínas estructurales, se detecta una molécula de ADN de doble cadena, una de las cuales está incompleta, unida covalentemente a una polimerasa con actividad transcriptasa inversa. La cadena que se transcribe a ARN se denomina L (-) y tiene una longitud de unos 3200 nucleótidos. La otra cadena se denomina S (+) y tiene sólo el 50-80 % de la longitud total. El genoma del virus presenta cuatro regiones genéticas principales o marcos de lectura abierta, con capacidad para codificar proteínas, denominadas preS/S, PreC/C, P y X. Cada una de estas regiones presenta zonas de superposición con las adyacentes, de manera que los distintos genes comparten entre sí secuencias comunes de nucleótidos. Esta organización genética de tipo solapado permite al VHB contener mucha información en su pequeño genoma. La región preS/S tiene tres codones de inicio y codifica para tres proteínas de superficie de longitud distinta según donde comience la transcripción. Estas proteínas se denominan mayor (PreS1/PreS2/S), media (PreS2/S) y principal (S) siendo esta última la más numerosa. Las tres contienen el antígeno de superficie (HBsAg) que es un marcador fundamental de la infección por el VHB.

Hay 4 serotipos principales del HBsAg: adw,adr, ayw y ayr, con distribución geográfica diversa. El gen PreC/C codifica dos proteínas: el antígeno “e” (HBeAg) que circula en la sangre de algunos enfermos en forma soluble y el antígeno del “core” (HBcAg) que constituye la nucleocápside. Ambos comparten gran parte de la secuencia de aminoácidos, pero el primero contiene un pequeño fragmento adicional, codificado por la porción PreC, relacionado con el anclaje con el retículo endoplasmático y su secreción a la circulación sanguínea. El gen P codifica para la polimerasa, con actividad transcriptasa inversa. Finalmente el gen X es el responsable de la síntesis de una pequeña proteína de 150 aminoácidos, denominada X, con función transactivadora, que se ha relacionado con la capacidad oncogénica del VHB.

Además de las partículas de Dane, en la sangre de las personas infectadas por el VHB se observan también concentraciones elevadas de partículas no infecciosas esféricas de 22 nm de diámetro y formas tubulares de igual diámetro y longitud variable que están constituidas por el mismo material que la cubierta del virión.

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MARCADORES DE LA HEPATITIS B

1. Marcadores séricos

Los marcadores séricos empleados para el diagnóstico y seguimiento de la hepatitis B son HBsAg, anti-HBs, anti-HBc totales, IgM anti-HBc, HBeAg y anti-HBe.

a) Antígeno de superficie del VHB ((HBsAg)

Es el primer marcador sérico que se detecta, apareciendo entre 3 y 6 semanas antes del inicio de los síntomas. Su presencia en la sangre indica infección, aguda o crónica por VHB. En las infecciones autolimitadas generalmente el HBsAg se negativiza después de 1 o 2 meses del inicio de los síntomas. Su persistencia durante más de 6 meses indica infección crónica.

Es un marcador fundamental ya que se utiliza para identificar a los portadores del virus, no sólo para el diagnóstico de la enfermedad sino también para evitar su difusión. Existen pruebas de confirmación del HBsAg que se basan en la neutralización con anticuerpos anti-HBs añadidos antes de efectuar la prueba para detectar el HBsAg. Se realizan dos determinaciones en paralelo, con y sin anti-HBs y se comparan las lecturas obtenidas. Cuando se observa una reducción igual o superior al 50 % de la lectura en la reacción que contiene anti-HBs se considera confirmado el resultado.

b) Anticuerpos frente el antígeno de superficie (anti-HBs)

Aparecen en la convalecencia, a menudo varias semanas después de la negativización del HBsAg, indicando la curación de la enfermedad. Son anticuerpos neutralizantes que generalmente persisten de forma indefinida en la sangre proporcionando inmunoprotección frente a la reinfección.

c) Anticuerpos frente el antígeno del core (anti-HBc)

Son los primeros anticuerpos que se detectan durante la infección por VHB, coincidiendo con los primeros síntomas de la enfermedad. Se identifican mediante dos tipos de inmunoensayos, unos para anticuerpos anti-HBc totales (IgM y IgG) y otros específicos para los anticuerpos de clase IgM (IgM anti-HBc).

