Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


Noviembre 2006
Diabetes mellitus y enfermedad hepática

Septiembre 2006
Manifestaciones extrahepáticas de la infección por el virus de la hepatitis C.

Mayo 2006
Métodos no invasivos de cuantificación de la fibrosis hepática en la hepatitis crónica por virus C.

Abril 2006
Tratamiento de las colestasis crónicas

Marzo 2006
Diagnostico del hígado graso no alcohólico

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Porfiria cutánea tarda

Enero 2006
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Diciembre 2005
Diagnostico y tratamiento del síndrome hepatorenal

Noviembre 2005
Tratamiento de las hepatitis víricas en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana

Octubre 2005
Indicaciones y resultados de la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica

Septiembre 2005
Afectación hepática en las porfirias.

Junio 2005
Complicaciones extrahepaticas del trasplante de higado.

Mayo 2005
Profilaxis de la hemorragia digestiva por hipertensión portal.

Abril 2005
Osteoporosis en las enfermedades hepáticas crónicas

Marzo 2005
Diálisis con albúmina: Un nuevo procedimiento de soporte hepático extracorpóreo.

Febrero 2005
Trasplante hepático de donante vivo. Situación actual y perspectivas futuras

Enero 2005
Resultados actuales del trasplante hepático

Diciembre 2004
Etiología y pronostico de la hepatitis fulminante

Noviembre 2004
Enfermendad de Wilson

Octubre 2004
Trombosis portal

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Trastornos hepáticos y embarazo

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Profilaxis de las hepatitis virales

Mayo 2004
Diagnóstico de las hiperbilirrubinemias

Abril 2004
Diagnóstico de la colangitis esclerosante primaria

Marzo 2004
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Febrero 2004
Papel actual de la biopsia hepática

Diciembre 2003
Diagnóstico y tratamiento del síndrome de budd-chiari

Octubre 2003
Tratamiento de la hepatitis crónicas B

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Opciones terapéuticas en el hidrotórax de origen hepático

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Esteatosis hepática y esteatohepatitis no alcohólica

Mayo 2002
Nutrición en la hepatopatía crónica

Abril 2002
Tratamiento de la hepatitis autoinmune

Marzo 2002
Tratamiento de la ascitis refractaria

Febrero 2002
Hemocromatosis hereditaria: diagnóstico y cribado familiar

Diciembre 2001
Indicaciones del tratamiento antivírico en pacientes infectados por el virus dela hepatitis C (VHC)

Noviembre 2001
Tratamiento de la encefalopatía hepática crónica

Julio 2001
Hepatotoxicidad por fármacos

Junio 2001
Indicaciones del transplante hepático en las enfermedades colestásicas

 

Panel de Expertos Septiembre 2003

PAPEL ACTUAL DE LA BIOPSIA HEPÁTICA

Dr. Miguel Bruguera

Servicio de Hepatologia, Institut de Malalties Digestives

Hospital Clínic

Departamento de Medicina, Universidad de Barcelona


INTRODUCCIÓN

La biopsia hepática es probablemente el método de exploración que más ha contribuido al desarrollo de la Hepatología en la segunda mitad del siglo XX. La aguja de Menghini, de gran seguridad y simplicidad de manejo, introducida en 1958, permitió que la punción biopsia hepática fuera utilizada por los gastroenterólogos y los hepatólogos en prácticamente todos los hospitales del mundo. La utilización de este procedimiento no solo ha facilitado el diagnóstico de los pacientes con enfermedades hepáticas, sino también ha contribuido significativamente al conocimiento de la historia natural de las enfermedades hepáticas y del efecto de las terapéuticas sobre estas enfermedades. En los últimos años del siglo la introducción de métodos de laboratorio de gran sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de la infección por alguno de los virus de la hepatitis, para el reconocimiento de autoanticuerpos que caracterizan las hepatitis autoinmunes y la cirrosis biliar primaria, y para el diagnóstico de algunas enfermedades genéticas, como la hemocromatosis hereditaria, así como los distintos métodos de imagen, ecografía, tomografía abdominal computarizada, resonancia magnética nuclear y colangiografía resonancia, han facilitado el diagnóstico de la mayoría de las enfermedades hepáticas sin riesgo, ni molestias para los pacientes (1). El papel de la biopsia hepática debe, por tanto, reevaluarse, con objeto de determinar cuáles son sus indicaciones en el momento actual.

