Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


Noviembre 2006
Diabetes mellitus y enfermedad hepática

Septiembre 2006
Manifestaciones extrahepáticas de la infección por el virus de la hepatitis C.

Mayo 2006
Métodos no invasivos de cuantificación de la fibrosis hepática en la hepatitis crónica por virus C.

Abril 2006
Tratamiento de las colestasis crónicas

Marzo 2006
Diagnostico del hígado graso no alcohólico

Febrero 2006
Porfiria cutánea tarda

Enero 2006
Marcadores del virus de la hepatitis B. Utilidad diagnóstica

Diciembre 2005
Diagnostico y tratamiento del síndrome hepatorenal

Noviembre 2005
Tratamiento de las hepatitis víricas en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana

Octubre 2005
Indicaciones y resultados de la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica

Septiembre 2005
Afectación hepática en las porfirias.

Junio 2005
Complicaciones extrahepaticas del trasplante de higado.

Mayo 2005
Profilaxis de la hemorragia digestiva por hipertensión portal.

Abril 2005
Osteoporosis en las enfermedades hepáticas crónicas

Marzo 2005
Diálisis con albúmina: Un nuevo procedimiento de soporte hepático extracorpóreo.

Febrero 2005
Trasplante hepático de donante vivo. Situación actual y perspectivas futuras

Enero 2005
Resultados actuales del trasplante hepático

Diciembre 2004
Etiología y pronostico de la hepatitis fulminante

Noviembre 2004
Enfermendad de Wilson

Octubre 2004
Trombosis portal

Septiembre 2004
Trastornos hepáticos y embarazo

Junio 2004
Profilaxis de las hepatitis virales

Mayo 2004
Diagnóstico de las hiperbilirrubinemias

Abril 2004
Diagnóstico de la colangitis esclerosante primaria

Marzo 2004
Colangiografia por resonancia en las enfermedades hepatobiliares

Febrero 2004
Papel actual de la biopsia hepática

Diciembre 2003
Diagnóstico y tratamiento del síndrome de budd-chiari

Octubre 2003
Tratamiento de la hepatitis crónicas B

Septiembre 2003
Opciones terapéuticas en el hidrotórax de origen hepático

Mayo 2003
Esteatosis hepática y esteatohepatitis no alcohólica

Mayo 2002
Nutrición en la hepatopatía crónica

Abril 2002
Tratamiento de la hepatitis autoinmune

Marzo 2002
Tratamiento de la ascitis refractaria

Febrero 2002
Hemocromatosis hereditaria: diagnóstico y cribado familiar

Diciembre 2001
Indicaciones del tratamiento antivírico en pacientes infectados por el virus dela hepatitis C (VHC)

Noviembre 2001
Tratamiento de la encefalopatía hepática crónica

Julio 2001
Hepatotoxicidad por fármacos

Junio 2001
Indicaciones del transplante hepático en las enfermedades colestásicas

 

Panel de Expertos Septiembre 2004

Trastornos hepáticos y embarazo

Autores: Javier Salmerón, Ángela Ruiz Extremera
Unidad Clínica de Aparato Digestivo y Servicio de Pediatría
Hospital Universitario “San Cecilio”. Granada

 

 

Introducción

El embarazo es un estado fisiológico que sucede habitualmente en mujeres jóvenes y sanas, ya que en situaciones de enfermedad la capacidad reproductiva está disminuida. En los países desarrollados está cambiando este espectro debido a condicionamientos sociales, con lo que cada vez es más frecuente la maternidad en los extremos de la edad reproductiva con el consecuente riesgo materno-fetal1. El mejor cuidado de la embarazada permite conseguir y preservar la gestación en mujeres con enfermedades hepáticas o extrahepáticas, incluso ya existen series publicadas de gestaciones en mujeres que fueron trasplantadas de riñón o hígado, destacando los efectos sobre la madre y el recién nacido. También se están introduciendo técnicas invasivas de fecundación in vitro, que junto al diagnóstico y al tratamiento prenatal pueden facilitar la transmisión de agentes infecciosos.

