Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Diabetes mellitus y enfermedad hepática

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Junio 2001
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Panel de Expertos Mayo 2005

Profilaxis de la hemorragia digestiva por hipertensión portal.

1. Introducción.
2. Profilaxis primaria de hemorragia por varices esofágicas.
2.1. Tratamiento farmacológico.
2.2. Ligadura endoscópica.
2.3. Mononitrato de isosorbide
2.4. Tratamiento combinado: b-bloqueantes + nitratos.
2.5. Profilaxis pre-primaria.
2.6. Elección del tratamiento.
3.1. Tratamiento endoscópico.
3.2. Betabloqueantes.
3.3. Combinación de Betabloqueantes y tratamiento endoscópico.

3.4. Combinación de betabloqueantes y nitratos.
3.5. Derivación portosistémica percutánea intrahepática (DPPI).
3.6. Derivación quirúrgica.
3.7. Elección del tratamiento.
4. Varices gástricas.

 

Carles Aracil y Càndid Villanueva.
Unidad de Sangrantes. Servicio de Patologia Digestiva.
Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Barcelona.
Trabajo realizado en parte con becas de la Fundació Investigació Sant Pau y del Instituto de Salud Carlos III (CO3/02).

Correspondencia:
Dr. Càndid Villanueva.
Servei de Patologia Digestiva.
Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.
Avgda. Sant Antoni M? Claret, 167.
08025 Barcelona. Spain.
Tel.: (34) 93 291 91 39.
Fax: (34) 93 291 92 78.
E-mail: cvillanueva@santpau.es

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1. Introducción.

La hemorragia por rotura de varices esofágicas constituye la complicación más grave de la hipertensión portal, no sólo por su elevada morbi-mortalidad sino también por ser la causa más prevalente de muerte en los pacientes con cirrosis hepática. El conocimiento de la historia natural de este síndrome es de gran importancia para la toma de decisiones tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de estos pacientes.

Aunque la prevalencia de varices esofágicas en pacientes con cirrosis es variable según las series (del 20%-80%), se estima que aproximadamente un 60% de ellos las presentarán durante el seguimiento. La presencia de varices parece estar relacionada con el grado de severidad de la enfermedad hepática, de modo que en el momento del diagnóstico están presentes en un 30% de los pacientes cirróticos compensados y en un 60% de los descompensados. Después del diagnóstico inicial de cirrosis, se estima que el 5% de los pacientes sin varices esofágicas las desarrollarán anualmente.[1] Para que éstas se formen, es necesario que el gradiente de presión portal (GPSH) exceda el límite de los 10 mmHg.[1] Una vez formadas las varices, tienden a aumentar progresivamente de tamaño a un ritmo proporcional al grado de insuficiencia hepática. Se estima que entre el 5-10% de los pacientes con varices de pequeño tamaño progresarán anualmente a varices grandes.[1] Tanto el grado de insuficiencia hepática como la hipertensión portal influyen en la progresión de las varices. La etiología de la cirrosis también es relevante en este contexto. En los pacientes con cirrosis de causa alcohólica, el consumo continuado condiciona una mayor progresión en el tamaño de las varices que en los pacientes de etiología vírica. De forma inversa, se ha constatado que la abstinencia conlleva una mejoría de la función hepática y una disminución de la presión portal, y a la regresión espontánea de las varices e incluso a su desaparición, comportando con ello un menor riesgo de hemorragia por varices y una mayor supervivencia.[3]

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2. Profilaxis primaria de hemorragia por varices esofágicas.

La incidencia global de primera hemorragia es aproximadamente del 30% a los 2 años de seguimiento en pacientes cirróticos no seleccionados con varices esofágicas.[4] El riesgo de primera hemorragia varía con el tamaño de las varices, siendo del 10% en los pacientes con varices de pequeño tamaño y del 30% en los pacientes con varices de gran tamaño.[5] Debido a que no todos los pacientes presentan el mismo riesgo de hemorragia, es importante seleccionar aquellos con mayor probabilidad e iniciar un tratamiento profiláctico. Para ello se han identificado una serie de índices pronósticos, basados en la combinación de diferentes parámetros que permiten esta selección. Entre estos índices hay algunos que hacen referencia al aspecto endoscópico de las varices, como son el tamaño (a mayor tamaño, mayor riesgo de hemorragia) o la presencia de manchas rojas en su pared (indican mayor tensión de la pared). En la actualidad, el índice más frecuentemente utilizado es el NIEC (North Italian Endoscopic Club Index),[6] que combina tres predictores independientes de hemorragia, como son el tamaño de las varices, la presencia de manchas rojas y la gravedad de la disfunción hepática expresada por la clasificación de Child-Pugh. Otro de los parámetros utilizados con valor predictivo de hemorragia es la determinación del gradiente de presión portal (GPSH), y para que se produzca la rotura de las varices es necesario que exceda los 12 mmHg, aunque por encima de este valor no existe una correlación lineal entre ambas variables.[3,7] En la actualidad, el tamaño de las varices esofágicas es el parámetro más utilizado para indicar o no el tratamiento preventivo de hemorragia. Se acepta que dicho tratamiento debe iniciarse en las varices de gran tamaño.