En esta revisión se examina el papel actual de la punción biopsia hepática, así como el de los demás métodos de obtención de una muestra de tejido hepático para el examen histológico del hígado, la biopsia hepática transyugular y la punción con aguja fina (PAAF).

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LIMITACIONES DE LA BIOPSIA HEPÁTICA

La punción biopsia hepática es un procedimiento invasor, y por consiguiente no está desprovisto de riesgos. Solo debería efectuarse cuando se prevé que se va a derivar de ella algún beneficio para el paciente, ya sea alcanzar el diagnóstico, cuando no ha podido establecerse con métodos no invasores, o identificar características que puedan ser de utilidad pronóstica o permitan tomar una decisión terapéutica. En cada caso el médico, antes de establecer una indicación de biopsia hepática, debería valorar los beneficios que espera obtener de ella, así como sus inconvenientes, entre los que debemos incluir, además de sus posibles complicaciones (2), el sufrimiento físico y el coste económico.

El dolor en el punto de punción, o referido al hombro, ocurre en algo más de un tercio de los pacientes, pero suele ser poco intenso y de breve duración, y cede con la administración de un analgésico. Las complicaciones mayores, hemoperitoneo, hematoma intrahepático y hemobilia, son afortunadamente infrecuentes. En una revisión de la morbimortalidad de la punción biopsia hepática efectuada en 98.445 pacientes se detectaron 306 efectos adversos graves (3.1 por mil) y el fallecimiento de 323 pacientes (0.3 por mil) (3). La frecuencia de complicaciones está inversamente relacionada con la experiencia del operador (número de biopsias por año) (4), pero no tanto con el tipo de aguja utilizado, tipo tru-cut o tipo Menghini, que se diferencian por el mecanismo de obtención de la muestra, por corte la primera y por aspiración la segunda (5). El riesgo de complicaciones aumenta con el número de punciones intentadas (6), con el grado de hipocoagulabilidad de la sangre (7) y con las biopsias de los tumores malignos (8).

Otras limitaciones de la biopsia hepáticas son el error de muestra y el error de observador. Se entiende como error de muestra la falta de representación de los cambios histológicos propios de la enfermedad que padece el paciente debido a que el cilindro de tejido hepático obtenido con la punción es de pequeño tamaño, o contiene pocos espacios porta, lo que dificulta la identificación de las lesiones focales, como los granulomas, y de las lesiones que se expresan especialmente en las áreas portales, como las hepatitis crónicas y la cirrosis biliar primaria, respectivamente (9,10). Recientemente, Colloredo et al (11) han demostrado que en los pacientes con hepatitis crónica, las biopsias inducen a una gradación y estadiaje más bajos que las biopsias de mayor tamaño. Bedossa et al (12) han señalado que la máxima precisión para determinar el estadio de una biopsia hepática se obtiene cuando el especimen tiene por lo menos 25 mm de longitud.

La interpretación de las biopsias hepáticas por punción posee una cierta carga de subjetividad y está muy condicionada por la experiencia del observador y de la adecuada valoración de la información clínica del caso.

Antes de decidir practicar una biopsia hepática deben explicarse claramente al paciente los beneficios que se espera de ella, así como los riesgos y las alternativas diagnósticas a que se debería recurrir si el paciente rehusara someterse a esta exploración, con objeto de que el procedimiento se efectúe siempre en un paciente adecuadamente informado.

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INDICACIONES DE LA BIOPSIA HEPÁTICA HOY

Algunas de las indicaciones clásicas de la biopsia hepática por punción son actualmente poco frecuentes, como ocurre en las colestasis o en el estadiaje de los pacientes en enfermedad de Hodgkin (13), mientras que son los pacientes con un trasplante hepático los que más frecuentemente son sometidos a este procedimiento.

