Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Diciembre 2003

DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DEL SÍNDROME DE BUDD-CHIARI

Rafael Bañares y Cristina Ripoll
Servicio de Medicina de Aparato Digestivo. Sección de Hepatología
Hospital General Universitario Gregorio Marañón
Madrid


RESUMEN

El síndrome de Budd-Chiari se caracteriza por la presencia de una obstrucción al drenaje venoso hepático. El diagnóstico se establece fundamentalmente mediante pruebas de imagen (ecografía-doppler, resonancia magnética). La venografia directa, si bien no es necesaria para el diagnóstico, delimita con precisión la morfología vascular para planificar actitudes terapéuticas. Además del diagnóstico del síndrome, es esencial el estudio etiológico dirigido a descartar enfermedades hematológicas subyacentes con tendencia a la trombofilia.

El tratamiento de esta entidad comprende tres aspectos fundamentales: 1.- Descompresión del territorio afectado, para lo cual existen cuatro técnicas diferentes (fibrinolisis farmacológica, repermeabilización mediante dilatación con balones de angioplastia, derivación quirúrgica, o derivación portosistémica percutánea intrahepática). 2.- Tratamiento de la enfermedad subyacente, que incluye el tratamiento específico (citostáticos, inmunosupresores, etc.) y la anticoagulación del paciente. 3.- Tratamiento de la enfermedad crónica, similar al de cualquier enfermedad hepática evolucionada.

En los casos de insuficiencia hepática aguda grave o de hepatopatía crónica evolucionada refractaria a tratamiento convencional, se debe evaluar la posibilidad de trasplante hepático.

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CONCEPTO, ETIOLOGIA Y DIAGNOSTICO.-

El síndrome de Budd-Chiari es el resultado de la obstrucción del drenaje venoso hepático localizada en cualquier lugar comprendido entre las vénulas hepáticas (síndrome de obstrucción sinusoidal, previamente llamado enfermedad veno-oclusiva) y la aurícula derecha. La naturaleza del obstáculo puede ser compresiva (p. ej. compresión tumoral) u obstructiva (p. ej. trombosis asociada a diátesis trombótica). Patogénicamente es posible diferenciar dos procesos: la trombosis de las ramas principales de las venas suprahepáticas (síndrome de Budd-Chiari propiamente dicho) y la oclusión de las vénulas hepáticas centrales (enfermedad veno-oclusiva). La insuficiencia cardiaca y el síndrome de obstrucción sinusoidal comparten muchas características con el síndrome de Budd-Chiari; sin embargo se deben distinguir por la presencia de diferencias en su etiología y tratamiento (1, 2).

Un importante efecto de la obstrucción del drenaje venoso hepático es la hipertrofia del lóbulo caudado, el cual presenta un drenaje venoso independiente del sistema de las venas suprahepáticas. Esta hipertrofia puede condicionar estenosis e incluso obstrucción de la vena cava, fenómeno que, como se describe más adelante, tiene cierta trascendencia en el planteamiento terapéutico.

El espectro de presentación clínica es variable, reflejando el grado de obstrucción y la velocidad de la misma (2). Las manifestaciones clínicas están en relación con tres fenómenos relacionados entre sí: a) flebitis aguda con la consecuencia de dolor y fiebre, b) aumento de la presión sinusoidal que da lugar a congestión e hipertensión portal y, c) necrosis isquémica por alteración de la perfusión. La utilidad de distinguir entre la forma aguda, subaguda y crónica, tradicionalmente usada, en función de la gravedad y la velocidad de instauración está siendo cuestionada en la actualidad (2).

La etiología de este síndrome se resume en la tabla 1. En los últimos años se han publicado diversos estudios en los que se enfatiza la implicación de diferentes trastornos trombofílicos subyacentes, siendo los más frecuentes los síndromes mieloproliferativos primarios, Factor V Leiden y la mutación del gen del factor II.

