Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Abril 2004

DIAGNOSTICO DE LA COLANGITIS ESCLEROSANTE PRIMARIA

Javier Crespo
Montserrat Rivero Tirado

Servicio de Aparato Digestivo. Hospital Universitario “Marqués de Valdecilla”. Santander.


Introducción y concepto

La colangitis esclerosante primaria (CEP) es una enfermedad hepática colestática crónica de etiología no filiada. Se caracteriza por la existencia de fenómenos inflamatorios y fibróticos del sistema biliar, tanto intrahepático como extrahepático, que dan como resultado la formación de estenosis irregulares del sistema ductal, progresando hacia la obliteración biliar y el desarrollo de cirrosis biliar, hipertensión portal e insuficiencia hepática. Múltiples enfermedades son capaces de producir lesiones del sistema biliar similares a la CEP; en estos casos, el término correcto es el de colangitis esclerosante secundaria. El término de CEP se debe reservar para aquellos pacientes con hallazgos clínicos, histológicos y colangiográficos sugestivos de colangitis esclerosante que no acompañen a ninguna enfermedad o bien que se asocien exclusivamente a uno de estos trastornos: enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedades fibrosantes sistémicas o enfermedades de patogenia autoinmune como el lupus eritematoso sistémico.

La CEP es más frecuente en varones, siendo el promedio de edad en el momento del diagnóstico de 40 años, aunque puede debutar tanto en la infancia como en la vejez, presentándose con más frecuencia en varones en la edad media de la vida (1-5). En España (6), la prevalencia calculada en 1988 se sitúa entre 2,24 casos/1.000.000 habitantes, con una incidencia de 0.68 casos/1.000.000 habitantes/año; ambas, parecen estar incrementándose en los últimos años, probablemente como consecuencia de un diagnóstico más adecuado. El 40-80% de los pacientes con CEP presentan una enfermedad inflamatoria intestinal asociada; por otro lado, el 2-4% de los pacientes con colitis ulcerosa padecen o desarrollarán una CEP (7-10).

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Etiopatogenia

La etiología de la CEP es desconocida. Múltiples han sido los factores que se han postulado como causas potenciales de esta enfermedad entre las que se incluyen la bacteriemia portal crónica, los ácidos biliares tóxicos que se producen como consecuencia de la degradación de ácidos biliares no tóxicos por parte de la flora bacteriana, toxinas producidas directamente por la flora bacteriana, infecciones virales crónicas, daño vascular isquémico y alteraciones de la inmunorregulación de base genética. (11-13).

No cabe duda que las alteraciones inmunogenéticas juegan un papel destacado en la génesis de esta enfermedad. Se ha descrito la existencia de ciertos haplotipos del HLA ligados a una mayor prevalecida de CEP, entre los que destacan el HLA B8, el HLA DR3 y el HLA DRw52, este último relacionado con formas graves de la enfermedad, si bien no aceptado de forma definitiva (14-17). En la actualidad se cree que la correlación entre haplotipo y HLA no es muy elevada, que la presencia o no de un haplotipo determinado no condiciona la enfermedad, pero sí que existe una discreta susceptibilidad genética. Las alteraciones de la inmunorregulación, tanto humoral como celular, juegan un papel clave en el desarrollo de la CEP, hasta el punto que en la actualidad se considera a esta entidad como una enfermedad autoinmune.

Entre las alteraciones de la inmunidad humoral destacan la hipergammaglobulinemia, la presencia de inmunocomplejos circulantes, el consumo de complemento y la existencia de múltiples autoanticuerpos. Entre estos autoanticuerpos destacan los dirigidos contra el citoplasma de neutrófilos (ANCA) de patrón perinuclear (pANCA); este mismo fenómeno es frecuente en los pacientes con una colitis ulcerosa aislada (18); la especificidad de estos autoanticuerpos no se ha determinado de modo definitivo, pero parece que la lactoferrina sería el principal antígeno diana (19). El posible papel patogénico de los ANCA es controvertido (20). También se han descrito anticuerpos frente a las células epiteliales del colon; no se ha observado la presencia de anticuerpos frente a la anhidrasa carbónica (21). Por otro lado, la presencia de abundantes linfocitos T (la mayoría CD4+) en el infiltrado inflamatorio portal, una disminución del número total de células T circulantes pero con incremento absoluto de los linfocitos T de fenotipo gd (22), una relación CD4/CD8 incrementada (al igual que el número de linfocitos B) y, finalmente, una expresión aberrante de las moléculas del HLA de clase II en el ducto biliar, sugieren que estas células expresan algún autoantígeno, aunque éste no se ha identificado. Todos estos hallazgos sugieren que la respuesta inmune de tipo celular debe jugar un papel prominente en la patogenia de la CEP. Otros hallazgos más recientes como la expresión intrahepática de ICAM-1 o el aumento de sus niveles plasmáticos y la elevación de los niveles plasmáticos de la selectina, son probablemente consecuencia y no causa de la propia colestasis (23,24).