Las indicaciones actuales de la biopsia hepática son :

1. Anomalías de las pruebas hepáticas, hipertensión portal o hepatomegalia de causa no determinada.
2. Hepatitis fulminante de etiología incierta
3. Posibilidad de más de una etiología
4. Masa intrahepática
5. Confirmación diagnóstica de hemocromatosis hereditaria y de enfermedad de Wilson

Elevación asintomática de los enzimas hepáticos

La mayoría de las enfermedades que cursan con una elevación asintomática y persistente de los enzimas hepáticos, transaminasas, GGT o fosfatasas alcalinas son de diagnóstico clínico fácil, y no exigirían una biopsia hepática para su reconocimiento, ya que se dispone para ello de métodos serológicos, como sucede con las hepatitis crónicas víricas, las hepatitis autoinmunes, la cirrosis biliar primaria y las colangitis autoinmunes, o de pruebas genéticas como en la hemocromatosis y la enfermedad de Wilson , o de la anamnesis en el caso de las hepatopatías por fármacos y por alcohol, o con la esteatosis hepática que se puede reconocer en la ecografía abdominal. No obstante, en algunas de ellas como en las hepatitis víricas o autoinmunes y en las enfermedades biliares, la biopsia hepática puede estar justificada para conocer el grado (intensidad del daño necroinflamatorio) y el estadio (extensión de la fibrosis), y en otras, como la hemocromatosis y la enfermedad de Wilson, es conveniente para confirmar el diagnóstico mediante la determinación de la concentración de hierro y de cobre respectivamente, en el tejido hepático, aparte de conocer la fase en que se encuentra la enfermedad. En los pacientes con el diagnóstico de presunción de esteatosis efectuado mediante ecografia la biopsia hepática es útil para distinguir la esteatosis simple de la esteatohepatitis no alcohólica o de la esteatosis asociada a otras lesiones hepáticas.

En otros casos la causa de la elevación de los enzimas hepáticos no es tan aparente, ya que las pruebas para el diagnóstico de las enfermedades hepáticas que hemos mencionado en el párrafo anterior han dado un resultado negativo. En estos casos la biopsia hepática está perfectamente indicada, siempre que el médico haya descartado mediante pruebas de laboratorio alguna enfermedad extrahepática que curse con hipertransaminasemia, como es el caso de las miopatías (14), la celiaquía del adulto (15), una disfunción tiroidea (16,17 ), un hipernefroma silente (18) o una enfermedad de Addison (19), en las que la única manifestación de la enfermedad puede ser la alteración de los enzimas hepáticos. También debe investigarse, antes de efectuar la biopsia hepática, el consumo de preparados de herboristería o de medicinas alternativas, que podrían ser la causa de la alteración analítica (20). La supresión de su consumo debería seguirse de la normalización enzimática, si fuera la causa de esta alteración.

Si no se da ninguna de estas circunstancias la biopsia hepática no está únicamente justificada, sino que se convierte en necesaria, si quiere hallarse la causa de la elevación enzimática. En estos casos el examen histológico del hígado puede revelar cambios morfológicos muy distintos: una ductopenia idiopática del adulto (21), que cursa con elevación preferente de los enzimas de colestasis, una ductopenia idiopática minor (22) que afecta a los conductos biliares de los espacios porta terminales y cursa con elevación de transaminasas y de gamma-glutamil transferasa, una proliferación colangiolar mínima (23), que cursa también con aumento de los enzimas de citolisis y de colestasis, o una hepatitis crónica (24), que en algunos casos es debida al virus de la hepatitis B (positividad del DNA del VHB) y en otros al virus de la hepatitis C (positividad de RNA del VHC), aunque no se detecten en el suero los marcadores típicos de estas enfermedades, HBsAg y anti VHC, respectivamente. Con menos frecuencia la biopsia revela la presencia de granulomas (25) o de algún depósito anómalo, como substancia amiloide o glucógeno, o infiltración. sinusoidal en caso de hematopoyesis extramedular, enfermedad de Gaucher o enfermedad de Nieman Pick.