El diagnóstico se basa en la comprobación de la obstrucción al drenaje venoso y en la evaluación de las consecuencias del mismo. Por otra parte, es esencial la determinación de la enfermedad subyacente por las connotaciones terapéuticas que de ello se derivan. La primera exploración diagnóstica es la ecografía con Doppler color y Doppler pulsado. Los hallazgos que sugieren la presencia de una obstrucción al drenaje de las venas suprahepáticas son: a) una vena hepática de gran calibre sin señal de flujo o con un flujo invertido o turbulento, b) la presencia de colaterales intrahepáticas o subcapsulares que conectan las venas suprahepáticas, venas diafragmáticas o intercostales, c) una imagen de telaraña en la localización teórica de la vena suprahepática en la vecindad de su desembocadura en la vena cava, d) un cordón hiperecoico en la localización teórica de la vena suprahepática, o e) una morfología de onda venosa plana o ausente sin la ondulación habitual. Si la realización de una ecografía con Doppler no aporta información satisfactoria se recomienda completar el estudio con la realización de una resonancia magnética para visualizar las venas suprahepáticas obstruidas, la vena cava inferior, la circulación colateral intrahepática o subcapsular e incluso el patrón en telaraña. La realización de una biopsia hepática puede aportar información indirecta de obstrucción al drenaje venoso cuando no se alcanza un diagnóstico por otros procedimientos. La venografía directa es el método básico para evaluar las venas suprahepáticas pudiendo observar un patrón en telaraña, una oclusión incompleta o una estenosis de las venas suprahepáticas con abundante circulación colateral (figura 1). Si bien la venografia ya no se considera imprescindible para el diagnóstico, permite delimitar precisamente la obstrucción al drenaje venoso previo a la realización de un tratamiento intervencionista (2).

Una vez se ha diagnosticado el síndrome de Budd-Chiari se requiere una cuidadosa evaluación de la existencia de trastornos hematológicos subyacentes. El diagnóstico de las alteraciones hematológicas asociadas al síndrome de Budd-Chiari permite mejorar la monitorización del paciente y la detección precoz de otras complicaciones asociadas y orientar el consejo a familiares en el caso de trombofilias hereditarias. Específicamente deben evaluarse la existencia de hemoglobinuria paroxística nocturna, policitemia vera, la detección de anticoagulante lúpico y trastornos como la presencia de Factor V Leiden (Tabla 2).

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TRATAMIENTO

A pesar de los recientes avances tecnológicos en la obtención de imágenes que han facilitado el diagnóstico del síndrome de Budd-Chiari, las dificultades terapéuticas persisten en gran medida. Este hecho adquiere especial relevancia cuando existe una enfermedad hematológica de base (3,4). El tratamiento debe estructurarse en una triple vertiente (3,5) (tabla 3): 1.- Descompresión del territorio obstruido; 2.- Tratamiento de la enfermedad subyacente; 3.- Tratamiento de las manifestaciones de hepatopatía crónica. El algoritmo terapéutico se muestra en la figura 2.

1.- Descompresión del territorio obstruido

El objetivo de estas técnicas es controlar el síndrome de hipertensión portal y disminuir la progresión de las lesiones hepáticas. La descompresión puede realizarse mediante repermeabilización de las venas ocluidas con tratamiento trombolítico, asociado o no a angioplastia, o mediante la realización de derivaciones portosistémicas. Ocasionalmente el grado de necrosis hepática y el deterioro funcional asociado obliga a la evaluación de trasplante hepático.

1. Tratamiento fibrinolítico:

La utilización precoz (2-3 días desde el inicio del cuadro) de tratamiento fibrinolítico (uroquinasa a dosis de 50000-150000 UI/h) en la vena o venas trombosadas, junto con angioplastia, permite restablecer el flujo hasta en un 80 % de casos seleccionados; pese a que la eficacia de la fibrinolisis disminuye con el tiempo, ésta se puede ensayar hasta la segunda o tercera semana (3,6) Sin embargo la experiencia limitada en la administración de trombolíticos para esta entidad no permite valorar adecuadamente su eficacia y seguridad.

2. Técnicas de repermeabilización :

En el momento actual el restablecimiento de la permeabilidad de los vasos ocluidos se realiza básicamente mediante procedimientos de radiología intervencionista. La angioplastia mediante globos hinchables y la colocación simultánea de prótesis metálicas permite restablecer el drenaje venoso hepático cuando se realizan de manera precoz (figura 3), manteniendo su permeabilidad en un 80-90% de los casos a largo plazo (2). Por otra parte, es posible la angioplastia y colocación de prótesis en la vena cava inferior comprimida por la hipertrofia del lóbulo caudado (3,6). Ninguna de estas técnicas está indicada en caso de obstrucción difusa de las venas suprahepáticas o en presencia de enfermedad veno-oclusiva.