Los anticuerpos anti-HBc de clase IgM aparecen primero, persistiendo a títulos elevados durante varios meses en la sangre de los pacientes. Después, su concentración va disminuyendo hasta desaparecer completamente al cabo de un periodo variable de tiempo, que raramente se prolonga más de 12-14 meses. La presencia de IgM anti-HBc es el principal indicador de infección aguda reciente, aunque en algunas ocasiones se detecta también en infecciones crónicas, generalmente a concentraciones menores. Por esta razón muchos de los ensayos comercializados están diseñados para detectar solamente concentraciones elevadas de este anticuerpo, características de la infección aguda.

Por otra parte los anticuerpos anti-HBc de clase IgG aparecen poco después de los de clase IgM y persisten indefinidamente en la sangre de los pacientes, tanto si la infección se resuelve como si cronifica. Por tanto su presencia en la sangre indica, exclusivamente, exposición al virus, acompañando a los anti-HBs después de la resolución de la infección o al HBsAg durante su persistencia.

d) Antígeno “e”(HBeAg)

Se detecta en la primera fase de la infección aguda y también de la infección crónica. Se libera como una proteína soluble en la sangre de algunos pacientes, pero no forma parte del virión. Aparece habitualmente en el periodo de incubación, poco después del HBsAg pero antes del anti-HBc. Su presencia indica siempre infección activa y se asocia con replicación e infectividad elevados. En las infecciones que se resuelven espontáneamente se suele aclarar pronto, mientras que su persistencia después de 10 semanas desde el inicio de los síntomas sugiere evolución a la cronificación.

e) Anticuerpos frente el antígeno “e” (anti-HBe)

En la infección aguda, la seroconversión de HBeAg a anti-HBe, indica resolución espontánea y es, por tanto, un signo de buen pronóstico (aunque sólo desde el punto de vista de persistencia de la infección, pero no en cuanto a la gravedad clínica del proceso). El anti-HBe aparece un poco antes de la desaparición del HBsAg y suele persistir durante años.

En la infección crónica la seroconversión a anti-HBe, generalmente, es un indicador de buen pronóstico que se acompaña de una remisión de la replicación a niveles muy bajos, de normalización de los valores de transaminasas, y de inactivación de la enfermedad hepática. Sin embargo, en algunos pacientes, especialmente en el área mediterránea, la replicación del virus sigue siendo elevada a pesar de la seroconversión y la enfermedad sigue progresando.

2. Marcadores moleculares

a) ADN del virus de la hepatitis B (DNA-VHB)

Es el primer marcador de infección por VHB que se detecta, apareciendo en el periodo de incubación, entre 2 y 4 semanas antes que el HBsAg. Es el mejor indicador de la replicación vírica ya que se correlaciona estrechamente con la concentración de virus en la sangre y en el hígado. La determinación de la viremia es imprescindible para clasificar de manera adecuada a los pacientes crónicos, siendo muy útil para efectuar el pronóstico de la evolución de la enfermedad y llevar a cabo una correcta selección de los pacientes que pueden beneficiarse de tratamiento antiviral y comprobar la eficacia terapéutica.