Hipertensión portal de causa indeterminada

La causa más frecuente de hipertensión portal es la cirrosis hepática. Su diagnóstico clínico suele ser fácil, y se basa en la combinación de datos analíticos (plaquetopenia, cociente AST/ALT > 1, marcadores serológicos de infección por VHB o VHC y ecográficos (hígado heterogéneo, esplenomegalia y dilatación de la vena porta). Sin embargo, en algunos pacientes con hipertensión portal no se puede establecer el diagnóstico clínico de cirrosis, y tampoco se detectan signos que sugieran una hipertensión portal postsinusoidal (ausencia de patología cardiaca y de dilatación de las venas suprahepáticas propias del hígado cardiaco en la ecografía abdominal, o ausencia de visibilidad de las venas suprahepáticas propia de un síndrome de Budd- Chiari). La biopsia hepática puede revelar algunas causas de hipertensión portal intrahepática que solo se pueden diagnosticar por criterios histológicos, como la hipertensión portal esencial (26), la fibrosis hepática congénita ( 27), la hiperplasia nodular regenerativa (28) y la fibrosis sinusoidal por intoxicación crónica por vitamina A ( 29 ) o por toxicidad por azatioprina (30).

Hepatitis fulminante de causa incierta

Aproximadamente en un tercio de los casos de insuficiencia hepática aguda grave no llega a establecerse el diagnóstico etiológico mediante criterios clínicos y analíticos (31). En algunos de estos casos el examen histológico del hígado podría facilitar el diagnóstico al permitir identificar células de linfoma (32), cambios sugestivos de enfermedad de Wilson (33), lesiones de hepatitis por virus del herpes (34) o cambios de hepatitis autoinmune grave (35 ), que son tipos infrecuentes de hepatitis fulminante. El diagnóstico etiológico permitiría en estos casos establecer un tratamiento específico. En estos casos la biopsia hepática debe efectuarse por vía transyugular (36), ya que está contraindicada la vía percutánea por la alteración de la coagulación.

Posibilidad de más de una etiología

En los pacientes con trasplante hepático las manifestaciones clínicas y bioquímicas de disfunción hepática pueden responder a causas muy diversas (tabla 1), aunque existan pocas diferencias en la expresión clínica de unas y otras (37). Es difícil en el periodo postrasplante distinguir en un paciente ictérico mediante criterios clínicos si padece un rechazo celular del injerto, una recidiva de una hepatitis C, una obstrucción biliar o una colestasis simple. Igualmente es, a veces, difícil reconocer la causa de una disfunción hepática tardía. Únicamente la biopsia hepática permite en estas situaciones identificar la causa, y la gravedad, del daño hepático. En algunos centros de trasplante hepático se efectúan biopsias hepáticas periódicamente, de acuerdo a protocolos preestablecidos, independientemente de que se puedan efectuar otras a demanda, según el cuadro clínico que presente el paciente. En otros centros se efectúan únicamente cuando se considera preciso para reconocer la causa de la disfunción hepática.

En los pacientes con SIDA y los que están afectos de síndrome febril prolongado suele indicarse la práctica de una biopsia hepática cuando se detectan cambios bioquímicos que sugieren afección del hígado (Tabla 2) (38,39) En la actualidad las indicaciones se han reducido, en el SIDA debido a la eficacia de la HAART que evita la progresión de la enfermedad a fases con intensa inmunodepresión que favorecen la aparición de infecciones oportunistas diversas o linfomas, y en la fiebre de origen indeterminado por la mayor capacidad informativa de los métodos de imagen y la potencia terapéutica de los antibióticos de última generación, administrados con frecuencia de modo empírico.

La biopsia hepática posee una elevada rentabilidad en los casos de fiebre de origen desconocido que cursan con hepatomegalia y alteración de las pruebas hepáticas, como sucede en casos de kala-azar, linfomas T y de células NK, enfermedad de Hodgkin , y poliarteritis nodosa, pero muy baja en ausencia de estas características.