3. Técnicas de descompresión:

La realización de una derivación portosistémica convierte la vena porta en un sistema de drenaje venoso hepático, disminuyendo la congestión hepática y la necrosis hepatocelular. Existen diversas técnicas descompresivas, que incluyen varios procedimientos quirúrgicos (7,8) de derivación portosistémica y más recientemente la derivación portosistémica percutánea intrahepática (DPPI). La elección de la técnica quirúrgica depende de la permeabilidad de la vena cava inferior, frecuentemente comprometida por la hipertrofia del lóbulo caudado observada en estos pacientes. Por lo tanto es esencial la realización de un estudio angiográfico y hemodinámico antes de la adopción de la técnica quirúrgica.

a) Derivaciones quirúrgicas:

La creación de una derivación entre el sistema venoso portal y la vena cava ha sido el tratamiento que se ha empleado tradicionalmente para limitar las consecuencias de la obstrucción al flujo sanguíneo del síndrome de Budd-Chiari. Las técnicas empleadas con mayor frecuencia y con mejor resultado son la derivación portocava o mesentéricocava si no existe obstrucción de la vena cava inferior.

En la mayor parte de las series quirúrgicas clásicas la supervivencia se sitúa en torno al 80 % a los 3-5 años; sin embargo, el impacto de la cirugía sobre la supervivencia es controvertido. Así, en dos recientes estudios no se apreció una mayor supervivencia en los pacientes con una derivación quirúrgica frente a los que se trataron de forma conservadora (9, 10); sin embargo otro estudio ha sugerido un beneficio de la cirugía frente al tratamiento médico (11). Es posible que el efecto beneficioso de la descompresión quirúrgica pueda verse enmascarado por la alta mortalidad quirúrgica intrahospitalaria y la disfunción tardía de la derivación (2).

b) Derivación portosistémica percutánea intrahepática

Esta técnica permite el establecimiento de una derivación portosistémica sin necesidad de intervención quirúrgica (12). La DPPI consiste en la realización, por medio de un abordaje percutáneo, de una comunicación entre una rama intrahepática de la vena porta y una vena hepática que requiere para su mantenimiento de la inserción de una prótesis metálica intrahepática que sustente el trayecto creado. El comportamiento de la DPPI es el de una derivación portoatrial, por lo que es posible su realización incluso en presencia de obstrucción de la vena cava inferior. Técnicamente la colocación del DPPI en pacientes con obstrucción del drenaje venoso es compleja, sobre todo si existe obstrucción completa de las venas hepáticas. Por tanto la experiencia en la colocación de la DPPI es crítica para un correcto tratamiento (13).

En un reciente estudio la DPPI se asoció a un incremento de la supervivencia en pacientes con Budd-Chiari de presentación aguda (14). La colocación de una DPPI en este contexto debe ser planteada como la primera medida terapéutica, manteniendo presente la posible necesidad de un trasplante hepático. Sin embargo la DPPI permite estabilizar la función hepática de manera que se puede obviar el trasplante o facilitarlo al mantener una mejor situación clínica. Además la colocación de la DPPI no dificulta la realización de un trasplante posterior si es necesario (2, 14).

En la actualidad se considera como la primera opción la utilización de la DPPI en pacientes con sintomatología secundaria a la obstrucción crónica al drenaje venoso que no han respondido a tratamiento médico (2, 13) Existen datos que sugieren que aquellos pacientes sometidos a DPPI por síndrome de Budd-Chiari no controlado con tratamiento médico, tienen una supervivencia a 5 años similar a pacientes con una presentación menos grave con respuesta a tratamiento médico (14). Si bien la presencia de disfunción de la DPPI es frecuente, un adecuado programa de seguimiento permite mantener la permeabilidad de la derivación a largo plazo. Es posible que las nuevas prótesis recubiertas disminuyan la trascendencia de ese problema (15).