Actualmente existen diversos métodos moleculares para detectar y cuantificar el DNA-VHB en el suero o en el plasma.1 Desgraciadamente el uso de estos métodos tiene limitaciones debidas a las grandes diferencias en relación con su sensibilidad y su intervalo de linealidad (figura 3), y a la falta de estandarización de las unidades de DNA-VHB usadas. Los métodos menos sensibles son los basados en la hibridación molecular, mientras que los basados en técnicas de amplificación genética tienen mayor sensibilidad. Recientemente se han desarrollado métodos de PCR en tiempo real, muy rápidos y sensibles, con intervalos de linealidad muy amplios que potencialmente pueden sustituir a los procedimientos anteriores2. Aunque no hay un consenso claro en cuanto al significado clínico de los diferentes niveles de DNA-VHB, en general se acepta, un poco arbitrariamente, que valores inferiores a 2000-20000 UI/ml se asocian a formas inactivas de infección3. De todas formas este umbral debe ser establecido con más precisión en estudios clínicos adecuados, empleando métodos muy sensibles que midan la concentración de DNA-VHB en unidades internacionales estandarizadas, establecidas por la OMS en el año 20014.

b) Genotipo y mutantes

Durante la replicación del VHB se producen mutaciones que no son corregidas por la DNA polimerasa del virus. Por esta razón, el VHB tiene una tasa de mutación muy elevada, circulando en forma de cuasiespecie, pudiendo estar, los distintos pacientes, infectados por cepas y genotipos distintos. Hasta el momento, se han identificado 8 genotipos (A-H) con distribución geográfica diversa. Varios estudios sugieren que el genotipo del VHB puede influir en la evolución de la enfermedad y en la respuesta a la terapia antiviral5. Por esta razón se recomienda que en los futuros estudios de tratamiento con antivirales los pacientes sean estratificados según el genotipo.

Algunas mutaciones en la secuencia del gen S pueden tener importantes consecuencias6. El cambio de glicina por arginina en el codón 145 del determinante antigénico principal “a” del gen S ocasiona menor afinidad del HBsAg por anti-HBs. Esta mutación y, probablemente, también otras que afectan a distintos codones del determinante principal “a”, dan lugar a cepas del VHB que escapan a la vacunación y a la inmunización con inmunoglobulina anti-HBs hiperinmune (HBIg). Además hay evidencias de que algunos reactivos comerciales para HBsAg, especialmente los que utilizan exclusivamente anticuerpos monoclonales contra el determinante “a” no detectan, o tienen una menor sensibilidad para detectar estas variantes del virus7.

Otras variantes contienen mutaciones que afectan a la región del promotor del Core y a la propia región PreCore. El cambio más común en el promotor del core es una doble mutación (A1762T y G1764A) que inhibe la expresión del gen preC/C y por tanto la producción de HBeAg. La variante más común de la región preC es la que da lugar a un codón de “stop” (G1896A) que impide la traducción de HBeAg, pero no interfiere en la síntesis de HBcAg. Esta variante es muy común en portadores crónicos con HBeAg negativo infectados por el genotipo D (predominante en nuestro país), B y C. Estas mutaciones y otras menos frecuentes, aparecen o son seleccionadas durante el proceso de seroconversión de HBe a anti-HBe. Se han descrito hepatitis graves, tanto agudas como crónicas, asociadas a estas mutaciones pero con frecuencia también se observan estas variantes en portadores inactivos. Aunque no se conoce con exactitud el significado patogénico de estas variantes, hay evidencias de que la eficacia del tratamiento con interferón en pacientes con hepatitis crónica con HBeAg negativo (infectados por estas mutantes), es menor que en los HBeAg positivo.

También se han descrito mutaciones en el gen de la polimerasa que confieren resistencia al tratamiento con antivirales, especialmente lamivudina y análogos de nucleósidos relacionados8. Las mutaciones más comunes (M552V y M552I) afectan al motivo YMDD (tirosina-metionina-aspartato-aspartato) del dominio catalítico de la polimerasa.

