Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


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Panel de Expertos Junio 2001

INDICACIONES DEL TRANSPLANTE HEPÁTICO EN LAS ENFERMEDADES COLESTÁSICAS

Manuel de la Mata
Unidad Clínica de Aparato Digestivo
Unidad de Trasplante Hepático
Hospital Reina Sofía (Córdoba)


INTRODUCCIÓN

Entre un 5 y un 10 % de los trasplantes hepáticos (TH) en el adulto se realizan por enfermedades responsables de un síndrome de colestasis crónica (1). Las más representativas son la cirrosis biliar primaria (CBP) y la colangitis esclerosante primaria (CEP). Además de los criterios generales de trasplante y debido a su naturaleza colestásica, en estos procesos deben tenerse en cuenta otras circunstancias específicas en la selección de candidatos que justifican su inclusión en lista de espera (2). Los resultados del TH en estos enfermos son excelentes, con una supervivencia que supera el 75 % a los 5 años (3-5).

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Cirrosis biliar primaria

La cirrosis biliar primaria (CBP) es una enfermedad inflamatoria crónica de los conductillos biliares intrahepáticos. Tras un largo periodo asintomático provoca en los pacientes síntomas que pueden llegar a ser invalidantes, como astenia intensa, prurito de difícil control o dolores óseos importantes. Al progresar la enfermedad, terminan apareciendo complicaciones por hipertensión portal y por insuficiencia hepática. Ambas circunstancias pueden condicionar la necesidad de un trasplante, como se refleja en la Tabla I (6).

La bilirrubina sérica es un factor pronóstico de gran valor (7,8). Se ha descrito que la supervivencia media de las pacientes con bilirrubina superior a 6 mg/dl se reduce drásticamente; de ahí que en muchos centros se elija este punto de corte para proponer al enfermo la opción de TH.

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Cirrosis biliar primaria

Tabla I. Indicaciones de trasplante hepático en la CBP
· Bilirrubina sérica > 6-10 mg/dl
· Disfunción hepática en grado B/C de Child
· Hemorragia por varices esofágicas
· Prurito intratable
· Astenia invalidante
· Enfermedad ósea grave

Diferentes modelos pronósticos han tratado de definir con precisión la historia natural de la CBP y han facilitado la selección de candidatos al TH. El más difundido de estos modelos es el propuesto desde la Clínica Mayo (9) (Tabla II), validado con posterioridad en otra serie de enfermos (10) y aplicado para establecer la eficacia del TH en esta enfermedad (3,11). Otros autores han publicado análisis similares en diferentes áreas geográficas (12), pero en todos ellos ha destacado la bilirrubina como un factor de gran valor predictivo. Junto a ella, la edad, la concentración de albúmina, la actividad de la protrombina y el estadio histológico entre otros, se combinan en fórmulas matemáticas de complejidad variable. Estas fórmulas proporcionan puntuaciones, que en el modelo de la Clínica Mayo, permiten aconsejar la realización del TH cuando se supera el valor de 7,8. Por encima de este punto de corte disminuye la probabilidad de sobrevivir al trasplante y aumenta el consumo de recursos (13,14).

Estos modelos pronósticos no tienen en cuenta las indicaciones del TH que limitan la calidad de vida, como el prurito y la astenia que, aisladamente, pueden justificar la indicación de trasplante (15). La osteodistrofia hepática tiene asimismo un notable impacto en la calidad de vida. Los dolores y fracturas óseas son muy frecuentes y contribuyen, en gran medida, a establecer el momento de inclusión en lista de espera (16,17).

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Cirrosis biliar primaria

Tabla II. Variables pronósticas de la CBP (modelo Mayo)

· Edad
· Bilirrubina total
· Albúmina
· Tiempo de protrombina
· Edemas periféricos

El tratamiento médico de la CBP con ácido ursodesoxicólico (AUDC) no evita su progresión, pero retrasa la aparición de complicaciones y aumenta la supervivencia (18-20). Se ha comunicado que el tratamiento con AUDC no modifica el valor pronóstico del modelo pronóstico de la Clínica Mayo (21,22).

