Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DEL SINDROME HEPATORENAL

Autores: Sonia Pascual, José Such
Unidad Hepática. Hospital General Universitario.
c/ Pintor Baeza s/n
03010 Alicante
Tel. 965938345
Fax. 935938355
Such_jos@gva.es
Pascual_son@gva.es

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INTRODUCCIÓN

El síndrome hepatorenal (SHR) es una grave complicación de la cirrosis que aparece en la mayoría de las ocasiones en pacientes en las fases finales de la enfermedad, cuando la insuficiencia hepática es grave. Sin embargo, también puede desarrollarse en el seno de una hepatitis aguda con independencia de su etiología, si se induce una insuficiencia hepática grave (1-4).

La prevalencia en pacientes ingresados con ascitis es de aproximadamente un 10% y la probabilidad de desarrollar un SHR en pacientes con cirrosis y ascitis es de alrededor del 20% al año y alcanza el 40-50% a los 5 años (5). Se define por la aparición de una insuficiencia renal progresiva en ausencia de factores precipitantes, tales como el uso de diuréticos, y característicamente con una histología renal normal. Se trata por lo tanto de una insuficiencia renal funcional y reversible puesto que no hay ninguna alteración estructural del riñón. La ausencia de lesión histológica en el parénquima renal hace posible una recuperación total de la función renal después de un trasplante de hígado lo que reafirma el carácter funcional de este síndrome (6).

El mecanismo fisiopatológico clave es una intensa vasoconstricción renal que da lugar a una importante reducción del filtrado glomerular y del flujo plasmático renal. Las causas por las cuales se produce esta vasoconstricción renal no están totalmente aclaradas y se postula una etiología multifactorial en la que los principales mecanismos implicados parece ser una exacerbación de la actividad de los sistemas vasoactivos sistémicos (6).

En los pacientes con cirrosis con hipertensión portal se desarrolla una vasodilatación esplácnica que condiciona un efecto de hipovolemia efectiva que
conduce a su vez a una activación de los sistemas vasoconstrictores sistémicos y renales. Cuando esta activación es excesiva, y no compensada por los mecanismos vasodilatadores renales, la perfusión renal y el filtrado glomerular están muy disminuidos aunque la función tubular se encuentra conservada. Todo ello conduce a una insuficiencia renal que se establece en el plazo de días o semanas, de forma muy agresiva y que tiene un pronóstico fatal a corto plazo, en la mayoría de los casos en menos de dos meses (síndrome hepatorenal tipo I) o de forma más insidiosa, con un pronóstico ligeramente mejor y una supervivencia media de alrededor de seis meses (síndrome hepatorenal tipo II) (2,7).

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DIAGNÓSTICO

La primera señal del desarrollo de este síndrome lo constituye el ascenso inexplicado de la creatinina plasmática. Sin embargo hay que tener presente en estos pacientes que la creatinina sérica no es un buen indicador de la función renal porque sus niveles en sangre son normalmente menores de lo esperado debido a una baja producción endógena de creatinina por el déficit de masa muscular y la insuficiencia hepática que aparece en la cirrosis en estadios avanzados.

Para definir que un paciente con cirrosis, sin afectación renal previa, tiene una insuficiencia renal, los niveles de creatinina deben subir por encima de 1.5 mg/dL o más del 50% del valor basal. En pacientes con afección renal previa, la insuficiencia renal aguda se diagnostica cuando la creatinina sérica aumenta por encima del 50% del valor basal. Por tanto, para considerar la posibilidad diagnóstica de SHR, la creatinina plasmática debe ser mayor de 1.5 mg/dL o el aclaramiento de creatinina de 24 horas <40 mL/min (8) (Tabla I). Por otra parte, hay que tener presente que no todo deterioro de función renal en un paciente con cirrosis hepática es un SHR. Se trata de un diagnóstico de exclusión y hay que descartar otras causas de insuficiencia renal antes de llegar a este diagnóstico (9).