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Clasificación y enfermedades asociadas

La CEP puede presentarse como una entidad asilada o, con más frecuencia, asociarse con otras enfermedades, entre las que destaca la enfermedad inflamatoria intestinal (Tabla 1).

a) Enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y CEP. Entre un 40 y un 80% de los pacientes con una CEP presentan una EII asociada (en la inmensa mayoría una colitis ulcerosa), obteniéndose las cifras más altas en los países anglosajones y las más bajas en los países de la cuenca mediterránea como España (6-10). No obstante, estas cifras pudieran resultar incluso bajas, ya que se ha observado que en pacientes sin clínica de colitis ulcerosa, la búsqueda intencionada de ésta mediante colonoscopia y biopsias demuestra algún grado de inflamación de la mucosa en cerca del 70% de los pacientes asintomáticos (25). Por otro lado, alrededor del 2-6% de los pacientes con colitis ulcerosa desarrollará una CEP. El motivo de la asociación de ambas entidades es desconocido, pero una teoría sostiene que la CEP es secundaria a la elevada presencia de toxinas bacterianas de los sujetos con una EII.

La prevalencia de CEP en los pacientes con enfermedad de Crohn es menor; un estudio desarrollado sobre 262 pacientes en un periodo de 15 años, demostró que el 4% de los pacientes tenían datos histológicos y colangiográficos sugestivos de CEP, siendo ésta la causa más frecuente de disfunción hepática (26). La evolución de ambas enfermedades es independiente, aunque algunos autores sugieren que el número y gravedad de los brotes o la necesidad de hospitalización son menores en los pacientes con colitis ulcerosa asociada a CEP que en aquellos con colitis ulcerosa aislada (7).

En los pacientes con colitis ulcerosa y CEP el riesgo de cáncer de colon es probablemente más elevado que en aquellos pacientes con una colitis ulcerosa no asociada a CEP (riesgo relativo 2.5 a 6.6), existiendo una potenciación de la capacidad oncogénica que ambas enfermedades poseen por si mismas, aunque algún trabajo reciente no está totalmente de acuerdo (27,28). En varias series, se ha demostrado que tanto el riesgo de cáncer de colon como el de aparición de displasia de colon está marcadamente incrementado en estos pacientes, lo que hace imprescindible una vigilancia endoscópica intensiva con toma de múltiples y repetidas biopsias (29,30).
También se ha informado de un incremento del riesgo de reservoritis después de la colectomía en los pacientes con CEP y colitis ulcerosa respecto a los que solo presentan una colitis ulcerosa, con un riesgo relativo cercano a 2.0. La serie más larga que analiza este aspecto (1.097 pacientes con reservorio ileoanal, 54 de los cuales presentaban una CEP asociada) observa uno o más episodios de reservoritis en el 32% de los pacientes con colitis ulcerosa aislada y en el 63% de los casos con CEP (31), estimándose el riesgo actuarial de reservoritis a los 10 años en un 46% y 79% en los pacientes sin y con CEP asociada respectivamente. No está clara la influencia de la extensión preoperatoria de la colitis ulcerosa en la incidencia de reservoritis ni existe una clara asociación con la presencia o no de ANCA.

b) Alteraciones del conducto pancreático. Las alteraciones en el pancreatograma de los pacientes con CEP son relativamente frecuentes, oscilando la prevalencia de éstas entre cifras tan dispares como el 4% y el 80% (32,33). En general, estas alteraciones del conducto pancreático no se acompañan de un trastorno de la función pancreática exocrina acusado, aunque existen casos bien documentados de insuficiencia pancreática exocrina asociada a la CEP (34). En ocasiones la patología biliar es secundaria a un proceso obstructivo ocasionado por una enfermedad pancreática previa, por lo que antes de asumir la asociación de ambas entidades, se debe descartar de forma razonable la existencia de una colangitis esclerosante secundaria a una enfermedad pancreática, cuya evolución y tratamiento son claramente diferentes .La pancreatitis aguda asociada a una CEP es muy infrecuente (35).

c) Otras enfermedades asociadas se detallan en la tabla 1.