En nuestro país es cada vez más frecuente la inmigración de países del Este, Sudamérica y África, por lo que están aumentando las gestaciones en poblaciones con patología desconocida. De otro lado, todas las enfermedades hepáticas pueden estar presentes en la mujer gestante, además de las propias del embarazo que afectan al hígado. El diagnóstico de estos cuadros, unido al conocimiento de como influye la gestación en el curso clínico de la enfermedad y las implicaciones posibles sobre el feto, son aspectos de especial interés.

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Hígado y gestación

En la gestante normal no se palpa el hígado ni el bazo; el aumento de su tamaño implica una enfermedad hepática. El edema pretibial es frecuente por la presión del útero grávido sobre el drenaje venoso y linfático de los miembros inferiores. Las arañas vasculares y el eritema palmar (60%) se presentan sobre todo en el tercer trimestre, debido a la mayor tasa de estrógenos circulantes. Las transaminasas no se modifican, pero la GGT disminuye en un 50% reflejando una alteración de su secreción. La fosfatasa alcalina aumenta al triple por su producción en la placenta y sistema óseo fetal. La albúmina disminuye 1g/100 ml por hemodilución, mientras que los triglicéridos y colesterol pueden llegar al triple de su valor. También la alfafetoproteína pude alcanzar los 400 ng/ml.

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Clasificación de la disfunción hepática en la gestación

La enfermedad hepática en el embarazo puede ser dividida en tres categorías2 :

1.- Enfermedades hepáticas propias del embarazo. La hiperemesis gravídica, colestasis del embarazo, esteatosis y los desórdenes relacionados con la preeclampsia. La preeclampsia puede estar asociada al síndrome HELLP (hemólisis, alteración de las pruebas de función hepática y plaquetopenia), a necrosis hepática y a la degeneración grasa aguda del hígado.

2.- Enfermedades hepáticas concomitantes. Estas pueden sufrir un curso especialmente grave. Las hepatitis virales agudas en general no parecen modificar el curso clínico con la gestación, salvo la hepatitis E y la infección por herpes simple que ocasionalmente originan un fallo hepático fulminante. La colelitiasis y el síndrome de Budd?Chiari son más prevalentes en el embarazo; en cambio, los tumores son excepcionales.

3.- Enfermedades hepáticas previas al embarazo, como las hepatitis crónicas virales o autoinmunes, enfermedad de Wilson y trasplantadas de hígado, entre otras. En algunas enfermedades de este grupo el número de pacientes es pequeño y por tanto difícil de obtener conclusiones definitivas.

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ENFERMEDADES HEPÁTICAS PROPIAS DEL EMBARAZO

Hiperemesis gravídica.

En el 50% de los cuadros de hiperemesis gravídica está implicado el hígado con un moderado aumento de bilirrubina directa no superior a 4 mg/dl, asociado o no a una discreta elevación de transaminasas (inferiores a las 200 U/l) y de la fracción hepática de la fosfatasa alcalina (dos veces el valor normal)2. Se trata de una enfermedad autolimitada con vómitos intensos, deshidratación y desnutrición aguda.

Este cuadro es más frecuente en gestantes jóvenes, menores de 20 años, primíparas, obesas y no fumadoras3 . La biopsia hepática no está indicada. Los hallazgos mas frecuentes son: hígado normal, esteatosis leve, colestasis y excepcionalmente necrosis hepatocitaria. El diagnóstico diferencial hay que efectuarlo con una hepatitis aguda viral y con la mola hidatidiforme.

Con respecto al tratamiento, el soporte nutricional e hídrico normaliza la función hepática. En los casos muy graves se puede optar por la nutrición enteral mediante sonda nasogástrica. En los casos refractarios, se ha ensayado la administración de metilprednisolona a una dosis de 16 mg cada 8 horas durante tres días y después con dosis decrecientes durante dos semanas4 .

Colestasis recurrente benigna del embarazo.

Es la segunda causa de ictericia en el embarazo tras la hepatitis aguda viral. La incidencia aproximada de presentación es de un caso por cada 2.000 a 8.000 embarazos. No obstante, tiene una amplia variabilidad geográfica; así en Chile se presenta entre un 5%-10 % de las gestantes y en casos de partos múltiples hasta un 20%. En Suecia es del 1,5%. Por el contrario, es excepcional en China, Japón y Corea y en la raza negra. La etiopatogenia es desconocida3, aunque se ha relacionado con una disminución de la excreción biliar de estrógenos, en la que intervendrían factores genéticos relacionados con los antígenos de histocompatibilidad A31 y B8. Las tasas elevadas de hormonas gestacionales favorecerían la aparición de la enfermedad5 . El carácter hereditario debe sospecharse cuando el embarazo es único, ya que la gestación múltiple por si sola incrementa su frecuencia6 . En los casos familiares la colestasis se repite en embarazos sucesivos. Las repercusiones maternas son escasas, aunque se ha relacionado con partos prematuros y pérdidas fetales 7.

