Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Diabetes mellitus y enfermedad hepática

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Diálisis con albúmina: Un nuevo procedimiento de soporte hepático extracorpóreo.

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Trasplante hepático de donante vivo. Situación actual y perspectivas futuras

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Resultados actuales del trasplante hepático

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Etiología y pronostico de la hepatitis fulminante

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Trombosis portal

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Hemocromatosis hereditaria: diagnóstico y cribado familiar

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Indicaciones del tratamiento antivírico en pacientes infectados por el virus dela hepatitis C (VHC)

Noviembre 2001
Tratamiento de la encefalopatía hepática crónica

Julio 2001
Hepatotoxicidad por fármacos

Junio 2001
Indicaciones del transplante hepático en las enfermedades colestásicas

 

Panel de Expertos Diciembre 2004

ETIOLOGIA Y PRONOSTICO DE LA HEPATITIS FULMINANTE

Antoni Mas, Àngels Escorsell, y Javier Fernández

Servicio de Hepatología, Unidad de Cuidados Intensivos del Institut de Malaties Digestives i Metabóliques, IDIBAPS, Hospital Clínic de Barcelona.

Correspondencia: Dr. A. Mas
Servicio de Hepatología
Hospital Clínic
Villarroel 170, Barcelona, 08036
Tel 93 227 54 00 (ext. 3329)
Fax 93 227 93 48
e-mail: amas@clinic.ub.es


Introducción.-

La hepatitis fulminante (HF), llamada también insuficiencia hepática aguda grave (IHAG) o fallo hepático fulminante es una situación clínica poco frecuente, que suele afectar a pacientes jóvenes, en los que sin evidencias de enfermedad hepática previa, aparece un cuadro caracterizado por signos de importante insuficiencia hepatocelular, tanto a nivel clínico (encefalopatía hepática) como analítico (hipoprotrombinemia por debajo del 40 %) (1).

El intervalo entre la detección de los primeros síntomas de enfermedad hepática (ictericia, coluria) y la aparición de encefalopatía permite distinguir entre diversos cursos clínicos, que tienen importantes implicaciones pronósticas. Las dos clasificaciones más empleadas contemplan dos cursos distintos (fulminante y subfulminante, según el intervalo mencionado sea menor o mayor de dos semanas), o tres (agudo, hiperagudo o subagudo, si el tiempo ictericia-encefalopatía es inferior a una semana, entre una semana y un mes o más de un mes y menos de tres meses, respectivamente) (2).

En la evolución de la HF suelen aparecer múltiples complicaciones extrahepáticas (edema cerebral e hipertensión endocraneana, insuficiencia renal, infecciones bacterianas y fúngicas, cambios hemodinámicos, etc.) (3). El tratamiento de la HF utilizando medidas terapéuticas convencionales se asocia a una muy elevada mortalidad. El trasplante hepático urgente ha modificado este pésimo pronóstico, cambiando la supervivencia del 10-20 % a más del 75-80 % al año en algunas series (4).


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Etiología de la hepatitis fulminante.-

Las causas de HF son muy variadas (Tabla 1). Las diferencias en la distribución porcentual de las diferentes etiologías de HF en diversas partes del mundo son extraordinariamente llamativas: así, mientras que en el Reino Unido la sobredosis de paracetamol como tentativa de suicidio, constituye más del 60-70 % de los casos, en nuestro medio esta causa es excepcional (figura 1). En otras latitudes, como la India, la causa más frecuente de HF es la infección por el virus de la hepatitis E, prácticamente inexistente en Europa (2, 5).

En 1985 un análisis de la HF diagnosticadas en nuestro servicio mostró que el virus de la hepatitis B (VHB) era la causa más frecuente de HF (43%), aunque entre los casos atribuidos a virus “noA-noB” o “no clasificados” representaron una cifra idéntica (22/51 casos) (6). En otro estudio propio publicado en 1993 que incluyó 62 casos atendidos durante 4 años confirmó que el VHB fue la causa de HF más frecuente entre las conocidas, superada no obstante por los casos de HF de origen indeterminado (44%) (7) Hallazgos similares a estos han sido descritos más recientemente en otras zonas geográficas de España (8).