4. Trasplante hepático:

El trasplante hepático debe reservarse para dos situaciones (7, 8, 16). En primer lugar en pacientes con insuficiencia hepática grave no controlada con DPPI, en los cuales se ha sugerido tradicionalmente que el grado de necrosis hepática evaluado mediante biopsia hepática es importante en el establecimiento del pronóstico. La obtención de tejido hepático en estos pacientes es difícil por la presencia de alteraciones marcadas de la coagulación, por lo que el procedimiento de elección es la biopsia transyugular, que, por otra parte, permite la caracterización hemodinámica de la enfermedad y la medición de presiones en la vena cava inferior.

El trasplante hepático debe asimismo considerarse ante la presencia de formas crónicas con desarrollo de fibrosis hepática y cirrosis o ante la constatación de una mala respuesta al tratamiento convencional. Es importante destacar que el tratamiento derivativo y el trasplante hepático no son alternativas contrapuestas; así, el trasplante hepático puede ofrecer una alternativa a los pacientes en los cuales el procedimiento de derivación inicial fracasa

Se ha descrito una supervivencia de 75% a los 10 años tras el trasplante hepático, que parece sensiblemente superior a la supervivencia comunicada recientemente para el síndrome de Budd-Chiari grave con tratamiento convencional (2). Es importante destacar sin embargo, que no existen estudios controlados que valoren adecuadamente esta cuestión ni la posibilidad de transformación maligna del proceso mieloproliferativo subyacente en relación con la inmunosupresión.

2.- Tratamiento de la enfermedad subyacente

Dada la elevada prevalencia de enfermedad trombofílica subyacente, actualmente se debe recomendar tratamiento anticoagulante independientemente de la causa de la enfermedad (2). Así mismo, el tratamiento agresivo de cualquier enfermedad subyacente identificada es esencial para evitar la aparición de enfermedad recurrente, así como de manifestaciones trombóticas a otros niveles. Por otra parte, en aquellos casos en los que se requiera trasplante hepático y exista una enfermedad hematológica de base, es necesaria la instauración de tratamiento anticoagulante después de la cirugía y el mantenimiento del tratamiento específico con el fin de evitar la recidiva del cuadro trombótico en el injerto. El tipo y la duración óptima del tratamiento anticoagulante no han sido establecidos.

3.- Tratamiento de las manifestaciones crónicas

El tratamiento recomendado para el síndrome de hipertensión portal y sus manifestaciones para los pacientes cirróticos se aplica también a los pacientes con síndrome de Budd-Chiari. La eficacia del tratamiento médico incluyendo el tratamiento de la ascitis y el de la enfermedad de base ha sido reciente evaluada (5), sugiriendo un papel relevante en pacientes respondedores a diuréticos y sin hemorragia por varices.

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BIBLIOGRAFÍA:

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4. Dilawari JB, Bambery P, Chawla Y, Kaur U, Bhusnurmath SR, Malhotra HS, Sood GK et al . Hepatic outflow obstruction (Budd-Chiari syndrome). Experience with 177 patients and review of the literature. Medicine 1994; 73: 21-36
5. Min AD, Atillasoy EO, Schwartz ME. Reassesing the role of medical therapy in the management of hepatic vein thrombosis. Liver transplantation Surg 1997; 3: 423-429
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7. Bismuth H, Sherlock DJ. Portasystemic shunting versus liver transplantation for the Budd-Chiari syndrome. Ann Surg 1991; 214: 581-589
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11. Tang TJ, Batts KP, de Groen PC, van Hoek B, Haagsma EB, Hop WC, Janssen HL. The prognostic value of histology in the asessment of patients with Budd-Chiari syndrome. J Hepatol 2001; 35: 338-343.
12. Ganger DR, Klapman JB, McDonald V, Matalon TA, Kaur S, Rosenblate H, Kane R, Saker M, Jensen DM Transjugular intrahepatic portosystemic shunt (TIPS) for Budd-Chiari syndrome or portal vein thrombosis: review of indications and problems. Am J Gastroenterol 1999;94: 603-608.
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14. Perelló A, García-Pagán JC, Gilabert R, Suárez Y, Moitinho E, Cervantes F et al. TIPS is a useful long-term derivative therapy for patients with Budd-Chiari syndrome uncontrolled by medical therapy. Hepatology 2002; 35: 132-139.
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16. Halff G, Todo S, Tzakis A, Gordon R, Starzl T. Liver transplantation for the Budd-Chiari syndrome. Ann Surg 1990; 211: 43-49.