Todos los pacientes con cirrosis hepática deben ser evaluados endoscópicamente en el momento del diagnóstico para descartar la presencia de varices esofágicas. Por ello, se recomienda practicar endoscopia cada 2-3 años en pacientes compensados sin varices, y a intervalos de 1-2 años en pacientes compensados con varices de pequeño tamaño, y anualmente en aquéllos con cirrosis descompensada con o sin varices esofágicas.[8]

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2.1. Tratamiento farmacológico.

El tratamiento de elección son los b-bloqueantes, tal y como se ha demostrado en múltiples estudios. El meta-análisis de los estudios disponibles (comparando b-bloqueantes contra placebo) muestra una reducción significativa de la incidencia de primera hemorragia, de un 30% en los pacientes no tratados a un 15% en los tratados con b-bloqueantes a los dos años de seguimiento, mostrando una reducción global de primera hemorragia del 50%, y con una tendencia a una mayor supervivencia.[5] A pesar de que los b-bloqueantes son altamente eficaces, se estima que entre un 15-20% de los pacientes presentan intolerancia o contraindicación a los mismos, por lo que es necesario disponer de un tratamiento alternativo.

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2.2. Ligadura endoscópica.

En este sentido, hasta la fecha diez estudios han comparado la eficacia de la ligadura endoscópica frente a b-bloqueantes en el seno de la profilaxis primaria. De todos ellos, solamente dos mostraron diferencias significativas a favor de la ligadura en cuanto a la disminución en la incidencia de primera hemorragia, aunque sin observar diferencias en la mortalidad. El meta-análisis de parte de estos estudios, con un total de 283 pacientes, concluye que no existen diferencias significativas en cuanto a la incidencia de primera hemorragia ni en la mortalidad cuando se comparan los dos tratamientos. Por tanto, a tenor de estos resultados, la ligadura endoscópica es un tratamiento adecuado o alternativo en aquellos pacientes con intolerancia o contraindicaciones a los b-bloqueantes. Una estrategia terapéutica interesante es la combinación de ligadura y b-bloqueantes, aunque los resultados de un estudio muy reciente no ha mostrado una mayor eficacia de esta combinación respecto a ligadura sola.

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2.3. Mononitrato de isosorbide

Los nitratos, como el 5-mononitrato de isosorbide, a pesar de su eficaz acción reductora sobre la presión portal, clínicamente no han mostrado ser eficaces, incluso se ha observado una mayor mortalidad en pacientes de mayor edad, al compararlos con b-bloqueantes. Por lo que no debe recomendarse su uso en monoterapia en la profilaxis primaria.

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2.4. Tratamiento combinado: b-bloqueantes + nitratos.

Otra de las estrategias terapéuticas que más interés ha suscitado en los últimos años es la combinación farmacológica de b-bloqueantes (nadolol o propranolol) asociados a agentes vasodilatadores (5-mononitrato de isosorbide). Este interés radica principalmente en el hecho que esta combinación consigue una mayor reducción del gradiente de presión portal que cualquiera de los dos fármacos por separado, por lo que cabría esperar un mayor beneficio clínico de esta asociación farmacológica. Sin embargo, los resultados de estudios clínicos que han evaluado esta combinación terapéutica son controvertidos. El meta-análisis de tres estudios[5] que incluye a 552 pacientes no mostró ventajas del tratamiento combinado ni en cuanto a la incidencia de primera hemorragia (15% en los tratados con b-bloqueantes frente el 10% en los de tratamiento combinado) ni en la mortalidad (10% en ambos tratamientos). Los efectos secundarios fueron significativamente más frecuentes en el grupo de tratamiento combinado, si bien no hubo diferencias en cuanto al desarrollo de ascitis en el seguimiento. Por tanto, las evidencias disponibles en la actualidad no permiten recomendar esta combinación farmacológica como primera opción de tratamiento en la profilaxis primaria.

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2.5. Profilaxis pre-primaria.