En un análisis reciente se ha publicado que el TH aumenta la expectativa de vida de estos pacientes cuando su supervivencia estimada con tratamiento médico es inferior al 85 % (23). Esta cifra refleja bien los excelentes resultados de este procedimiento, con el que se obtienen supervivencias por encima del 90 % a los dos años (24). Además, se ha demostrado que el TH confiere a los enfermos con colestasis crónica una mejora sustancial en la calidad de vida en todos sus aspectos (25).

Un 10 % de los adultos con colestasis crónica son retrasplantados, con un riesgo de mortalidad casi cuatro veces superior al del primer injerto. Este riesgo puede duplicarse si el nuevo implante se lleva a cabo tardíamente, más allá de los primeros 30 días postrasplante. El retrasplante en la CBP, como en otras indicaciones, aumenta el consumo de recursos hospitalarios (26).

La CBP puede recidivar después del TH, pero no se conoce bien la frecuencia con que esto ocurre (2-80 %). Esta complicación fue descrita por primera vez en 1982 (27), y ha sido muy cuestionada en diferentes estudios debido a que los hallazgos histológicos son parecidos a los detectados en otras lesiones del injerto (hepatitis crónica, colangitis o rechazo ductopénico) (28-30). Sólo la destrucción granulomatosa de los conductillos biliares es considerada patognomónica (31). Actualmente se acepta que la recidiva de la CBP puede ocurrir con una frecuencia no elevada y con escaso impacto clínico en la evolución del enfermo, al menos en periodos de seguimiento próximos a 5 años (31-33).

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Colangitis esclerosante primaria

La colangitis esclerosante primaria (CEP) es también responsable de la cirrosis de tipo biliar. Debido a las lesiones de estenosis y dilatación de la vía biliar intra y extrahepática, son frecuentes los episodios de colangitis y pueden aparecer, también, complicaciones por hipertensión portal (34,35). En el 75 % de los casos se asocia enfermedad inflamatoria crónica intestinal (EICI), mayoritariamente colitis ulcerosa, que no limita la indicación de trasplante (36). La colitis ulcerosa puede aparecer antes o después del trasplante, y su tratamiento médico o quirúrgico no influye en la progresión de la CEP (37,38). En un 5-25 % de los casos puede desarrollarse un colangiocarcinoma, de diagnóstico muy difícil (39), a menudo sólo demostrable en la pieza de hepatectomía (40). La trascendencia de este diagnóstico es tal que se han proyectado muchos estudios con la intención de encontrar un método de diagnóstico temprano. Entre ellos se ha propuesto la determinación de los marcadores tumorales CA 19.9 y CEA, y la tomografía por emisión de positrones (TEP), con resultados esperanzadores, pero no definitivos (41-43).

También para la CEP se han desarrollado modelos predicitivos de supervivencia, que han resultado de utilidad en el conocimiento de la historia natural de esta enfermedad y en la elección del momento de trasplante (44,45) (Tabla III). La bilirrubina tiene en ellos un lugar destacado, pero en ocasiones su valor predictivo disminuye por elevaciones bruscas, secundarias a obstrucción biliar y colangitis, que se subsanan con tratamiento endoscópico. Recientemente se ha propuesto que la puntuación de Child-Pugh y la edad son los factores con mayor capacidad predictiva de mortalidad en estos enfermos (46).

