Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


Noviembre 2006
Diabetes mellitus y enfermedad hepática

Septiembre 2006
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Diciembre 2004
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Noviembre 2001
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Julio 2001
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Junio 2001
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Panel de Expertos Noviembre 2004

ENFERMEDAD DE WILSON

Carmen Vila Lolo
Sección de Hepatología
Servicio de Digestivo
Hospital del Mar
Barcelona

Dirección: Carmen Vila
Servicio de Digestivo
Hospital del Mar
Barcelona
e.mail: MvilaL@imas.imim.es


Introducción.

La enfermedad de Wilson es debida a una alteración congénita del metabolismo del cobre, caracterizada por una reducción de la excreción biliar de este metal, determinando su acumulación en el organismo en grandes cantidades, especialmente en el hígado y en el cerebro, y la alteración histológica y funcional de estos órganos.

Es una enfermedad hereditaria, que se transmite con carácter autosómico recesivo, con una incidencia de 1 de cada 30.000 nacimientos y una prevalencia, aunque muy variable geográficamente, de 10 a 30 casos por cada millón de habitantes. Los portadores heterocigotos son uno de cada 90.

Habitualmente su diagnóstico suele ser tardío, ya que puede aparecer bajo distintas formas clínicas y en un amplio intervalo de edades. Si el diagnóstico es precoz la enfermedad responde favorablemente al tratamiento quelante, pero en caso contrario puede ser mortal alrededor de los 50 años.

En 1993 se identificó el gen responsable de la enfermedad de Wilson, denominado ATP7B (1-3), localizado en la región 13q 14.3 del cromosoma 13, que codifica para una trifosfatasa de adenosina (ATP-asa) de tipo P transportadora de cobre, que se comporta como una bomba de cobre, y cuya disfunción impide una correcta eliminación biliar de este metal. Se han descrito hasta la actualidad más de 200 mutaciones. La mayoría de estas mutaciones ocurren en una sola familia y sólo un pequeño número son más frecuentes, quedando por descubrir otras muchas, por lo que el diagnóstico genético de la EW es muy complejo (4,5). Además dada la ausencia de criterios diagnósticos estandarizados no se dispone en la actualidad de estudios que valoren la relación entre las mutaciones detectadas y su expresión fenotípica.

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Fisiopatología.-

El cobre es un cofactor esencial para muchas enzimas y proteínas, y es importante en la movilización tisular de hierro, el metabolismo oxidativo, la desintoxicación de radicales libres y la maduración del tejido conectivo. De la ingestión de cobre que contiene una dieta normal (1-5 mg/día), el intestino delgado absorbe el 20 al 60%, que es transportado al hígado, via portal, unido a la albúmina.

El hígado es el gran regulador de la homeostasis del cobre; en el hepatocito el cobre se distribuye entre varias cuproenzimas (glutatión, metalotionina), en las que es almacenado siendo liberado al plasma en función de los requerimientos. En el plasma el 95% del cobre se encuentra unido a la ceruloplasmina, una a2 glucoproteina sérica que contiene seis moléculas de cobre con un peso molecular de 132 kD. En condiciones normales la mayor parte del cobre ingerido se elimina por la bilis y heces (1-3 mg/24horas) y una pequeña cantidad por la orina 50 mg/24h. (6) El cobre en exceso resulta tóxico por su capacidad de generar radicales libres de oxígeno. El gen ATP7B tiene dos funciones, la de incorporar el cobre a la apoceruloplasmina y así ser transferida al plasma y la de excretarlo en la bilis (7,8).

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Manifestaciones clínicas.-

La expresión clínica de la enfermedad de Wilson es variable y los signos y/o síntomas dependen de los órganos más afectados. La mayoría de pacientes presentan hepatopatía, manifestaciones neuro-psiquiátricas o ambas. Un 5-10% cursan con otros síntomas o signos no relacionados con estos órganos, tales como anemia hemolítica, artropatía, osteoporosis o nefropatía. (9-11). Generalmente la enfermedad debuta entre los 15 y los 50 años.

Hepatopatía

Suele aparecer en el 42 % de los casos y generalmente entre los 10-13 años de edad, aunque ocasionalmente el comienzo puede ser más precoz, o retrasarse hasta la sexta década de la vida.

La hepatopatía puede presentarse como elevación asintomática de los enzimas hepáticos, hepatitis crónica activa, cirrosis hepática o como hepatitis fulminante. El desarrollo de hepatocarcinoma es excepcionalmente raro.