Finalmente, un estudio multicéntrico incluyendo más de 250 casos de HF atendidos en 16 hospitales españoles a lo largo de 8 años (1992-2000) ha confirmado que las etiologías más habituales de este síndrome en nuestro medio son el virus de la hepatitis B y la(s) causa(s) criptogenéticas, idiopáticas o de origen indeterminado que anteriormente se atribuían, sin ninguna evidencia, a supuestos virus “noA, noB, noC” (Figura 2).


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Pronóstico de la hepatitis fulminante.-

Existen diversos factores pronósticos en la HF. De entre ellos destacan la edad (peor en niños de menos de 10 años y en adultos de más de 40), el curso clínico (los casos fulminantes o hiperagudos, es decir aquellos de presentación más rápida y aparentemente progresiva tiene mejor pronóstico que los casos subfulminantes o subagudos en los que la evolución es más tórpida), el grado de encefalopatía (peor cuanto más avanzado), la presencia de ciertas complicaciones como insuficiencia renal o respiratoria, infecciones bacterianas o fúngicas, o el desarrollo de un síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (2,3,5,9).

Las determinaciones analíticas muestran igualmente un importante valor pronóstico. El descenso de la tasa de protrombina, expresado en forma de porcentaje de la normalidad en nuestro medio, en cifras absolutas (segundos) en otros países, o más recientemente en forma de INR, no solo constituye un criterio diagnóstico de HF, sino que se correlaciona con la mortalidad. El factor V, muy utilizado en Francia, tiene un significado pronóstico similar. Una importante hiperbilirrubinemia también se asocia a mala evolución, probablemente porque refleja un curso más prolongado. Otros datos analíticos a los que se ha pretendido utilizar como variables con valor pronóstico en la HF son la determinación de la alfa-fetoproteína (mayores niveles se asociarían a una mejor evolución, puesto que reflejarían un mayor grado de regeneración hepática), otros marcadores como la proteína Gc, y los niveles de fósforo sérico (la hiperfosforemia constituye un factor de mal pronóstico).

Algunos estudios han pretendido utilizar pruebas de imagen que muestren el grado de atrofia hepática, como la tomografía computarizada abdominal (2-5). El examen de la biopsia hepática no constituye un buen método pronóstico, debido al posible error de muestra (el espécimen obtenido no es representativo del estado de todo el órgano); no obstante, en ocasiones puede ser extraordinariamente útil como por ejemplo en HF debidas a infiltración tumoral, en las que un diagnóstico precoz determinaría un tratamiento quimioterápico que podría resolver la insuficiencia hepatocelular, o por otra parte contraindicar un trasplante hepático urgente (5).

Es bien conocido que la HF por paracetamol tiene factores pronósticos específicos, descritos hace años por el King’s College Hospital (KCH) de Londres, que se utilizan de forma rutinaria como criterios de trasplante urgente (9) La adición de los niveles de lactato parece mejorar estos criterios (10).

Hasta el momento presente el resto de etiologías de HF utilizan criterios comunes para indicar trasplante urgente, basados en factores pronósticos mencionados anteriormente. Los más utilizados son los del KCH (9) y los descritos por el grupo de Clichy (11). Nosotros utilizamos unos criterios más simples, basados en el curso clínico (fulminante o subfulminante) y el nivel de encefalopatía (3) (Tabla 2).

Además de todos los factores mencionados, la etiología de la HF posee “per se” un valor pronóstico muy importante. Así, las HF por fármacos debidas a mecanismos idiosincráticos o por hipersensibilidad (de las cuales sería un paradigma el halotano) tienen una mortalidad prácticamente del 100 %, al igual que las HF de origen indeterminado o a una enfermedad de Wilson, mientras que en las HF debidas a virus de la hepatitis A o E, o al paracetamol (incluso sin tratamiento específico) se asocian a supervivencias espontáneas de más del 50 %. De hecho, uno de los criterios del KCH para indicar trasplante hepático urgente es la etiología mencionada en primer lugar (causas idiopáticas o reacciones a fármacos). La HF por virus B y otras etiologías menos frecuentes tendrían un pronóstico intermedio (2,4,5).