Como en cualquier insuficiencia renal aguda se deben descartar causas pre-renales como resultado de hipoperfusión renal sin lesión celular renal, causas post-renales por obstrucción al flujo urinario e insuficiencia renal de causa primaria o intrínseca. En una revisión reciente sobre el SHR se facilitaban datos sobre la experiencia de la Unidad de Hepatología del Hospital Clínico de Barcelona sobre las diferentes causas de insuficiencia renal en pacientes con cirrosis. Sobre un total de 142 episodios de insuficiencia renal la distribución de etiologías fue la siguiente: 32% insuficiencia renal tras una infección, 24% enfermedad parenquimatosa renal, 11% necrosis tubular aguda, 3% fallo renal nefrotóxico y finalmente sólo en un 8% se diagnosticó un verdadero SHR (3). Estos hallazgos vienen a confirmar la necesidad de descartar otras causas de deterioro de la función renal. Por ello ante todo paciente cirrótico con insuficiencia renal hay que realizar los mismos pasos para llegar al diagnóstico que en un paciente sin cirrosis.

En primer lugar hay que hacer una historia clínica completa y examen físico para descartar causas pre-renales (exceso de diuréticos, pérdida de volumen o situaciones de shock), toma de fármacos nefrotóxicos, signos de infección activa o enfermedades crónicas que pueden afectar a la función renal tales como hipertensión arterial o diabetes mellitus. En segundo término hay que realizar una analítica de sangre completa con sedimento de orina que descarte la presencia de hematuria o proteinuria. Por último una ecografía abdominal para descartar una causa obstructiva y/o determinar si la morfología renal sugiere la presencia de un trastorno crónico previo no conocido. No olvidemos que también puede tratarse de una insuficiencia renal crónica reagudizada por alguna circunstancia intercurrente. En los casos en los que la sospecha de enfermedad renal parenquimatosa sea muy alta puede ser necesaria la realización de una biopsia renal.


En realidad los criterios mayores para el diagnóstico del SHR, definidos en el último consenso en 1996 (tabla I), se pueden resumir en tres premisas fundamentales: definir lo que se considera insuficiencia renal en estos pacientes, descartar otras causas de insuficiencia renal de manera razonable y comprobar la ausencia de mejoría tras hacer una expansión plasmática (8).

Todos los criterios mayores propuestos por el Club Internacional de Ascitis deben estar presentes para llegar al diagnóstico de SHR. La presencia de los criterios menores, la mayoría de ellos basados en datos de la analítica de orina, no es necesaria para el diagnóstico y pueden estar ausentes. Su presencia, sin embargo, sirve de apoyo al diagnóstico de SHR frente a otras causas de insuficiencia renal.

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TRATAMIENTO

Prevención

El primer paso del tratamiento es evitar su aparición. La prevención debe ser al primer objetivo en un cuadro con un pronóstico tan infausto a corto plazo como es el síndrome hepatorenal y con unas alternativas terapéuticas todavía muy limitadas. Por ello hay que tener muy en cuenta que la posibilidad de que aparezca es más elevada en determinadas circunstancias en pacientes con cirrosis, no sólo a la hora de prevenir el SHR sino cualquier afectación renal evitable y que puede ser fatal en estos pacientes.

Hay que evitar el uso de fármacos nefrotóxicos como anti-inflamatorios no esteroideos o aminoglucósidos y cuidar mucho la reposición de volumen en cuadros de hemorragia digestiva. Estar atentos a los signos de infección que con cierta frecuencia están ausentes en estos pacientes y que pueden expresarse por descompensaciones de la enfermedad como la encefalopatía sin que haya signos clínicos como la fiebre o la leucocitosis. En los pacientes que precisan paracentesis evacuadoras periódicas por ascitis refractaria se debe reponer con seroalbúmina u otros expansores plasmáticos para evitar los cambios hemodinámicas que se producen tras las paracentesis de gran volumen sin reposición (10), y a los que con cierta frecuencia se asocia el síndrome hepatorenal tipo II.

