Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


Noviembre 2006
Diabetes mellitus y enfermedad hepática

Septiembre 2006
Manifestaciones extrahepáticas de la infección por el virus de la hepatitis C.

Mayo 2006
Métodos no invasivos de cuantificación de la fibrosis hepática en la hepatitis crónica por virus C.

Abril 2006
Tratamiento de las colestasis crónicas

Marzo 2006
Diagnostico del hígado graso no alcohólico

Febrero 2006
Porfiria cutánea tarda

Enero 2006
Marcadores del virus de la hepatitis B. Utilidad diagnóstica

Diciembre 2005
Diagnostico y tratamiento del síndrome hepatorenal

Noviembre 2005
Tratamiento de las hepatitis víricas en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana

Octubre 2005
Indicaciones y resultados de la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica

Septiembre 2005
Afectación hepática en las porfirias.

Junio 2005
Complicaciones extrahepaticas del trasplante de higado.

Mayo 2005
Profilaxis de la hemorragia digestiva por hipertensión portal.

Abril 2005
Osteoporosis en las enfermedades hepáticas crónicas

Marzo 2005
Diálisis con albúmina: Un nuevo procedimiento de soporte hepático extracorpóreo.

Febrero 2005
Trasplante hepático de donante vivo. Situación actual y perspectivas futuras

Enero 2005
Resultados actuales del trasplante hepático

Diciembre 2004
Etiología y pronostico de la hepatitis fulminante

Noviembre 2004
Enfermendad de Wilson

Octubre 2004
Trombosis portal

Septiembre 2004
Trastornos hepáticos y embarazo

Junio 2004
Profilaxis de las hepatitis virales

Mayo 2004
Diagnóstico de las hiperbilirrubinemias

Abril 2004
Diagnóstico de la colangitis esclerosante primaria

Marzo 2004
Colangiografia por resonancia en las enfermedades hepatobiliares

Febrero 2004
Papel actual de la biopsia hepática

Diciembre 2003
Diagnóstico y tratamiento del síndrome de budd-chiari

Octubre 2003
Tratamiento de la hepatitis crónicas B

Septiembre 2003
Opciones terapéuticas en el hidrotórax de origen hepático

Mayo 2003
Esteatosis hepática y esteatohepatitis no alcohólica

Mayo 2002
Nutrición en la hepatopatía crónica

Abril 2002
Tratamiento de la hepatitis autoinmune

Marzo 2002
Tratamiento de la ascitis refractaria

Febrero 2002
Hemocromatosis hereditaria: diagnóstico y cribado familiar

Diciembre 2001
Indicaciones del tratamiento antivírico en pacientes infectados por el virus dela hepatitis C (VHC)

Noviembre 2001
Tratamiento de la encefalopatía hepática crónica

Julio 2001
Hepatotoxicidad por fármacos

Junio 2001
Indicaciones del transplante hepático en las enfermedades colestásicas

 

Panel de Expertos Septiembre 2003

OPCIONES TERAPÉUTICAS EN EL HIDROTÓRAX DE ORIGEN HEPÁTICO

Sección de Gastroenterología. Unidad de Cirugía Torácica*.
Hospital Universitario de Gran Canaria Dr. Negrín.
Correspondencia:

Dr. Juan Cabrera
Servicio de Gastroenterología
Hospital Universitario de Gran Canaria Dr. Negrín
Barranco de la Ballena s/n
35020 Las Palmas de Gran Canaria