Existen diversos métodos moleculares9 (secuenciación genética, RFLP, hibridación, PCR en tiempo real, etc.) que permiten identificar el genotipo del virus, las variantes pre-core y del promotor del core y las mutaciones que confieren resistencia al tratamiento con lamivudina u otros antivirales. Recientemente se ha comercializado un método que consiste en la amplificación de parte del genoma del VHB por PCR, seguido de hibridación reversa en tiras de nitrocelulosa que contienen sondas de captura específicas para cada genotipo, para las mutantes del promotor del core y de la región pre-core y también para las variantes resistentes a la lamivudina (Line Probe Assay: LIPA).

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DIAGNÓSTICO ETIOLÓGICO Y SEGUIMIENTO

El análisis de la evolución de los marcadores de la infección por VHB es muy útil para interpretar los diferentes perfiles séricos que se observan durante el proceso, tanto para efectuar el diagnóstico etiológico de la hepatitis como para establecer el pronóstico de la enfermedad (Figuras 1 y 2 y tabla 1).

La hepatitis aguda por VHB se caracteriza por la presencia en la sangre de HBsAg y de IgM anti-HBc. En las hepatitis que se resuelven espontáneamente, el HBeAg desaparece antes de las 10 semanas tras el inicio de los síntomas y aparecen los anticuerpos anti-HBe. El HBsAg se negativiza generalmente poco después del HBeAg y finalmente, indicando la resolución de la enfermedad aparecen los anticuerpos neutralizantes anti-HBs que persisten indefinidamente, confiriendo inmunoprotección frente a las reinfecciones. La aparición de anti-HBs puede demorarse hasta dos meses tras la remisión del HBsAg. Durante esta fase en la que no se detecta ni HBsAg ni anti-HBs y que se conoce como periodo ventana, la infección aguda B se pone de relieve, exclusivamente, por la demostración de IgM anti-HBc. Los anticuerpos anti-HBc de clase IgG persisten de forma indefinida en la sangre de las personas infectadas, tanto si la infección se resuelve como si persiste. Por esta razón la presencia de anti-HBc solamente pone de manifiesto la exposición al virus. La presencia en la sangre de anti-HBs y anti-HBc indica inmunización después de una infección resuelta en el pasado. Si la inmunización se ha llevado a cabo por vacunación solamente se detectará anti-HBs.

La infección crónica por VHB se define por la presencia en el suero de HBsAg durante un periodo superior a 6 meses. La detección de HBsAg y de anti-HBc totales, en ausencia de IgM anti-HBc, sugiere claramente una infección crónica por este virus.

La infección crónica por VHB puede presentarse potencialmente en tres fases sucesivas con pronóstico distinto: fase de inmunotolerancia, fase de inmunoactividad y fase de baja replicación.3

1) Fase de inmunotolerancia: se detectan HBsAg y HBeAg, los niveles de DNA-VHB generalmente son muy elevados y las transaminasas son normales o casi normales. No hay lesiones hepáticas significativas.

2) Fase de inmunoactividad: los niveles de DNA-VHB disminuyen, pero se incrementan los valores de transminasas en el suero. Durante esta fase los pacientes pueden presentar síntomas, y con frecuencia se observan picos de hipertransaminasemia. Estos enfermos presentan lesiones en el hígado y constituyen el grupo de hepatitis crónica.

Atendiendo a la situación HBe/anti-HBe las hepatitis crónicas B se pueden clasificar en dos tipos. La hepatitis crónica HBeAg-positivo, potencialmente puede progresar a cirrosis hepática, particularmente en pacientes con episodios recurrentes de hepatitis. Sin embargo, la seroconversión espontánea a anti-HBe es frecuente y acontece en el 50-70 % de los pacientes con transaminasas elevadas a los 5-10 años del diagnóstico. En muchos casos la seroconversión marca la transición de hepatitis crónica al estado de portador inactivo, pero a veces la seroconversión a anti-HBe puede ir acompañada por la selección de mutantes incapaces de producir HBeAg, pero sí de desarrollar niveles elevados de replicación vírica, persistiendo la actividad histológica y bioquímica. Estos pacientes constituyen el grupo de hepatitis crónica HBeAg negativo. Es muy frecuente en el área mediterránea y se caracteriza por la presencia de HBsAg, anti-HBe, niveles altos de DNA-VHB, transaminasas elevadas y lesiones necro-inflamatorias en el hígado que también pueden progresar a cirrosis hepática. La hepatitis crónica HBeAg-negativo a menudo tiene un curso ondulante con fluctuaciones importantes de las transaminasas , que pueden llegar a ser normales y del DNA-VHB, que puede alcanzar valores muy bajos.