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Colangitis esclerosante primaria

Tabla III. Variables pronósticas en la CEP (modelo Mayo)

· Edad
· Bilirrubina total
· Esplenomegalia
· Estadio histológico

Las indicaciones de TH en la CEP son superponibles a las ya referidas para la CBP (Tabla IV). Estos enfermos deben ser evaluados siguiendo los criterios generales de TH y los propios de las enfermedades colestásicas que ya han sido referidos (2). La eficacia y seguridad del TH en la CEP ha quedado bien establecida. La supervivencia postrasplante es muy elevada, por encima del 80 % a los 5 años y la calidad de vida conferida a los receptores excelente (4,24,25, 47-49). Recientemente se han publicado resultados de supervivencia del 70 % a los 10 años después del trasplante (50).
Estos enfermos pueden precisar el trasplante en periodos más tempranos a los aconsejados por los índices matemáticos cuando sangran por varices reiteradamente o tienen colangitis de repetición, si el tratamiento endoscópico no consigue resolver las estenosis.

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Colangitis esclerosante primaria

Tabla IV. Indicaciones de trasplante hepático en la CEP

· Bilirrubina sérica > 6-10 mg/dl
· Disfunción hepática en grado B/C de Child
· Hemorragia por varices esofágicas
· Colangitis de repetición
· Sospecha de colangiocarcinoma
· Prurito intratable
· Astenia invalidante
· Enfermedad ósea grave

La morbimortalidad postrasplante de los pacientes con CEP está condicionada por factores generales, como el estadio avanzado de la enfermedad o la disfunción renal. Pero además, deben tenerse en cuenta circunstancias específicas, como la existencia previa de EICI, los antecedentes de cirugía biliar y el desarrollo de colangiocarcinoma (24,51,52).

La influencia de la EICI en la evolución postrasplante no está bien establecida. Algunos estudios le conceden carácter de mal pronóstico (51,52), mientras otros concluyen que su presencia pretrasplante no es determinante (50) y que su sintomatología puede controlarse con facilidad con el tratamiento habitual (53). De cualquier modo, los pacientes con EICI deben ser investigados mediante colonoscopia tras el TH, debido al riesgo de desarrollar cáncer de colon (54,55).

Discrepancias similares se han descrito en relación con los antecedentes de cirugía biliar (4,49,56). Al margen de la controversia, parece aconsejable evitar en lo posible la cirugía sobre el hilio hepático y recurrir, siempre que sea necesario, al tratamiento endoscópico.

El colangiocarcinoma, detectado antes o incidentalmente, reduce drásticamente la supervivencia de estos enfermos. Se ha comunicado que el empeoramiento en la puntuación del modelo Mayo (57) o, simplemente, el aumento de la bilirrubina (58) incrementan el riesgo de aparición de este tumor. De ahí, que se haya sugerido como conveniente adelantar el momento de trasplante, en receptores con CEP, con la intención de disminuir este riesgo.

Los pacientes con CEP parecen tener un riesgo más elevado de rechazo agudo y crónico (4,49,50,59). Este último condiciona una mayor necesidad de retrasplante y en algunas series afecta a la supervivencia del enfermo (50). Otra complicación postrasplante más frecuente en ellos es la aparición de estenosis biliares no anastomóticas (50). El mecanismo de producción de estas lesiones es variado e incluye infecciones, tiempo de isquemia prolongado, oclusión de la arteria hepática e incompatibilidad ABO (60).

La CEP puede recidivar después del trasplante, pero el diagnóstico de esta complicación es difícil, por el parecido de los cambios histológicos o radiológicos con el rechazo crónico, las colangitis o las estenosis biliares isquémicas. Su frecuencia varía, según las series, entre el 5 y el 20 %, dependiendo de lo estrictos que sean los criterios de diagnóstico, y de que éste se base más en la biopsia hepática o en los hallazgos colangiográficos (4, 33,49,50,61). Con todas las reservas mencionadas, estos enfermos tienen una prevalencia superior de fibrosis periductal y lesiones fibroobliterativas de los conductillos biliares; alteraciones histológicas muy características de la CEP (61). Al contrario que lo descrito para el rechazo crónico, la recidiva de la CEP no parece influir negativamente en la supervivencia postrasplante (62,63).

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