La hepatitis crónica se detecta en el 10-20% de los pacientes, y es casi indistinguible de otras formas de hepatitis. La hepatitis fulminante como forma de presentación de la enfermedad de Wilson, generalmente es más frecuente en mujeres, suele acompañarse de anemia hemolítica Coombs-negativa, rápido deterioro de la función renal, elevación moderada de las transaminasas (< 2000 UI) y cociente fosfatasa alcalina/bilirrubina inferior a 2 (12). Se desconoce su mecanismo desencadenante, los hallazgos histológicos son inespecíficos, y cursa generalmente sobre cirrosis subyacente. Los valores de la ceruloplasmina en suero pueden ser normales transitoriamente debido al autoestímulo causado por la inflamación.

En algunas ocasiones se producen episodios autolimitados que se asemejan a una hepatitis viral aguda; otros pacientes presentan fases de ictericia probablemente por hemólisis y muchos individuos tienen hepatopatía grave establecida, con hipertensión portal y sus complicaciones.

Manifestaciones neurológicas

Aproximadamente el 34% de los casos de la enfermedad de Wilson se inician con sintomatología neurológica. Generalmente se presentan en adolescentes de mayor edad o adultos jóvenes. Predominan los síntomas extrapiramidales, cerebelosos y seudobulbares, como la disartria, la disfagia, el babeo, el temblor distal en reposo e intencional, trastornos de la coordinación, espasticidad, rigidez, movimientos coreo-atetósicos, sin deterioro del intelecto (13).

Manifestaciones psiquiátricas

En un 10-20% se presentan manifestaciones psiquiátricas, pero siempre acompañadas de manifestaciones neurológicas, caracterizadas por alteración de la conducta y de la afectividad, con manifestaciones psicóticas y neuróticas (13). En los pacientes con manifestaciones neuro-psiquiátricas se detecta prácticamente siempre el anillo de Kayser-Fleischer.

A nivel de la resonancia magnética cerebral, técnica muy útil para valorar las lesiones en la enfermedad de Wilson, se detecta degeneración y cavitación a nivel del putamen, globo pálido, núcleo caudal, tálamo y tallo cerebral, y en un reducido número de pacientes se observa atrofia generalizada y dilatación ventricular.(14,15)

Anillo de Kayser-Fleischer

Se debe a la acumulación de cobre en la membrana de Descemet, inicialmente en los polos superior e inferior de la córnea y posteriormente de forma circunferencial alrededor del iris. Para su valoración es preciso utilizar la lámpara de hendidura por un oftalmólogo experto, aunque cuando está bien desarrollado puede ser visible a simple vista. Su aparición es excepcional antes de los 7 años, detectándose en casi la totalidad de pacientes con manifestaciones neurológicas (95%) y sólo en el 50-62% de los pacientes con afectación hepática exclusiva (16). Puede presentarse también en otras hepatopatías con intenso componente colestásico. Otra alteración ocular que podemos hallar en estos pacientes es la acumulación de cobre en el cristalino formando las cataratas en “girasol”, que no afectan a la visión. Estos signos oculares desaparecen progresivamente bajo tratamiento médico eficaz.

Otras manifestaciones clínicas

Renales
Disfunción tubular distal con proteinuria, acidificación de la orina, aminoaciduria, glucosuria e hipercalciuria.

Oseas y articulares
Osteoporosis, osteomalacia, fracturas espontáneas, osteocondritis disecante, condrocalcinosis y formación de quistes subcondrales.

Hematológicas
Anemia hemolítica Coombs negativa a causa de la lesión oxidativa del cobre en la membrana eritrocitaria, coagulopatía asociada a la hepatopatía y pancitopenia por el hiperesplenismo.

Cardíacas
Cardiomiopatias, fibrosis intersticial miocárdica y arritmias cardíacas.

Otras
Hiperpigmentación cutánea, lúnulas azules en las uñas, acantosis nigricans. Rabdomiolisis, pancreatitis, hipoparatiroidismo, amenorrea y afectación testicular.

 

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Diagnóstico.-

Sospecha clínica

Para el diagnóstico precoz de la enfermedad de Wilson es imprescindible pensar en esta posibilidad. Debería considerarse su diagnóstico en familiares de primer grado de pacientes diagnosticados de la enfermedad; pacientes con enfermedad hepática inexplicable, sobre todo niños o adultos jóvenes; individuos con síntomas neuro-psicológicos y enfermedad hepática concomitante; pacientes con fallo hepático fulminante, especialmente acompañado de hemólisis; pacientes con enfermedad hepática e histología hepática compatible; y en aquellos en los que se detecta de forma fortuita anillo de Kayser-Fleischer o imágenes radiológicas especificas sugestivas de la enfermedad.