3) Fase de portador inactivo: También denominada de baja replicación, es posterior a la seroconversión a anti-HBe. Su pronóstico, en ausencia de cirrosis, generalmente es benigno y se caracteriza por la presencia de HBsAg y anti-HBe en el suero, niveles de DNA-VHB muy bajos, generalmente inferiores a 2000 UI/ml, detectables solamente por métodos sumamente sensibles y transaminasas normales. Algunas veces (1-2 % de los casos en occidente) esta fase conduce a la resolución de la infección con remisión del HBsAg y aparición de anti-HBs. Sin embargo, en otras ocasiones hay reactivación de la hepatitis, generalmente por tratamiento inmunosupresor.

Perfiles serológicos atípicos

Los perfiles serológicos comentados previamente y que aparecen en la tabla 1, se observan en la mayoría de los casos o en las infecciones con un curso típico. No obstante, a veces se presentan perfiles poco frecuentes o incluso inesperados o atípicos. Los más frecuentes se describen e interpretan a continuación.

a) HBsAg aislado

Este perfil puede deberse a diversas causas, pero siempre debe ser considerado sospechoso. La prueba debe ser repetida y si la muestra sigue siendo reactiva, el resultado debe ser confirmado mediante neutralización para descartar una reacción inespecífica. Puede tratarse de una infección en periodo de incubación, en cuyo caso el DNA-VHB debería ser positivo si se determina por un método sensible y pronto deberían aparecer otros marcadores de infección, como el HBeAg. Por otra parte, se han descrito casos de inmunotolerancia frente al HBcAg con ausencia de producción de anti-HBc.

b) Anti-HBc aislado

Puede tratarse de una infección aguda en periodo ventana del HBsAg. En muchas ocasiones se trata de una reactividad inespecífica. Otras veces se debe a una infección resuelta con ausencia o pérdida de anti-HBs. Finalmente puede tratarse de una infección por VHB críptica en ausencia de detección de HBsAg (por ejemplo por coinfección con VHC o VHD o infección por mutantes del determinante “a” del HBsAg). En esos casos la detección de DNA-VHB por métodos de amplificación molecular puede poner de relieve la infección por VHB.

c) Anti-HBs aislado sin antecedentes de vacunación

Puede deberse a una infección resuelta con pérdida de anti-HBc, o a una reactividad inespecífica. Si no hay antecedentes de vacunación, este patrón no debe ser considerado como indicativo de inmunidad.

d) Coexistencia de HBsAg y anti-HBs

Es un perfil relativamente frecuente en infecciones crónicas avanzadas. Las causas son poco claras. Se ha sugerido que pueden ser debidas a infecciones sucesivas por VHB de serotipo distinto o con mutaciones en el determinante “a” del HBsAg. Más probablemente pueden ser el resultado de la disociación de inmunocomplejos HBs/anti-HBs circulantes durante la realización del ensayo.