Otro de los aspectos que reviste especial interés en la actualidad es la llamada profilaxis pre-primaria, es decir, iniciar tratamiento farmacológico en el subgrupo de pacientes sin varices esofágicas, para evitar su aparición,[9] y en el subgrupo de varices pequeñas o de bajo riesgo, para evitar su progresión,[10] con el fin de reducir la incidencia de primera hemorragia. Los resultados de estos estudios iniciales no son concluyentes al respecto, por lo que en la actualidad no se recomienda la profilaxis en este subgrupo de pacientes.

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2.6. Elección del tratamiento.

En la Figura 1 se esquematiza una opción de manejo razonable para la profilaxis primaria de hemorragia por varices esofágicas, en función de lo comentado anteriormente. Se considera que en pacientes con varices grandes o de riesgo, el tratamiento de elección son los b-bloqueantes. En pacientes con intolerancia o contraindicación a los b-bloqueantes, debe recomendarse la ligadura endoscópica. Un reciente estudio sugiere que los b-bloqueantes son efectivos para prevenir la progresión de las varices pequeñas o de bajo riesgo a varices de gran tamaño. Sin embargo, este aspecto debe confirmarse en futuros estudios.
3. Profilaxis de recidiva hemorrágica por varices esofágicas.

La desfavorable evolución de los pacientes que no reciben ningún tratamiento especifico después de un episodio de hemorragia por varices esofágicas, hace que esté ampliamente consensuado que todos los supervivientes deben recibir tratamiento para prevenir la recidiva, y que éste debe iniciarse inmediatamente después del control del episodio inicial.[8,11] Entre las distintas posibilidades terapéuticas, tanto el tratamiento farmacológico como el endoscópico son opciones de primera elección en la mayoría de los casos.

Aunque en las dos últimas décadas ha mejorado de forma sustancial el pronóstico de estos pacientes, la mortalidad y el riesgo de recidiva tras un primer episodio de hemorragia por varices aún siguen siendo elevados. Se estima que el riesgo de recidiva es del 30-40% durante las 6 primeras semanas, con una mortalidad que se sitúa entre el 20-30% según las series.[12] A largo plazo el riesgo de recidiva acontece en más del 60% de los pacientes. Entre otros factores, este riesgo es mayor en pacientes con Child-Pugh avanzado, en aquéllos con consumo activo de alcohol y, presencia de hepatocarcinoma. Como se ha venido demostrando en diferentes estudios, el riesgo de recidiva depende en gran medida de la respuesta del gradiente de presión portal al tratamiento farmacológico. Así, una buena respuesta hemodinámica definida como la reducción del GPSH a £12 mmHg o un descenso ³20% se asocia de forma significativa a un bajo riesgo de hemorragia (<10%) durante el seguimiento.

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3.1. Tratamiento endoscópico.

Durante muchos años la escleroterapia fue el tratamiento endoscópico de elección. Su eficacia se constató en distintos estudios controlados que en su conjunto incluyeron a más de 1000 pacientes, y que mostraron una reducción del riesgo de recidiva hemorrágica hasta tasas de alrededor de un 50% de casos y una mejoría significativa de la supervivencia.[11,13] La ligadura endoscópica fue introducida con el propósito de erradicar las varices y, reducir o evitar las complicaciones locales y sistémicas asociadas a la esclerosis, en ocasiones graves.

Múltiples estudios han comparado la eficacia de ligadura y esclerosis en la profilaxis secundaria de hemorragia por varices. Su meta-análisis demostró que la ligadura endoscópica reducía significativamente la incidencia de recidiva hemorrágica.[13] Además, la ligadura en comparación con la esclerosis, ofrece distintas ventajas como son: un menor tiempo y menor número de sesiones de tratamiento para conseguir erradicar las varices, una menor incidencia de complicaciones, y finalmente, mejora la supervivencia.[13] También se ha evaluado la combinación de la inyección de pequeñas cantidades de agentes esclerosantes con la ligadura, con el ánimo de erradicar pequeñas varices no succionables con el dispositivo utilizado para la ligadura, y de obliterar las venas perforantes para evitar la recurrencia varicial. Sin embargo, no se ha conseguido establecer que la combinación de estas dos técnicas endoscópicas reporte ningún beneficio substancial.[14]

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3.2. Betabloqueantes.