Es importante tener en cuenta que no existe ningún hallazgo clínico, ni prueba de laboratorio, que de forma aislada disponga de la adecuada sensibilidad y especificidad para establecer el diagnóstico de la enfermedad de Wilson en todos los casos, siendo preciso una combinación de evaluaciones clínicas y bioquímicas. La utilidad de cada prueba varía según el estadio de la enfermedad. Las pruebas de laboratorio de que disponemos en la actualidad para su diagnóstico son: la determinación de la ceruloplasmina sérica, la excreción urinaria de cobre, la concentración hepática de cobre y el examen con lámpara de hendidura en busca del anillo de Kayser-Fleischer (11,17-19).

Las pruebas estándar de función hepática suelen ser anormales, a excepción de edades muy tempranas, generalmente presentan una elevación leve o moderada de las transaminasas, no siendo infrecuente una mayor elevación de la aspartato aminotransferasa sobre la alanino aminotransferasa.

Ceruloplasmina sérica

El nivel de ceruloplasmina en suero es habitualmente bajo en los pacientes con enfermedad de Wilson (< 20 mg/dl), considerándose diagnóstico si se asocia a la presencia de anillo de Kayser-Fleischer. Sin embargo pueden existir pacientes con niveles de ceruloplasmina de carácter intermedio, e incluso normales (5-15%). El 90% de los pacientes presintomáticos o con afectación neurológica y el 75 % de los casos de presentación hepática tienen niveles bajos o intermedios de ceruloplasmina sérica.

La concentración de ceruloplasmina sérica puede verse alterada por otras circunstancias distintas a la enfermedad de Wilson. Los niveles de ceruloplasmina pueden hallarse aumentados en casos de inflamación aguda, y situaciones de hiperestrogenemia, y por el contrario, pueden estar disminuidos en situaciones fisiológicas tales como en neonatos menores de 6 meses, o circunstancias patológicas como la fase terminal de una hepatopatía de cualquier etiología, o la pérdida anormal de proteínas a nivel renal o intestinal. El nivel de ceruloplasmina sérica resulta de gran valor para la sospecha clínica aunque no debe utilizarse como prueba diagnóstica de la enfermedad de forma aislada.

Cobre sérico

En la mayoría de los pacientes con enfermedad de Wilson la concentración de cobre sérico total es baja (< 60mg/dl), paralelamente a la de la ceruloplasmina. Sin embargo, la cantidad de cobre no ligado a la ceruloplasmina es elevada y se puede calcular restando del cobre total el asociado a ceruloplasmina. En individuos normales la cantidad de cobre libre no supera 5-10 mg/dl, alcanzando valores superiores a 25 mg/dl en los pacientes con enfermedad de Wilson.

Cupruria

La determinación del cobre en orina es de ayuda tanto para el diagnóstico de la enfermedad, como para la monitorización del tratamiento, y este parámetro es un reflejo de la cantidad de cobre sérico no ligado a la ceruloplasmina.

En los pacientes con enfermedad de Wilson sintomática la excreción urinaria de 24 horas de cobre se halla siempre aumentada, generalmente con niveles superiores a 100mg/24h (1,6 mmol/24h), pero puede ser inferior a estos valores en un 16-23% de casos. Dado que la excreción de cobre puede ser intermitente en individuos asintomáticos se aconseja su determinación en varias ocasiones. La eliminación de cobre en orina puede estar elevada también en otras hepatopatías como la hepatitis autoinmune y la colangitis esclerosante. En niños existe una prueba diagnóstica validada mediante la determinación de la cupruria tras la administración de D-penicilamina.

Análisis histológico

La histología hepática es similar a la de otras hepatopatías. Generalmente aparece de forma precoz esteatosis moderada, tanto micro como macrovacuolar, necrosis hepatocelular focal, y la degeneración glucogénica del núcleo de los hepatocitos. Podemos hallar cambios típicos de hepatitis autoinmune, fibrosis y cirrosis, generalmente macronodular, o hepatitis fulminante. La detección de cobre en los hepatocitos en el examen histológico rutinario (tinción de Rodamina) es muy variable.

Cobre hepático

La determinación de Cu hepático es la mejor evidencia bioquímica para el diagnóstico de la enfermedad de Wilson. La concentración hepática normal de cobre raramente excede los 50mg/g de tejido hepático seco. Habitualmente en los pacientes con enfermedad de Wilson, incluso en los presintomáticos, el nivel de cobre hepático suele ser superior a 250 mg/g de peso seco. Sin embargo, ocasionalmente podemos hallar niveles de cobre hepático normales por error de muestreo (biopsias < 1cm), existencia de cirrosis o hepatitis fulminante (15). Existen otras situaciones distintas a la enfermedad de Wilson que también pueden elevar el cobre hepático, como las enfermedades colestásicas crónicas.