El síntoma más importante es el prurito, de predominio nocturno y generalizado. Con menos frecuencia aparecen náuseas, vómitos y ocasionalmente dolor en hipocondrio derecho. La ictericia, aunque no es constante, se presenta dos semanas después del prurito, con coluria e hipocolia. El síndrome tiene la misma duración que el embarazo y se resuelve habitualmente después del parto en un tiempo máximo de 4 semanas.

En los exámenes biológicos se observa: aumento moderado de la bilirrubina directa (menos de 6 mg/dl), la fosfatasa alcalina aumenta 4 veces su valor normal así como la GGT. Las transaminasas están normales o algo aumentadas, siempre inferior a las 300 U/l. Se puede producir un alargamiento del tiempo de protrombina por déficit de vitamina K y por el uso de colestiramina. El colesterol, otros lípidos séricos y los ácidos biliares están aumentados. La ecografía es normal. La biopsia hepática sólo está indicada en casos excepcionales y los hallazgos más frecuentes demuestran conservación de la estructura general del hígado, con presencia de pigmento biliar intra y extracelular en el área centrolobulillar, escasa infiltración inflamatoria en los espacios porta e hiperplasia de las células de Küpffer.

El diagnóstico diferencial se efectúa con las hepatitis virales y medicamentosas con componente colestásico y en los casos anictéricos con otras causas de prurito cutáneo primario, como el herpes gestacional, el impétigo herpetiforme, la dermatitis papular del embarazo y la foliculitis pruriginosa, para lo cual es importante la consulta al dermatólogo.

No existe un tratamiento específico del proceso. La colestiramina (8-16 g/día) es el tratamiento sintomático más aceptado. En el caso de estreñimiento o flatulencia se cambiará por antiácidos que contengan aluminio, aunque la efectividad es menor. La colestasis y el uso prolongado de colestiramina pueden originar una disminución de la vitamina K. Hay que vigilar semanalmente el tiempo de protrombina y si es necesario administrar vitamina K a una dosis de 10 mg/día; cuando se normaliza la protrombina es suficiente con una dosis semanal. El fenobarbital (90 mg/día por la noche) se usa en los casos que no responden a la colestiramina. La administración oral de ácido ursodeoxicólico (15 mg/kg/día) durante 20 días alivia el prurito y reduce la concentración de sales biliares y transaminasas, incluso podría tener cierto efecto beneficioso sobre el niño. Se ha demostrado que la S-adenosil-L-metionina (SAMe) por vía intravenosa a dosis de 800 mg/día, durante 20 días, mejora el prurito, la ictericia y disminuye los ácidos biliares; en las formas graves es menos efectivo. Es aconsejable la inducción del parto a partir de la semana 37 de gestación, en un hospital con Unidad de Cuidados Intensivos Neonatal por el elevado riesgo fetal. La colestasis gravídica no contraindica la lactancia materna.

Esteatosis aguda del embarazo.

Es un proceso grave que aparece en el tercer trimestre del embarazo y recuerda en sus manifestaciones clínicas e incluso en los hallazgos de la biopsia hepática al síndrome de Reye infantil. La etiopatogenia es desconocida, aunque se ha comunicado su asociación con la diabetes insípida del embarazo y la preeclampsia8 . En los últimos años se ha relacionado con deficiencia familiar hereditaria mitocondrial (proteína trifuncional) en la madre y trastornos de la beta-oxidación de ácidos grasos de cadena larga en el feto (deficiencia de 3-hidroxi-acil coenzima A dehidrogenasa), por lo que está recomendado el estudio de este defecto enzimático en los hijos de madres que han presentado esta enfermedad en la gestación9-10 . La frecuencia es de un caso por cada 13.328 embarazos y en el 50% se trata de mujeres jóvenes, obesas y nulíparas. El embarazo gemelar aumenta el riesgo: 14% frente al 1,25% en gestaciones únicas. Hay casos descritos de recurrencia en embarazos posteriores aunque no es demasiado frecuente.