RESUMEN

El hidrotórax hepático es un acúmulo de fluido, con características de trasudado, en el espacio pleural que puede aparecer en fases avanzadas de la cirrosis. Este fluido pleural generalmente se desarrolla en hemitórax derecho y se origina por el paso de líquido ascítico que desde la cavidad abdominal alcanza el espacio pleural a través de microperforaciones diafragmáticas. Su tratamiento, como en el caso de la ascitis, debe iniciarse con restricción hidrosalina y diuréticos. Sin embargo, en muchos casos es necesario plantear opciones terapéuticas más invasivas. La pleurodesis con talco sigue siendo la terapéutica más utilizada. A este procedimiento puede añadirse una búsqueda y sutura de las perforaciones diafragmáticas con la ayuda de videotoracoscopia. A pesar de estas maniobras terapéuticas, la tasa de éxitos no supera el 60%. La alternativa mas reciente es la implantación de una comunicación porto-sistémica introducida en el seno del parénquima hepático por vía transyugular. Mediante este procedimiento se trata de eliminar la hipertensión portal, factor que junto a la retención de sodio y agua por el riñon constituye la base etiopatogénica de la formación de ascitis. No obstante, su empleo tiene algunas limitaciones ya que esta comunicación portosistémica favorece el desarrollo de encefalopatia, particularmente en pacientes con edad avanzada o en fases terminales de la enfermedad.

Subir


INTRODUCCIÓN

El hidrotórax hepático (HH) consiste en un acúmulo de líquido ascítico en la cavidad pleural, circunstancia que puede producirse en fases avanzadas de la cirrosis1. Su prevalencia oscila entre el 1% y 10%, dependiendo del grado de insuficiencia hepatocelular. Su prevalencia media es de alrededor 5,5%2.

El derrame pleural se produce con mayor frecuencia en el hemitórax derecho y es, por lo general, de escasa cuantía, de forma que clínicamente pasa desapercibido. El hidrotórax recidivante de gran volumen es el que nos plantea dificultades terapéuticas3.

En cuanto a la etiopatogenia del hidrotórax hepático, hoy existen pocas dudas que su origen se produce como consecuencia de la existencia de microperforaciones de 0,03 a 5 mm en el músculo diafragmático. Estos defectos anatómicos son los que permiten el acceso directo del líquido ascítico a la cavidad pleural y probablemente existen antes de que la ascitis se desarrolle. La presión negativa que se produce en la cavidad pleural durante la inspiración, favorece el paso de fluido abdominal hacia el espacio pleural. En el 70% de los casos, el acúmulo de fluido se produce en el hemitórax derecho y en el resto afecta al hemitórax izquierdo o es bilateral3. En ocasiones, el HH se produce sin que se perciba la presencia de ascitis concomitante y se cree que, en estos casos, el paso de fluido a la cavidad se produce a través amplias comunicaciones transdiafragmáticas4. La detección de las perforaciones diafragmáticas es difícil. Para demostrarlas se han utilizado inyecciones de colorantes, contrastes, así como la introducción de radiotrazadores en la cavidad peritoneal o incluso aire. También se han podido poner de manifiesto mediante resonancia magnética o en el curso de la propia exploración quirúrgica.

Subir


DIAGNÓSTICO

Las manifestaciones clínicas pueden ser muy larvadas o incluso no producirse, de forma que en la mayor parte de los casos el HH es un hallazgo en un paciente afecto de una hepatopatía crónica con ascitis. En los casos en los que el HH es importante el paciente puede consultar por la disnea o tos irritativa.

Desde el punto de vista biológico se trata de un líquido con características de trasudado. Cuando coexiste con ascitis debe estudiarse por separado ambos fluidos. Este estudio debe incluir un recuento celular y la concentración de albúmina, lactodeshidrogenasa (LDH) y amilasas. Cuando se trata de un HH no complicado el número de células es inferior a 250/mm3 con predominio linfocitario. La concentración de albúmina en el líquido pleural suele ser 0,5 a 1 gramo más alta que en la ascitis. Esta diferencia se debe a la mayor facilidad de absorción de fluidos por parte de la pleura frente a la limitación impuesta por la hipertensión portal que reduce la capacidad de reabsorción peritoneal.

La existencia de un derrame pleural en un paciente cirrótico obliga a descartar otras posibles etiologías no relacionadas con un HH y que pueden desarrollarse en pacientes con una hepatopatía crónica evolucionada. Entre ellas cabe citar la insuficiencia cardiaca o el síndrome nefrótico, ambas patologías pueden producir tanto derrame pleural como ascitis. La existencia del cortejo semiológico característico , así como y la presencia de otros datos complementarios como son los trastornos de la función renal, albuminuria, alteraciones en el sedimento urinario etc., o los cambios electrocardiográficos, o aumento del volumen cardiaco, permiten esclarecer con facilidad el verdadero origen del hidrotórax.