Tabla 1: Etiología del síndrome de Budd-Chiari

- Trastornos mieloproliferativos primarios
- Mutación Factor V Leiden
- Mutación del gen del factor II
- Síndrome antifosfolípido
- Diátesis trombóticas

- Deficiencia de Proteina C
- Deficiencia de Proteina S
- Deficiencia de antitrombina III

- Enfermedad de Behçet
- Hemoglobinuria paroxística nocturna
- Embarazo, anticonceptivos orales
- Obstrucción mecánica de las venas hepática o de la vena cava
- Compresión de las venas hepática o de la vena cava
- Anomalías congénitas
- Otros: trauma abdominal, colitis ulcerosa, enfermedad celiaca, sarcoidosis.


Tabla 2: Estrategia para el diagnóstico etiológico

·Factores locales o tumores:

Pruebas de imagen abdominal

·Enfermedad sistémica:

Anamnesis y exploración física

·Trastornos mieloproliferativos y hemoglobinuria paroxística nocturna:

Hemograma y frotis de sangre periférica
Biopsia de médula osea
Valoración de masa eritrocitaria total y niveles séricos de eritropoyetina (tras corrección de ferropenia) o si es posible ensayo de colonias endógenas eritrocitarias, citometria de flujo de células deficitarias de CD55 y CD59.

·Síndrome antifosfolípido:

Anticoagulante lúpico
Anticuerpos anticardiolipina
Factores antinucleares.

·Trastornos hereditarios de la coagulación:

Mutación del factor V Leiden
Mutación del gen del factor II
Niveles plasmáticos de proteina C, proteina S y antitrombina (en pacientes sin disminución en los niveles de factores de coagulación )

·Homocisteinemia:

Niveles de ácido fólico y vitamina B12 séricos.


Tabla 3: Tratamiento del síndrome de Budd-Chiari

Tratamiento
Indicaciones
Comentarios
Diuréticos, restricción de Na, paracentesis
Tratamiento de base
Tratamiento de soporte
Tratamiento trombolítico
Trombosis reciente
Uroquinasa, estreptoquinasa. Mayor eficacia utilizado precozmente (2-3 días)
Angioplastia
Membranas de vena cava inferior Estenosis de vena cava. Estenosis aislada de venas suprahepáticas
Alta eficacia inicialRetrombosis frecuente
Colocación de prótesis

Estenosis de vena cava y suprahepáticas
Más eficaz que angioplastiaPuede complicar el trasplante
DPPI
Cuadros agudos y crónicos con deterioro progresivo de la función hepática“Puente” hacia el trasplante
Excelente resultado inicial Es necesaria una estrecha vigilancia para prevención de trombosis. Puede complicar el trasplante en casos de malposición
Derivación portocava latero-lateral
B-Ch con vena cava permeable y gradiente intracava menor de 20 mmHg y gradiente GPVH-cava > 10 mmHg
Difícil en casos de gran hipertrofia del caudado.Puede dificultar el trasplante hepático
Derivación mesocava
Similar a portocava
Menor eficacia descompresivaMayor facilidad técnica en caso de hipertrofia del caudado
Derivación mesoatrial
Elevado gradiente intracava o estenosis o trombosis de cava
Permeabilidad comprometida a largo plazo

Trasplante hepático
B-Ch con fracaso hepático fulminante y no resolución con DPPIB-Ch con cirrosis evolucionada
Fracaso del tratamiento descompresivo
Curativo en caso de deficiencias de proteinas C, S y antitrombina III


B-Ch: Budd-Chiari
GPVH: Gradiente de presión venosa hepática


Figura 1
Obstrucción de la vena suprahepática derecha con patrón en tela de araña.


Figura 2
Algoritmo terapéutico del síndrome de Budd-Chiari.


Figura 3
Budd-Chiari por estenosis de vena suprahepática.

3-1 Estenosis crítica hemodinámicamente significativa de la vena suprahepática derecha.
3-2 Imagen de la realización de la angioplastia. Se puede apreciar la muesca que la estenosis produce en el balón de dilatación.
3-3 Resolución de la estenosis. El calibre de la vena es uniforme y la imagen de relleno sinusoidal es menos acusada.


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