El inicio de la enfermedad es inespecífico con náuseas, vómitos, pérdida de peso, cansancio, cefaleas, pirosis y dolor abdominal epigástrico o localizado en el cuadrante superior derecho. Evoluciona con frecuencia a formas más graves con encefalopatía hepática, edema pulmonar, ascitis, insuficiencia renal, pancreatitis, diabetes insípida, coagulopatía de consumo y fallo multiorgánico. Existe mayor tendencia al sangrado de origen ginecológico o digestivo. El examen físico es de poca utilidad, la ictericia no es muy intensa y no se aprecia hepatomegalia. La hipotensión es habitual, salvo si coexiste con preeclampsia.

En la analítica destaca una anemia normocítica, leucocitosis y trombopenia o plaquetas normales. La ictericia es leve y las transaminasas y fosfatasa alcalina están algo aumentadas. Otros datos son la hipoglucemia, hiperuricemia y aumento de urea y creatinina. El tiempo de protrombina y el tiempo parcial de tromboplastina activada (TPTA) están alargados y los valores de fibrinógeno disminuidos. En la ecografía se detecta una hiperecogenicidad difusa, siendo la TAC más fiable para medir densidades, aunque ninguna de las dos técnicas son lo suficientemente sensibles. La anatomía patológica evidencia infiltración grasa microvesicular del hígado con balonización de los hepatocitos centrolobulillares, que contienen microvesículas de grasa rodeando al núcleo sin desplazarlo.

El diagnóstico debe sospecharse en toda gestante con síntomas o no de preeclampsia que presenta hipoglucemia, con disminución de fibrinógeno y de la actividad de protombina, en ausencia de desprendimiento de placenta. El diagnóstico diferencial más importante es con la hepatitis aguda grave, la preeclampsia y el síndrome de HELLP. El curso es rápido con signos de insuficiencia hepática y fallo multiorgánico, en especial el síndrome de dificultad respiratoria del adulto y fallo renal con una elevada mortalidad materno-fetal. La tasa de mortalidad fetal es del 23% y la materna del 18%, aunque últimamente se han comunicado resultados más alentadores, relacionado posiblemente con el diagnóstico precoz y la interrupción del embarazo11 . Las manifestaciones clínicas y analíticas de este proceso mejoran sólo después del parto.

La principal medida terapéutica consiste en poner fin al embarazo. Si la coagulación se encuentra próxima a la normalidad se realizará una cesárea con anestesia epidural; la anestesia general puede aumentar la lesión hepática. Son elementales las medidas de soporte para el control de la coagulopatía de consumo, insuficiencia renal e hipoglucemia. La administración aislada de concentrado de antitrombina III no aporta beneficios clínicos evidentes12 . El trasplante hepático tiene un papel muy limitado.

Preeclampsia y eclampsia.

La preeclampsia es una enfermedad multisistémica, que aparece a partir de la 20 semana de gestación y se caracteriza por hipertensión arterial, proteinuria y edemas. Cuando evoluciona a eclampsia se añaden convulsiones y coma, debido a la encefalopatía hipertensiva. La etiología es desconocida. Entre las hipótesis sobre su patogenia destacan la alteración de la perfusión placentaria y la disfunción endotelial. En estudios recientes se ha observado, varias semanas antes de la aparición de las manifestaciones clínicas, la presencia de un marcado disbalance de distintos factores angiogénicos, que podrían contribuir a un diagnóstico precoz13-14 . La incidencia oscila entre el 5-7% de las gestaciones. Es una enfermedad exclusiva del embarazo y en las formas graves se acompaña de afectación hepática.

Los síntomas son dolor en epigastrio e hipocondrio derecho acompañado de náuseas y vómitos. La ictericia se presenta en el 40% de los casos y siempre con tasas de bilirrubina inferiores a 6 m/dl. Si es superior, hay que investigar la existencia de infarto hepático, hemorragia subcapsular o rotura hepática. Las transaminasas están aumentadas de 5-10 veces los valores normales. También se detecta un aumento poco significativo de fosfatasa alcalina. La biopsia hepática demuestra depósitos de fibrina en los sinusoides periportales, zonas hemorrágicas e incluso trombosis de los vasos pequeños. El cuadro clínico se puede confundir con una colecistitis aguda, colelitiasis, úlcera péptica, hepatitis o pancreatitis.