Una posibilidad diagnóstica que debemos tener en cuenta en un paciente cirrótico que presenta un hidrotórax es que este sea secundario a una sesión previa de escleroterapia de varices esofágicas. En general, el derrame pleural secundario a escleroterapia suele ser de escaso volumen, oligosintomático y revierte espontáneamente en la mayoría de los casos.

En pacientes cirróticos con derrame pleural no debemos aceptar el diagnóstico de hidrotórax de origen hepático hasta no realizar un estudio del líquido pleural. En estos pacientes, particularmente aquellos con cirrosis alcohólica, no es infrecuente que sufran otras patologías asociadas como tuberculosis o pancreatitis crónica. Debemos sospechar el origen tuberculoso cuando el líquido pleural tiene más de 250 leucocitos /mm3 con predominio de linfocitos, la concentración albúmina suele ser más elevada que la del plasma, y la LDH suele estar elevada . En el estudio inicial de cualquier derrame pleural debemos realizar siempre un estudio citológico para descartar un origen neoplásico, el cual deberemos sospechar ante un liquido pleural hemático y/o con una concentración elevada de albúmina y LDH. La determinación de amilasa en el líquido pleural es también necesaria, sobre todo en pacientes con hábito etílico, existencia de dolor abdominal o traumatismo abdominal reciente. Con ello se puede evitar confundir la existencia de un derrame pleural de origen pancreático con un HH3.

Subir


COMPLICACIONES EVOLUTIVAS

Una de las peores complicaciones del HH es el desarrollo de un empiema bacteriano espontáneo. Los gérmenes son, en la mayoría de los casos, de origen entérico, tal como ocurre en las peritonitis bacterianas espontáneas, cuyo origen se debe a la translocación de gérmenes desde el intestino. Mucho más rara es la presencia de un empiema pleural aislado sin peritonitis bacteriana coexistente. En estos casos debe considerarse la posibilidad de que el microorganismo haya alcanzado la pleura por vía hematógena.

Una peculiaridad del empiema pleural en pacientes cirróticos es la ausencia de síntomas, sobre todo dolor pleural, lo que puede hacer pasarlo desapercibido, sobre todo si no existe ascitis concomitante.

La presencia de más de 250 leucocitos/mm con un predominio de polimorfonucleares apoya el diagnóstico de esta entidad. Es muy importante realizar la toma de muestras para cultivo de forma correcta, para lo cual debe introducirse 10 cc de líquido pleural en un frasco de hemocultivo inmediatamente tras la obtención de la muestra. Este procedimiento ha conseguido aumentar considerablemente las posibilidades de identificar el germen responsable6.

Subir


OPCIONES TERAPÉUTICAS

Los pacientes que tienen ascitis se hallan en un estadio final de la enfermedad hepática. La génesis del HH es similar a la de la ascitis, por lo que el tratamiento debe ir dirigido a reducir o eliminar la presencia de ésta. La ascitis, no obstante, suele cursar de forma oligosintomática ya que no se hace visible hasta que no se han acumulado grandes cantidades de líquido. Por el contrario, el acúmulo de 1-2 litros en la cavidad pleural puede ocasionar una sintomatología llamativa. Es por esto que algunos autores consideran el HH como un problema clínico mayor en el contexto del manejo de la hipertensión portal5,7.

El tratamiento inicial va dirigido a lograr un balance negativo de agua y sodio. Ello se puede lograr mediante la restricción salina y la administración de diuréticos de acción distal como la espironolactona, asociada o no a diuréticos de asa como la furosemida.

En los HH de escasa cuantía puede lograrse un adecuado control con este tratamiento, pero es relativamente frecuente que se lleguen a dosis muy altas de diuréticos (espironolactona 300 mg/día y furosemida 120 mg/día) y no se logre un adecuado control de los síntomas. La presencia de una dificultad respiratoria grave con un derrame pleural importante puede obligar a realizar un tratamiento de urgencia. La opción terapéutica más utilizada en estos casos es la evacuación inmediata del contenido pleural mediante toracocentesis5 que debe indicarse en función de la sintomatología del paciente, más que en función de los datos de la gasometría arterial. En ocasiones se obtienen mejorías muy importantes en cuanto a las manifestaciones clínicas del paciente sin, apenas, lograr aumentos en la presión parcial de oxígeno en sangre arterial, lo que sugiere que la disnea se halla muy relacionada con la alteración de la mecánica respiratoria.