Diagnóstico de infecciones ocultas

Las infecciones ocultas o crípticas se definen por la detección de DNA-VHB en personas HBsAg negativas. El desarrollo de métodos de amplificación genética muy sensibles para la detección del DNA-VHB puso de manifiesto la existencia de infecciones por VHB en ausencia de HBsAg, tanto en personas con anticuerpos frente al virus (anti-HBc y/o anti-HBs), como también, aunque con menor frecuencia, en sujetos sin marcadores séricos de infección por VHB10. En algunos casos, la ausencia de HBsAg puede ser debido a mutaciones del determinante principal “a” del gen S. Sin embargo en la mayoría de los casos de infección oculta no se detectan mutaciones en el determinante “a”. Numerosos estudios han desvelado la presencia de DNA-VHB en el suero y especialmente en el hígado de pacientes HBsAg negativo con hepatitis crónica, cirrosis y cáncer de hígado. Por otra parte, se puede identificar DNA-VHB en el suero de más del 25 % y en el tejido hepático de más del 40 % de pacientes anti-VHC positivo con hepatitis crónica con o sin cáncer hepático. Pero también se identifican secuencias del genoma del VHB en el suero y en el hígado de personas HBsAg negativo sin ningún tipo de enfermedad hepática, como por ejemplo, donantes de sangre o de órganos.

Estudios recientes demuestran que, a menudo, el DNA-VHB puede ser detectado por métodos de PCR, muchos años después de la resolución de una hepatitis aguda B. Esto sugiere que el virus puede no ser eliminado completamente a pesar de la recuperación clínica y de la producción de anticuerpos neutralizantes, aunque el sistema inmunitario controle su replicación y la mantenga a niveles muy bajos. Esto explicaría los casos de reactivación de la hepatitis B espontáneamente o después de tratamiento inmunosupresor en personas teóricamente inmunizadas.

La infección por VHB oculta, normalmente se asocia con muy bajos niveles de DNA-VHB. No hay pruebas concluyentes de que esta replicación tan baja pueda dar lugar a lesiones progresivas en el hígado. No hay constancia de que las personas que, al menos aparentemente, se han recuperado de una infección aguda por VHB tengan mayor riesgo de desarrollar cirrosis hepática o cáncer de hígado. La mayor prevalencia de infecciones ocultas en pacientes con cirrosis o cáncer de hígado, sugiere que éstas pueden jugar un papel en la génesis de estas enfermedades11. En pacientes con enfermedad crónica del hígado de otra etiología, como infección por VHC o alcoholismo, el VHB podría ser un mero espectador del proceso, aunque no se puede descartar que sea un cofactor en la patogénesis de las lesiones. Desde el punto de vista del diagnóstico de las infecciones ocultas por VHB, actualmente sólo parece razonable investigar la presencia de DNA-VHB (y con métodos muy sensibles) cuando la enfermedad hepática no tenga una etiología clara.

Por otra parte, se han descrito casos de transmisión de la hepatitis B a partir de sangre o de órganos de donantes con HBsAg negativo y anti-HBc positivo. El riesgo es especialmente alto en el transplante de hígado de donantes anti-HBc positivo (con o sin anti-HBs) en receptores seronegativos. En los Estados Unidos, país con una baja prevalencia de infección por VHB se investiga sistemáticamente el anti-HBc de donantes de sangre y de órganos, usando los positivos sólo en caso de emergencia. Sin embargo, en países con prevalencias más elevadas, la exclusión de donantes anti-HBc positivo es imposible. En ese caso puede ser aconsejable emplear los órganos o tejidos de los donantes con anti-HBc aislado en receptores seropositivos. Dado que el riesgo de transmisión de la hepatitis B a partir de donantes de órganos y tejidos seronegativos es muy bajo no se considera eficaz generalizar el cribaje para DNA-VHB.

Control del tratamiento de la hepatitis crónica B

En los últimos años se han producido importantes avances en el tratamiento de la hepatitis crónica B. Actualmente hay 5 fármacos aprobados por la Agencia Europea del Medicamento para el tratamiento de la hepatitis B: interferón a 2b, peginterferón, lamivudina, adefovir dipivoxil y entecavir3. Otros medicamentos, como tenofovir, emtricitabina, clevudina, famciclovir, etc. están en proceso de evaluación.