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Diagnóstico

El diagnóstico de la CEP se basa en la conjunción de criterios clínicos, analíticos, colangiográficos e histológicos, siendo imprescindible descartar la existencia de los factores etiológicos involucrados en el desarrollo de una colangitis esclerosante secundaria (Tabla 2).

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Manifestaciones clínicas y datos analíticos

El comienzo de la sintomatología clínica es, habitualmente, insidioso. Los síntomas más frecuentes son astenia, prurito, discreto dolor de carácter intermitente en hipocondrio derecho, ictericia y crisis de colangitis aguda recurrente. En ocasiones, las manifestaciones clínicas son precipitadas por la existencia de cálculos en la vía biliar, que deben considerarse como una parte connatural de la propia CEP. Es muy frecuente la existencia de un largo periodo de tiempo entre el inicio de las manifestaciones clínicas o analíticas y el diagnóstico; en un estudio efectuado sobre 305 pacientes suecos fue de 52 meses (3). Una de las características más notables de la CEP es la extrema variabilidad de sus manifestaciones clínicas, pudiendo remitir la sintomatología durante periodos de tiempo imposibles de predeterminar (incluso de años). Conforme la enfermedad va evolucionando, los síntomas son más persistentes hasta hacerse prácticamente constantes. La tasa media de supervivencia hasta la muerte del paciente o la realización de un trasplante hepático es de aproximadamente 12 años (3, 5).

Podrían esquematizarse cuatro formas de presentación de la CEP:

· Paciente asintomático en el que se detecta de forma incidental hepatomegalia o alteración de las pruebas de función hepáticas.
· Paciente sintomático que presenta dolor abdominal, fiebre, pérdida de peso e ictericia intermitente.
· Paciente con colestasis que presenta complicaciones de la misma incluido prurito, colangitis y malabsorción.
· Paciente con cirrosis y complicaciones de hipertensión portal incluido ascitis, encefalopatía y hemorragia por varices esofágicas.

Los datos analíticos más destacados son el marcado incremento de la fosfatasa alcalina (hasta 20 veces por encima de su valor normal), aumento de la gammaglutamiltranspeptidasa e incrementos menores de la transaminasas. Otros hallazgos son: eosinofilia (en estos pacientes se debe descartar la existencia de una fibrosis sistémica), aumento de la gammaglobulina, niveles séricos elevados de cobre y ceruloplasmina con significativo aumento de la excreción urinaria de cobre e hipercolesterolemia. Es frecuente el hallazgo de autoanticuerpos frente al citoplasma de neutrófilos (ANCA), aunque carecen de valor diagnóstico. Se pueden detectar otros autoanticuerpos, por lo general a títulos bajos y también sin valor diagnóstico como frente al músculo liso, antinucleares y frente a las células epiteliales del colon, siendo característica la negatividad de los anticuerpos frente a la membrana mitocondrial y a la anhidrasa carbónica.

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Estudios colangiográficos

Sin duda, el dato aislado de mayor valor diagnóstico lo constituye la obtención de imágenes colangiográficas, ya que además del diagnóstico nos informan acerca de la distribución de la enfermedad y de la potencial existencia de complicaciones locales. Los hallazgos colangiográficos más característicos son: irregularidad difusa de la vía biliar intrahepática y extrahepática consistente en estenosis multifocales de corta longitud (0,2-2 cm), anulares, que delimitan zonas de conductos biliares normales o dilatados, dando lugar a un aspecto arrosariado del sistema biliar, estenosis cortas difusamente distribuidas en el sistema biliar, y evaginaciones de aspecto diverticular. En estadios finales de la enfermedad, solo las ramas centrales de los ductos intrahepáticos se rellenan de forma adecuada, dando lugar a una imagen de amputación severa del ducto biliar.