Para el diagnóstico definitivo de la enfermedad de Wilson hay que detectar como mínimo dos o más de los siguientes datos: 1) anillo de Kayser-Fleischer; 2) ceruloplasmina sérica inferior a 20 mg/dl; c) hallazgos neuropsiquiátricos típicos, y 4) aumento del cobre intrahepático.

Técnicas de imagen

La tomografía computerizada y la resonancia magnética craneal demuestran anomalías estructurales en los ganglios de la base, ya descritas en apartados anteriores.

Estudios genéticos

Se han descrito más de 200 mutaciones en el gen ATP7A, presentando la mutación más frecuente una prevalencia tan sólo de un 15-35% en la mayoría de poblaciones (4,5). El análisis de las mutaciones puede ser de ayuda, sobretodo en áreas donde la mutación específica es bastante común, como la mutación H1069Q con una prevalencia de 50-80% en el centro y este de Europa. De los procedimientos utilizados para la detección de las mutaciones, la secuenciación directa del gen no tiene papel en el diagnóstico de la enfermedad de Wilson en la práctica clínica actual por la elevada dificultad técnica y su elevado coste. El procedimiento más aplicable es mediante análisis del halotipo; éste consiste en la inspección del tipo de polimorfismos del ADN en la región que rodea el gen de la enfermedad de Wilson para determinar si se han heredado entre los familiares las regiones mutantes presentes en el individuo enfermo. Este análisis requiere la identificación previa de un paciente (caso índice) mediante criterios fenotípicos convencionales y la disponibilidad de familiares para testar (20).

Hoy en día el estudio genético de la EW sólo se efectúa en pocos laboratorios, limitándose en la práctica al cribado familiar, como complemento de las pruebas clínicas y bioquímicas habituales.

Estudio de los familiares

El riesgo de enfermar en hermanos e hijos de un paciente índice es del 40% y del 0,5% respectivamente (21). Deberán estudiarse los familiares de primer grado del paciente con enfermedad de Wilson menores de 40 años y en el caso de los niños a partir de los 3-4 años de edad.

En estos sujetos se realizarán una historia clínica detallada, recogiendo datos sobre episodios de ictericia, hepatopatía y síntomas neurológicos, examen físico, cobre en plasma, nivel de ceruloplasmina sérica, pruebas de función hepática, examen con lámpara de hendidura, y determinación de la excreción de cobre en orina de 24 horas. Si está disponible, estudiar el halotipo en aquellos pacientes asintomáticos pero con datos analíticos sugestivos de enfermedad de Wilson, permitirá diferenciar los homocigotos de heterocigotos.

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Pronóstico.-

La evolución la enfermedad de Wilson sin tratamiento es fatal. Sin embargo, bajo tratamiento precoz la expectativa de vida de estos pacientes es igual a la de pacientes sanos de su misma edad. En el caso de la hepatopatía, si se instaura el tratamiento apropiado de forma precoz y éste es bien tolerado y continuado, permitiría tanto al paciente seguir asintomático como la regresión de las lesiones, La enfermedad neurólogica grave responde sólo parcialmente al tratamiento, y también en la enfermedad ósea el tratamiento tiene una eficacia mínima.

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Tratamiento.-

Los objetivos del tratamiento son abolir los síntomas si existen, y prevenir la progresión de la enfermedad. El tratamiento debe iniciarse de forma inmediata tras el diagnóstico y mantenerse de por vida, incluso durante la gestación. Tras su instauración, generalmente se produce la mejoría progresiva en unos meses de la sintomatología, así como la normalización de la función hepática en los pacientes sintomáticos, y también impide la aparición de síntomas en los asintomáticos. Los portadores heterocigotos no requieren ningún tratamiento.

El método terapéutico de elección en la enfermedad de Wilson consiste en conseguir un balance negativo de cobre mediante el tratamiento quelante . En la actualidad disponemos de la D-penicilamina y la trientina como agentes quelantes y el cinc y el tetratiomolibdato de amonio como agentes que reducen la absorción de cobre (7,18).

Medidas dietéticas

Aunque la dieta no es suficiente por sí misma para conseguir un balance negativo de cobre, se aconseja evitar aquellos alimentos ricos en cobre como vísceras de animales, mariscos, frutos secos, cacao, chocolate, gelatinas, setas y productos de soja (22).