La administración de seroalbúmina a dosis altas (1.5 g/Kg. de peso en el momento del diagnóstico de la infección y 1 g/Kg. 48 horas después) en pacientes con peritonitis bacteriana espontánea y signos de riesgo (11) reduce la posibilidad de aparición de un SHR y consigue disminuir la mortalidad (11). En los pacientes con hepatitis alcohólica, la administración pentoxifilina (400 mg tres veces al día) se ha asociado a una disminución de la incidencia de síndrome hepatorenal y también la mortalidad (4).

Medidas generales

Una vez instaurado, el cuadro no es reversible sin tratamiento pero existen una serie de medidas generales a instaurar. El paciente debe ser hospitalizado, preferiblemente en una unidad especializada para controlar adecuadamente sus constantes vitales, balance de pérdidas, control de peso y diuresis y monitorizar diariamente la función renal. Se deben retirar diuréticos y fármacos potencialmente nefrotóxicos y descartar la presencia de una infección, incluida la peritonitis bacteriana espontánea (5,12). La dieta instaurada debe ser pobre en sodio y garantizar la adecuada nutrición del enfermo. Si el paciente presenta ascitis importante se pueden realizar paracentesis evacuadoras de forma segura con reposición con seroalbúmina (8 g por litro de líquido ascítico evacuado), si bien es conveniente que sean de un volumen limitado, preferentemente de menos de 5 litros.

Si el paciente no tiene contraindicaciones se debe evaluar para trasplante hepático, pero debido a la baja supervivencia de estos pacientes se debe intentar revertir o por lo menos mejorar la función renal antes de llegar al trasplante con fármacos vasoconstrictores. La reversión del SHR permite garantizar la supervivencia del paciente durante el tiempo que permanezca en lista de espera, y además el pronóstico post-trasplante mejora si la función renal se ha corregido previamente (13,14). Si no existe posibilidad de trasplante la supervivencia está relacionada con el grado de insuficiencia hepática y la disponibilidad de otras opciones terapéuticas como el TIPS (tabla II).

Terapia vasoconstrictora

La base fisiopatológica para el uso de sustancias vasoconstrictoras es disminuir la vasodilatación esplácnica con la consiguiente redistribución del volumen plasmático, permitiendo así una mejor distribución por el territorio vascular y por tanto la desactivación de los sistemas vasoactivos sistémicos.

Los vasoconstrictores se han utilizado ampliamente para el tratamiento de la hemorragia digestiva por rotura varices esofágicas. Las sustancias empleadas para el tratamiento del SHR son los análogos de la vasopresina (ornipresina y terlipresina), de la somatostatina (octeótrido) y agonistas alfa-adrenérgicos (midodrine y noradrenalina), y en algunos estudios se ha asociado el uso de un expansor plasmático como la albúmina para aumentar la eficacia terapéutica. Sin embargo, la mayor parte de los estudios publicados se han basado en el uso de la terlipresina, que es por tanto del fármaco del que se dispone de una mayor experiencia (15). La ornipresina sin embargo ha sido retirada por los efectos adversos isquémicos que se han asociado a su uso. Dado el efecto vasoconstrictor de este tipo de fármacos su uso está contraindicado en pacientes con alto riesgo de eventos isquémicos con enfermedades cardiacas, enfermedad vascular periférica o enfermedad cerebro-vascular.

El objetivo del tratamiento es disminuir la cifra de creatinina sérica hasta 1.5 mg/dL. La dosis inicial de la terlipresina es de 0.5-1 mg por vía intravenosa cada 4 horas, debiéndose incrementar a 1 mg cada 4 horas si al cabo de 2 ó 3 días no se aprecia una tendencia a la mejoría de la función renal. Esta dosis se aumenta hasta 2 mg cada 4 horas si no se aprecia mejoría. La asociación de seroalbúmina mejora los resultados obtenidos si bien la dosis es variable según los estudios. Una dosis propuesta es 1 g/kg de peso el primer día seguido de 20-50 g/día los días sucesivos, con controles de presión venosa central para evitar situaciones de sobrecarga cardiaca (16). La duración máxima del tratamiento debe ser de 15 días, y el porcentaje de respuesta oscila entre 42-92% entre los diferentes estudios. Tras la retirada del fármaco, una vez alcanzada una respuesta, la recurrencia es de alrededor del 50%. El tratamiento de la recurrencia es también efectivo. La supervivencia oscila entre 24-43 días. No existen estudios que comparen con un grupo control sin tratamiento, por lo que el beneficio frente a los no tratados no está demostrado pero sí hay diferencias frente a los pacientes que no responden al tratamiento lo que permite intuir una mayor supervivencia con el tratamiento.