Algunas de sus complicaciones son la anemia hemolítica microangiopática, trombopenia y la alteración grave de la función hepática, es el llamado síndrome HELLP. Las complicaciones hemorrágicas son muy frecuentes en las formas graves. Los infartos, hematomas y roturas hepáticas se presentan en los casos de preeclampsia grave y en el 80% de la eclampsia. El hematoma se halla casi siempre localizado en la cara anterior o superior del lóbulo derecho y se rompe a nivel del borde inferior originando un hemoperitoneo. La triada de dolor en hipocondrio derecho, shock hipovolémico y toxemia gravídica indica hemorragia subcapsular o rotura hepática. El diagnóstico se realiza mediante paracentesis, lavados peritoneales, ecografía y tomografía computarizada. La hemorragia cerebral es la causa principal de muerte materna y fetal; un 16% son debidas a las complicaciones hepáticas, especialmente la rotura.

El tratamiento precoz de la toxemia gravídica previene el desarrollo de la disfunción hepática. En los casos leves se puede intentar un tratamiento ambulatorio con reposo en cama y medicación hipotensora. En los graves, dependiendo del cuadro y de la madurez fetal, se indica la interrupción del embarazo. El tratamiento del hematoma hepático puede ser conservador, pero se requiere una monitorización muy estrecha y disponer de medios para realizar una laparotomía urgente. Hay que evitar traumas abdominales sobreañadidos como la palpación abdominal repetida, vómitos y convulsiones. Durante este tiempo se realizarán las transfusiones de sangre y plasma fresco necesarias. También se han obtenido buenos resultados con la embolización transcatéter. Si por motivos obstétricos fuera necesario una cesárea y la paciente presentara un hematoma de un tamaño considerable con la cápsula de Glisson intacta, se realizará una laparotomía para evacuar en el mismo acto quirúrgico el hematoma, ya que esto previene su ruptura. Las indicaciones de laparotomía, independientemente de los problemas obstétricos, son: inestabilidad hemodinámica a pesar de las transfusiones, aumento del dolor y de los signos peritoneales, aumento progresivo del hematoma según la tomografía computarizada y sospecha de hematoma infectado. La hepatectomía sólo está indicada en casos de dislaceración hepática o cuando no se controla la hemorragia. En el trascurso de la laparotomía hay que realizar una cesárea.

Síndrome de HELLP.

La triada sintomática que caracteriza al cuadro es: hemólisis, alteración de las pruebas de función hepática y disminución del número de plaquetas. La incidencia de este síndrome entre las pacientes con toxemia gravídica es del 4-12% y las manifestaciones son multisistémicas15 . En algunas mujeres la hipertensión y la proteinuria están ausentes lo que puede dificultar el diagnóstico. La etiopatogenia es desconocida, se ha relacionado con el ADN fetal libre en la madre, que se podría usar como marcador para predecir el inicio del síndrome de HELLP16 .

El cuadro clínico se inicia antes del parto, pero en un 30% se presenta en el postparto. Habitualmente son pacientes de raza blanca, multíparas y mayores de 25 años. Los síntomas y signos son parecidos a la preeclampsia: dolor en hipocondrio derecho o epigastrio (65%), náuseas y vómitos (36%), cefalea (31%), manifestaciones seudogripales (40%), hemorragias (9%); por último, la ictericia, diarrea y otros síntomas acompañantes se presentan con menor frecuencia. La lesión hepática característica es la necrosis periportal o focal con depósito de hialina en el sinusoide.

Los hallazgos de laboratorio más importantes son:

1. Hemólisis. Se observan anomalías en el frotis de sangre periférica, la bilirrubina es superior a 1,2 mg/dl y la LDH mayor de 600U/L. Aunque la anemia hemolítica microangiopática es característica, al inicio puede estar ausente. La ictericia aparece en el 66% y refleja tanto la hemólisis como la disfunción hepática. El diagnóstico diferencial más importante es con la patología biliar y el síndrome hemolítico-urémico.
2. Aumento de enzimas hepáticas. La LDH está muy aumentada y sobrepasa las 600U/l; es la enzima que más aumenta en relación con la hemólisis y la disfunción hepática. La AST es superior a las 70 U/L, la ALT aumenta de 2-20 veces el valor normal.
3. Disminución de plaquetas. El recuento de plaquetas es inferior a 100.000/mm3, aunque puede alcanzar cifras inferiores a 50.000/mm3. El diagnóstico diferencial se realiza con el síndrome hemolítico-urémico y la púrpura trombocitopénica.