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Actitud terapéutica según la etiología de la HF.-

Al analizar el problema de la etiología y pronóstico de la HF el hecho más importante es la posibilidad de utilizar medidas terapéuticas específicas que eviten la progresión de una enfermedad hepática aguda sin encefalopatía a un cuadro de HF, o que una vez aparecido éste, disminuyan la lesión hepática y por ello favorezcan la regeneración del hígado, evitando la muerte del paciente o la necesidad de un trasplante urgente. En este mismo sentido, y aunque la etiología no intervenga en esta consideración, conviene insistir en la importancia de evitar maniobras que empeoren la función hepática en casos de hepatopatías agudas, en especial el uso de fármacos potencialmente capaces de empeorar la insuficiencia hepatocelular, y en la necesidad de un traslado rápido de cualquier paciente con una enfermedad hepática aguda que curse con hipoprotrombinemia, aún sin signos de encefalopatía, a un centro que disponga de un programa activo de trasplante hepático (5). En este sentido cabe recordar conceptos tales como “el hígado falla antes de que aparezca encefalopatía” y “la encefalopatía debería ser considerada como una manifestación tardía de la IHAG” (12).

Estas consideraciones indican la importancia del tratamiento específico precoz en aquellos casos de HF en que se disponga del mismo (5,12). Así, en la intoxicación por paracetamol es muy bien conocida la eficacia del tratamiento con N-acetilcisteína . En la HF ya establecida debida a una enfermedad de Wilson, la D-penicilamina suele ser ineficaz, mientras que administrada antes de que aparezcan signos de encefalopatía hepática impide la progresión a HF en la mayoría de casos (13). La inducción del parto es fundamental para mejorar el pronóstico de la esteatosis del embarazo, mientras que la corrección de los trastornos hemodinámicos sistémicos consigue habitualmente una rápida mejoría de la función hepática en casos de hígado de shock. En el síndrome de Budd-Chiari agudo que debuta como una HF la colocación de una derivación porto-sistémica percutánea intrahepática (TIPS) puede mejorar la función hepática por descongestión del hígado. Ya se ha mencionado la posible utilidad de quimioterapia antineoplásica administrada precozmente en la HF debida a infiltración hepática por leucemias o linfomas. En este caso es imprescindible para el diagnóstico la confirmación histológica mediante una biopsia hepática por vía transyugular. Los esteroides pueden ser muy útiles en la HF debida a una hepatitis autoinmune. El tratamiento específico de la intoxicación por Amanita Phalloides u otras setas que contienen amatoxinas puede igualmente evitar la aparición de una HF, o aunque ésta aparezca, hacer que su curso sea menos grave. En casos de hepatopatías agudas debidas a fármacos, el cese de su administración es obviamente una medida fundamental. Por ello se recomienda la monitorización analítica (transaminasas) en pacientes que reciben fármacos o combinaciones de los mismos susceptibles de provocar daño hepático con relativa frecuencia (por ejemplo tuberculostáticos). Es importante remarcar que la precocidad de las medidas antes mencionadas es fundamental para aumentar su eficacia. También debe recordarse que la reexposición al fármaco o un tóxico (por ejemplo MDMA o “extasis”) tras una lesión hepática de curso benigno puede ocasionar con un cuadro de HF, y por ello debe evitarse esta posibilidad (2,5,14).