Menor experiencia existe con agonistas alfa-adrenérgicos. Los pocos estudios publicados combinando midodrina (7.5 mg hasta 12.5 mg cada 8 horas por vía oral) con octeótrido (100µg hasta 200 µg cada 8 horas subcutáneo) y albúmina (20-40 g cada 24 horas intravenoso) presentan también buenos resultados. Se obtuvo respuesta en 15 pacientes de un total de 19, logrando mejorar la supervivencia en los respondedores lo que permitió que algunos de ellos alcanzasen el trasplante hepático (17,18). Sin embargo, en la actualidad la midodrina no está disponible en España. Un estudio realizado con noradrenalina (0.5 mg-3 mg horario en perfusión continua) y albúmina mejoró la función renal en 12 pacientes con SHR (19).

Derivación transyugular portosistémica intrahepática (TIPS)

Las siglas inglesas TIPS (transjugular intrahepatic portosystemic shunt) se emplean ya de forma generalizada para referirse a la instauración de una prótesis intrahepática que comunica el sistema venoso portal con las venas suprahepáticas y permite reducir la presión portal al desviar el flujo esplácnico a la circulación sistémica. Este procedimiento ha sido ampliamente aplicado con éxito para el tratamiento de la hemorragia digestiva alta y para un mejor control de la ascitis refractaria.

En el síndrome hepatorenal su uso es más controvertido porque los estudios realizados hasta el momento son pocos y consecuentemente el número de pacientes tratados es limitado. Además se excluyen los pacientes en peores condiciones (Child C, coagulopatía grave y antecedentes de encefalopatía) lo cual supone una importante limitación puesto que ésta es la población que tiene mayores posibilidades de desarrollar un SHR. La mejoría de la función renal se produce en alrededor del 60% de los pacientes tratados y parece que de ellos se extrapola una mejoría en la supervivencia. Por todo ello este procedimiento no debe ser de primera elección mientras no exista un estudio que lo compare con el uso de fármacos vasoconstrictores (20,21). En los pacientes con SHR tipo II y ascitis refractaria el TIPS mejora la función renal y el control de la ascitis (menor requerimiento de paracentesis evacuadoras) pero su efecto sobre la supervivencia es limitado puesto que está condicionada principalmente por la insuficiencia hepática que presentan estos pacientes (5).

Diálisis y MARS

No existe evidencia de que tanto la hemodiálisis como la diálisis peritoneal logren algún beneficio en los pacientes con SHR. Además su uso está muy limitado por la mala tolerancia a la diálisis con un alto índice de complicaciones (hipotensión arterial, hemorragia digestiva, coagulopatía, desarrollo de infecciones y otras). En algunos centros se emplea como puente hasta el trasplante, aunque el beneficio que puede obtenerse en estos casos no está demostrado.

La diálisis con albúmina mediante el sistema MARS (molecular adsorbent recirculating system) es un nuevo procedimiento terapéutico basado en la capacidad de la albúmina en concentraciones altas de captar moléculas potencialmente tóxicas a través de una membrana dializadora. Su uso se ha comprobado eficaz en distintas situaciones clínicas, como hepatitis alcohólica aguda, insuficiencia hepática fulminante, encefalopatía y otras.