Diagnóstico de una masa hepática

Cuando se reconoce en algún método de imagen, ecografía o tomografía computarizada (TC), la presencia de una masa intrahepática sólida, la distinción entre tumor maligno y tumor benigno es de suma importancia, no solo pronóstica, sino especialmente para determinar si hace falta adoptar una actitud terapéutica agresiva o expectante. En la mayoría de centros se recomienda efectuar una punción aspirativa con aguja fina cuando los métodos de imagen u otros no han permitido reconocer con seguridad la naturaleza del tumor. Cuando ya se ha efectuado el diagnóstico, pe. de hiperplasia nodular focal, por la visualización de una cicatriz central. en forma de imagen hipodensa central en la ecografía o en la TC o de hepatocarcinoma si los niveles séricos de alfafetoproteína son superiores a 500 ng/ml, la biopsia no está justificada.

Algunos cirujanos consideran que no debe efectuarse una biopsia hepática si se plantea efectuar una resección quirúrgica para evitar el riesgo de diseminación tumoral en el trayecto de la aguja (40).

Cuantificación de hierro y cobre intrahepático

La cuantificación de la concentración de cobre y de hierro constituye un procedimiento de gran utilidad para el diagnóstico de enfermedad de Wilson y de hemocromatosis, respectivamente. Puede hacerse en el mismo espécimen utilizado para el diagnóstico histológico, extrayendo el cilindro de tejido hepático de la parafina (41,42)., evitando al paciente una segunda toma de tejido hepático para efectuar la medición del metal en el hígado.

Cierto es que la biopsia hepática no es indispensable en todos los casos para el diagnóstico de enfermedad de Wilson, por ejemplo en caso de presencia de anillo de Kayser-Fleischer y niveles séricos bajos de ceruloplasmina, ya que esta combinación es patognomónica de esta enfermedad, pero si solo se halla una ceruloplasmina baja no se puede distinguir entre enfermedad de Wilson y un estado heterozigoto para esta enfermedad sin recurrir a la biopsia hepática. Los pacientes con enfermedad de Wilson tienen una concentración intrahepática de cobre superior a 250 mcg/g de tejido hepático seco, mientras que los heterozigotos poseen valores entre la normalidad (< 50 mcg/g) y 250 mcg/g.. Cuando se detecta algún familiar de primer grado de un paciente con enfermedad de Wilson que tiene la ceruloplasmina baja o alguna evidencia de enfermedad hepática es indispensable efectuar una biopsia hepática para medir el cobre en el hígado.

El diagnóstico de hemocromatosis hereditaria se ha simplificado mucho desde el descubrimiento del gen HFE en 1997 (43), ya que en más del 85 % de los pacientes se identifica un estado homozigoto para una mutación de esta proteína en la que está sustituida una tirosina por una cisteína en el aminoácido 282 (44). El diagnóstico de hemocromatosis requiere el examen histológico del hígado en el 15 % de los casos que no presentan esta alteración genética. Para ello no basta el reconocimiento de un depósito excesivo de hierro en el hígado en forma de hemosiderina, que se tiñe con la coloración de Perl’s ya que esta característica también se da en los pacientes con sobrecarga secundaria de hierro sino que debe medirse la concentración hepática de hierro (45). El diagnóstico de hemocromatosis hereditaria se puede establecer cuando el índice hepático de hierro (IHH) es superior a 1.9 (46). Este índice se calcula dividiendo la concentración hepática de hierro en micromoles/100 mg de hierro seco por la edad del paciente

Estimación del grado y estadio de la enfermedad

La estimación de la intensidad de los cambios necroinflamatorios (grado) y de la fibrosis (estadio) es de gran utilidad para establecer el pronóstico de aquellas enfermedades hepáticas para las que se han diseñado sistemas de determinar el grado y el estadio, como la hepatitis crónica (47), la cirrosis biliar primaria (48) y la esteatosis no alcohólica (49).

La fibrosis es la consecuencia de la actividad necroinflamatoria, y por tanto indica de un modo indirecto la duración del proceso y la reversibilidad potencial del daño hepático con tratamiento.