En nuestro medio, las consideraciones sobre tratamiento etiológico de la HF mencionadas van a ser útiles en una proporción muy escasa de pacientes, puesto que más de dos terceras partes de casos son debidos a causas desconocidas (en cuyo caso obviamente no se dispone de ningún tratamiento etiológico), o al virus de la hepatitis B (VHB), causa más habitual de HF de etiología conocida en nuestro medio. El mecanismo por el cual una hepatitis aguda B sufre un curso fulminante se considera debido a una excesiva reacción del sistema inmunológico del individuo frente al VHB, con lisis masiva de los hepatocitos infectados, aunque se han descrito pequeñas epidemias de HF por virus B debidas a una mutante “HBeAg-minus” (15). Es un hecho sabido que, con mayor frecuencia que en las hepatitis agudas de curso común, el HBsAg puede ser negativo en la HF por VHB, siendo el único marcador de infección aguda la presencia de anticuerpos de clase IgM contra el antígeno del “core” (IgM anti-HBc). El mecanismo mencionado (reacción inmunológica excesiva, y no infección por un virus especialmente agresivo o un inóculo o replicación viral más intensa) hace que no se recomiende tratamiento antiviral en la HF debida al VHB. No obstante, en ocasiones puede ser muy difícil diferenciar esta situación de una reactivación grave de una infección crónica por VHB desconocida previamente, indistinguible tanto desde el punto de vista clínico como serológico (15). En estos casos, la replicación viral del VHB suele ser muy elevada, al contrario de lo que ocurre en las hepatitis agudas fulminantes por VHB. Las reactivaciones pueden ser espontáneas, o tras tratamiento inmunosupresor (habitualmente quimioterapia por neoplasias sólidas, linfomas o leucosis) (16). En estas reactivaciones el tratamiento antiviral con lamivudina puede ser eficaz, especialmente si se administra de forma precoz. Por ello, en casos de duda entre ambas situaciones (HF por VHB o reactivación de infección crónica) debe iniciarse siempre tratamiento precoz con lamivudina. En individuos portadores del HBsAg sin daño hepático que van a recibir quimioterapia debe utilizarse igualmente lamivudina como profilaxis de una posible reactivación de una infección por VHB que puede cursar como una HF (16). Se han descrito casos de HF por VHB en pacientes HBsAg negativo, anti-HBc positivo que reciben quimioterapia, lo cual hace pensar en la posible indicación de administrar lamivudina profiláctica (17). El mecanismo por el cual aparece una infección aguda B en estos casos se atribuye a la persistencia de cantidades mínimas de virus que son capaces de reactivarse debido al tratamiento inmunosupresor, incluso en individuos con hepatitis por VHB curada (HBsAg negativo). Esta situación sería similar a la de los receptores anti-HBc negativo de un trasplante hepático procedente de un donante anti-HBc positivo, en los que la hepatitis B “de novo” es frecuente y potencialmente grave, y en los que la administración de lamivudina es eficaz (18). En aquellos casos de reactivación del VHB en pacientes que están en tratamiento con lamivudina debe iniciarse tratamiento con adefovir dipivoxilo (19).

En la actualidad la HF por virus delta es muy infrecuente. No se dispone de tratamiento específico, aunque el pronóstico de la HF por virus delta parece ser mejor que el de la HF por VHB. Tampoco se dispone de tratamiento específico para la HF por virus A, E o C. Este último agente es causa muy excepcional de HF, al menos en países occidentales, mientras que en Asia parece algo más frecuente. Existen evidencias que sugieren que el riesgo de HF por virus A era muy superior en portadores del virus C, por lo que algunos autores recomiendan vacunar contra el virus A a los pacientes con infecciones crónicas por virus C (20). Es obvio que los programas de vacunación universal contra el virus A y B deberán asociarse en un futuro a una disminución de los casos de HF debidos a estos agentes y al virus delta.

De forma excepcional algunos virus tales como el citomegalovirus, parvovirus, virus del herpes y otros, son capaces de provocar cuadros de hepatitis aguda que cursan con signos de gravedad. Es importante reconocer la posibilidad de una HF por virus del herpes. Suelen cursar con fiebre alta y con muy notables aumentos de las transaminasas. En estos casos, el tratamiento con aciclovir debe iniciarse ante la sospecha clínica, sin esperar a la confirmación serológica (5,12).