Las alteraciones en el pancreatograma de los pacientes con CEP son relativamente frecuentes, oscilando la prevalencia de éstas entre cifras tan dispares como el 4% y el 80%. Clásicamente, la obtención de estas imágenes colangiográficas se realiza por colangiografía retrógrada endoscópica. En cualquier caso, la exploración invasiva de la vía biliar nunca está indicada para analizar la evolución clínica, aunque puede ser necesaria su realización para la toma de citologias ante la sospecha de colangiocarcinoma (36). El desarrollo de nuevas tecnologías como la colangiografía por resonancia nuclear magnética (colangio-resonancia) ha supuesto un notable avance al enfrentarnos al diagnóstico de la CEP. La CPRE continua siendo el estándar de referencia para las imágenes del sistema pancreatobiliar, pero la colangio-resonancia ofrece algunas ventajas: (a) no es invasiva; (b) no usa radiación ionizante; (c) no requiere sedación; d) es menos explorador dependiente; (e) muestra mejor el conducto proximal a una obstrucción; y (f) cuando combina secuencias T1 y T2 puede conseguir imágenes anatómicas de enfermedad extraductal (g) no tiene complicaciones (37). Sin embargo, la colangio-resonancia proporciona menor resolución espacial que la CPRE, por lo que tiene menor sensibilidad para la detección de anormalidades de los ductos periféricos. Un estudio muy reciente efectuado sobre 300 pacientes con CEP destinado a evaluar la aplicabilidad de la colangio-resonancia en el diagnóstico de esta enfermedad, demostró en todos los casos el tipo de obstrucción biliar y la existencia o no de cálculos, existiendo una concordancia entre esta exploración y la colangiografía por vía endoscópica del 98,2% (38) confirmándose estos hallazgos en estudios posteriores (39,40). Asimismo, se ha mostrado muy útil para el diagnóstico de colangiocarcinoma (41). El desarrollo de la colangiografía mediante resonancia magnética y la excelente sensibilidad y especificidad de esta técnica, hacen que sea la exploración indicada en primer lugar para valorar la morfología de la vía biliar, tanto intra como extrahepática y dada su inocuidad podria estar indicada en el seguimiento de estos pacientes.

En la actualidad, el papel de la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) está restringido a tres indicaciones: 1) imágenes dudosas en la colangiografía por resonancia 2) actuación terapéutica sobre la vía biliar. La CPRE nunca está indicada para analizar la evolución clínica.

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Otros estudios radiológicos: Ecografía

Existen pocos trabajos acerca de las manifestaciones ecográficas de la CEP. La irregularidad de la pared de los conductos biliares extrahepáticos, dilataciones segmentarias y cálculos intrahepáticos son características sugestivas de CEP. La dilatación marcada de los conductos intrahepáticos normalmente está ausente, pero dilataciones discontinuas son un hallazgo frecuente, aunque la mayor limitación de la ecografía es la imposibilidad de excluir la afectación de los ductos intrahepáticos (42,43).
La ecografía también puede mostrar la morfología hepática y los cambios parenquimatosos pueden inducir aumento difuso o focal periportal de la ecogenicidad. Asimismo la ecografía permite valorar datos de hipertensión portal.

El engrosamiento de la pared del conducto biliar extrahepático mayor de 6 mm en la ecografía se considera altamente sospechoso de carcinoma, también son signos sugestivos de colangiocarcinoma la dilatación marcada de los ductos intrahepáticos o la presencia de una masa heterogénea.

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Hallazgos histológicos

Macroscópicamente se observa, alternativamente, zonas de pared muy gruesa que determinan estenosis y zonas de pared adelgazada dilatadas. La superficie del hígado puede ser absolutamente normal en las fases iniciales de la enfermedad. El examen del hígado explantado de los pacientes sometidos a trasplante, muestra múltiples dilataciones tubulares o saculares de paredes delgadas asociado a transformación fibrosa con obliteración total o parcial de la luz en los grandes conductos biliares. Estos hallazgos justifican la apariencia de arrosariamiento que se ve en las imágenes colangiográficas.