Tratamiento con quelantes

1). D-penicilamina:

Esta agente quelante incrementa extraordinariamente la excreción urinaria de cobre. Se administra en ayunas, a una dosis inicial de 1-1,5 g/día en adultos y 25 mg/Kg/día en niños, dividida en tres o cuatro tomas, y debe administrarse junto a piridoxina (25 mg/día). Puede producir reacciones adversas en alérgicos a la penicilina y también interacciones con otros fármacos. Aunque la excreción de cobre se eleva de forma considerable y rápida, la mejoría de los síntomas suele tardar meses, incluso inicialmente, un 20-30% de los pacientes con síntomas neuro-psiquiátricos puede sufrir un empeoramiento de los mismos (23,24).

El seguimiento de los pacientes debe realizarse al primer mes de iniciado el tratamiento y posteriormente cada 3 meses, con examen clínico y analítico para evaluar su eficacia y toxicidad. Generalmente al año de tratamiento, si los pacientes se hallan asintomáticos y con normalización de la analítica, se reduce la dosis a 0,75 g/día en tres o cuatro tomas, y se realizan controles cada 6 meses.

La mayoría de los efectos secundarios de la d-penicilamina son dosis-dependiente, y ceden al disminuir la dosis del fármaco de forma temporal, requiriendo ocasionalmente tratamiento adicional con esteroides (20-30 mg/día de prednisona). Un 10-15% de pacientes pueden presentar de forma precoz fiebre, leucopenia, adenopatías, erupción cutánea y proteinuria; entre un 10-20% desarrollan efectos colaterales durante el tratamiento, tales como exantema urticariforme, estomatitis, molestias gastro-intestinales, pérdida de cabello, leucopenia, forunculosis, trombopenia, hipertrofia mamaria, polimiosistis, miastenia, sd de Goodpasture, y LES (21).

2) Trientina:

Este agente quelante tiene un mayor coste económico que la D-penicilamina y una menor eficacia, aunque esta diferencia no es significativa en la practica. Aumenta la excreción urinaria de cobre, pero también interfiere en su absorción intestinal. Carece prácticamente de efectos secundarios y es la alternativa terapeútica en casos de intolerancia a la D-penicilamina (25). La dosis habitual es de 750-1000 mg/día en ayunas, repartido en cuatro tomas.

3) Cinc:

El cinc actúa induciendo las metalotioneinas, que se unen al cobre intestinal por su mayor afinidad y favorecen su excreción por las heces.

Es una terapia eficaz de mantenimiento para pacientes con enfermedad de Wilson inicialmente tratados con quelantes, y también puede estar indicado en pacientes presintomáticos y en el embarazo. Carece prácticamente de efectos secundarios. Generalmente se administra en forma de acetato de cinc, por su mejor tolerancia, a dosis de 50 mg 3 veces al día, en ayunas.

4) Otros tratamientos:

El tetratiomolibdato que limita la absorción de cobre a través de formar complejos con el cobre y la albúmina en la luz intestinal, puede ser efectivo en caso de afectación neurológica grave.

La utilización de antioxidantes, como el a-tocoferol, se ha propuesto como terapia adyuvante para paliar la lesión inducida por los radicales libres y la peroxidación lipídica.

El tratamiento inicial para los pacientes sintomáticos debería incluir un agente quelante (penicilamina o trientina), y en los pacientes presintomáticos o en la terapia de mantenimiento de los pacientes sintomáticos puede utilizarse un agente quelante (penicilamina o trientina) o cinc. El tratamiento no debe interrumpirse durante la gestación aunque es necesario reducir la dosis de penicilamina y trientina.

El tratamiento debe monitorizarse de forma regular midiendo los niveles de cobre en plasma y ceruloplasmina sérica, parámetros de función hepática, recuento sanguíneo completo y urino-análisis, examen físico, así como determinación anual de la excreción de cobre en orina de 24 horas

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Transplante hepático.-

El transplante hepático es un tratamiento potencialmente curativo de la enfermedad de Wilson. El transplante induce una disminución del cobre sérico, normalización de los niveles de ceruloplasmina, y un incremento de la excreción de cobre en orina, normalizando la homeostasis del cobre a los 6 meses del transplante, no precisando por tanto ningún tratamiento médico tras el mismo. El transplante hepático debe indicarse en aquellos pacientes con fallo hepático fulminante o enfermedad hepática severa sin respuesta al tratamiento quelante.

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Referencias.-

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Pies de figura:

Figura 1: Algoritmo diagnóstico de la enfermedad de Wilson


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