En resumen, cuando una enfermedad hepática aguda muestra signos de gravedad (hipoprotrombinemia, aun sin encefalopatía) o debuta como una HF, el tratamiento etiológico, si existe, puede constituir un factor fundamental para evitar la progresión del daño hepático, y así mejorar el pronóstico con procedimientos muchas veces simples, fáciles, y de instauración precoz. Con toda seguridad estas medidas son mucho más importantes desde el punto de vista sanitario que otras mucho más sofisticadas que deben adoptarse una vez la HF se ha desarrollado. En este sentido una editorial reciente de Bernuau (12), que se refiere a la posible utilidad de la profilaxis con fenitoína en casos de HF con encefalopatía profunda y crisis comiciales subclínicas es muy ilustrativo. La lectura de su título (“Insuficiencia hepática aguda grave: evitar cofactores deletéreos y el tratamiento específico precoz para el hígado es mejor que el tratamiento intensivo tardío para el cerebro”) refleja perfectamente el espíritu antes mencionado, y debe constituir un motivo de reflexión y análisis para el clínico que se enfrenta a una hepatopatía aguda grave.


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Referencias.-

1.- Trey C, Davidson CS. The management of fulminant hepatic failure. En Progress in Liver Diseases, popper H, Schaffner F eds. New York, Grune & Straton 1970:282-305

2.- Vaquero J, Blei AT. Etiology and management of fulminant hepatic failure. Curr Gastroenterol Rep 2003;5:39-47

3.- Mas A, Rodés J. Fulminant hepatic failure. Lancet 1997;349:1081-1085.

4.- Bernal W, Wendon J. Liver transplantation in adults with acute liver failure J Hepatol 2004;40:192-197

5.- Bernuau J, Benhamou JP. Fulminant and subfulminant liver failure. In Oxford Textbook of Clinical Hepatology, Second Edition. Bircher J, Benhamou JP, McIntyre N, Rizzetto M and Rodés J Eds. Oxford Medical Publications, Oxford 1999;1341-1372

6.- Navasa M, Panés J, Terés J, Bruguera M, Rodés J. Insuficiencia hepática aguda grave: análisis de 51 casos. Gastroenterol Hepatol 1986; 9: 221-227

7.- Castells A, Salmerón JM, Navasa M, Rimola A, Saló J, Andreu H, Mas A et al.
Liver transplantation for acute liver failure: analysis of applicability. Gastroenterology 1993;105:532-538

8.- Fernández Hernández JA, Robles Campos R, Hernández Marín C, Hernández Agüera Q, Sánchez-Bueno F, Ramírez Romero P et al. Fracaso hepático fulminante y trasplante hepático. Experiencia del Hospital Virgen de la Arrixaca. Gastroenterol Hepatol 2003;26:333-340

9.- O’Grady JG, Alexander GJM, Hayllar KM, Williams R. Early indicators of prognosis in fulminant hepatic failure. Gastroenterology 1989:97:439-445

10.- Bernal W, Donaldson N, Wyncoll D, Wendon J. Blood lactate as an early predictor of outcome in paracetamol-induced acute liver failure: a cohort study. Lancet 2002;359:558-563

11.- Bernuau J. Selection for emergency liver transplantation. J Hepatol 1993;19:486-487

12.- Bernuau J. Acute liver failure: avoidance of deleterious cofactors and early specific medical therapy for the liver are better than late intensive care for the brain. J Hepatol 2004;41:152-155

13.- Durand F, Bernuau J, Giostra E et al. Wilson’s disease with severe hepatic insufficiency: beneficial effects of early administration of D-penicillamine. Gut 2001;48:849-852

14.- Sass DA, Shakil AOS. Fulminant hepatic failure. Gastroenterol Clin N Am 2003;32:1195-1211

15.- Keefe EB, Dieterich DT, Han S-H B et al. A treatment algorithm for the management of chronic hepatitis B virus infection in the United States. Clin Gastroenterol Hepatol 2004;2:87-103

16.- Liang R, Lau GK, Kwong YL. Chemotherapy and bone marrow transplantation for cancer patients who are also chronic hepatitis B carriers. a review of the problem. J Clin Oncol 1999;17:394-398

17.- Ahmed A, Keeffe EB. Lamivudine therapy for chemotherapy-induced reactivation of hepatitis B virus infection. Am J Gastroenterol 1999; 94:249-251

18.- Villamil FG. Prophylaxis with anti-HBs immune globulins and nucleoside analogues after liver transplantation for HBV infection. J Hepatol 2003;39:466-474

19.- Schiff ER, Lai CL, Hadziyannis S, Neuhaus P, Terrault N, Colombo M et al. Adefovir dipivoxyl therapy fro lamidunine-resistant hepatitis B in the pre- and post-liver transplantation patients. Hepatology 2003; 38: 1419-1427

20.- Vento S, Garofano T, Renzini C et al. Fulminant hepatitis associated with hepatitis A superinfection in patients with chronic hepatitis C. N Engl J Med 1998;338:286-290


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Tabla 1. Etiología de la insuficiencia hepática aguda grave.