En el examen histológico del parénquima hepático se observan grados variables de un infiltrado inflamatorio periductal de predominio linfocitario, necrosis en sacabocados portal, proliferación de conductillos biliares, fleboesclerosis portal, transformación de los conductos biliares en cordones fibrosos con obliteración parcial o total de la luz y finalmente, cirrosis biliar. Los signos histológicos sugestivos de obstrucción de la vía biliar principal (infartos, lagos biliares, proliferación de los ductos biliares interlobares) son infrecuentes pero ocasionalmente están presentes y, en ningún caso, descartan la existencia de una CEP. Se observan granulomas de forma ocasional. El hallazgo de más valor diagnóstico lo constituye la presencia de una fibrosis concéntrica periductal de los conductos interlobulillares y septales o fibrosis concéntrica en cáscara de cebolla, presente en menos del 50% de los casos (44).

En 1981, Ludwing y col, (45) distinguieron 4 estadios evolutivos de la CEP que nos ayudan a establecer el pronóstico de la enfermedad:

· Estadio I, representa la lesión inicial; las lesiones se limitan al espacio porta y se caracteriza por la presencia de un infiltrado inflamatorio de predominio linfocitario, degeneración de las células epiteliales del ducto biliar y fibrosis concéntrica en cáscara de cebolla.
· Estadio II, el dato más prominente es la ductopenia, asociado a una extensión periportal del infiltrado inflamatorio y una fibrosis periductal menos llamativa.
· Estadio III, la ductopenia es muy severa, la colestasis prominente y aparece una fibrosis porto-portal marcada.
· El estadio IV supone la fase final de la enfermedad, con signos de cirrosis biliar pero sin datos que nos permitan adivinar el origen de la enfermedad.

Respecto al examen histológico de la CEP se deben realizar las siguientes precisiones: 1) la piedra angular del diagnóstico descansa en la morfología de la vía biliar más que en los hallazgos histológicos. Es decir, la histología permite confirmar el diagnóstico en ocasiones y, sobre todo, ayuda a establecer el pronóstico, 2) no es infrecuente que la lesión de la CEP sea parcheada, por lo que los errores de muestra en las biopsias hepáticas ciegas son relativamente frecuentes, 3) la lesión más característica de la CEP se observa en menos del 50% de los casos y, casi de forma exclusiva, en los estadios iniciales de la enfermedad, 4) con mucha frecuencia, los hallazgos histológicos son muy pobres en comparación con las lesiones colangiográficas.

Desde el punto de vista topográfico, en más del 80% de los pacientes se observa una anormalidad difusa tanto de los conductos biliares intrahepáticos como extrahepáticos. Sin embargo, en aproximadamente el 15% de los casos, las alteraciones histológicas y colangiográficas se hallan limitadas a los conductos biliares intrahepáticos (46). La afectación exclusiva de los conductos biliares extrahepáticos es rara. Estos patrones regionales de compromiso ductal pueden permanecer estables durante un largo periodo de tiempo, pero se ha descrito la progresión hacia las formas globales de afectación. No parecen existir diferencias patogénicas apreciables en función de la topografía lesional de la CEP, aunque la afectación exclusiva de la vía biliar extrahepática parece más frecuente en ausencia de colitis ulcerosa asociada.

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Diagnóstico diferencial

Debe realizarse con todas aquellas enfermedades que cursen con colestasis crónica, entre las que se incluyen:
· Cirrosis biliar primaria (CBP): aunque existe bastante solapamiento en las características clínicas y bioquímicas, debe sospecharse primero una CBP en una mujer de mediana edad. El diagnóstico de CBP se apoya en la presencia de anticuerpos antimitocondriales y una biopsia hepática que en estadíos iniciales muestra una colangitis destructiva con presencia de granulomas. La prueba más útil para distinguir entre los dos síndromes es la visualización radiológica de la vía biliar. Aunque los conductos biliares intrahepáticos son anormales en casi todos los pacientes con CEP y en algunos pacientes con CBP, los conductos biliares extrahepáticos no se afectan nunca en la CBP, y en cambio, casi siempre se afectan en la CEP.

· Colangitis autoinmune: la cirrosis biliar primaria negativa para anticuerpos antimitocondriales puede ser más difícil de diferenciar de la CEP de conductos pequeños, si bien los aspectos histológicos en la colangitis autoinmune son en general mucho más sugestivos de CBP (47).