En un estudio realizado en 13 pacientes con SHR se compararon los resultados obtenidos en 5 pacientes en los que se empleó el tratamiento convencional, frente a 8 pacientes a los que se añadió el MARS. Aunque el número de pacientes es muy bajo los resultados mostraron una mejor evolución en los pacientes del grupo MARS. No obstante es necesario disponer de más estudios que corroboren estos hallazgos (22).

Trasplante Hepático

En los pacientes candidatos, el trasplante hepático es el tratamiento de elección en el SHR puesto que es el único procedimiento que soluciona el problema de base del paciente que es la enfermedad hepática y con ello todos los trastornos hemodinámicos asociados. No obstante como todo tratamiento tiene varios inconvenientes, el primero y principal son las contraindicaciones para el trasplante, empezando por la edad, y que por lo tanto limita la accesibilidad al mismo de manera muy importante. El segundo es el tiempo de espera para el trasplante que puede ser de meses y este es un tiempo del que la mayoría de estos pacientes carecen, dada la baja supervivencia de los pacientes con SHR. Esto ha obligado incluso a cambiar las políticas de prioridad en la lista de espera de trasplante, y en países como Estados Unidos se ha impuesto el sistema MELD (Model End Stage Liver Disease) que incluye parámetros de función renal (creatinina sérica) para intentar priorizar a los pacientes con deterioro renal y reducir el tiempo de espera hasta el trasplante.

En resumen, el SHR es una grave complicación de la cirrosis, íntimamente ligado al grado de insuficiencia hepática y a los trastornos hemodinámicos asociados y con un pronóstico infausto a corto-medio plazo (dependiendo del tiempo de instauración de la disfunción renal). Aunque se ha avanzado considerablemente en el conocimiento de los mecanismos patogénicos que conducen al establecimiento del SHR, las posibilidades terapéuticas que se exponen en la Tabla II son limitadas. Aunque algunas mejoran la supervivencia de estos pacientes, algo impensable hace pocos años, el trasplante hepático continúa siendo el único tratamiento potencialmente curativo en estos pacientes.

Tabla I. Criterios diagnósticos del SHR de acuerdo con los criterios de la conferencia de consenso de 1996 del Comité Científico del Club Internacional de Ascitis

Criterios mayores
· Enfermedad hepática aguda o crónica con insuficiencia hepática avanzada e hipertensión portal.· Descenso del filtrado glomerular: creatinina >1.5mg/dL ó aclaramiento de creatinina de 24 horas <40 mL/min.· Ausencia de shock, infección bacteriana activa, tratamiento actual o reciente con fármacos nefrotóxicos. Ausencia de pérdida de fluidos por vía digestiva (vómitos repetidos o diarrea intensa), o pérdida de fluidos por vía renal (pérdida de peso de >500 g/día durante varios días en pacientes con ascitis sin edemas o 1000 g/día en pacientes con edemas).· Ausencia de mejoría en la función renal (descenso de creatinina sérica hasta 1.5 mg/dL o menos o aumento del aclaramiento de creatinina hasta 40 mL/min o más) después de retirar los diuréticos y expandir el volumen plasmático con 1.5 L de salino isotónico.· Proteinuria <500 mg/dL y ecografía renal sin evidencia de enfermedad renal parenquimatosa o uropatía obstructiva.

Criterios menores
· Volumen de orina <500 mL/d· Sodio en orina <10 mEq/L· Osmolaridad urinaria superior a la osmolaridad plasmática· Recuento de hematíes en orina <50 por campo de gran aumento· Concentración de sodio en suero <130 mEq/L


Tabla II. Proceso diagnóstico/terapéutico en los pacientes con SHR.

1. Ingreso hospitalario2. Descartar otras causas de disfunción renal 3. Diagnosticar el SHR de acuerdo con los criterios establecidos4. Retirar sustancias potencialmente nefrotóxicas y diuréticos5. Medidas generales de soporte6. Iniciar tratamiento con drogas vasoactivas (terlipresina) en combinación con albúmina7. Considerar trasplante hepático de forma prioritaria en pacientes candidatos8. Si no hay respuesta con el tratamiento médico valorar TIPS

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Referencias.-

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