Desafortunadamente hoy no disponemos de criterios para decidir una terapéutica u otra para aplicar a los pacientes hepáticos según el estadio de la enfermedad, ni tampoco de esquemas o posologías distintas. Disponemos sólo de tratamiento con interferón pegilado y ribavirina en la hepatitis crónica C y de ácido ursodesoxicólico en la cirrosis biliar primaria, que aplicamos a todos los pacientes independientemente de su estadio y a la misma dosis. Consiguientemente si la biopsia hepática no es útil para decidir un tratamiento, no estaría justificada en los pacientes con hepatitis crónica C y cirrosis biliar primaria que pueden diagnosticarse mediante métodos serológicos.

En las fases más avanzadas de la enfermedad, cuando existe ya una fibrosis extensa en forma de puentes interportales o de cirrosis ya establecida, las posibilidades de éxito terapéutico son menores. La biopsia hepática podría proponerse con esta finalidad, conocer las probabilidades de respuesta. Seguramente tiene mayor justificación para proponer una biopsia hepática a un paciente con una hepatitis crónica C con signos de sospecha clínica de enfermedad avanzada, es la detección de una cirrosis ya establecida, que con frecuencia queda no identificada con el examen clínico (50), para someter al paciente a controles ecográficos periódicos (cada seis meses) para la detección precoz de un carcinoma hepatocelular. Igual razón justificaría someter a una biopsia hepática a los pacientes con hemocromatosis, ya que en las pacientes que ya tienen cirrosis la eliminación del hierro intrahepático mediante sangrias periódicas no evita el riesgo de que desarrollen un carcinoma hepatocelular (51).

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¿CUÁNDO NO EFECTUAR UNA BIOPSIA HEPÁTICA?

No debería efectuarse una biopsia hepática cuando no pueda aportar un beneficio claro al paciente o cuando exista alguna contraindicación para ello. Es decir no debería proponerse cuando ya se ha establecido el diagnóstico mediante otros procedimientos y se considera poco probable que la información que pueda obtenerse de la biopsia hepática obligue a cambiarlo o a modificar la pauta terapéutica. Tampoco está indicada la biopsia hepática cuando la única manifestación de enfermedad hepática es una hiperbilirrubinemia . El diagnóstico más probable en estos casos, una vez excluida la hemólisis, es una ictericia metabólica constitucional. Aún cuando la biopsia hepática permite establecer o descartar el diagnóstico del síndrome de Dubin Johnson en base a la presencia o ausencia del pigmento negro característico (52), y distinguir este síndrome del síndrome de Rotor, que cursa sin depósito de pigmento, no se justifica porque las ictericias metabólicas constitucionales son trastornos benignos que no requieren tratamiento, y por tanto no es necesario desde el punto de vista asistencia su categorización nosológica exacta.

Contraindicaciones

Existe contraindicación para efectuar una punción biopsia percutánea cuando la tasa de protrombina es inferior a 70 % y/o el recuento de plaquetas es inferior a 50.000. En los pacientes renales crónicos y en los pacientes hematológicos debe asegurarse además que el tiempo de sangría sea normal, puesto que pueden existir defectos de coagulación a pesar de la normalidad de la tasa de protrombina y el recuento de plaquetas. En los pacientes hemofílicos existe un riesgo relativamente elevado de hemorragia a pesar de que se administre factor VIII antes y después del procedimiento (7). En estos pacientes, hemofílicos, renales crónicos y hematológicos es preferible utilizar la biopsia transyugular.

Si se precisa efectuar una punción percutánea en un paciente con alteración de las pruebas de coagulación, ya que no se puede efectuar una biopsia transyugular o ésta fracasó, se ha propuesto inyectar 2 ml de gelatina esponjosa a través de la cánula de la aguja de biopsia en el momento de retirarla, con objeto de taponar el trayecto intrahepático que ha seguido la aguja (53,54). En otros centros se transfunde plasma fresco o concentrado de plaquetas para corregir transitoriamente una disminución de la tasa de protrombina o del recuento de plaquetas.

También está contraindicada la punción percutánea en pacientes con ascitis o con empiema pleural. En el primer caso el hígado flota en la ascitis y es difícilmente abordable con la aguja de biopsia. En el segundo por el riesgo de diseminar la infección si la aguja de biopsia atraviesa la pared pleural.