· Síndrome de solapamiento (“overlap syndrome”): se presenta con criterios diagnósticos de hepatitis crónica autoinmune y cambios colangiográficos de CEP. El estudio histológico suele ser la mejor arma para el diagnóstico, pero en ocasiones no es concluyente.

· Colangitis esclerosante secundaria: debe considerarse cuando las alteraciones analíticas y radiológicas pueden atribuirse a una causa identificable (Tabla 2).

· Ductopenia idiopática del adulto: caracterizado por la ausencia de conductos biliares interlobulares y colestasis de causa desconocida. Los pacientes con este síndrome se distinguen de los pacientes con CEP porque presentan imágenes colangiográficas normales.

· Enfermedad de Caroli: la dilatación congénita de los conductos biliares intrahepáticos puede manifestarse en adultos jóvenes con colangitis e ictericia. La colangiografía casi siempre es diagnóstica pero el llenado insuficiente con el contraste de los conductos biliares puede producir imágenes muy semejantes a la CEP.

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Complicaciones

Las complicaciones de la CEP pueden ser de varios tipos:

a) Complicaciones secundarias a la colestasis crónica. El prurito es una de las manifestaciones clínicas más habituales, siendo con frecuencia un síntoma de difícil tratamiento e, incluso, incapacitante. Al igual que en el resto de las enfermedades colestáticas crónicas, la etiología del prurito es desconocida. Durante las fases iniciales de la enfermedad no existen alteraciones nutricionales llamativas; tanto la esteatorrea como la malabsorción de vitaminas liposolubles ocurren en fases avanzadas de la CEP. La malabsorción puede responder a tres causas: 1) disminución de la secreción de ácidos biliares, 2) insuficiencia pancreática asociada o 3) enfermedad celiaca asociada. Como consecuencia de la colestasis crónica, en estos pacientes es frecuente la aparición de una osteodistrofia hepática, que en algunos casos es particularmente severa.

b) Complicaciones secundarias a la cirrosis biliar. La cirrosis biliar es el estadio final de la CEP, desarrollándose hipertensión portal, descompensación hidrópica, peritonitis bacteriana espontánea y encefalopatía hepática. Una característica peculiar de los enfermos con CEP y colitis ulcerosa a los que se les ha sometido a una colectomía es la aparición de varices periestomales, que representan un problema de especial dificultad en cuanto a su manejo terapéutico.

c) Complicaciones sépticas de origen biliar. El riesgo de colangitis, bacteriemia y sepsis es elevado. Los factores que incrementan el riesgo de colangitis son: 1) los corticoides, que muchos pacientes precisan para el control de la enfermedad inflamatoria intestinal asociada, 2) la cirugía biliar previa, 3) la existencia de coledocolitiasis y 4) la presencia de una estenosis biliar marcada.

d) Cálculos biliares. Cerca de un 25% de los pacientes con CEP presentan cálculos biliares (habitualmente de bilirrubinato), aunque rara vez producen clínica. Su presencia es una complicación de la CEP y no excluye su diagnóstico; de hecho, en todo paciente no intervenido de la vía biliar que desarrolla una colangitis o un incremento brusco de su ictericia, se debe descartar mediante RNM la existencia de coledocolitiasis. Si ésta se demuestra, se deben proceder a su extracción endoscópica; ésta no plantea problemas de especial importancia aunque de ningún modo se podrá considerar como el tratamiento definitivo. La única diferencia entre los pacientes con CEP sin y con cálculos es que estos últimos presentan una mayor frecuencia de colangitis y dolor abdominal que los primeros; además el antecedente de cirugía biliar es más frecuente en los pacientes con litiasis. No se ha demostrado la eficacia del ácido ursodeoxicólico en la prevención de la recidiva de los cálculos biliares.

e) Estenosis dominante del conducto biliar común; responsable de la exacerbación de la sintomatología del paciente en un 20% de los casos.