La coagulopatía de consumo, insuficiencia renal aguda, edema pulmonar, hematoma hepático subcapsular y desprendimiento de retina son algunas de las complicaciones. La coagulopatía de consumo (CID) se diagnostica por las alteraciones de la protrombina, tromboplastina parcial, la disminución de fibrinógeno, plaquetopenia y elevación de los productos de degradación del fibrinógeno. La mortalidad del HELLP es del 2-8%, en relación con la aparición de fallo multiorgánico.
El tratamiento fundamental se basa en la interrupción del embarazo. En los casos no graves se puede administrar corticoides a la madre17 . Estos no disminuyen la tasa de desprendimiento de placenta, el edema pulmonar, el hematoma o la ruptura del hígado, ni influye en la mortalidad materna; en cambio, si mejoran el recuento de plaquetas y disminuyen la estancia media hospitalaria. Con respecto al feto, tampoco influyen en el distrés respiratorio, la hemorragia intracerebral, la enterocolitis necrotizante o el Apgar a los 5 minutos menor de 7 puntos, ni en la mortalidad fetal; sólo se ha observado un mayor peso al nacimiento. En el tratamiento las medidas de soporte vital, la corrección de los trastornos hemodinámicos y de la coagulación son esenciales. La plasmaféresis es efectiva en los casos no complicados18 , pero la efectividad es menor si la enfermedad aparece posterior al parto o si existe fallo multiorgánico. En esta situación, el incremento de las sesiones de plasmaféresis no mejora el pronóstico. Una vez efectuado el diagnóstico, estas pacientes deben ser asistidas en las unidades de Cuidados Intensivos e intubadas precozmente, la causa desencadenante de la muerte materna es el edema laríngeo con imposibilidad de intubación14.

 


ENFERMEDADES HEPÁTICAS CONCOMITANTES CON EL EMBARAZO

Hepatitis agudas virales.

Su curso clínico no se modifica con el embarazo salvo la hepatitis E. Es conocido las implicaciones que pueden tener sobre el recién nacido la infección del VHB, VHD y VHC. La hepatitis E en el último trimestre se ha relacionado con cuadros de fallo hepático fulminante y con una elevada mortalidad materno-fetal19 . No se han comunicado casos de transmisión al recién nacido20 . En las hepatitis agudas por herpes simple el cuadro clínico puede ser grave; la administración de aciclovir a la madre mejora el pronóstico21 .

Hepatitis tóxicas.

Es raro que se presenten en el embarazo, ya que se evita la administración de fármacos. El hígado gestante tiene alterada la función excretora y disminuye su aclaramiento, esto condiciona una mayor posibilidad de lesión hepática. La reacción tóxica se puede presentar en cualquier momento del embarazo. El cuadro clínico es similar a las pacientes no gestantes. El primer síntoma es la ictericia asociada al prurito, el estado general no se modifica. Es habitual que los síntomas desaparezcan al suspender el fármaco.

Colelitiasis y colecistitis

Son más prevalentes en el embarazo. El tratamiento médico es de vital importancia reservando la cirugía electiva para después del parto, salvo en casos de difícil diagnóstico o complicaciones. La Coledocolitiasis se puede presentar en el tercer trimestre con la misma frecuencia que en la mujer no gestante. La ecografía es básica para el diagnóstico, además de la litiasis vesicular se observa un colédoco dilatado y en ocasiones se demuestra el cálculo en la vía principal. La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica está indicada no sólo como método diagnóstico sino también terapéutico. Los riesgos para la madre son escasos y la radiación para el feto mínima.