No debe efectuarse una punción percutánea en pacientes que no sean capaces de colaborar, como niños o pacientes psiquiátricos o muy ansiosos. En estos casos debe considerarse la posibilidad de efectuar la punción bajo anestesia general


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TIPOS DE BIOPSIA HEPÁTICA

Biopsia percutánea.

Es el procedimiento óptimo por su simplicidad y porque permite obtener casi siempre material suficiente para el examen histológico. Puede efectuarse a ciegas, durante el curso de una ecografía abdominal o durante una laparoscopia. Actualmente se tiende a preferir la biopsia guiada por ecografía por su mayor seguridad y porque causa menor número de complicaciones, tales como dolor o hipotensión (56).

Tradicionalmente se efectúa como un procedimiento que exige 24 horas de hospitalización, con objeto de asegurar la vigilancia del paciente en las primeras horas que siguen al procedimiento, que es cuando suelen ocurrir las complicaciones. No obstante, cada vez son más los centros donde se efectúan las biopsias con carácter ambulatorio, de modo que la vigilancia se limita a las primeras 6 horas, recomendándole al paciente que acuda rápidamente al centro si aparece algún problema. Este procedimiento tiene un coste económico menor, y no ha demostrado que comporte mayor morbilidad (6). Se han hecho las siguientes recomendaciones para efectuar biopsias ambulatorias con seguridad : a) el paciente debe residir a menos de 30 minutos del hospital, b) debe pasar la primera noche en su domicilio acompañado, c) el paciente no debe estar afecto de una hepatopatía grave ni de complicaciones extrahepáticas, d) el hospital debe disponer de recursos para aplicar una asistencia inmediata post-biopsia y e) el paciente debe poder ser hospitalizado si aparece alguna complicación (57).

Se dispone de dos tipos de aguja para efectuar una biopsia hepática percutánea, la agujas de aspiración, tipo Menghini, y las que obtienen tejido mediante corte (agujas de tru-cut y tipo Vim-Silverman). Estas últimas tienen una tasa de complicaciones mayor que las primeras (58).

Biopsia transyugular

Consiste en la obtención de un fragmento de tejido hepático mediante una aguja de punción que se ha hecho avanzar a través de un catéter introducido por la vena yugular interna del lado derecho hasta llegar a una vena suprahepática (59,60). Se utiliza en pacientes con trastornos de la coagulación y en los pacientes con ascitis, en quienes la punción percutánea está contraindicada. En los primeros desaparece el riesgo de hemoperitoneo porque no se atraviesa la cápsula hepática.

Una ventaja de este procedimiento es que permite efectuar un examen hemodinámico, con determinación de la presión suprahepática enclavada y libre. Con la biopsia transyugular se consigue material para el examen histológico en más del 90 % de los pacientes.

Punción aspirativa con aguja fina

Está indicada en el estudio de una masa hepática y se efectúa bajo control ecográfico continuo con agujas de calibre 20 o 22 G (0.8 a 0.9 mm de diámetro) . El material obtenido permite siempre el examen citológico, pero a menudo se obtienen también pequeños cilindros de tejido hepático adecuados para el examen histológico.

Comporta menos molestias para el paciente que la punción percutánea con agujas de 14 o 16 G debido al menor calibre de la aguja y posee menor riesgo de sangrado en el caso de tumores vascularizados (8), lo que permite efectuar varias punciones hasta asegurar que se ha conseguido material suficiente.

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TABLA-1

Enfermedades hepáticas en trasplantados hepáticos

Fase reciente Fase tardía
Rechazo celular
Colestasis simple
Colestasis obstructiva
Problemas vasculares (congestión)
Infección (VHC, CMV)
Rechazo ductopénico
Recurrencia enfermedad de base
HAI de novo
Enfermedad linfoproliferativa


TABLA-2

Causas de enfermedad hepática en el SIDA

Hepatopatía Agente etiológico

Hepatitis crónica
Otras infecciones
Granulomas
Colangiopatía
Linfoma hepático
Peliosis
Hepatitis tóxica

VHB, VHC
CMV, VEB, VHS, leishmania
Microbacterias ,hongos, fármacos
CMV, criptorporidio, microsporidi
VEB
Rochalimnea henselae
antiretrovirales

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