f) El riesgo de colangiocarcinoma oscila entre el 9 y el 30% (48). Este riesgo es mayor en los pacientes con una CEP de larga evolución asociada a colitis ulcerosa, probablemente como consecuencia de una potenciación de la capacidad oncogénica cuando coexisten ambas entidades (30). El diagnóstico se debe sospechar ante cualquier deterioro clínico que se presente en un enfermo con una CEP previamente establecida, aunque habitualmente existe una gran dificultad para establecer el diagnóstico de certeza. Las exploraciones de imagen tradicionales como la ecografía y la tomografía computarizada sólo tienen un valor limitado en el diagnóstico precoz, siendo preciso recurrir con frecuencia a la colangiografía endoscópica, con los riesgos que comporta su realización. En general, el colangiocarcinoma aparece como una estenosis de más de 2 cm de longitud, irregular, con o sin imagen de masa asociada. Sin duda, la obtención de una citología por medio de una CPRE demostrativa de adenocarcinoma ofrece la máxima especificidad; sin embargo, la citología es muy poco sensible en estos casos. Dada la dificultad del diagnóstico definitivo, se han investigado en profundidad diferentes alternativas para efectuar un diagnóstico en estadios precoces; sin embargo, ningún parámetro ha logrado aumentar de forma significativa el número de colangiocarcinomas diagnosticados antes del trasplante o del fallecimiento del paciente. Entre éstos destacan: 1) la utilización conjunta de marcadores tumorales (49), 2) valores elevados del índice de la Clínica Mayo (50), 3) utilización de la tomografía por emisión de positrones (51) y, 4) la aplicación de la citometría de flujo a la muestra obtenida por CPRE, puede, en ocasiones, contribuir al diagnóstico (52). Sin duda, la mayor aportación actual al diagnóstico del colangiocarcinoma lo constituye la colangio-resonancia; en una serie reciente de 30 pacientes con colangiocarcinoma, se obtuvo el diagnóstico por colangio-resonancia en 25 casos (37). Es probable que la realización de dos o más resonancias en un plazo de tiempo relativamente corto, permita identificar con mayor facilidad la existencia de un colangiocarcinoma.

g) El riesgo de hepatocarcinoma es relativamente bajo en los pacientes con una CEP, pero no excepcional; en torno al 2% de todos los pacientes trasplantados por esta indicación presentaban un hepatocarcinoma en el hígado explantado (53).

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Tabla 1. Clasificación de la colangitis esclerosante primaria (CEP)

CEP aislada
CEP asociada a enfermedad inflamatoria intestinal
CEP asociada a enfermedades fibrosantes sistémicas:
Fibrosis retroperitoneal y/o mediastínica
Tiroiditis de Riedel
Enfermedad de Peyronie
Seudotumor orbitario
Fibroesclerosis multifocal idiopática
CEP asociada a enfermedades autoinmunes distintas a la EII:
Alopecia universal
Anemia hemolítica autoinmune
Artritis reumatoide
Diabetes mellitus tipo I
Enfermedad celiaca
Glomerulonefritis rapidamente progresiva
Lupus eritematoso sistémico
Miastenia gravis
Polimiositis
Síndrome de Sjogren
Sarcoidosis
Timoma

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Tabla 2. Etiología de la colangitis esclerosante secundaria.

Colangitis esclerosante aloinmune
Enfermedad injerto contra huesped
Rechazo ductopénico
Tratamiento con interferon alfa-2b
Colangitis esclerosante infecciosa
Bacteriana (ej: Criptococo neoformans, algunas micobacterias)
Viral (ej: Citomegalovirus, Reovirus tipo 3)
Fúngica (Ej: Histoplasmosis)
Parasitaria (Ej: Crytosporidium, Clonorchis sinensis)
Colangitis esclerosante isquémica
Traumatismo vascular accidental o iatrogénico
Trombosis arterial después del trasplante hepático
Quimioterapia intrarterial con floxuridina
Colangitis esclerosante obstructiva
Coledocolitiasis
Estenosis postquirúrgica
Malformaciones congénitas de la vía biliar
Enfermedad de Caroli
Quiste coledocal
Colangitis esclerosante tóxica
Inyección de fomaldehido en la vía biliar
Inyección de solución salina hipertónica en la vía biliar
Quimioterapia intrarterial con floxuridina
Colangitis esclerosante secundaria a invasión tumoral de la vía biliar

(*) En las colangitis de etiologia infecciosa, es frecuente la existencia de una inmunodeficiencia subyacente, congénita o adquirida

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