Subir


Alternativas al tratamiento médico

El tratamiento con toracocentesis de repetición y el drenaje pleural están contraindicados, a pesar de que se puede obtener una mejoría inicial de los síntomas. Se ha demostrado la ineficacia de estas medidas terapéuticas, que además pueden dar lugar a importantes desequilibrios hidroelectrolíticos e hipoproteinemia, incluso se han descrito fallecimientos relacionados con los trastornos ocasionados por las toracocentesis de repetición 8.

La introducción de agentes esclerosantes en la cavidad pleural para provocar una sínfisis es el método de elección en los HH refractarios. Se han utilizado numerosos agentes, si bien los más utilizados son las tetraciclinas9 y el talco5,10,11. Este último en forma de aerosol es el más usado en la actualidad, tanto por su bajo coste como por sus mejores resultados.

Para administrar los agentes sinfisantes se han ensayado varias formas. Las más tradicionales son la introducción a través del tubo de drenaje previamente colocado, método que se denomina slurry en la literatura anglosajona11,12 y la toracoscopia clásica con anestesia local y sedación, evacuación del líquido pleural y ascítico y la administración del talco o tetraciclinas “en seco”. La popularidad que ha adquirido la videotoracoscopia en los últimos años hace que sea en la actualidad uno de los procedimientos terapéuticos más utilizados. Una de sus ventajas es conseguir una mejor visualización de todo el espacio pleural y la posibilidad de identificar las comunicaciones diafragmáticas existentes que pueden, además, ser cerradas con puntos de sutura11. La combinación de esta última maniobra, junto a la instilación de talco endopleural ha sido descrita como la mejor de las opciones con una cantidad de éxitos de hasta el 60%. La principal desventaja de esta técnica radica en su relativa agresividad, ya que precisa anestesia general e intubación con tubo de doble luz. En estos pacientes muy debilitados, como suelen ser los cirróticos que sufren esta complicación. La intervención complica la evolución clínica y la mortalidad resultante es cercana al 40% en las últimas series publicadas5.

La denominada derivación intrahepática portosistémica, que se introduce por vía percutánea, y que se conoce internacionalmente con el nombre de TIPS (Transjugular intrahepatic portosystemic shunt), representa la opción terapéutica más novedosa13. Sus resultados son satisfactorios en más del 58% de pacientes tratados con este procedimiento 14. Consiste en implantar en el seno del parénquima hepático una prótesis cilíndrica cuya pared esta constituida por una malla de metal expandible que comunica una rama de la vena suprahepática con una rama intrahepática de la vena porta. Esta prótesis se implanta entre ambos sistemas venosos utilizando exclusivamente procedimientos de radiología vascular intervencionista, con abordaje a través de la vena yugular. Con la descompresión del territorio portal se consigue eliminar el factor que pone en marcha la formación de la ascitis15. El procedimiento tiene la ventaja de que puede llevarse a cabo con anestesia local y sedación superficial, lo cual es una gran ventaja en estos pacientes que suelen presentar insuficiencia hepática moderada o grave. El éxito de esta intervención viene limitado por dos factores, la tendencia a la estenosis o cierre de la prótesis, circunstancia que ocurre en más de la mitad de los pacientes antes de los 6 meses de su implantación y por otra parte, alrededor de un tercio de los pacientes sufren algún episodio de encefalopatía, si bien esta suele producirse dentro los tres primeros meses. La encefalopatía afecta principalmente a mayores de 60 años y aquellos pacientes con hepatopatías más avanzadas16. El éxito del tratamiento depende en gran medida de la habilidad y experiencia del médico que realiza su implantación.