El tratamiento de esta enfermedad es extraordinariamente complejo. El médico ha de tomar decisiones tan importantes como qué pacientes hay que tratar, qué medicamento es el más adecuado en cada caso, qué pauta terapéutica elegir, etc. Recientemente han aparecido documentos de consenso con recomendaciones prácticas para el manejo de la hepatitis crónica B3,12,13,15. Esas guías proporcionan criterios objetivos y claros para tomar esas decisiones. Esos criterios se basan en gran parte en el análisis de algunos marcadores víricos de la hepatitis B Antes de llevar a cabo el tratamiento se recomienda efectuar un seguimiento del paciente durante un periodo de al menos 6 meses para comprobar el estado del sistema HBe/anti-HBe, cuantificar el DNA-VHB y evaluar las transaminasas en varias determinaciones para identificar correctamente la fase de la infección crónica en que se encuentra.

Sólo está indicado el tratamiento durante la fase de inmunoactividad, es decir en pacientes con hepatitis crónica (o cirrosis) HBe positivo o HBe negativo con el DNA-VHB positivo (superior a 20.000 UI/ml) y las transaminasas elevadas (superiores a dos veces los valores normales). Por el contrario, no está recomendado en la fase de inmunotolerancia ni en la fase de portador inactivo.

En la hepatitis crónica HBeAg positivo, se puede tratar con interferón durante 4 meses a los pacientes que tienen valores de DNA-VHB inferiores a 6 x 10 5 UI/ml, ya que la probabilidad de respuesta es muy baja cuando los valores de DNA-VHB son superiores a esa cifra. El objetivo del tratamiento en esos pacientes es conseguir de forma sostenida la seroconversión de HBeAg a anti-HBe y la inhibición de la replicación por debajo de 20.000 UI/mL de DNA-VHB (respuesta virológica), la normalización de las transaminasas (respuesta bioquímica) y la negativización del HBsAg (respuesta completa), aunque esto ocurre en menos del 10 % de los casos tratados. También está indicado, en pacientes HBeAg positivo, el tratamiento con lamivudina durante al menos 1 año, especialmente en los que tienen niveles de replicación más elevados y en los no respondedores o con contraindicaciones al tratamiento con interferón.

En la hepatitis crónica HBeAg negativo se recomienda el tratamiento con interferón durante 12 meses, aunque es preferible el tratamiento con lamivudina durante un periodo prolongado (para el tratamiento de estos pacientes con lamivudina se recomiendan periodos superiores a un año, pero la duración óptima no está bien establecida). El objetivo es la inhibición del DNA-VHB a niveles inferiores a 2.000 UI/mL (respuesta virológica) y la normalización de las transaminasas (respuesta bioquímica) de manera sostenida.

En pacientes cirróticos con DNA-VHB positivo es preferible el tratamiento con lamivudina, sin efectos secundarios significativos, que con interferón, mucho peor tolerado por este grupo. En caso de cirrosis descompensada el tratamiento con interferón está específicamente contraindicado.

Identificación de mutantes resistentes a la lamivudina

La selección de mutantes resistentes a la lamivudina ocurre en el 14-32 % de los casos al año de tratamiento y alrededor del 50 % a los dos años. Se caracteriza por una reactivación de la replicación durante el tratamiento. Si esto ocurre se puede seguir el tratamiento con adefovir, sólo o combinado con lamivudina, o entocavir. Actualmente existen métodos para identificar las mutaciones asociadas con resistencia a lamivudina, aunque en estos momentos su implementación en la rutina asistencial no parece necesaria1. Probablemente la identificación de mutantes resistentes a los antivirales será útil en un futuro próximo cuando están disponibles terapias combinadas con varios fármacos.

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REFERENCIAS

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Figura 1. Evolución de la hepatitis B autolimitada.

Figura 2. Evolución de la hepatitis B. Cronificación

Figura 3. Intervalos de cuantificación de algunos kits para DNA-VHB

Tabla 1. Interpretación de los perfiles serológicos de infección por VHB

Tabla 2. Clasificación de la infección crónica por VHB

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