Los ß-bloqueantes no cardioselectivos, como el propranolol o el nadolol, son los indicados para el tratamiento crónico de la hipertensión portal. Poseen la capacidad para reducir la presión portal, por medio de la reducción del flujo sanguíneo esplácnico como consecuencia del bloqueo de los receptores ß-1 y ß-2.[12] Desde su introducción, hace más de 20 años, se ha constatado adecuadamente la eficacia de los ß-bloqueantes para la prevención de la recidiva hemorrágica. El meta-análisis de los estudios controlados demuestra una reducción significativa del riesgo de recidiva hemorrágica, que decrece hasta en un 20% a los dos años de seguimiento, situándose en torno al 45% de casos, lo que se asocia a una mejoría de la supervivencia que se aproxima a la significación estadística.[5]

Los ß-bloqueantes se han comparado con la esclerosis en distintos estudios en el conjunto de los cuales se han incluido más de 800 pacientes.[5] Su meta-análisis constata que la escleroterapia es algo más efectiva para prevenir recidivas aunque destaca una remarcable heterogeneidad entre los estudios. Por otra parte, la incidencia de complicaciones graves es mayor con la esclerosis y la supervivencia es similar con ambos tratamientos.[5] Cabe resaltar también que mientras que los ß-bloqueantes reducen la tasa de recidiva hemorrágica por gastropatía de la hipertensión portal,[15] la incidencia de gastropatía aumenta con los tratamientos endoscópicos.[16]

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3.3. Combinación de Betabloqueantes y tratamiento endoscópico.

La combinación de escleroterapia con ß-bloquenates aumenta de forma significativa la eficacia de los ß-bloquenates, en cuanto a la prevención de recidivas.[5] Esta combinación mejora también la eficacia de la esclerosis, aunque en este caso existe una heterogeneidad significativa en los estudios comparativos.[13] Sin embargo, no se ha detectado ningún efecto significativo sobre la supervivencia al asociar esclerosis y ß-bloqueantes.[5,13] La combinación de ß-bloqueantes con la ligadura endoscópica también reduce significativamente la tasa de recidiva observada usando solo ligadura, sin incrementar la incidencia de complicaciones graves y se acompaña de una tendencia a mejorar la supervivencia.[17,18]

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3.4. Combinación de betabloqueantes y nitratos.

La asociación de vasodilatadores con ß-bloqueantes puede permitir un mayor descenso de la presión portal,[19] al actuar a nivel de la resistencia intrahepática y también al atenuar el aumento de resistencia vascular porto-colateral ocasionado por los b-bloqueantes, hecho en el que se fundamenta el tratamiento farmacológico combinado. La combinación de ß-bloqueantes y mononitrato de isosorbida ha sido la más evaluada.[12] Esta combinación terapéutica aumenta discretamente la eficacia de los ß-bloqueantes en cuanto a la prevención de recidiva, aunque incrementa también la incidencia de complicaciones y no mejora de forma significativa la supervivencia.[20] Respecto a la escleroterapia, esta combinación farmacológica consigue mejorar significativamente la eficacia, disminuye la incidencia de complicaciones y tiende a mejorar la supervivencia.[21] Por otra parte, la combinación de ß-bloqueantes y mononitrato de isosorbida se ha mostrado igual o superior que la ligadura endoscópica.[22] Este tratamiento combinado ha demostrado también una eficacia similar a la obtenida usando cirugía derivativa (en Child A o B) o en escleroterapia (en Child C). Por otra parte, aunque esta combinación terapéutica es menos efectiva que la portosistémica percutánea intrahepática (DPPI) en cuanto a la prevención de recidivas, se asocia con una menor incidencia de encefalopatía y consigue una supervivencia similar.[23] Aunque actualmente está por determinar si la asociación de ligadura endoscópica puede mejorar los resultados de esta combinación farmacológica.

Monitorización hemodinámica.

