Última actualización 29 de Noviembre de 2006.


 

CASOS CLÍNICOS

Hemorragia digestiva por varices gástricas

Varón de 44 años con hábito enólico superior a 120g/d, que ingresa por cuadro de hematemesis y melenas de 24 horas de evolución. Ante la existencia de arañas vasculares cutáneas como signo de hepatopatía crónica se inició de manera empírica somatostatina. Los análisis iniciales mostraban una función hepática alterada: bilirrubina sérica de 3 mg/dl, albúmina de 22 g/l y tasa de protrombina del 33%. El hematocrito inicial fue del 30%. Se realizó una fibrogastroscopia urgente que mostró varices gástricas aisladas con un punto de hemostasia reciente. La ecografía abdominal mostró un hígado de hepatopatía crónica, sin lesiones focales, signos de hipertensión portal y permeabilidad del eje esplenoportal. Dos días después del ingreso, con el paciente en hemostasia bajo tratamiento con somatostatina, se realizó una esclerosis endoscópica del paquete varicoso gástrico con histoacryl-lipiodol. Tras dicha esclerosis se inició tratamiento betabloqueante y el paciente fue dado de alta para seguir control ambulatorio.

Un 20% de los pacientes con hipertensión portal tienen varices gástricas aisladas o en combinación con varices esofágicas. Según la localización las varices esofagogástricas se clasifican en tipo 1 cuando se extienden al cardias o a la pequeña curvatura y tipo 2 si son esofágicas y fúndicas. Las varices gástricas aisladas se pueden localizar en el fundus o en otras zonas del estómago. Las varices gástricas posiblemente sangran menos que las esofágicas, pero su sangrado es más difícil de controlar, se asocia a un mayor riesgo de resangrado y a una menor supervivencia. Dicho sangrado se puede producir con un gradiente de presión portal bajo, de 12 mm Hg, debido a la existencia habitual de una anastomosis esplenorrenal. El tratamiento de primera línea de las varices gástricas aisladas es su obturación con histoacryl-lipiodol. La derivación portosistémica percutánea intrahepática (DPPI) está considerada como una opción terapéutica de segunda línea, cuando fracasa el tratamiento endoscópico. El control de la hemorragia en esta fase suele requerir la inserción de la derivación percutánea y la embolización de la anastomosis esplenorenal.

Referencias.

Barbara M. Ryan, Reinhold W. Stockbrugger and J. Mark Ryan. A pathophysiologic, gastroenterologic, and radiologic approach to the management of gastric varices. Gastroenterology 2004;126:1175-89.

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