Hepatitis aguda vírica

Virus de la hepatitis A
Virus de la hepatitis B (primoinfección, reactivación, otros en portadores de VHB)
Virus de la hepatitis C
Virus de la hepatitis D (coinfección, superinfección)
Virus de la hepatitis E
Virus de la hepatitis G
Virus no hepatotropos: herpes simple I y II, varicela-zoster, citomegalovirus, Epstein-Barr, herpesvirus tipo 6, parvovirus, adenovirus, fiebre hemorrágica, Coxsackie B, etc.

Fármacos

Paracetamol (sobredosis, dosis terapéuticas en casos seleccionados)
Antibióticos: isoniazida, pirazinamida, tetraciclinas
Halotano y derivados
Antidepresivos: IMAO, derivados imidazopiridínicos, etc.
Antiinflamatorios no esteroideos
Antitiroideos
Otros: hidantoínas, alfa-metildopa, ketoconazol, anfetaminas, sulfonamidas, ...

Tóxicos

Setas del grupo Amanita, Lepiota y Galerina que contienen amatoxinas
Disolventes industriales: hidrocarburos clorados (tetracloruro de carbono, tricloroetileno), fósforo blanco.
Toxinas de origen vegetal: aflatoxinas, hierbas medicinales
Drogas ilegales: cocaína, éxtasis (3,4-metilendioximetanfetamina)

Patología vascular

Hepatitis isquémica: hígado de shock, insuficiencia cardíaca
Ligadura de la arteria hepática (en presencia de trombosis portal)
Síndrome de Budd-Chiari agudo
Enfermedad veno-oclusiva
Hipertermia (golpe de calor)

Otras

Embarazo: esteatosis masiva, eclampsia, síndrome HELLP
Infiltración tumoral masiva
Enfermedad de Wilson
Infecciones bacterianas sistémicas
Síndrome de Reye
Hepatitis crónica autoinmune
Tras trasplante hepático: fallo primario del injerto, rechazo hiperagudo, trombosis de la arteria hepática, hepatitis vírica
Post-hepatectomia parcial
Causas indeterminadas


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Tabla 2. Criterios para la indicación de trasplante hepático urgente en la IHAG

CRITERIOS DEL KING’S COLLEGE HOSPITAL

IHAG por paracetamol

· pH < 7.30 (independiente del grado de encefalopatía) o
· Tiempo de protrombina > 100 seg (INR > 7.7) y creatinina sérica > 3.4 mg/dl y encefalopatía grado 3-4.

IHAG por causas distintas al paracetamol

· Tiempo de protrombina > 100 seg (independiente del grado de encefalopatía) o
· 3 de los siguientes criterios (independiente del grado de encefalopatía):
Þ Edad < 10 ó > 40 años
Þ Etiología desconocida, por halotane, o reacción idiosincrásica a fármacos
Þ Intervalo icterícia-encefalopatía > 7 días
Þ Tiempo de protrombina > 50 seg
Þ Bilirrubina sérica > 17 mg/dl

CRITERIOS DE CLICHY

· Factor V < 20% y edad < 30 años
· Factor V < 30% y edad > 30 años

CRITERIOS DEL HOSPITAL CLINIC DE BARCELONA

· Encefalopatía hepática grado III ó IV de forma independiente al curso de la IHAG
· Falta de respuesta al tratamiento conservador mantenido durante más de 72 horas en el caso de hepatitis subfulminante, independientemente del grado de encefalopatía.
· Empeoramiento tras un período previo de mejoría independientemente del curso (fulminante o subfulminante) y del grado de encefalopatía.


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