Los procedimientos descritos pueden resolver el HH al paciente y constituyen, por tanto, buenas alternativas terapéuticas, sin embargo ninguna de ellas puede ser considerada ideal para todos los pacientes. Debemos, por tanto hacer nuestra elección dependiendo de las características y situación del paciente. Siempre teniendo en cuenta algunas de ellas, como la videotoracoscopia y la derivación intrahepática portosistémico, a pesar de que pueden resultar muy útiles, tienen una destacable morbilidad y mortalidad, lo que limita en la práctica su uso. Por tanto, en pacientes candidatos a transplante hepático debemos considerar esta alternativa terapéutica5.

Subir


Bibliografía

1.- Kakizaki S, Katakai K, Yoshinaga T. Hepatic hydrothorax in the absence of ascites. Liver 1998; 18:216-220.

2.- Conklin LD, Estrera AL, Weiner MA, Reardon R, Reardon MJ. Transjugular intrahepatic portosystemic shunt for recurrent hepatic hydrothorax. Ann Thorac Surg 2000; 69:609-611.

3- Alberts MW, Salem Aj, Solomon DA, Boyce G. Hepatic hydrothorax. Cause and management. Ann Intern Med 1991; 151:2383-2388.

4.- Dávila R. Massive hepatic hydrothorax without ascites: the complexities and cost of management. Hepatology 1988; 83:333-334.

5.- Ribas J, Oliveira L, de Campos E, Sette H, Fernández A, Brito LT, Biscegli F. Thoracoscopy and talc poudrage in the management of hepatic hydrothorax. Chest 2000; 118:13-17.

6.- Xiol X, Castellote J, Baliellas C, Ariza J, Giménez-Roca A, Guardiola J, Casais L. Spontaneous bacterial empyema in cirrothic patients: analysis of eleven cases. Hepatology 1990; 11:365-370.

7.- Strauss RM, Boyer TD. Hepatic hydrothorax. Semin Liver Dis 1997; 17:227-232.

8.- Runyon BA, Greenblatt M, Ring MHC. Hepatic hydrothorax is a relative contraindication to chest tube insertion. Am J Gastroenterol 1986; 81:566-567.

9.- Falchuk KR, Jacoby I, Colucci WS, Rybak ME. Tetracycline-induced pleural symphysis for recurrent hydrothorax complicating cirrhosis. Gastroenterology 1977; 72:319-321.

10.- Mouroux J, Christophe P, Venissac N. Management of pleural effusion of cirrhotic origin. Chest 1996; 109:1093-1096.

11.- Yim APC, Chan ATC, Lee TW, et al. Thoracoscopic talc insufflation versus talc slurry for symptomatic malignant pleural effusion. Ann Thorac Surg 1996; 62:1655-1658.

12.- Glazer M, Berkman N, Lafair JS, Kramer R. Successful talc slurry pleurodesis in patients with nonmalignant pleural effusion. Chest 2000; 117:1404-1409.

13.- Strauss RM, Martin LG, Kaufman SL, Boyer TD. Transjugular intrahepatic portal systemic shunt for the management of symptomatic hydrothorax. Am J Gastroenterol 1994; 89:1520-1522.

14.- Gordon FD, Anastopoulos HT, CrenshawW. The successful treatment of symptomatic, refractory hepatic hydrothorax with transjugular intrahepatic portosystemic shunt. Hepatology 1997; 25:1366-1369.

15.-Quiroga J, Sangro B, Núñez M, Bilbao I, Longo J, García-Villarreal J, Zozaya J. Transjugular intrahepatic portosystemic shunt in the treatment of refractory ascites: effect on clinical, renal, humoral and hemodynamic parameters. Hepatology 1995; 21:986-994.

16- Cabrera J, Maynar M, Granados R, Gorriz E, Reyes R, Pulido-Duque JM, Rodriguez San Román JL, Guerra C . Transjugular intrahepatic shunt versus sclerotherapy in the elective treatment of variceal hemorrhage. Gastroenterology 1996; 110: 832-839.

Subir

Hepatonet.com ha sido deseñado con el fin de facilitar el intercambio de información exclusivamente entre profesionales médicos; por ello no se atenderá ninguna cuestión planteada por personas ajenas a este colectivo profesional. 2003 Hepatonet.com. Todos los derechos reservados.