La dosis de los fármacos empleados en el tratamiento de la hipertensión portal se suele ajustar en función de distintos parámetros de fácil accesibilidad clínica como la tolerancia al tratamiento, la frecuencia cardíaca y la tensión arterial. Sin embargo, no existe correlación entre la eficacia del tratamiento y estos parámetros clínicos.[12] Por el contrario se ha demostrado una correlación significativa entre la monitorización de la respuesta hemodinámica al tratamiento y la evolución de los pacientes.[21,22,24-26] Cuando el gradiente de presión portal disminuye por debajo de los 12 mmHg, bien sea de forma espontánea o por efecto del tratamiento farmacológico, el riesgo de hemorragia es nulo.[27] Sin embargo, este hecho ocurre en aproximadamente el 15% de los pacientes tratados con ß-bloqueantes y en aproximadamente el 30% de los tratados con ß-bloqueantes y nitratos.[21,24] Si no se consigue un descenso de esta magnitud, una reducción del gradiente de presión portal superior al 20% respecto del valor basal también disminuye el riesgo de hemorragia por varices esofágicas, situándose en tasas inferiores al 10% de casos.[24] Estos objetivos hemodinámicos se consiguen en aproximadamente el 30% de los pacientes tratados con ß-bloqueantes y, en un 40-50% de los tratados con ß-bloqueantes y nitratos.[21,22,24] Por tanto, el objetivo del tratamiento farmacológico debe perseguir el conseguir una buena respuesta hemodinámica (reducción del GPSH a £12 mmHg ó ³20% respecto el valor basal). Los respondedores hemodinámicos presentan además una probabilidad significativamente inferior de desarrollar ascitis, síndrome hepatorrenal, peritonitis bacteriana espontánea, requerir transplante hepático y, lo que es más destacable, presentan una mayor supervivencia, en comparación con los pacientes que no exhiben dicha respuesta hemodinámica.[25,26] Por tanto, la monitorización de la respuesta hemodinámica al tratamiento farmacológico de la hipertensión portal permite seleccionar con fiabilidad a los pacientes con un alto riesgo de evolución desfavorable. Sin embargo, en la actualidad está por establecer el tratamiento de rescate óptimo en los pacientes no-respondedores. (Figura 2)

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3.5. Derivación portosistémica percutánea intrahepática (DPPI).

Diferentes estudios han evaluado la DPPI frente al tratamiento endoscópico, constatando que la DPPI es más efectiva en cuanto a la prevención de recidiva hemorrágica, aunque con una mayor incidencia de encefalopatía hepática, y supervivencia similar con ambos tratamientos.[27] También la combinación de b-bloqueantes y nitratos consigue una supervivencia similar a la DPPI.[23] Uno de los principales inconvenientes de la DPPI es la elevada incidencia de disfunción protésica, que se sitúa próxima al 50% de los casos al año de seguimiento. Aunque, recientemente se ha constatado que dicha disfunción se ve significativamente reducida a un 15% con las prótesis recubiertas.[28] El hecho de que la DPPI no consiga mejorar la supervivencia de estos pacientes cuando se comparan los diferentes tratamientos, aunado a su carácter invasivo, sitúan a la DPPI como una opción de segunda línea terapéutica para el rescate en caso de fracaso del tratamiento de primera elección.[29]

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3.6. Derivación quirúrgica.

La derivación portosistémica quirúrgica es raramente empleada desde la aparición de la DPPI. En la actualidad su papel está restringido a determinados casos, como tratamiento de rescate en pacientes con muy buena función hepática. En estos casos, se puede considerar el shunt espleno-renal en lugar de la DPPI si se dispone de un equipo quirúrgico con experiencia en esta técnica derivativa.

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3.7. Elección del tratamiento.

En la Figura 3 se esquematiza una opción de manejo terapéutico para la prevención de recidiva hemorrágica por varices esófago-gástricas en función de los resultados comentados. Tanto la combinación de ß-bloqueantes y mononitrato de isosorbida como la asociación de ß-bloqueantes con ligadura, se pueden considerar en la actualidad como tratamientos de primera elección para la prevención de recidiva hemorrágica. En pacientes que estén bajo tratamiento de profilaxis primaria con b-bloqueantes o con ligadura y experimenten un primer episodio de hemorragia por varices, es recomendable la asociación de ligadura y tratamiento farmacológico combinado para la prevención de recidiva. Tanto la terapia endoscópica como la farmacológica deben mantenerse de forma indefinida. La DPPI se reserva para el rescate de los pacientes en los que fracasa el tratamiento de primera línea. En estos casos también puede considerarse la opción quirúrgica en pacientes con buena función hepática cuando esté disponible.

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4. Varices gástricas.

El tratamiento de las varices gástricas subcardiales no varía substancialmente del de las esofágicas dado su similar comportamiento. En cuanto a las varices fúndicas, existen escasos estudios controlados, lo que impide establecer recomendaciones sólidas. Tanto la inyección endoscópica de pegamentos acrílicos, como la DPPI y tal vez, el tratamiento farmacológcio combinado, pueden ser opciones de elección.[8,30]

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Figura 1.
Algoritmo del manejo y tratamiento de los pacientes con varices que nunca han sangrado.

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Figura 2.
Algoritmo del empleo de la monitorización hemodinámica en el tratamiento de la hipertensión portal.

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Figura 3.
Algoritmo del tratamiento para la prevención de recidiva en pacientes con un episodio de hemorragia por varices esófago-gástricas.

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