Síndrome de Budd-Chiari

Este síndrome puede estar presente durante el embarazo, aunque suele comenzar inmediatamente después del parto. En ausencia de otros factores predisponentes, como tumores o membranas congénitas, los trastornos de la coagulación son los responsables. No tiene repercusión sobre el feto, pero sí da lugar a una significativa mortalidad materna. Se presenta como un cuadro agudo con dolor abdominal, hepatomegalia y ascitis. La administración de heparina o trombolíticos en venas suprahepáticas es poco concluyente y supone un riesgo grave durante el embarazo. Se han comunicado buenos resultados con la derivación portocava. Se han descrito algunos casos de trasplante hepático, aunque la experiencia es insuficiente. Así mismo no hay experiencia en embarazadas con el TIPS o con las técnicas percutáneas de repermeabilización.

Tumores hepáticos

Los tumores benignos como el adenoma aparecen principalmente en mujeres en edad de procrear, con una mayor incidencia a partir de los 35 años22. Se ha relacionado con el uso prolongado de anticonceptivos orales. Durante el embarazo, mediado por los esteroides endógenos, los adenomas tienden a aumentar de tamaño así como su vascularización, por lo que pueden manifestarse como una masa palpable o por complicaciones hemorrágicas. La incidencia de ruptura es del 70%, mientras que en las no gestantes es del 35%. Los hemangiomas hepáticos pueden aumentar de tamaño con el embarazo pero es excepcional el sangrado. El carcinoma hepatocelular en la mujer gestante es poco frecuente22, ya que suele aparecer en edades avanzadas o en casos de cirrosis hepática donde la capacidad reproductiva es muy baja. Como factores de riesgo destacan las hepatitis crónicas virales, el uso de anticonceptivos orales y la multiparidad. La gestación no parece empeorar el pronóstico y éste depende de los criterios ya conocidos. Para el diagnóstico, además de los medios de imagen, es de ayuda el incremento de la alfa-fetoproteína, aunque este aumento puede deberse a causas fetales.

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ENFERMEDADES HEPÁTICAS PREVIAS AL EMBARAZO

Hepatitis crónicas virales.

El curso clínico de la enfermedad no cambia con el embarazo, aunque en la mujer gestante existe cierto grado de inmunotolerancia y se ha comunicado algún caso de reactivación de la hepatitis B23 . El riesgo de transmisión del VHB, tanto en las portadoras crónicas o en las gestantes con hepatitis aguda24 , depende del estado serológico materno y sobre todo de la viremia en el momento del parto. Los recién nacidos de alto riesgo son los de madre HBeAg positivas, la presencia de este marcador representa un alto grado de infectividad. Cuando la madre es anti-Hbe positiva, que es la situación habitual en los países mediterráneos, el riesgo de transmisión del virus al recién nacido es de un 20%-25%, en relación con la presencia de ADN-VHB. La importancia de la infección del recién nacido o lactante viene dada porque el riesgo de hacerse portador del HBsAg es de un 90%, mientras que si la infección aparece después de los doce meses de vida, el riesgo disminuye a un 5%-10%, igual al riesgo del adulto. Las manifestaciones clínicas en el período de lactante son subclínicas y muy rara vez se producen manifestaciones de fallo hepático25. La administración de gammaglobulina específica en las primeras 12 horas del nacimiento junto a la vacuna se ha mostrado muy efectiva26 , para ello es necesario el cribado de las embarazadas. Si después de una correcta profilaxis se produce la infección, hay que pensar que las tasas de viremia materna son elevadas, que es un virus mutante o bien ciertas características genéticas del niño que no responden a la vacunación.

En la mayoría de las gestantes con infección crónica por VHC, las transaminasas disminuyen a cifras normales durante el embarazo27 , aunque persista la viremia. Recientemente se ha comunicado mayor incidencia de colestasis gravidica que en la población normal28 . La transmisión vertical del VHC es posible aunque no supera el 6%. La alta carga viral facilita la transmisión29 . También este factor determina el incremento del riesgo de la transmisión materno-fetal en las madres coinfectadas con VIH30 .

La hepatitis autoinmune con o sin cirrosis está asociada a una fertilidad disminuida con mayor incidencia de toxemia, prematuridad y aborto. En general el curso de la enfermedad no varía durante el embarazo. Las pacientes con tratamiento esteroideo deben continuar con la medicación. La fertilización in vitro incrementará en un futuro la asistencia a gestantes con esta enfermedad31 .

