Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


 

CASOS CLÍNICOS

Cirrosis hepática de causa poco frecuente en un paciente de mediana edad.

Descripción

Varón de 47 años diagnosticado de hemocromatosis en mayo del 2000 a raíz de su primera descompensación ascítica, por criterios histológicos. El dictamen de la biopsia hepática informaba como cirrosis hepática macronodular con abundantes depósitos de hemosiderina. No se cuantificó la concentración hística del hierro. El estudio genético para la hemocromatosis fue negativo. El paciente fue tratado con sangrías periódicas, profilaxis primaria de la hemorragia digestiva por varices esofágicas con propranolol (tenía varices esofágicas tipo B en la gastroscopia) y diuréticos a dosis bajas. Entre otros antecedentes destacaban un hipogonadismo atribuido a la hemocromatosis y una diabetes mellitus no insulinodependiente. Tras presentar un primer episodio de encefalopatía hepática el paciente fue trasladado a otro centro para la valoración de un posible trasplante hepático.

Diagnóstico

A la exploración física el paciente presentaba como únicas alteraciones una ictericia cutáneo-mucosa y edemas en las extremidades inferiores. En la analítica destacaban: hematocrito: 30 %; plaquetas: 59 x 109/L; Tasa de protrombina: 63 %; aspartato aminotransferasa: 59 U/L; alanino aminotransferasa: 25 U/L; gamma-glutamil transferasa: 57 U/L; fosfatasa alcalina: 527 U/L; bilirrubina total/directa: 13,7/9,2 mg/dL; albúmina: 25 g/L, ferritina: 286 ng/mL, y sideremia: 92 ng/dL. Teniendo en cuenta que el diagnóstico de hemocromatosis se había realizado sin criterios específicos y a causa de la inhabitual respuesta analítica a las flebotomías, se decidió la re-evaluación diagnóstica del paciente. Las serologías víricas y los parámetros de autoinmunidad fueron negativos. En el proteinograma destacaba un nivel bajo de la alfa-1 globulinas (1 %) por lo que se solicitaron niveles de alfa-1 antitripsina que fueron muy bajos (0,20 g/L: intervalo de normalidad: 0,95-1,87). La ecografía abdominal demostró un hígado de hepatopatía crónica, sin lesiones focales evidentes y signos de hipertensión portal. La biopsia hepática mostró cambios histológicos sugestivos de cirrosis hepática, un discreto acúmulo de hierro hepatocitario, así como abundantes glóbulos hialinos paspositivo-diastasa resistentes en el citoplasma de los hepatocitos, correspondientes inmunohistoquímicamente a glóbulos de alfa-1-antitripsina (corresponde a la imagen del mes). La determinación fenotípica del déficit de alfa-1 antitripsina demostró un fenotipo ZZ. Una tomografía axial computarizada torácica descartó patología pulmonar subyacente. El estudio del hipogonadismo del paciente demostró que éste era secundario a la cirrosis hepática.

Discusión

El déficit de alfa-1-antitripsina (principal inhibidor de las proteasas) es la enfermedad metabólica con afectación hepática más frecuente. Se transmite con una herencia autosómica recesiva con expresión codominante. Su prevalencia en el norte de Europa y los EE.UU es alta: 1/1500-2000 individuos, siendo menos frecuente en el área mediterránea. El alelo M es el más habitual, y los alelos anormales más frecuentes son Z y S. La expresión clínica de la enfermedad depende del fenotipo del paciente. La forma patológica más frecuente, que se asocia a enfermedad hepática y pulmonar, es la variante PiZZ. Dicho fenotipo conlleva una baja concentración de alfa-1 antitripsina, lo que supone un 15 % de su actividad normal. Clínicamente el espectro de la afectación hepática es muy variado, oscilando desde casos de fallo hepático, que obligan al trasplante hepático en la infancia, hasta individuos adultos sin evidencia de enfermedad hepática. La incidencia de cirrosis a los 50 años oscila entre el 15-35 % según las series. La afectación pulmonar (enfisema) es variable. El diagnóstico de esta entidad debe considerarse en todo paciente con una cirrosis hepática sin antecedentes de consumo abusivo de alcohol y con negatividad de las serologías virales, y particularmente cuando hay una historia de enfermedad hepática en la infancia o de una patología pulmonar asociada. Dicho diagnóstico se basa en los hallazgos histológicos (glóbulos paspositivo-diastasa resistentes en el citoplasma de los hepatocitos; inmunohistoquímicamente glóbulos de alfa-1 antitripsina), en la cuantificación de los niveles de alfa-1 antitripsina y en la determinación del fenotipo del paciente. El tratamiento de los enfermos con afectación hepática es sintomático, incluyendo el trasplante hepático en fases avanzadas de la enfermedad. La administración de alfa-1 antitripsina está contraindicada en los pacientes con afectación hepática, ya que incrementa el daño hepatocitario.

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