En la cirrosis hepática es frecuente la amenorrea o bien que los ciclos sean anovulatorios, lo que dificulta la concepción. La gestación puede descompensar la cirrosis en las últimas semanas. Aunque no hay mayor riesgo de malformaciones fetales, si aumenta la prematuridad (14%) y la mortalidad fetal (18%). Se considera que hay un mayor riesgo de sangrado por varices esófagicas. En el tratamiento se evitarán los fármacos vasoactivos por el riesgo de isquemia placentaria. El uso de betabloqueantes está permitido en los casos de varices grado III y IV, ya que originan retraso uterino. Probablemente el mejor tratamiento es la esclerosis de varices o la colocación de bandas, que no tienen complicaciones para el feto. La información sobre la cirrosis biliar primaria aunque hay casos con un comportamiento normal, especialmente porque en la actualidad la enfermedad se diagnostica en fases muy tempranas. En la enfermedad de Wilson está indicado seguir el tratamiento con D-penicilamina o trientina a la dosis de 0,75-1 g/día durante los 2 primeros trimestres del embarazo y disminuir a 0,5 g/día el último trimestre. La interrupción del tratamiento conlleva un riesgo de episodios hemolíticos con insuficiencia hepática y mortalidad para la madre. Por otro lado, no hay datos que indiquen que estos fármacos a la dosis ya indicadas tengan efectos teratogénicos32 .

Trasplante hepático y embarazo.

La casuística de mujeres gestantes con trasplante de hígado es cada día mayor. La menstruación se instaura de nuevo entre los dos y seis meses post-trasplante, aunque el embarazo no es aconsejable hasta después del año, siendo necesario instaurar medidas anticonceptivas. Los métodos de barrera son las más indicadas por la ausencia de hepatotoxicidad. El curso del embarazo en las trasplantadas puede ser normal, aunque se asocia con una mayor frecuencia de complicaciones hipertensivas, preeclampsia, anemia e hiperbilirubinemia. Las complicaciones fetales más frecuentes son la prematuridad y el crecimiento intrauterino retardado. La ciclosporina se administra en el embarazo, pero está relacionada con bajo peso al nacimiento. No existe experiencia sobre la indicación o no de mantener la lactancia. Las gestantes trasplantadas requieren la atención de un equipo multidisciplinario33,28,29.

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ALGORITMO DIAGNÓSTICO DE LAS HEPATOPATÍAS EN LA GESTACIÓN

Cuando se sospecha una colestasis (figura 1) el proceso diagnóstico debe comenzar por una ecografía hepatobiliar; si es normal será necesario investigar el uso de tóxicos; si se presenta en el primer trimestre acompañada de vómitos, la primera posibilidad diagnóstica será una hiperemesis gravídica; en los casos de prurito intenso en estados más avanzados de la gestación se tratará probablemente de una colestasis gravídica. Cuando el colédoco está dilatado y se observan cálculos en la vesícula la coledocolitiasis será el primer diagnóstico. Por último, si los hallazgos muestran una lesión ocupante de espacio puede ser necesario ampliar el estudio radiológico para distinguir si se trata de un angioma, hiperplasia nodular, adenoma o hepatocarcinoma.

El estudio del aumento de la ALT (figura 2) se puede iniciar también con la ecografía, que puede sugerir un síndrome de Budd-Chiari si se aprecia oclusión de la venas suprahepáticas. En caso de que la ecografía sea normal es necesario investigar virus o tóxicos. Cuando la gestación tiene más de 20 semanas y aparece dolor en hipocondrio derecho, náuseas y vómitos, el control de la tensión arterial debe iniciar el proceso diagnóstico. Si se demuestra en días sucesivos que es normal la participación de virus deben ser investigados para descartar una esteatosis aguda o diagnosticar una hepatitis aguda viral. En ocasiones puede tratarse de un síndrome HELLP sin hipertensión. La vigilancia de la gestante debe ser estrecha por la posibilidad de aparición de signos de fallo hepático. Cuando la tensión arterial está elevada en ausencia de proteinuria, el diagnóstico mas probable es de hipertensión asociada al embarazo, será necesario un control riguroso de la dieta34 . La hipertensión asociada a proteinuria y edemas configuran la tríada sintomática de pre-eclampsia. En situaciones de gravedad la presencia de hemólisis, plaquetopenia y elevación de transaminasas facilitan el diagnóstico de síndrome de HELLP.

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Bibliografía

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